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Camino de Santiago
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19 mai 2009

People

William

Leo en el diario la inquietante noticia de que el príncipe Guillermo de Inglaterra sufre de ataques de alopecia. El mal se lo habrían transmitido sus ancestros. Y no. Como puede verse en la imagen siguiente, Carlos luce una florida cabellera.

Carlos
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También dice el diario que el Caudillo era ciclán. Bueno, pues. No más que el Führer.

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11 octobre 2008

Antípodas

Entiendo que los escritores se agrupan en tres categorías:
1. Los escritores que escriben y publican.
2. Los escritores que escriben pero no publican.
3. Los escritores que no escriben.
De más está decir que los últimos suelen ser los mejores.

No lo digo a propósito del Nobel, pero también. Lo que sí digo es que para ganarlo hay que irse lejos y escribir desde más lejos aún. Y, decir: mi patria es mi lengua. El Nobel premia últimamente la literatura de la interculturalidad y la idea que  nos vamos haciendo de ella. Como la Champion's league, o sea. Pinta tu aldea si quieres ser universal y luego vete a pintar a las antípodas. Xingian es franco-chino, Naipaul es británico-trinitense de origen indio, Coetzee es sudafricano blanco y vive en Australia, Lessing es británica-zimbabuense y Le Clézio es franco-mauriciano y vive en Nuevo México. Por lo demás, es el menos parisino de los escritores franceses, lo que es de agradecer. Aquí puede vérsele, 'no obstante', retratado por Cartier-Bresson, en París, en 1965, junto a su primera mujer, Marie-Rosalie.

CB_LC

22 septembre 2008

Chamico

Chamico

A lo que cuenta Roberto Merino en esta entrevista (Chamico) cabría tal vez agregar que bebiendo decocción de estramonio los mapuches se animaban para cargar contra los peninsulares en tiempos de La Araucana. También, que los chamanes araucanos daban a los jóvenes de este brebaje para, observando sus reacciones, determinar cuál sería su futuro. Tampoco hay que olvidar que la yerba del diablo cura hemorroides y mata ratones. Aviso también que todavía tengo semillas de un abrojo que traje del Yemen. Se dan muy bien en terrenos que han sufrido perturbaciones.

7 août 2008

El chiste más viejo del mundo

Parra

COMO TODO SER vivo, los científicos trabajan duro para salir en el diario. Los últimos en conseguirlo han sido un grupo de investigadores de la Universidad de Wolverhampton, quienes se dedicaron muy seriamente a desempolvar viejos chistes. El más antiguo que encontraron es éste: «Nunca se ha visto a una esposa joven tirarse un pedo sentada sobre las rodillas de su marido». Hace cuatro mil años, los sumerios se desternillaban oyéndolo. «El más viejo del mundo es un chiste flatulento», titularon los diarios británicos.

A propósito de ventosidades, el protagonista de la última novela de Eduardo Mendoza se llama Pomponio Flato, un romano con problemas gástricos a quien el niño Jesús le encarga desentrañar el misterio de un crimen injustamente atribuido a San José, su padre. El romano se encariña con el niño Jesús, lo llama Tito y le da uno que otro coscorrón cuando se tercia. Todo muy cómico. Supongo que incluso el cardenal Medina se desternillaría si se aviniese a leerlo en el seminario.

Los romanos, por su parte, contaban este viejo chiste: «Viajando el emperador Augusto por su reino, se encontró con un hombre muy parecido a él e, intrigado, le preguntó: ¿Sirvió alguna vez tu madre en palacio? No, Alteza, respondió el súbdito, pero mi padre sí». El chiste más viejo del mundo, según Nicanor Parra, es bíblico: «En un comienzo fue el verbo». Luego viene un chiste precolombino, el Descubrimiento de América, y así hasta llegar al bombardeo de La Moneda, que sería un chiste metafísico. Es verdad que la historia puede ser jovial, o jocunda, como la geografía. Un amigo algo disléxico llama Arabia Saudita a su amiga Laurita Sarabia.

El chiste, desde siempre, menoscaba a su manera al poderoso, de tal forma que abundan en la historia los chistes de faraones, reyes, sátrapas, dictadores y otros mamelucos. Claro que algunos mandamases no necesitan ser menoscabados por los chistes de la plebe porque se menoscaban solos contando ellos mismos los chistes. Recuérdese el caso de los llamados martes del almirante Merino, en uno de los cuales el mandamás marítimo llamó a los bolivianos «auquénidos metamorfoseados en humanos». Mezclar torpeza con impunidad puede provocar estragos y no sólo en el hígado. Nuevamente, fue Nicanor Parra quien escribió los mejores chistes de esos años negros y los llamó Chistes para desorientar a la policía: «Bese la bota que lo pisotea, no sea puritano hombre por Dios». El humor es siempre una forma de conquista personal frente a las exigencias de la realidad, una puerta abierta al inconsciente, un serio impacto entre la realidad y la idea que nos hacemos de ella. Ahora bien, los mejores chistes son los no simultáneos. Esos son los imprescindibles, como diría Brecht.

Si bien me río con algunos, confieso que en general desconfío de los chistes. Me pasa así desde el día que un compañero y amigo, en contra de su reputación y para sorpresa de toda la clase, se decidió a contar un chiste en una sesión de calducho escolar. Contó uno bastante malo, todo hay que decirlo. Mientras lo iba contando, el silencio de la clase se iba haciendo más y más espeso. Cuando terminó, la clase estalló en unas risotadas tan estrepitosas como desproporcionadas. No tardó nuestro compañero en entender que no nos reíamos del chiste sino de él. Años más tarde mi amigo se quitó la vida, por cierto que por otras razones. Con todo, cuando supe la triste noticia no pude dejar de acordarme del maldito chiste. Y no me hizo ninguna gracia.

Esto es todo, amigos, como dejó escrito en su epitafio el creador del Conejo de la suerte. Esta columna es la última de una serie que ha durado ya tres largos años. Les agradezco la atención, espero que hayan disfrutado y los tres años hayan pasado volando. No como una ventosidad, como un suspiro.

logocl 7 de agosto de 2008 PDF

14 novembre 2007

Ecografía para ambos sexos

La modernidad se entrevera con los arcaísmos y el resultado puede ser devastador: en Asia la población masculina supera en más de cien millones a la femenina.

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En enero de este 2007 Hugo Chávez llamó pendejo al Secretario general de la OEA, José Miguel Insulza por recordarle éste el compromiso continental con la libertad de expresión. En la reciente Cumbre Iberoamericana de Santiago, Chávez intentó aportillar la elocución del presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero, llamando repetidamente fascista y golpista al ex presidente Aznar, hasta que el Rey Juan Carlos le mandó callar. Tanto en lo del pendejeo a Insulza como hablando de golpismo a destajo, Chávez se empeña en impedirnos olvidar que él saltó a la vida política en 1992 uniformado y dando tiros en una fallida asonada que se saldó con decenas de muertos. Y lo logra. O sea que a otra cosa, mariposa.

Otra cosa es intentar comprender qué hace Chile en el puesto 86 del Índice de diferencias de sexo establecido por el Foro económico mundial, que compara las oportunidades económicas, el poder político, la educación y el acceso a la sanidad entre hombres y mujeres de 128 países del mundo, representando más del 90% de la población mundial.

Sin sorpresa, los países con mejores resultados en esta materia son los escandinavos y  los tres primeros lugares de la lista los ocupan Suecia, Noruega y Finlandia. Seis de los diez países mejor ubicados son europeos y España se sitúa en el décimo lugar. En Iberoamérica, tampoco sin sorpresa, el primer lugar lo ocupa Cuba (22), seguido por Colombia (24), Costa Rica (28) y Argentina (33). El índice, enfatizan sus conceptores, no valora la magnitud de los recursos políticos, económicos y sociales, sino su distribución entre hombres y mujeres. Así, un país rico no es necesariamente un país igualitario, como lo prueban las mediocres posiciones de Estados Unidos (31) y de Suiza (42), para no hablar de Arabia Saudí y de los Emiratos Árabes. Así también, la sorpresa corre por cuenta de un país asiático relativamente pobre, Filipinas, sexto en la lista.

Parece incontestable que a partir del siglo XX las mujeres han ido consiguiendo avances significativos en materia de igualdad entre los sexos. Pero la brecha es enorme y la desigualdad resiste y se camufla. Además, la modernidad se entrevera con los arcaísmos y el resultado puede ser devastador. Asia muestra hoy una desigualdad demográfica considerable que se traduce en el hecho que la población masculina supera en más de cien millones a la femenina. ¿Como se explica este desajuste? La política del hijo único en China y la tradición del pago de la dote a cargo de la familia de la mujer, en India, mezcladas con el acceso a la técnica médica de la ecografría, que permite conocer el sexo del feto, han disparado el feticidio y el infanticidio activo y pasivo a estos extremos. Las consecuencias de esta rareza demográfica son, por cierto, difíciles de prever pero, por lo pronto, endurecen aún más las difíciles condiciones de vida de hombres y mujeres.

En Occidente, la discriminación en materia laboral parece ejercerse en el presente menos en contra de las mujeres en tanto que tales y más sobre las mujeres en tanto que madres. Los estudios muestran que en ciertos ámbitos en Europa, las mujeres jóvenes sobresalen al punto que esto se traduce incluso en mejores remuneraciones para ellas. Mientras se mantienen solteras o sin hijos, eso sí. Una vez que la maternidad llama a la puerta, la curva se invierte y las mujeres acusan pérdidas en materia de responsabilidades y de ingresos, lo que explicaría en parte porqué la tasa de natalidad en la mayoría de los países europeos es negativa y justifica una vez más (como si hiciera falta) la inmigración.

El presidente del gobierno autónomo vasco, Juan José Ibarretxe (quien suele comenzar sus discursos en el extranjero con aquella memez que dice que los vascos serían uno de los pueblos más antiguos de la tierra, como si sobre ésta coexistiesen los pueblos bebés y los pueblos adultos mayores), recordó esta semana una verdad que por ser tan evidente suele pasar desapercibida, y es que los hombres tienen mucho que ganar apoyando la igualación entre los sexos, porque tienen una esperanza de vida menor que la de las mujeres, son las principales víctimas de todo tipo de accidentes y componen el grueso de la población carcelaria.

LN 15 de noviembre de 2007 PDF

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13 novembre 2007

Corazón contento

Hace un tiempo me pidieron que escribiera un texto sobre la comida chilena para un librito que se publica cada otoño en Bélgica y cuya venta sirve para financiar proyectos de desarrollo. Empecé describiendo el aperitivo y ya no paré hasta los postres. Está en francés, y es la única gracia que tiene.

Limones

Pintura de Claudio Urzúa

Un repas chilien se doit de commencer par un apéritif. Le repas est un rite de convivialité, l'apéritif en est l'introït : on y mange et on y boit comme on y cause, de manière discontinue, à l'instar de ce picadillo —ces petits morceaux de toutes sortes de nourritures : de grosses olives noires d'Azapa, du quesillo, du petit fromage frais, des sopaipillas, ces beignets de potiron que l'on peut tremper dans le pebre, sauce piquante aux oignons, piments et tomates— et à l’image de la jarre de borgoña, avec des dés de pêche ou de chérimoya noyés dans du vin jeune.

C'est en mangeant que les convives voient la faim venir. Et si par malheur le repas devait être interrompu (un tremblement de terre, un coup d'État, on ne sait jamais) au moins on ne se quitterait pas à jeun.

L’apéritif pourrait se prolonger indéfiniment, mais il faut passer à table. La table est installée à l'ombre du parrón, la vigne disposée en gloriette derrière la maison. Le menu est chilien à souhait : empanadas (pas besoin de traduire), pastel de choclo (tarte au maïs) avec salade chilienne (oignons-tomates), et comme dessert mote con huesillos (pêches au blé).

Les empanadas sont devenues emblématiques de la cuisine chilienne. Faciles à transporter, à chauffer et à consommer, à elles seules elles représentent un repas complet : de la viande, des œufs, des oignons, des olives, des raisins secs, le tout enveloppé de pâte croustillante.

Lorsque le paysan s'en va pour une longue journée de labeur, c'est une empanada qu'il amène, un solide empanada qui peut même contenir un gros morceau de poulet, l'os compris. Sur la frange côtière, l'empanada est garnie de fruits de mer. Sur les zincs des bistrots, elle se mange petite, fourrée de fromage, frite. Quoi qu'il en soit, elle est belle à voir et bonne à sentir. On la coupera en deux pour la tempérer et pour mieux la tenir en main. Encore un atout : elle ne salit pas les couverts.

Le plat de résistance, le pastel de choclo, est composé de trois couches successives disposées dans un plat en terre cuite : un pino de viande hachée avec oignons, olives, œufs cuits et raisins secs (tout comme la garniture des empanadas), puis des morceaux de poulet et ensuite une bonne couche de pâte de maïs tendre. Certains goinfres ne s'en contenteront pas et saupoudreront une couche supplémentaire de sucre. C'est la couche de trop, diront d’autres, d'autant plus qu'il y a la salade chilienne en accompagnement et même des piments verts dénoyautés pour pimenter l'humeur. La salade chilienne est aussi simple qu'elle est bonne : des ronds de tomates mélangés à des ronds d'oignons, parfumés au basilic et à l'origan.

Jadis, personne ne mangeait du maïs en hiver à part la volaille. Le choclo ne pouvait être consommé qu'en été puisque ce mot quechua désigne le maïs tendre. A présent, les conserves et autres surgelés permettent d'en prendre à toutes les saisons. Au Chili, on en fait une grande consommation.

Le vin chilien est là pour égayer ce repas. C'est bien connu, au XIX siècle des cépages français se sont bien implantés dans les vallées centrales du Chili, entre cordillère et océan, au point qu'on a même dû les faire revenir dans l'Hexagone pour remplacer ceux qu'une épidémie de phylloxéra avait décimés. Un cabernet sauvignon de Santa Ana de Talagante accompagne au mieux les empanadas et la tarte de maïs, un chardonnay de Rancagua fait des merveilles à l'heure du dessert.

Celui-ci est des plus simples. Mote con huesillos : pêches desséchées (le toit de la maison était l'endroit idéal pour les dessécher en été) bouillies avec des grains de blé. Ce mets est aussi difficile à décrire qu'il est bon à combattre la soif, la suffocation voire la déprime.

Une tasse de thé, pour finir, une tisane peut-être. Des herbes du bord de l'eau, bonnes pour le cœur et les boyaux, de la menthe, du pazote, de la verveine. Des herbes de la cordillère, bonnes pour désencombrer le foie, du boldo, du bailahuén… Ou même una agüita perra, une humble tasse d'eau bouillie, rien de mieux si elle est bien servie. Allez, c'était bon, guatita llena, corazón contento : c'est bien pour que le cœur soit content que l'on remplit le ventre.

29 octobre 2007

El lugar sin límites

Donoso"Ahora está de moda algo que se denomina periodismo participativo, donde cualquier persona (o sea, las audiencias) puede escribir su crónica o su opinóloga columna. Se trata de un fenómeno no muy distinto de los diarios murales, sólo que optimizado por la tecnología, algo que alegra a los expertos, que tratan de elevar la categoría del asunto con marcos conceptuales y disquisiciones sociológicas, o sea pamplinas, un poco más de ruido a la bulla", escribe Roberto Merino en su columna de ayer domingo 27 en el diario chileno Las Últimas Noticias.

Por mi parte, no tengo nada en contra de los diarios murales. Al contrario, soy incapaz de pasar delante de uno sin leerlo. Tengo incluso que retenerme para no recoger cualquier papel escrito que se arrastra por el suelo. Suelo leer el periódico de la comuna donde vivo, me hace falta la vida de la gente siempre que esté por escrito, me viene bien saludarla y despedirla en la lista de nacimientos y en la de defunciones. La prensa es, entre otras cosas, un espacio de sociabilidad, muy útil para animales sociales e indispensable para agorafóbicos, misántropos y otras bestias peludas.

Hace unos días Jorge Bravo me envió la reseña de una novela de José Donoso, El lugar sin límites, que publicó en el diario local de Temuco en internet, La Opiñón. Le celebré la gracia, el nombre del diario, le pregunté cómo se sostiene una experiencia como ésa. Me habla de Atina Chile y del apoyo financiero de una multinacional de las telecomunicaciones, que sostiene una red de diarios locales en las ciudades chilenas, uno de los cuales El Morrocotudo, en Arica, está bastante consolidado, con 15 mil visitas diarias.

El nombre del libro, El lugar sin límites, se refiere al espacio de la hacienda rural, ilimitado antes de la reforma agraria. Y viene como anillo al dedo a este respecto. Internet es precisamente eso, un lugar aparentemente sin límites constituido por espacios tan delimitados como pueden ser los que traza un diario local.

Internet, ¿el lugar sin límites? Según y cómo y dónde.

PS: Entretengo la espera de la última entrega de la trilogía 'Tu rostro mañana', de Javier Marías, 'Veneno, sombra y adiós', escuchando a Marías presentarla en el nuevo sitio CeldaTV, que se ha inaugurado en Madrid y cuyo enlace me envía Adolfo. Marcelo Maturana está en Calaceite presentando unas líneas sobre José Donoso. También las espero para copiarlas aquí.

1 août 2006

La patera en la playa

Fue hace diez años (y dale con los aniversarios). Estábamos en la playa, nudista por añadidura. En El Portús, en Murcia. Le dije a la Negra, apuntando al horizonte : Mira, ahí viene una patera cargada de inmigrantes. Qué hacemos. Los inmigrantes bajan de la patera y se abren paso por entre los veraneantes desnudos. Qué haríamos. Alguno les tiende una toalla. Una botella de fanta. Otros los ignoran, entierran la cabeza en la arena. ¡Hay uno que llama al salvavidas! Nos reímos con la ocurrencia. Imaginamos una obra de teatro, en Avignon, en Barcelona, no sé dónde. La llegada de la patera a la playa nudista.

Diez años después, ahí está la patera desembarcando en una playa de Tenerife. Esta vez no es mi imaginación, no se trata de teatro. Son 88 inmigrantes subsaharianos que intentan abrirse paso por entre un centenar de bañistas, a la hora de la siesta, a las tres de la tarde. Al parecer, los veraneantes reaccionaron bien, intentaron ayudar, socorrer, compartir. La Cruz Roja hizo el resto, la Guardia Civil, el  hospital, el juzgado.

Cientos de inmigrantes llegan cada semana a Canarias. Suelen llegar de noche, o a zonas rocosas. Esta vez lo hacen a una concurrida playa. Dos mundos se encuentran cara a cara. Y comparten escenario.

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12 février 2007

Cinco días en Dublín

Jueves
Hay que viajar lejos para encontrar un déjà vu... Y oler Dublín, y oler a papel en Dublín, en la sala larga del Trinity Collegue, o en la planta baja, donde se exhibe el libro de Kells, escrito y pintado por cuatro monjes del siglo octavo, de cuando los cuadros se encuadernaban y los libros se contemplaban. Y las arpas tañían (pero ésa es otra historia)... Y entre tanto libro, ordenado en rangos en la sala larga, rangos en los que no cabe la letra jota (ni la jota, ni la ka, ni la u, ni la uve doble usaban los romanos, pero sólo me apena la ausencia de la jota), mirando los libros y las largas escaleras para llegar hasta los altos estantes, y la hilera de bustos de los escritores, Irlanda tiene el porcentaje más alto de Premios Nobel por habitante... Descabezo un sueñecito delicioso, que dura apenas unos largos segundos y alcanzan para repasar las imágenes del centro de Dublín y descubrir cuánta gente hay bajo el sol y cuánto puede el sol en el ánimo de la gente... Como en el terreno de rugby y en el de críquet, en torno a los cuales los estudiantes irlandeses y los «erasmus» se abandonan al calor del astro escaso y hablan y ríen y repletan de latas de cerveza los basureros y de cerveza procesada los meaderos, como simpáticos primates sonrosados que son. Y allí donde va, la gente lleva invariablemente una mochila en la espalda o un bolso de mano. Los pocos que no llevan nada en las manos o en la espalda suelen estar locos (un poco más locos) y poner nerviosos a los que llevan mochila o bolso de mano.

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Viernes
Hay que viajar lejos y perseguir curiosidades para encontrar lo consabido. Entre las curiosidades, yogur de ruibarbo, nombres en gaélico, barítonos que ejercen en la calle. Poco más, mínimas variaciones en el gusto de los alimentos, en el sentido de la circulación, en el puente de O’Connell, más ancho que largo. Y en el teclado de los cibercafés, atendidos por inmigrantes venidos del lejanísimo oriente, qzerty por azerty. Otra historia entrevista, gente de hoy, como lo fue la de ayer, que tiene otro pasado y conoce o ignora sus clásicos, que tiene su vida, como otras tantas.

Sábado
Para no hablar de quien no vino, la gente es la misma en todas partes, anda acompañada o huye de sí misma, quiere trabajar, o dejar de trabajar, o cambiar de trabajo y de talla, y no lo logra y se empecina, tiene ganas de reír y de hablar de otra cosa pero no siempre lo consigue y puede que llore por eso o se haga la desentendida. Tanto como quien quiere pasar desapercibido y acaba creando algún vínculo. Y aquí en Dublín, cuánta gente joven disfrazada, en plan qué bien lo pasaremos esta noche, con gana de reír (y se empecina), ahora mismo están haciendo ruido en una discoteca oculta, con el ánimo arriba-abajo, como ascensor en desuso, hablando a gritos una lengua incomprensible aun para ellos.

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Domingo
Para no hablar de la manera como un germano y un eslavo despachan respectivamente la tarea de cerrar unas persianas venecianas. «Respectivamente» indica que no lo hacen igual y con desigualísimo resultado. No cabe abundar en los estereotipos. Y no se debería, pero la tentación es grande de asignar a cada persona un animal, tótem o fetiche, o como se llame, como hacen los scouts y como no hacen las religiones del verbo, un animal que se le parece o que es metáfora o metonimia de su ser. Así la oveja o la grulla. No se debe, retiro lo dicho. En Malahide, a las afueras de Dublín, sólo se ve el jardín botánico por los bordes, pero vale la pena de los pies y el castillo por dentro. Los visitantes parecen solitarios, sentimentales, y más aun en el parque, cubierto de familias que crían sus pequeños en su mejor momento, la tarde del domingo. Y unos mozos que entonan los cantos que infligían muchos años antes otros mozos embriagados acaban por alegrar y entristecer definitivamente el ánima, tanto como otros dos, uno francés, valón el otro, a quienes se oye hablar entre ellos en inglés «para mejorarlo». Al anochecer, los dublinenses cenan cazuela de cordero a la irlandesa (irish lamb stew), que está buenísima, y se preparan (o no) para levantarse al alba menos una: Early to bed, early to rise makes a man healthy, wealthy and wise, escribió Ben Franklin antes de encender la luz.

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Lunes, de alba menos una
Taxi a través de la ciudad desierta, estrés de aeropuerto congestionado, la fila corta o la fila larga, controles, quitarse zapatos y correas, los pasajeros formamos culebras adormecidas y hambrientas pero movedizas, dóciles pero decididas. Esperando subir al Air Lingus, sobre el muro de la sala de espera puede leerse a Shaw, aquél que, a falta de lectura, leía el directorio telefónico local y se quejaba de lo despoblada que era la localidad, cuando esperaba no un avión, sino un tren en la India. Y de Yeats, The lake Isle of Innisfree. En mi tierra llamaban a esta poesía lárica, del hogar perdido de la infancia o por ahí. Nada que ver con el estrés de aeropuerto. Y por eso mismo, ejercicio de traducción:

The lake Isle of Innisfree
I will arise and go now, and go to Innisfree
And a small cabin build there, of clay and wattles made
Nine been rows will I have there, a hive for the honey-bee
And live alone in the bee-loud glade.

And I shall have some peace there, for peace comes dropping slow
Dropping from the wells of the morning to where the cricket sings
There midnight’s all a glimmer, and noon a purple glow
And evening full of the linnet’s wings.

I will arise and go now, for always night and day
I hear lake water lapping with low sound by the shore
While I stand on the roadway, or on the pavement grey
I hear it in the deep heart’s core.

La isla del lago de Innisfree
Me levante y me ponga en marcha hacia Innisfree
Y una choza levante con juncos y arcilla
Nueve hileras de alubias tenga y un panal
Y viva solo arrullado por las abejas.

Y tenga algo de paz allí porque la paz viene gota a gota
Desde las brumas del alba hasta el canto del grillo
Donde la medianoche es tenue luz y el mediodía rubor
Y el atardecer desborda de alas de pájaro.

Me levante y me ponga en marcha noche y día
Escuche el agua chapotear suavemente en la orilla
Esté yo quieto en la carretera o sobre el asfalto gris
La escuche en lo recóndito del corazón.

abril de 2005

22 novembre 2007

La madre patria y el resto de la parentela

'Allí donde estés bien, allí está tu patria'. O bien, como decía mi tía: 'Yo soy de donde mis hijos coman'. 

Polenta

Bruegel, El plato de polenta

« Ubi bene, ubi patria », dice el adagio atribuido a Erasmo de Rótterdam. Le pido a mi tío Pepe que lo traduzca: 'Allí donde estés bien, allí está tu patria'. Añade que la misma idea la volcaba su madre (mi tía abuela) en esta frase: 'Yo soy de donde mis hijos coman'. Todo esto vino a cuento porque estábamos viendo el partido amistoso entre Francia y Marruecos el viernes pasado. Miles de personas desafiando los dos grados bajo cero que hacían a esa hora en París, todas a una silbando copiosamente la Marsellesa y alentando durante noventa minutos la camiseta rojiverde del equipo marroquí. ¡Menos mal que era un partido amistoso! Probablemente, sólo una minoría de esos hinchas de Marruecos nació en el Magreb, en las antiguas posesiones coloniales francesas. La mayoría son ciudadanos franceses desde su nacimiento e, incluso, en algunos casos, ya lo eran sus padres. Y, sin embargo, a la hora de elegir bando, al menos en el marco ritualmente festivo de un estadio de fútbol, sea por provocación, sea por convicción, sea por ambas razones, prefieren vitorear a la patria de sus abuelos y mentarle la parentela a la república donde se alojan.

Dos días más tarde, el domingo, en la vecina Bélgica, no eran tantos pero sí eran miles los que desafiaban la misma temperatura desfilando con banderas belgas y cantando la Brabanzona: Le roi, la loi, la liberté. Como se sabe, Bélgica se encuentra sumida en una de las periódicas crisis que preceden una reforma de sus instituciones. Casi seis meses después de las elecciones de junio, las fuerzas políticas no consiguen ponerse de acuerdo en un programa común y formar gobierno. Las piedras de toque son varias pero la principal corre por cuenta de la situación de los francohablantes de las comunas flamencas que rodean la capital, Bruselas.

Bélgica es un país compuesto. O bien, como el chicle, son dos países en uno. Su larga marcha al federalismo ha llevado a las instituciones a unos extremos de complejidad que hacen complejísima también cualquier reforma pactada. Lo que en los años setenta resolvían un gobierno y un parlamento, ahora es competencia de seis gobiernos y ocho cámaras parlamentarias. Como cereza sobre esta torta barroca se sitúa Bruselas, ciudad políglota pero mayoritariamente francófona, sede de las instituciones europeas y polo de atracción económico y cultural, lo que ha llevado a miles de francohablantes a vivir en sus comunas periféricas, situadas en tierra flamenca. Hoy las instituciones flamencas quisieran ver aumentadas sus competencias al punto de poder imponer a estos habitantes el flamenco como lengua de comunicación. Obligarlos a que estudien, a que paguen los impuestos, a que voten en flamenco. El conflicto es un caso típico del enfrentamiento entre la lógica institucional y los intereses de los ciudadanos. Nada nuevo bajo el escaso y remoto sol de Bélgica y, si bien es cierto que ésta ha sido la más larga crisis de la historia política de Bélgica, hay que alegrarse de que la sangre no llegue a los canales. La crisis se resolverá, como todas las anteriores, reformando las instituciones en la dirección de la coexistencia precaria de dos países en uno.

« No necesitamos banderas », cantaban Los Prisioneros hace un cuarto de siglo. Tal vez sea verdad, pero lo cierto es que las sacamos a pasear a menudo. Dan ganas de adelantarse en el tiempo otro cuarto de siglo y leer en el diario que se publicará entonces la crónica que dé cuenta del ambiente de un partido entre Perú y Chile en Santiago (o entre Ecuador y España en Madrid). A ver a qué selección alentarán los descendientes de los ecuatorianos de Madrid y de los peruanos de Santiago. A ver de qué lado se les vuelca el corazón partío. Vivir para ver.

El partido amistoso entre Marruecos y Francia terminó emparejado a dos tantos. Un resultado justo, como diría el admirado Jota Eme.


logocl 22 de noviembre de 2007 PDF

7 février 2023

El solitario de Rodrigues

SORPRENDE VER LO mucho que se parecen los animales que pintaba hace cuatrocientos años Roelandt Savery a los juguetes de los niños. Savery fue uno de los primeros pintores que convirtió a los animales en protagonistas de sus cuadros, tal como hicieron los hombres primitivos en sus cavernas. E hizo esto no sólo con animales conocidos en la Europa de fines del sXVI sino también con otros exóticos, como el famoso pájaro dodo.

Flamenco, Savery era protestante, por lo que se afincó en Holanda. Allí, en su casa de Utrecht, que fue llenando de plantas, pintaba paisajes y junto a las aves de corral conocidas echaba a correr y a volar avestruces, dodos y casoares y otros pájaros por entonces improbables.

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Los dodos, una especie de pájaros extintos de las islas Mauricio, en el Océano Índico, aunque no lo parezcan eran palomas desmesuradas que medían más de un metro. Llegaron a Mauricio volando pero perdieron la capacidad de volar porque la isla estaba deshabitada y la comida era abundante.

Los portugueses, que alcanzaron las islas del Índico a inicios del sXVI, llevaban en sus naves perros, gatos y cerdos y de contrabando ratas. A pesar de ser su carne incomible, los dodos no resistieron cien años a la llegada de hombres y animales, de los que eran presa fácil porque anidaban en el suelo y no volaban. Perros y gatos los perseguían y cerdos y ratas se banqueteaban con sus huevos. Por este descuido histórico, Schopenhauer los trató de ineptos. No es el único: es probable que se les llame dodos porque los portugueses los llamarían bobos y los holandeses, que vinieron después, dodoors, que en su lengua significa holgazanes.

Así fue como los pájaros dodos se extinguieron pero su imagen fantasiosa sobrevive gracias a la pintura de Savery y a las ilustraciones de Alicia en el País de las Maravillas, obra en la que Lewis Carroll, su autor, se presenta a sí mismo bajo la forma de un uno de estos pájaros.

Si la trayectoria del pájaro dodo es melancólica, qué decir de la historia de un primo suyo al que, por el nombre de la isla en que vivía, se conoce con el entrañable nombre de solitario de Rodrigues.  

De esta enorme paloma solitaria sólo se conservan cuatro huesos mal contados y la imagen del grabado que hizo el naturalista francés François Leguat, otro protestante que se refugió en Holanda y desde allí dio el salto a las islas del Índico. El solitario de Rodrigues tampoco sobrevivió a la llegada de gatos y ratas, menos aun teniendo en cuenta sus formas apetitosas y su carne sabrosa: su trasero era redondeado, como los cuartos de un caballo, escribió Leguat.

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La melancolía que desprende el dodo se redobla en el caso del solitario de Rodrigues. Más aún cuando se sabe que este último se extinguió dos veces. A fines del sXVIII un astrónomo francés viajó al Índico donde descubrió un grupo de estrellas remotas a las que llamó Constelación del Turdus Solitarius en homenaje al extinto pájaro. Pero el nombre no cuajó y el solitario de Rodrigues volvió a extinguirse, esta vez en los atlas de astronomía. El dodo, en cambio, conserva intacto un asteroide con su nombre circulando allá por Marte o por Júpiter.

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Óleo de Roelant Savery, 1625, y grabado de François Leguat, 1708

25 février 2022

Los ayurvédicos

A fines de 2004 un grupo de suizos alemánicos practicaban en un hotel de Sri Lanka una cura ayurvédica que incluía yoga y verduras cocidas. Vino la ola mortífera del sunami y el hotel, que está en una colina cercana a la playa, se convirtió en un improvisado hospital de campaña. En medio de escenas desgarradoras de gente rota por la tragedia, los suizos ésos continuaban impávidos midiendo la profundidad de su ombligo. Emmanuel Carrère, que compartía con ellos el hotel, los bautizó «los ayurvédicos». Lo cuenta en De vidas ajenas y lo vuelve a contar en Yoga.

He recordado a veces a los ayurvédicos durante la pandemia. Mientras los ancianos morían por miles en la primera ola le escuché decir a una ayurvédica local que la gente contraía el coronavirus porque estaba «asfixiada por su propia vida».

Yo procuro no hablar mucho de yoga sino más bien practicarlo porque creo que todo el tiempo que le dediques es poco contando con lo que te aporta. No se me escapa, eso sí, que entre algunos de sus promotores hay unos cuantos cretinos patentados. Como el propio primer ministro indio, Narendra Modi, que promueve el yoga en su país y en el resto del mundo y sin embargo llegó al poder en parte gracias a una masacre de musulmanes que orquestó cuando era gobernador del Estado de Gujarat en 2002.

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Y vuelvo recordar a los ayurvédicos ahora cuando veo cómo desplegamos nuestras estrategias para pasar por la agresión a Ucrania tratando de no salpicarnos moralmente. Para no hablar de los que la justifican y se niegan a admitir la diferencia entre el agresor y el agredido. Estos suelen ser agresores emboscados detrás de un falso perfil de agredidos.

No queda más remedio que neutralizarlos. Como venimos haciendo desde el parvulario.

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PS/ Visto el tradicional compadreo entre la India y la Unión Soviética, era previsible que al gobierno indio le costase condenar la agresión de Putin a Ucrania. Pero abstenerse de hacerlo, como ha votado hoy en las Naciones Unidas, cubrirá de vergüenza a Narendra Modi durante varias reencarnaciones. 

18 février 2021

El perro de Gurdjieff o la primera mosca verde

Creo que fue Gurdjieff quien, viendo a un perro aliviarse y continuar su paseo sin volverse a calibrar lo obrado, dijo que el día en que el ser humano hiciese otro tanto otro gallo nos cantaría.

Es un viejo volador de luces esa idea de que el hombre será feliz cuando se deshaga del fardo de la cultura. Yo no creo en eso por, cómo decirlo, experiencia propia. Recuerdo que cuando niños éramos bastante naturales al punto de que nos subíamos a los árboles para instalarnos en una sólida rama y desde ese plataforma nos alivábamos. «A la una —gritaba uno— a las dos y a las tres» y los participantes nos poníamos a la tarea. El que tocaba el suelo antes con su obra ganaba el torneo.

Otra competencia consistía en obrar cada uno lo suyo y esperar a ver cuánto tardaba en posarse la primera mosca verde. Cuento esto no por mero afán escatológico, que también, sino para insistir en que aun en medio de la naturaleza las necesidades naturales son humanizadas.

De jovencito leí Rayuela de Cortázar. Nada menos original pero me gustaría saber qué retuvo la gente de ese libro. Yo recuerdo unas cuantas escenas y estas dos relacionadas con el asunto que trato y que van en una dirección opuestísima a la del perro de Gurdjieff: Oliveira iba al retrete, componía su deposición y luego se volvía a mirarla lleno de perplejidad: «Pero esto... ¿lo he hecho yo?»

O bien, y como compartía un único retrete con su novia, se encontró un día golpeando la puerta y diciéndole desesperadamente: «O te apuras o te cago encima».

Escribo estas líneas a cuento de un buen libro que he leído en el que se cuenta un largo viaje por países distantes y en el que no se menciona apenas la ocupación a la que me estoy refiriendo. Y bien sabemos todos que en un viaje la cuestión ocupa mucho lugar. Sobre todo en el imaginario. ¿Dónde y cuándo? son preguntas cruciales que se hace el viajero.

A diferencia de ese filme de Wenders, En el transcurso del tiempo, en el que en un momento del viaje el conductor del camión se detiene en un páramo cualquiera, se baja los pantalones, se encuclilla y se deja llevar por la naturaleza ante la atenta mirada de la cámara en una actitud próxima a la del perro de Gurdjieff.

Creo que es la única vez que se ha visto una secuencia así en el cine. La película es de 1976. Cuántos años tuvieron que pasar para que se diera el caso y cuántos han pasado después sin que el caso se repita. En Salo, que es del año anterior, Pasolini muestra lo contrario, es decir cómo se impide a los protagonistas ir al retrete durante un largo día. Y en El Fantasma de la libertad, que es de 1974, Buñuel encierra a las personas a comer a escondidas en los retretes y las reúne a defecar en torno a un mesa convivial.

He escuchado a viajeros impenitentes contar escenas de retrete impagables. Un amigo vivió un tiempo en Sri Lanka en la casa de unos srilankeses. Todas las tardes la criada sacaba la mierda de la casa por un hueco en el muro exterior. Allí fuera tomaba la palangana una mano invisible y la hacía desaparecer.

Otra amiga pasó un periodo en un pueblo perdido de Nepal, donde las condiciones de vida eran minimalistas y para defecar había que buscarse la vida en las inmediaciones. Así mi amiga intentaba alejarse por las mañanas buscando un lugar tranquilo pero siempre había dos o tres lugareñas que insistían en acompañarla porque es de mal tono dejar solo al forastero en cualquier trance, incluso en ése.

Me resulta difícil imaginar una situación más incómoda. Al punto de que a veces cuando quiero quejarme del confinamiento me acuerdo de Nepal y se me pasa en seguida.

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29 novembre 2021

El encuentro

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Algo más sobre el encuentro en el sur de la India entre el protagonista de El filo de la navaja y Ramana Maharshi, un santo de mi devoción: 

«Nos quedamos solos y él me miró sin decir una palabra. No sé cuánto tiempo duró ese silencio, más de media hora, ciertamente».

Hollywood ha hecho ya dos películas con la novela. Hubiese sido bonito que en el cine el silencio del encuentro durase también media hora. Pero de eso nada. En la primera versión, estrenada en 1946, el encuentro se convierte en un largo hablamiento.  

Hay que decir que desde su publicación, en 1944, la novela tuvo un éxito inmediato y vendió dos millones de ejemplares en apenas unos meses. Hollywood no tardó en comprar los derechos y encargarle a Maugham que escribiera el guión. Trabajo que le pagaron nada menos que con un Matisse. A la hora de hacer la película, sin embargo, los productores de la Fox no ocuparon ni media línea de ese guión.

Con todo, la película fue un exitazo. En vista de lo cual la Fox le pidió a Maugham que escribiera una segunda parte, pero el inglés no tardó en no hacerles caso.

La última versión del encuentro, la del fime estrenado en 1984, no la encuentro por ninguna parte. Y a la luz del afiche de la película me gustaría prolongar ese desencuentro.

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PS/ También conviene reparar en cómo cuenta Maugham su propio encuentro con Ramana Maharshi, encuentro del que obtuvo la materia para describir el encuentro de la novela. Y ya puestos, reparar también en cómo un testigo de esa visita le enmienda la plana a la versión de Maugham.

17 octobre 2020

Más sobre el primer amor

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Montanha.

La literatura y el cine se han regodeado con el asuntillo del paso de la niñez a la edad adulta, esa montaña más o menos difícil de escalar. Cómo no también, si hay, en ese momento de la vida, en ese desapego que se siente y en esa distancia que se pone con el mundo de los adultos, combinado con las ganas de hacerse con los mandos, claro, un especie de agujero negro que aspira todo lo que se mueve en torno, o bien una montaña a la que llevar la piedra arriba para verla caer. El primer amor, la primera transgresión, el primer vértigo son experiencias totales y definitivas —disculpas por las palabrotas.

Dicho esto, digo al mismo tiempo que no pasa gran cosa al pie de esta Montanha, primer largometraje de João Salaviza. Nada que no sea el discurrir de la amiga y el amigo de un muchacho y su familia—una madre que va y viene, un padre ausente, un abuelo en el hospital, su hermana pequeña. Y de un barrio de Lisboa semi vacío, casi una prefiguración de los confinamientos recientes, junto al aeropuerto, que está en la propia ciudad, lo que hace que una parte de Lisboa la sobrevuelen constantemente aviones a baja altura.

Una vez en un tiempo que ya comienza a parecerme una vida anterior me encontraba en una sala del hospital donde transcurre en parte Montanha. La sala tenía un gran ventanal abierto al jardín del ala de psiquiatría. Veía a los pacientes paseando por el parque y en el cielo a los aviones descendiendo hacia el aeropuerto. Imágenes extrañas que habían ido quedando atrás en la memoria y reaparecieron con las imágenes de esta Montanha.

29 octobre 2020

Las mañanas

Todas las mañanas del mundo es un buen título, y el éxito del filme hizo que el libro epónimo se leyese y la música que emite se escuchase con renovado interés, de todo lo cual nos alegramos en su momento.

El título sin embargo mejora cuando se lo conoce completo: Tous les matins du monde sont sans retour, dice el inicio del penúltimo capítulo. Todas las mañanas del mundo son caminos sin retorno, traduce la versión en español de la novela.

Todas las mañanas del mundo no tienen vuelta, diría yo, buscando apoyo en el lenguaje hablado. Porque como se sabe una cosa no tiene vuelta cuando no hay vuelta que darle.

Para la mañana de hoy el aforismo tiene una cara estimulante: es ahora que la vida se presenta. Para las mañanas del pasado, en cambio, es devastador. Como dijo el babuino para sus adentros, nunca más.

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29 mars 2021

El secreto del mundo

Un año sin viajes. Un año como uno de esos inviernos de la antigüedad en los que había que esperar el deshielo para poder moverse. Aparte de una escapada francesa en verano (Charleville-Bourges-Cahors), este ha sido para mí un año estático. Compensa compensatorum, también debe de ser el año en que he leído más libros de viajes. 

«L'Usage du monde», de Nicolas Bouvier, cuenta un viaje desde Ginebra hasta la frontera indo-afgana, pasando por Yugoslavia, Turquía e Irán allá por el viejo año de 1953. En español está traducido como «Los Caminos del mundo». Es verdad que «El Uso del mundo» sonaría raro pero en francés también suena raro y ahí está la gracia. Cuando Bouvier quiso publicarlo acumuló los nones de los señorones parisinos, de tal suerte que el libro pasó desapercibido durante muchos años en los que fue multiplicándose en ediciones más o menos marginales hasta convertirse en un clásico de la literatura de viajes.

Decía que se trata de un viaje de dos suizos jóvenes, Nicolas Bouvier, periodista y escritor, y Thierry Vernet, pintor e ilustrador, rumbo a Oriente en el Fiat de la foto. Con escalas donde cayesen, buscándose la vida en las ciudades y dejándose llevar por los paisajes y los caminos.

Nuestros suizos hablan francés, inglés y alemán, lo que les permite moverse en algunas ciudades pero no les sirve de mucho en las aldeas. Esta limitación evidente los obliga a explorar un tipo de contacto elemental, a intentar entrar en el «secreto del mundo», movimiento que Bouvier observa con detalle y describe con esmero. Describir, describe como respira y en todo momento deja pasar esa respiración que acompaña y acompasa el relato. Su escritura es de una naturalidad que se adivina muy trabajada, sin ripios, sin cursiladas, espléndida. Leo armado de un lápiz, cómo no, y suelo lanzar una flecha allí donde la cosa destaca. Hay páginas que parecen San Sebastianes.

Cuando elogia la experiencia sensible, el contacto directo, Bouvier puede colar con naturalidad una cita por la que asoman sus lecturas, como ésta del poeta sufí Hafez de Shiraz: «Si el místico ignora el secreto del mundo, me pregunto de quién lo habrá aprendido el tabernero» .

Esto como conclusión sobre el viaje: «El mundo pasa por ti como el agua y durante un tiempo te presta sus colores. Luego se retira y te deja frente a ese vacío que llevamos dentro». Y esto también, en la despedida de Teherán: «Me sorprende que el estado lamentable de los asuntos públicos afecte tan poco las virtudes privadas. Cabe preguntarse si en cierta medida no los estimula. Aquí, donde nada funciona, hemos encontrado más hospitalidad, benevolencia, delicadeza y ayuda que dos persas de paso llegarían a encontrar en mi ciudad, en la que, sin embargo, todo funciona».

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15 septembre 2018

El paso del tiempo

Contar es dar cuenta del paso del tiempo. No sólo eso, claro, pero sobre todo eso.

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Al final de «On Chesil Beach» hay un salto adelante en el tiempo y la película lo resuelve metiéndole un kilo de maquillaje a los actores, que de jóvenes pasan a viejos en un abrir y cerrar de ojos. El disfraz está bien conseguido pero no deja de ser un disfraz.

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«Moonlight» prefiere otra fórmula: las tres edades del protagonista —la niñez, la adolescencia, la primera edad adulta— son representadas por tres actores. Que el personaje siga siendo el mismo y sea a la vez diferente, que el cambio que llega con la edad lo refleje otra persona sin que el personaje deje de ser la misma persona, es un mérito añadido de la película.

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 «Boyhood» opta por una solución radical y acompasa el relato a la evolución natural de los actores. Tal vez sea la solución ideal para el receptor pero dificulto que lo sea para los productores.
27 février 2018

Cóndores y paisanos

Los queridos viajeros me trajeron los «Apuntes» de Romero.

Anécdotas y citas encadenadas, siguiendo una lógica implícita. Con ese método de composición se podrá escribir al menos otro par de libritos, por lo que espero que «Apuntes 2» ya esté a medio camino de la imprenta.

Romero se vale muy poco de las comas, un recurso parriano naturalizado ahora en las redes. Prefiere el punto aparte, con el que marca un tiempo de espera y crea cierto efecto sorpresa. También, y esto es más sustantivo, opina por la vía de la selección y el montaje. Como en el caso de los versos que le dedicó Zurita a Lagos la noche de su triunfo electoral, seguidos al año siguiente por la recepción del premio nacional.

También hay una jerarquía explícitamente establecida sobre la base del número de apariciones contabilizadas en el índice onomástico. En el que «mis poetas» quedan bastante bien ubicados.

La portada es una lámina de Gay en la que unos huasos del XIX apalean a unos cóndores, valiéndose de la treta de dejarles una carcasa de animal al alcance. Habiendo carroña, los cóndores comen tanto que luego no consiguen levantar el vuelo, momento que aprovechan los huasos del XIX para arrearles una somanta de palos. Con eso te digo todo.

El libro, por lo demás, muy bien.

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4 janvier 2017

El rey que llegó tarde

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Mateo es el único evangelista que habla de ellos: «De Oriente vinieron a Jerusalén unos magos preguntando por el rey de los judíos que acababa de nacer».

El evangelista no dice que fueran reyes. Tampoco dice Mateo que fueran tres ni que se llamaran Gaspar, Melchor y Baltazar. Son las imágenes, fueron los pintores quienes los coronaron.

Lo cierto es que venían de lejos, de Oriente, y no eran judíos. Esos nombres les fueron dados en el siglo V cuando el número tres pasó a ser canónico para hacerlo coincidir con los regalos que traían, oro, mirra e incienso. 

En los relatos legendarios los reyes magos llegaban a ser doce o más y en la Edad media era común la historia del cuarto rey que llega tarde a la cita con el Mesías. Michel Tournier cuenta que ese cuarto rey venía de Mangalore y quería regarle a Jesús el mejor dulce turco de pistacho y se había perdido buscando la receta. Así fue como llegó 33 años tarde a la cita, en el propio momento en que Jesús y sus apóstoles se acababan de levantar de la última cena, y como traía hambre y sed bebió del vino y tomó del pan que sobraban en la mesa y fue así sin saberlo el primer cristiano que comulgó. 

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Andrea Mantegna, La adoración de los magos, fines del s. XV. Texto adaptado del Dictionnaire amoureux de la Bible, de Didier Decoin.

19 février 2017

El nuevo mar

Para Albert

Mirar la imagen de Valdivia en lo alto del Huelén y recordar a Vasco Núnez de Balboa coronando la altura desde la que vio por vez primera el mar del Sur.

Una imagen que toma forma —para Albert y para cuántos más— en las páginas que Stefan Zweig le dedica al extremeño en Momentos estelares de la humanidad:

«Más allá de las próximas montañas, de las verdes y umbrías colinas que desde allí descienden, distingue una inmensa y brillante superficie de metálicos reflejos: ¡el mar, el nuevo mar, el legendario mar tan vanamente buscado por Colón y otros navegantes durante años y años, cuyas aguas bañan las costas de América, China y la India! Y Vasco Núñez de Balboa lo contempla extasiado y conmovido, lleno de orgullo y de satisfacción, consciente de la gloria que acaba de conseguir por ser sus ojos los del primer europeo que ha descubierto el infinito azul de aquel mar. Durante largo rato, estáticamente, mira Balboa la lejanía».

¡El mar, el nuevo mar, el legendario mar tan vanamente buscado! 

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Hay un antes y un después de ese cromo pero la vibración del énfasis opera tanto o más si se lo mira como a una imagen fija. 

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El encuentro de Nicanor Parra con el mar del Sur de la mano de su padre.

25 août 2016

El peregrino Ryanair

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El peregrino que imagino en Burgos no ha visto otra virgen que la de su pueblo. Las imágenes que trae en la retina son las de la luna redonda como un queso saliendo entre los montes y otras por el estilo. Los inviernos son largos y tiene el ojo adiestrado para captar la luz. Lo que ve en la catedral lo atesora porque sabe que tal vez no lo vuelva a ver hasta el cielo, y eso si aguanta la larga condena del purgatorio. Y no es que venga de lejos, viene de un pueblo cercano, en las fuentes del Ebro. Burgos es la primera ciudad que atraviesa camino de Santiago. 

El peregrino que veo en la catedral de Burgos —alguno sí que hay entre los peregrinos Ryanair en coche de alquiler— mira las imágenes como un paisaje consabido. Y tal vez lo sea. Al Papamoscas, al menos, lo habrá visto en un folleto, en internet. Lo cierto es que sabe que si hay algo que quiera retener ya está retenido en algún sitio al que no le costará mucho volver. 

Además, la operación de contemplar imágenes en una catedral tiene un desperfecto y es que hay que levantar la cabeza y duele el cuello. La pantalla de la tele y la del ordenador están dispuestas en el eje O-O: la imagen te mira a los ojos y te sostiene la mirada. A lo más, nos hemos habituado a inclinar la testuz para leer la pantalla del teléfono. Si levanta la cabeza para fijar la trama de piedra que filtra la luz del cimborrio la baja en seguida en signo de arrepentimiento. Y ese gesto reúne por fin en Burgos al peregrino que imagino y al peregrino Ryanair.

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 Sagrada familia de Del Piombo y cimborrio en la catedral de Burgos

19 août 2016

Las paridas

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Mirando vírgenes en Burgos, me acuerdo de la Virgen de las Paridas. Lorca cuenta en «Mi pueblo» que la fachada de la iglesia de Fuentevaqueros la coronaba ella, la Virgen de las Paridas.

Busco y encuentro una única referencia a una Virgen de las Paridas en Cáceres. Sin imagen. Una virgen sin su estampa, no puede ser. Pido ayuda y Tse me la da.

Se trata de la Virgen de la Purificación. Las madres recientes, las paridas, debían ir al templo a purificarse cuarenta días después del parto. Un viejo rito judío. 

Cuando la virgen llega a cumplir con el rito, a la entrada del templo la reciben Ana y Simeón, dos viejos que se niegan a morir sin haber visto antes la luz de la esperanza. Y la ven, claro que la ven.

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Lo muestra la imagen que pintó Mantegna en 1460 (arriba). Imagen que retoma poco tiempo después Bellini (abajo), agregando a la vieja pitonisa Ana, a la izquierda, y agregándose a sí mismo, a la derecha junto a Mantegna, que ya se había pintado a sí mismo a la derecha del primer cuadro. (Se da la circunstancia que Mantegna se había casado con la hermana de Bellini y ambos pintores eran cuñados).

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Andando la vida, Bellini llegó a ser tan viejo como Simeón y en sus últimos años volvió sobre la escena (abajo).

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Las diferencias entre ambas representaciones son tales que ambos cuadros no parecen haber sido pintados por la misma persona. En el primero, Bellini se limita probablemente a copiar el cuadro de su cuñado, firmando su versión por la vía de agregar su autorretrato. Cuando pinta el segundo, ya lo había pintado casi todo y le habrá apetecido volver sobre sí mismo.

Las diferencias, digo. Apunto a una sola, para no aburrir: el primer Siméon es un viejo visto por un joven. El último, en cambio, es un viejo visto por sí mismo. 

22 février 2016

Adso y el baobab

Lo estaba leyendo un amigo muy querido que decía divertirse mucho con esos monjes memorables. Así fue como yo también leí El Nombre de la rosa, a pesar de que por esos entonces mi religión me impedía leer best sellers. El sábado, en cuanto supe que había muerto su autor, busqué sus libros para releer alguno. La mano me guió hasta el más breve, las Apostillas al Nombre de la rosa, escrito por el flamante novelista tras el éxito monumental del Nombre, como una manera de responder de una vez a todas las preguntas con que lectores y periodistas lo acosaban.

Las buenas novelas llevan el nombre del protagonista, afirma Eco, que con buen ojo quería llamar a su novela Adso de Melk. La editorial no lo quiso así. Otra posibilidad era llamarla La Abadía del crimen. De manera que finalmente el nombre que lleva resultó ser un un compromiso que agregaba un enigma inicial al enigma de fondo: quién es el culpable y qué quiere decir el autor con ese nombre.

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Como se sabe, Adso de Melk, el protagonista de El Nombre de la rosa, narra cuando anciano una aventura vivida por él a los 18 años, a su llegada a la abadía benedictina donde siete crímenes se cometerían durante siete días y siete noches.

Mucho Borges ha sido citado a propósito del laberinto en la biblioteca de la abadía y, sobre todo, a propósito del bibliotecario ciego llamado Jorge de Burgos. Y cómo no. Pero pocos han visto otros borgeanismos de talla, como ese contrapunto del doble juego enunciativo entre el viejo y el joven narrador, una suerte de desarrollo del diálogo entre el viejo y el joven Borges en El Otro.

Eco cita como modelo en ese plano no al Otro borgeano, sino al Fausto de Goethe. De cualquier manera, esa doble enunciación le permitió lograr esconder su propia voz bajo varias máscaras: «...Cuando duplicaba a Adso volvía a duplicar la serie de espacios estancos, de pantallas, que había entre yo como personalidad biográfica, o yo como autor narrador, yo narrador, y los personajes narrados incluida la voz narrativa», escribe.

Hay más en el librito, mucho más. Es un concentrado de poética y de saber enciclopédico. Los deslices de Eco en el árido terreno de la poética no los voy a poner en evidencia porque para qué. En el otro terreno, en cambio, el selvático del saber enciclopédico, voy a señalar uno, sólo por no dejar:

«Los personajes de Salgari huyen a la selva perseguidos por los enemigos y tropiezan con una raíz de baobab, y de pronto el narrador suspende la acción para darnos una lección de botánica sobre el baobab», dice Eco a propósito de la manera de introducir el saber enciclopédico.

BenissimoQuien encuentre un baobab en una selva se va de excursión a Madagascar. A releer La Estructura ausente.

7 juillet 2015

No tengo miedo de la muerte pero sí de olvidarme las canciones

El Palacio de congresos de París, un centro comercial al borde del Periférico, contiguo al Bois de Boulogne, construido en 1974, es muy feo. Pero cuando me entero de que la fachada la diseñó un buen arquitecto, ya no me parece tan feo. Sobre todo ahora que ya no lo veo.

Para entrar al concierto y cubir las casi cuatro mil plazas del anfiteatro, los espectadores nos alineamos en dos filas, pares e impares, circunstancia que aprovecha para manifestarse un grupo que pide a los artistas la anulación de su concierto en Tel Aviv, previsto para fines de mes. Dentro del anfiteatro, ameniza la instalación una telonera, Chiara Civello.

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Por fin están allí. Dos añosos señores tan pequeños sobre ese enorme escenario, tan solos frente a la multitud. Comienzan los acordes, suena el contrapunto de la bossa nova de las guitarras, los matices de las voces, el tempo que parece que va a desafinar y cae siempre justo.

Es un recital de canciones. Cuento 28. De cada una podría decir algo. El punto más alto tal vez sea el memento mori de Gil cantando en voz muy baja en medio de un gran silencio: No tengo miedo de la muerte pero sí miedo de morir, la muerte es después de mí pero quien va a morir soy yo.

Otro momento así, el de Caetano cantando con el auditorio el estribillo de Terra: Por más distante que esté el errante navegante, ¿cómo podría olvidarte?

Hablando de navegantes, antes del concierto y aprovechando su proximidad dimos un paseo por el Jardín botánico, que hace apenas algo más de un siglo presentaba zoológicos humanos donde exhibían africanos, patagones, lapones y cosacos en calidad de curiosidades. Así es que como estamos en París, Gil canta Touche pas à mon pote, una canción compuesta en francés en los años ochenta, en plena ola de antiracismo, y que contiene uno de los versos más involuntariamente divertidos de la música popular:  No te metas con mi amigo. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que el Ser que hizo pensar a Jean-Paul Sartre es el mismo que hace jugar a Yannick Noah.

Al final, saqué la cuenta: ellos celebran cien años de música al que aportan medio siglo cada uno. Yo debo de aportar otros tantos siglos, porque habré escuchado las primeras canciones de Caetano y Gil, Marinheiro só, Soy loco por ti América, Eu vim da Bahia en alguna radio siendo niño, y los he visto cantar luego en Salvador, en Rio, en Bruselas, tanto que también puedo decir que no tengo miedo de la muerte pero sí de olvidarme las canciones, algunas de estas canciones.

Al regreso, decidimos homenajear al amigo Montano y volvimos no por la autopista sino por los caminos del Tour, al revés de los corredores, con la luz de la luna sobre el pavés. Y entramos en Bélgica por una de esas fronteras que son tan discretas que no se hacen notar.

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Imágenes del concierto por Paul Charbit

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