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Camino de Santiago
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3 avril 2015

Más adelante

Diario de Faro

Viajar puede ser considerado una manera de perder el tiempo. O de cambiar de tiempo, malo por bueno de preferencia. Esta semana ha habido por momentos veinte grados de diferencia entre el Algarve y el Brabante. El anticiclón se estira a veces pero a menudo no alcanza para todos.

Viajar consiste también a menudo en perder algo. La Cenicienta perdió un zapato y mi tío perderá probablemente unos cuantos leuros por rayar la pintura del coche de alquiler contra uno de esos famosos postes de la realidad.

Por mi parte, cada vez que voy a Portugal hago lo mismo: primero voy a los sitios y después leo lo que escribió sobre ellos Saramago en un libro que se llama justamente Viaje a PortugalDonde el Nobel portugués se llama a sí mismo «el viajante». Hostiga Saramago, campanudea y exagera con las comas.

Morra o viajante, mas morra mais adiante (muera el viajero, pero muera más adelante) escribe el portugués al final de su viaje, entre Tavira y Lagos (el pueblo del poste), lo que suena como un buen refrán conocido, aunque se trate de un giro de su cosecha. Bueno, además, porque está entre paréntesis y sólo tiene una coma.

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26 octobre 2014

Lo peor de todo no es lo que te he contado

Cuenta Savater en sus memorias un chiste de Groucho: «Estoy estupendamente de todo menos de la cabeza, que es lo que menos importa». Lo cuenta a proposito de su abuela materna que había perdido la cabeza, que es como se llamaba antes a los estragos del alzheimer, el parkinson, la arteriosclerosis o la demencia senil, males que no son ningún chiste, ya lo sé, pero de los que se cuentan unos cuantos, como ése que explica por qué el alzheimer es muy preferible al parkinson: «Si tienes parkinson, vas al bar, pides una copa, te la vas a tomar, la vuelcas y tienes que pagarla. Si tienes alzheimer, te tomas tranquilamente la copa y te olvidas de pagarla».

(Chiste y dolor, ya se sabe: -¿Te duele? -Sólo cuando me río.)

Esto porque vi anteayer a Quino, tan viejecillo ahora, recibir el premio Príncipe de Asturias, y me acordé de ese chiste suyo, entrañable:

 

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Y también por esto que cuenta Iñaki Uriarte en un adelanto del tercer volumen de sus Diarios, que publica Clarín:

«Tere me contó ayer su encuentro en el parque con X, un señor mayor al que ella conoce desde hace tiempo. Se saludaron efusivamente y charlaron un rato. El le explicó con detalle sus diversas penalidades físicas y varias operaciones recientes. Estuvieron hablando así un rato largo. Hasta que él le dijo: Y lo peor de todo no es lo que te he contado. Lo peor es que no sé quién eres».

6 mai 2014

Cinco días en Murcia

Para sobrellevar el estrés de aeropuerto, nada como concentrarse en un detalle, en la psoriasis incipiente en el codo de la azafata.

En el Puerto, no valen versos frente a la mar, ni frente al sol del atardecer que calienta y no daña, ni bajo al bailoteo eléctrico de los vencejos.

En la Costanera, unas manolas evocan una flor. Hace mucho que no escucho ese nombre. Tal vez nunca antes lo he escuchado. Encantamiento. Y luego olvido. Después, en la terraza del bar, vemos el partido tal como lo habíamos imaginado, al Niño Torres marcar sin celebrar, a Diego Costa empecinarse con la posición de la pelota en el punto del penalti.

Por la noche, la extrañeza del graznido de las gaviotas.

En Calblanque, al mediodía, el olor áspero que emana del plantío de alcachofas. En la cumbre de un cerro hay una estación, como en la canción, desde donde se puede ver el faro a lo lejos y, antes, una cala para pasar la tarde, la arena acogedora, la protección de las rocas, la azulísima agua fresca. 

En Cartagena, el castillo, el teatro romano, el casco viejo. ¿Cómo se llama esa sensación de saber que si no hubieses venido todo sería igual?

En Murcia, la imagen del día estará entre las fotos, sí que hemos tomado muchas, será que Murcia es bien parecida, aunque esté pintarrajeada y vomitada. «Yo soy de Murcia y no rayo los muros», reza un cartel. Y unos muchachos visten, desafiantes, una camiseta estampada con esta divisa: «Mañanas de Ibuprofeno». Si los borrachos son tristes por la noche, por la mañana son tétricos. El alcohol contribuirá al equilibrio de la tribu pero lo cierto es que a la gente tomada de uno en uno la afea, y no necesitan tanto algunos porque ya antes de echarse a beber, a veces desde niños, tampoco es que fueran el ángel de Salzillo.

En la Huerta de Murcia, nada tardará la toponimia en seguir la evolución de la onomástica para que florezcan las calles con nombre de pila inglés y apellidos castellanos. Lo digo contemplando el vuelo de un palomo cuyas plumas fueron teñidas de rojo, según una costumbre local que me explican. Palomo que me recuerda el vuelo del flamenco en la playa del Puerto, él sí rojo de nacimiento.

En Cuevas de Lobos, esta duda: ¿qué es esta moda playera de rasurarse la collonera? Y esta: ¿las páginas de Opinión de El País del domingo tienen más sentido si leídas desnudo sobre la arena caliente? Si los hombres somos monos, en la playa más, leyendo el periódico.

Y en Santa Clara, el verso aprendido de Benarabí: «Mi corazón se ha vuelto capaz de adoptar todas las formas». Prefiero, eso sí, las formas de la cala de Calblanque a las negras sombras de los cipreses del cementerio.

De regreso hace un par de horas, aún llevo tierra murciana en los zapatos. Como llueve en Bélgica, se va convirtiendo en barrillo.

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Calblanque

2 avril 2014

La mosca cojonera

Régis Debray confirma que antes de morir el condenado ve desfilar las imágenes de su vida. Lo sé por experiencia propia, añade.

-¿Por qué lo dice?, pregunta el periodista, como si no lo supiera, en la presentación del último libro de Debray.

-Si te van a fusilar al alba, hay que agradecerlo -responde rápido Debray, como queriendo desembarazarse cuanto antes de la cuestión-, porque te permite ver las imágenes de tu vida, tu madre, tu padre, los primeros paisajes. Además, se duerme muy bien.

-¿Fue en Bolivia?, no puede no insistir el entrevistador que, por mucho que trabaje en Philosophie Magazine, no deja de ser periodista.

-En Bolivia, sí, responde Debray y, manifiestamente incómodo, corta como puede: Pero no estamos aquí para hablar de eso.

Por lo visto, Bolivia es para Debray lo que el combo a García Márquez es para Vargas Llosa.

Un día acabaremos con la mosca en tanto que categoría, pero la anécdota seguirá zumbando.

«J'en connais qui sont partis refaire la guerre d'Espagne sous de tristes tropiques non pour avoir lu Marx et Lenine, mais pour avoir gardé en tête la couverture de Pour qui sonne le glas en livre de poche. (...) Un homme qui va mourir (ou qui croit qu'on va le tuer) voit son existence repasser devant lui en quelques secondes, et ce qu'il revoit alors, avec une irrépressible gaité -je puis en témoigner-, c'est un patchwork de choses vues, à la fois irremplaçables et banales : des visages aimés, une promenade en montagne, une chambre d'enfant au soleil, ou Antonella Lualdi, en Mathilde de La Mole, dans Le Rouge et le noir d'Autant Lara».

Régis Debray, Le Stupéfiant image, Gallimard, 2013, p. 19-21

A

31 août 2013

Otro verano

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Cualquier australopiteco recién llegado sabe que el verano se termina en el hemisferio norte en el mismo momento en que despunta en el sur. El verano no alcanza para todos, o sea, como el anticiclón de las Azores, y esto vale incluso para los trópicos, donde el estado de verano perpetuo hace que el verano no sea verano.

Lo cierto es que el regreso de los veraneantes y los preparativos para la famosa rentrée, el fresco que gana las mañanas y el pardo que asoma por las hojas de las hayas, el sol que carga al este y se pone cada día más temprano no dejan lugar a dudas. Se acaba el verano. Lo digo sin asomo de tristeza. Cada vez que en medio de un anochecer mirábamos al cielo tratando de retenerlo, sabíamos que ya lo habíamos dejado ir.

Hay una película, que no he visto, que se llama Fin aout, début septembre, y contará lo que ocurre en estos días en que andamos algo sensibles por lo que el verano fue y sobre todo por lo que no fue. También hay otra película que sí vi cuando tenía 17 años, ese Verano del 42. Entonces no tenía ninguna razón para añorar un verano que no había vivido. Debería haberlo olvidado por lo tanto, y, sin embargo, lo recuerdo.

Cualquier australopiteco sabe que no hay lugar para la nostalgia ni aun durante la última tarde de domingo del verano, porque en cuanto acaba un verano despunta el siguiente. Habrá que cuidar de no resbalar en el invierno, pero, como dice Heaney, que ha muerto en estos días, este año tengo, para el hielo, el bastón de mi padre.

Oleo de Sybilla Merian

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9 novembre 2013

Déjalos destriparse entre ellos

Llueve incesantemente. No queda más que leer novelas. 

Tras escapar por los pelos al linchamiento a manos del populacho azuzado por el etarra de turno, gracias a la protección inesperada del visir de Samarcanda, Omar Jayam recibe de manos de éste un cuaderno. El regalo del visir es un cuaderno en blanco, un moleskine último modelo, como quien dice, pero es sobre todo una advertencia: cúidate de los visires tanto como de los etarras, y sigue escribiendo versos como los tuyos, pero manténlos secretos.

Jayam no desoye el consejo y ese cuaderno se convirtirá en el manuscrito de Samarcanda que, tras innombrables aventuras, naufragará con el Titanic.

Samarcanda, la novela de Amin Maalouf, tiene méritos (aunque también sabe ser cursilínea). Leerla permite entender la diferencia entre sunitas y chiítas, nueva para nosotros y tan vieja, tan gastada ya para los musulmanes. Y comprobar que el terrorismo de Al Qaeda está enraizado en el hacer de la secta de los asesinos, de Hassan Sabbah, que asoló hacia el año mil, cuando el Islam conocía su apogeo.

Lo de lo cursilíneo (no me acuerdo de quién es el hallazgo) es por las descripciones de los amores de Jayam con Dayán, su poetisa intrigante: mieles van, mieles vienen, tortas van, tortas vienen, fragancia del jazmín, lukumíes y cuernos de gacela.

El desprecio de Jayam por el poder es crístico, y aun está mejorado con relación al de Cristo, porque se asienta en los sentidos, en la materia, en el placer del vino y el calor de la mujer. Estará exagerado por quienes nos lo cuentan, pero qué no está exagerado en el terreno de la Historia, donde lo que no ha sido exagerado ya no existe.

Como se sabe, Jayam no sólo era poeta, era astrónomo y médico. Los mandamases lo necesitaban, y Jayam a ellos, así los despreciase. Pero ese desprecio, ah, ese desprecio:

«Un hijo del sultán remplaza otro hijo del sultán, un visir desplaza a otro visir. ¿Cómo puedes pasar los mejores año de tu vida en esa jaula de fieras? Déjalos destriparse entre ellos. ¿El sol brillará menos, el vino será menos fragante?».

«Los imbéciles han renunciado al poder: yo me confieso imbécil», confesaba el poeta Hinostroza. Imitando a su manera a Propercio: «Los enamorados amamos la paz. Para crueles batallas, las que tengo con mi amada».

OJ

 

15 janvier 2014

Me es fácil imaginar el mundo sin John Maxwell Coetzee

Me es fácil imaginar el mundo sin John Maxwell Coetzee, dice Coetzee. En cambio, me es imposible imaginarlo sin mí.

It occurred to me that it was all too easy to contemplate a world in which this fellow JMC, born February 9, 1940, was not present and had never been present, or else had lived a completely different life, perhaps not even a human life; but at the next instant it also occurred to me that it was impossible to contemplate a world in wich I was not present and had never been present.

I tried the trick again, thinking first the one thought (the world without JMC), then the other (the world without me), and again it worked. The first was easy to think, the second impossible.

The simple logical conclusion would seem to be that the equation "I = JMC" is false.

Habiendo leído a Rimbaud (y escuchado a Mari Trini) ya lo sabíamos: Je est un autre. Sólo que nadie lo había puesto tan claro.

B

Escultura de Ron Mueck

31 juillet 2013

La liquidación

El ser humano es una entidad muy curiosa. Hay en Bruselas una atracción turística llamada Mini Europa, que reproduce a pequeña escala los monumentos característicos del continente, de la torre Eiffel a la de Pisa, de la puerta de Brandenburgo a la catedral de Santiago. El sitio ya tiene sus años y había perdido tirón. Tanto así que anunciaron su cierre. Pues bien, bastó el anuncio para que se llenase a diario. Allí donde antes no había nadie, no cabe ahora un turista más, de manera que ésta, que iba a ser la última, se ha convertido en su mejor temporada.

Mi tío, que ha sido tendero y no se maneja mal en las cuestiones de género, me contaba que cuando las ventas iban mal chamuscaban unas telas, les subían un poco el precio y las sacaban a la acera con un cartel que decía: Liquidación por incendio.

PE

Óleo de Gustave Caillebotte

23 novembre 2013

Las envenenadoras camerunesas

No sé si escribir algo sobre las envenenadoras camerunesas o sobre la promoción del libro y la lectura.

Para no meterme en forros, me decanto por lo segundo. Abordaré la cosa a escala local. Echevarría decía hace días que la gente no lee ahora menos sino más, sólo que no lee libros sino guasapes. Que no lee no por el IVA sino porque está leyendo. Puede ser. Mi tío se acuerda de haber comprado en Buenos Aires en los primeros años ochenta un libro que se vendía en los quioscos de diarios impreso con una tapa diferente de su contenido. Ya eran ganas de leer. También, en los años que siguieron a la redemocratización se puso de moda en Chile leer libros palpitantes, por lo que cundían las ediciones piratas vendidas a pie de calle. También serían ganas de leer.

En el mundo rico y moderno se publica una cantidad asombrosa de libros y se venden otros tantos, y a los invendidos se los hace picado rápidamente para publicar otros nuevos. No así en el tercer mundo donde se publica poco y los libros se venden y revenden una y otra vez en las ferias persas. En todo ese vaivén, algo se leerá, porque en las letrinas que frecuentaba mi tío en su infancia solían colgar libros que tenían una doble función. Y yo lo veía cruzar la calle hasta el puesto de libros y revistas de la avenida, donde cambiaba por cuatro chauchas sus novelitas releídas de Silver Kane por otras aún por leer y llenas de promesas. Silver Kane, que se llamaba por cierto González Ledesma y era barcelonés («Nadie va a leer novelas del Oeste escritas por un tal González», le habrían dicho en la Editorial Bruguera).

A lo que voy. Un vecino de mi barrio ha fabricado una casina que tiene algo de buzón y algo más de pajarera, la ha pintado de verde e instalado en el soportal de su casa, en la que dispone unos cuantos libros para que se los lleve y los lea el distraído paseante. Cada vez que paso por delante, a diario, no puedo dejar de investigar el contenido y reprimir el impulso de llevármelos todos conmigo. A eso le llamo yo promover la lectura, y lo demás son tonterías. Aunque tal vez esté mi vecino llevando a cabo un experimento sociológico, como el de mí tío con las camisas, cuya descripción dejo para una de estas largas noches de invierno.

Lo de las envenenadoras camerunesas (les empoisoneuses camerounaises, en camerunés suena aún mejor) también queda para otro día. Digamos por ahora que cundieron tiempo atrás los matrimonios de maduros señores belgas con impetuosas  jóvenes camerunesas. Hasta ahí, viva la Pepa. El problema es que esos señores se han ido muriendo casi todos, uno tras otro. Envenenados, según parece. Los habrán matado a polvos y rematado a polvitos.

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13 juin 2013

El coqueteo

Voy leyendo demoradamente The Childhood of Jesus, el  último libro de mi venerado Coetzee. Hasta ahora, la acción que describe la novela transcurre en un país de habla española. Me pregunto de dónde le viene este coqueteo suyo con la lengua mía. En Diario de un mal año, un personaje trata a Coetzee de Señor, otro lo llama Juan y un tercero lo cree colombiano. Lo cierto es que Coetzee ha leído a García Márquez, a la luz del tirón de orejas que le da al aracataqueño. Mais encore ?

MM me cuenta que, en su reciente visita a Santiago de Chile (la segunda en menos de dos años), Coetzee se limitó a leer en público, ante unas setenta personas en una facultad universitaria, dos capítulos de The Childhood... y a firmar ejemplares del libro. Los asistentes estaban prevenidos de que no habrían preguntas ni diálogo posterior con el escritor. Harto que estará de que le pregunten por Mandela.

A qué va, entonces. Por no dejar, enfilamos una serie de respuestas posibles, desde las más previsibles (compromisos editoriales) a las más peregrinas (porque Santiago queda en un punto intermedio entre su Ciudad del Cabo natal y Adelaida, la ciudad donde vive, sobre el mismo paralelo). Pero la mejor respuesta es a la vez la más sencilla, la más sublime y la más ridícula: por amor.

J

18 mai 2013

Chilean Holly

Tiempo que no voy camino de Santiago. Lo noto porque asocio cosas con otras, que no vienen al caso. Por ejemplo, leo una novela en que el protagonista quinceañero aprieta en su bolsillo el cortaplumas cuando alguien se acerca, y me da por acordarme de otro que hacía otro tanto cuando comenzaba a salir de noche por las calles de Santiago. STP, decía Lira: sorteas tantos peligros.

El quinceañero de la novela es muy listo, un as de la esquemática, y sin embargo carece de habilidades sociales: va por ahí diciendo las cosas por su nombre, porque no soporta la ambigüedad. Mal negocio ése: lo explícito y lo implícito pueden combinarse a distintas dosis, pero no pueden dejar de combinarse.

El librito me lo he leído para pensar en otra cosa, siguiendo la recomendación de Ian McEwan, y también porque me lo regaló la Mac. Trata de lo mismo de siempre, del niño que va de los Apeninos a los Andes, en este caso from Swindon to London, en busca de su madre, pero tiene un interés añadido a su humor inglés y su suspense a lo Conan Doyle, y es que presenta unas cuantas fórmulas, irresistibles para los que somos de letras. Esta se me ha quedado: para que las cosas funcionen se requieren tres condiciones: que las cosas se copien a sí mismas (mímesis 1); que las cosas se repliquen con un pequeño error (mímesis 2); y que esa error se transmita a las copias venideras (mímesis 3).

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Pero, bueno, cosas con otras, lo que iba a decir, antes de irme por las ramas, es que me entero por el Atlas de Gay de que hay en Chile un arbusto que se llama Desfontainea spinosa. Flores rojas como copihues y hojas de acebo, por lo que en inglés se le llama Chilean Holly. Me pregunto quién le habrá dado esos nombres tan guapos, disculpen que los repita: Desfontainea spinosa, Chilean Holly.

Otro de sus nombres comunes es borrachero, basta mirarlo para marearse, aunque también puede uno hacerse con sus hojas un té. Los mapuches, que se daban coraje antes del combate bebiendo chamico, lo llaman chapico. Los chibchas, por su parte, «daban chicha fermentada con semillas de brugmansia a las mujeres y los esclavos de sus jefes muertos para provocarles estupor antes de ser enterrados vivos junto a sus esposos o amos». Pero los chibchas no eran chilenos, como Alexis, sino colombianos como Radamel. Y esto lo digo para que se me entienda.

Así que, como dificulto que encuentre un ejemplar de Chilean Holly chez Oh! Green, creo que tendré que ponerme una vez más camino de Santiago.

29 décembre 2012

Tintín en su museo

El Museo Hergé fue inaugurado en mi pueblo hace ya más de tres años pero hasta ahora nunca había puesto un pie en él. Un poco porque el reemplazante de Hergé en el corazón de su mujer tiene fama de pesetero, otro poco porque los únicos que no van a Roma son los romanos, como reza un famoso adagio que me acabo de inventar.

El cuento es que ayer fui y el tiempo de la visita se me hizo corto. He admirado suficientemente el edificio desde el exterior, pero el interior está mejor de lo que imaginaba y su descripción pone a prueba mi reducido vocabulario geométrico. Líneas rectas y muros torcidos que abren espacios superpuestos como si se tratase de un paisaje.

En un museo lo que hay que hacer es mirar y callar (o a todo lo más cuchichear). En este caso, mirar de cerca unos bocetos sobre la mesa de trabajo de Hergé, unas viejas fotos a través de unos view magics, las portadas de los álbumes de Tintín traducidos a las lenguas más remotas.

Y recordar que una vez escribí una tesina sobre Tintín en Sudamérica, continente que Hergé ve como una falsa Europa y cuya diversidad representa a través de un sincretismo que ya se quisiera para sí el bolivarianismo. Algo dije también en esas páginas sobre la impureza del mestizo bifronte, chueco por antonomasia, frente a la rectitud del europeo, personificado por Tintín, y a la llaneza del indio de pura raza, representado por el alter ego sudaca de Tintín, el indiecito Zorrino.

También sobre el museo, puesto que la primera aventura sudamericana de Tintín, La oreja rota, se abre con una visita al museo etnográfico, de donde alguien roba un fetiche indígena sudamericano y restituye otro igual, pero falso. El museo etnográfico presenta objetos verdaderos sacados de su contexto. Este museo de Hergé-Tintín, representaciones de esos mismos objetos. El falso fetiche introducido en el museo etnográfico anunciaba, pues, a su manera, la existencia futura de este museo que ahora visito.

MH

Photo © Nicolas Borel - Architecte Christian de Portzamparc

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PS/ Busco lo publicado en este blog sobre Hergé y encuentro este Tintín tontón. Estos periodistas...

12 octobre 2012

El lonco Colón

Diario de Madera

Hoy es doce de octubre en toda Hispanoamérica. En Madera, como en el resto de Portugal e incluso en Brasil, es día laboral. Sin embargo que Colón vivió en estas islas, se casó con una maderense, dona Filipa Moniz, y su hijo, Diogo Colón, nació en Porto Santo.

Colón estuvo aquí años antes de la gesta americana, comprando azúcar, que fue la primera riqueza de Madera, su oro blanco, por cuenta de negociantes genoveses. Pernoctó en Funchal en la casa de un belga, Jean d'Esmerault, que entró a la historia local con el nombre de João Esmeralda. Entonces se entraba en las historias locales domesticando los nombres extranjeros, véase el caso de Colón, para volver a él.

Portugal y España se disputaban por ese entonces el dominio del Atlántico y de sus islas. Mi tío Pepe asegura que el primer portugués que llegó a Madera llegó segundo, es decir que el rey de Portugal anunció la posesión en derecho de la isla antes de poseerla en los hechos. Madera y las vecinas Canarias ya estaban en las leyendas marineras medievales. La Atlántida también.

Consecuentemente, los portugueses no andan lejos de sentir que a América la descubrió Pedro Alvares Cabral, el primer luso que hizo pie en la costa brasilera de Porto Seguro.

Andando el tiempo, el imperio español consiguió integrar a Portugal, y por lo tanto a Madera y a Brasil. Los portugueses dan cuenta de esos sesenta años de dominación española, a fines del s. XVI e inicios del XVII, como de un tiempo calamitoso: las potencias enemigas de España -Inglaterra, Francia y Holanda- aprovecharon para atacar Madera y otros territorios de ultramar argumentando su adscripción a la corona española. Sobre esas bases asentó Portugal su posterior independencia, aliándose con los enemigos de España, Inglaterra particularmente.

Con todo, la historia no ha tratado de manera muy diferente a Portugal de España. La invasión napoleónica, el desmembramiento de los imperios coloniales, la abortada experiencia de las primeras repúblicas, la dictadura. Los portugueses se ahorraron un par de guerras, eso sí, la peor la Guerra civil. Y fue de consuno que ambos países ibéricos adhirieron a la Unión europea y vivieron con razonable exaltación los dulces años de la primera integración. Y hoy viven de manera similar las zozobras de la actual crisis del euro. Le preguntas a un portugués cómo anda la cosa y te parece estar oyendo a un baturro.

Hoy es día feriado en Cataluña, como en toda Hispanoamérica, y tal vez sea un buen ocasión para releer la historia portuguesa. Desde esta autonomía periférica de Madera, cualquiera tentativa secesionista parece extravagante, teniendo presente el pasado y contando con lo que trae el presente.

Mirando una réplica de la caravela de Colón que surca la bahía de Funchal cargada de ancianos septentrionales, mi tío me dice que dentro de un siglo mi nieto podrá ser uno de ellos. Me acuerdo remotamente de que mis abuelos solían venir aquí de vacaciones, dirá. Hace muchos años de eso, sería en tiempos de la crisis del euro, de cuando Madera era española y las Canarias portuguesas. O era al revés, ya no me acuerdo.

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PS / Lonco, en mapuche, es el cabecilla.

26 octobre 2012

La tentación de la isla

(Diario de Madera, 9)

Estoy de regreso de Madera desde hace unos días pero me temo que a este diario le falten aún un par de páginas. Me gustaría pasar cuanto antes a otra cosa-mariposa, pero me conozco-mosco. Por otra parte, lejos de la isla quiero decir, el otoño continental aprieta con su cohorte de paro y de reparos, de hojas muertas y de agravios vivaces. La vieja tentación de la isla reaparece y asume unas formas recientes.

Antes de la llegada de los europeos, la mayoría de las islas que rodean África estaban desiertas. Salvo Canarias y sus bereberes guanches, Madagascar y sus malgaches y alguna que se me escapa. Kapú refiere en Ébano la importancia que cobraron esas islas durante la colonización europea, sirviendo como avanzadilla y refugio a la internacional de marineros, comerciantes y atracadores, como la llama el polaco, que se hizo con el control del continente negro. La cara más fea de esa empresa fue, por cierto, la de la esclavitud. En el caso de la expansión portuguesa, fueron las islas del Cabo Verde las que sirvieron principalmente de plataforma para el negrerismo.

A Madera le correspondió un papel más amable, el de plataforma botánica. Las especies que los portugueses consideraban interesantes en África, América y Oriente eran llevadas hasta la isla para que se aclimatasen en ella antes de dar el salto a Portugal. Y al revés, las plantas que querían introducir en los nuevos territorios pasaban en Madera un periodo de adaptación, habida cuenta de que la isla es geográficamente un punto de encuentro entre el trópico y las regiones temperadas, como lo muestra bien su flora autóctona, la laurisilva.

Mendes Ferrão (A Aventura das plantas e os descobrimentos portugueses) presenta un repertorio de 24 plantas útiles americanas, 17 asiáticas y ocho africanas que fueron implantadas durante esa época en el resto del mundo. Este trasiego botánico está a la base de los monocultivos sucesivos sobre las que se asentó la economía insular, el trigo, la caña de azúcar, la viña y la banana. Subsidiariamente, ese mismo trapicheo convirtió a la isla en una especie de jardín botánico a gran escala, empresa a la que contribuyó de manera significativa la llegada de los comerciantes en vino ingleses, aficionados a la jardinería, a partir del s XVIII, para solaz del más reciente monocultivo isleño, el turismo. La mejor ilustración de esto que digo está en el Jardín de Monte. Si la isla entera es trópico domesticado, Monte es el broche, allí donde el jardinero ha conseguido crear la perfecta ilusión de una Europa tropical. Me inflamo, cómo no.

A la tentación de la isla la atempera, sin embargo, la estadística. Hay más maderenses por el mundo que en la propia isla de Madera. Pescadores en Perth, albañiles en Zurich, funcionarios en Jersey, comerciantes en Maracaibo. Gente de buena madera.

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3 août 2012

De Alepo a Luanda

La guerra no es transmisible, dice K, ni por la pluma, ni por la voz, ni por la cámara. La guerra es una realidad sólo para aquellos que están atrapados en sus entrañas repugnantes. K habla de la guerra de Angola, en 1975. Imposible, sin embargo, no ir de una guerra a otra y pensar ahora en Siria.

Queda por descontado que Siria no es Angola. Una guerra, en cambio, siempre es una guerra. Como el miedo que siente un recluta es el mismo miedo que otro recluta sintió. En el frente, el recluta cree que la muerte está en todas partes y todas las balas le están destinadas, afirma K. Incapaz de apreciar la distancia a la que se encuentra el enemigo, ametralla a lo tonto. Porque en lugar de apuntar al enemigo, intenta acabar con el terror que lo paraliza y le impide pensar en la manera de ganar la batalla. Batalla que nunca ganará del todo mientras no gane la guerra.

Esa guerra eterna que incuba desde siempre porque, para el pueblo oscurantista, el pueblo de al lado está habitado por no-hombres de los que hay que desconfiar porque son numerosos y hablan una lengua ininteligible, lo que les permite disimular sus malas intenciones. Y porque entre pueblo y pueblo, o a la distancia, circulan salvajes que viven desnudos porque perdieron todas las guerras hace tiempo y saben que ya no ganarán ninguna.

La de Angola fue una guerra de emboscadas, donde el frente no era lineal sino puntual y móvil. En plena guerra, se podía recorrer el país entero, enorme y casi despoblado, sin sufrir un rasguno, tanto como se podía caer tras el primer paso. Una guerra de guerrillas. Eso, hasta que el ejército sudafricano invadió el país desde la frontera sur y la guerra cambió de registro y se convirtió en una enfrentamiento convencional entre dos ejércitos armados con material pesado.

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La guerra en Siria es diferente, es una insurrección popular, activa en el corazón de las ciudades, que se enfrenta a un ejército bien apertrechado. Insisto en que no comparo una guerra con otra. Lo que digo es que para acercarme a la realidad de la guerra, puesto que está ahí otra vez, como siempre, he abierto el primer libro de Kapuscinski, escrito durante la guerra de Angola, en el 75. No me acordaba de que fuese tan bueno. En las versiones española e inglesa se llama Un día más de vida, frase que suelta al alba el angoleño de la imagen tras haber conducido durante la noche, sorteando toda clase de peligros, porque sabe que en el día que despunta podrá avanzar sin obstáculos gracias al sol del paralelo 16 que, cuando está en el cénit, detiene cualquier guerra. O esa guerra, cuando menos. La versión francesa se llama D'une Guerre l'autre, y fue ese título el que me movió a abrir el libro y a hacer la asociación con la guerra en Siria.

Me entero de que la historia de K en Angola la lleva ahora al cine de animación el navarro Raúl de la Fuente -de allí está tomada la imagen- y el estreno está previsto para mediados de 2014. Esperemos que Siria haya sido liberada mucho antes de eso y sea por ese entonces una democracia modélica que combine crecimiento económico y preservación del medio ambiente. En materia de propaganda bélica hay que hacer como el comandante Juju en la radio de Luanda. Cuando la situación no puede ser peor, hay que encadenar victoria tras victoria con un lenguaje florido.

No se puede escribir sobre la gente sin compartir mínimamente su experiencia, sostiene K. Por esa razón los periodistas intentaban llegar hasta Benguela o Lubango, en Angola, como hoy lo intentan con Alepo u Homs, en Siria. Ahora bien, lo que llegan a escribir una vez allí ya es otra cosa, que continuará...

14 avril 2012

Lautaro a lomo de elefante

Quedamos ayer en que el mundo es la Gran Sonaja y resulta que el día anterior el Rey de España cazaba elefantes en Botsuana. Hablando de eso, salió a colación Lautaro. Como se sabe, el joven Lautaro, siendo mozo de caballerizas del conquistador Valdivia (quien lo llamaba Felipe), convenció a los suyos de que los conquistadores no eran centauros sino simples peatones extremeños. Lo que envalentonó a los araucanos y les permitió atacar y zurrar a los peninsulares y reducir a Valdivia, a quien Lautaro le propinó esta muerte atroz: ¿Oro quieres? Oro tienes, le dijo y le introdujo por la boca un embudo con metal hirviente.

La historia, con ser buena, mejora si se cambia un componente y en lugar de caballos ponemos elefantes. Grandes paquidermos cruzando el océano, desembarcando en Lima, llevando en volandas a Almagro y Valdivia por la aridez del desierto de Atacama a conquistar la indomable tierra de Arauco.

L

Y ya puestos a cambiar la historia, tras acabar con Valdivia, Lautaro se lanza a la conquista del imperio incásico. Avanzan las huestes lautaristas a lomo de elefante por el Salar de Uyuni, hunden sus trompas los paquidermos en el lago Titicaca y abrevan y se duchan según su costumbre, preparándose par entrar en el Cuzco, el ombligo del mundo, durante un eclipse.

Lo cierto es que este detalle no sólo cambia la historia de América sino la de la propia España, que ve recreadas las paredes de Altamira de trompas y graciosas orejas, y a una carga de elefantes enterrar a los sarracenos en la mar -Babieca, Rocinante, incluso Platero, todos elefantes- y así, hasta que anteayer el Rey Borbón se descoyuntase la cadera cazando guanacos en el sur de África.

9 novembre 2011

La voz

En plena Europalia brasilera, recital de poesía de Augusto de Campos antenoche en Bruselas. 

Campos cumplió ochenta años este 14 de febrero. Un recital suyo es un espectáculo multimedia y se asemeja a un concierto de rock y a una performance visual. Lo acompañan su hijo Cid, el poeta António Cicero y los músicos Arnaldo Antunes y Adriana Calcanhotto. Enmarcados por los gobelinos de una sala del Ayuntamiento de Bruselas, los bajos de Antunes y los altos de Adriana consiguen maravillas al servicio de unas palabras desnudas y en seguida travestidas de luces y de ecos. Campos consigue también espléndidas puestas en escena de sus traducciones de Mallarmé, Rimbaud o del trovador occitano del siglo XIII Arnaut Daniel.

A la hora de las despedidas, nos acercamos a Adriana para hablarle de un amigo gracias al cual nos acercamos a ella. Su voz es mejor aún a corta distancia.

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Dos poemas de Augusto de Campos

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 Sem saída

C

Todo está dicho. Todo está visto. Nada es perfecto. Nada está perdido. He aquí lo imprevisto.

17 janvier 2012

El habitante número 101

Diario de Chile (10 + 3)

Mi amigo S está leyendo la Autobiografía de Mark Twain y me envía unas líneas. Espero que me sirvan para cerrar de una vez el Diario de Chile, que comencé en diciembre a la hora de despedirme del zygocactus y que ya va por el tercer apéndice. Qué latoso puede llegar a ser uno cuando se lo propone.

En la pequeña ciudad de Hannibal, en Missouri, cuando yo era todavía un muchacho -cuenta Twain-, todo el mundo era pobre, pero no lo sabía; y todo el mundo vivía pacíficamente, y sí lo sabía. Y había niveles en la sociedad: gente de buena familia, gente de familia inclasificable, gente de ninguna familia.

El pueblo se componía de un centenar de personas y yo aumenté la población en un uno por ciento. Es mucho más de lo que el hombre mejor de la historia podía haber hecho por un pueblo. Quizá no sea modesto por mi parte referirme a esto, pero es cierto. No hay constancia de que una persona haya hecho tanto, ni siquiera Shakespeare.

No hace mucho, alguien de Missouri me ha enviado una foto de la casa en la que nací. Hasta ahora yo siempre había afirmado que era un palacio, pero a partir de ahora voy a ser más cauto.

En Chile se creó años atrás una corriente de escritura poética llamada poesía lárica. Consiste en volcar en versos los sentimientos de aquél que vuelve a su pueblo, a su lar. Quien mejor expuso esa estética fue Jorge Teillier. Quien la anticipó fue, como tantas veces, el gran anticipador, Nicanor Parra. En su Hay un día feliz, por ejemplo.

Twain escribió su biografía convencido de que serían sus últimas páginas y se publicarían una vez que él estuviese muerto y enterrado. Y así fue sólo en parte, porque aún en vida publicó algunos extractos en una revista literaria. Se trata de un relato que adopta la forma del patchwork, donde el autor apuesta abiertamente por la libertad de expresión.

Estoy literalmente hablando desde la tumba -escribe-, porque ya me habré muerto cuando el libro salga de la imprenta. Hablo desde la tumba, en vez de hablar con mi lengua viva, por una buena razón: así puedo hacerlo libremente.

Este es un tópico parcialmente verdadero: la muerte nos libera de nosotros mismos y por lo tanto libera nuestra palabra de las trabas que el cálculo social nos impone a la hora de expresarnos. En mi caso, no sé si llegue a ser más sincero dentro de la tumba que fuera de ella. Por suerte, carezco de singularidad social, de manera que nadie se dará el trabajo de comprobarlo. Sin embargo, yo también creí ser un día el habitante número 101 del pueblo.

T

5 août 2011

La divisa

(Saldos de fin de temporada, y 5)

Desde la carretera se ve el cielo y la tierra. Los cielos son cambiantes, los sembríos uniformes. El principio de la agricultura francesa es el mismo del jardín de Villandry pero al revés. En Villandry adornan con hortalizas. A campo abierto, cosechan masivamente flores. Girasoles. Al ponerse el sol los girasoles le dan la espalda para recibirlo en la cara al día siguiente. Son más listos que los paneles solares. 

También se ven monstruos metálicos, regadoras, cosechadoras, torres de alta tensión, molinos de viento. Grandes insectos. Francia es un viejo país agrario algo modernizado. Jonzac, por ejemplo, ni siquiera aparece en la guía turística. En el torreón medieval, un reloj suizo da la hora en punto. Y en el frontis del ayuntamiento republicano campa un reloj de sol. Jonzac está entre Cognac y Champagnac, con lo que cuesta mantenerse sobrio. Contando además con que es la tierra del Pineau de Charentes, esa dulcísima mistela donde se mezcla el aguadiente más viejo con el vino más joven.

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Decía Montaigne que algunos nos tomamos la ida por la vuelta. Si pudiera volver a poner una divisa en este sitio, sería esa. O bien, la de Millán: No sé si voy o vuelvo de Santiago. Esta vez la lluvia no espera a que crucemos la frontera belga para caernos encima. Nos viene siguiendo desde el Mediodía. Una cosa por otra, las cigarras nos dejarán en paz. Y la lluvia lava el auto del polen, del polvo, de los insectos. Hasta el año próximo.

Como dice la divisa grabada en la piedra de Jonzac, Post bella, otia pacis. Bella es la paz tras la guerra.

16 décembre 2011

Los años

Diario de Chile (3)

Le pregunto a mi amigo E, que tuvo la suerte de cenar con ellos, que cómo están los veteranos del 71. (Esa cena que debió llamarse 'Los veteranos del 71 vuelven a los 17'). ¿Que cómo estamos? En avanzado estado de descomposición, me advierte. Uno de ellos, M, se da tiempo para recordar, sin embargo, que en esta materia la última palabra la tiene Leonardo, según contaba un libro que leímos en la escuela primaria y todos olvidamos menos él. Le preguntaban al maestro toscano qué edad tenía. Tengo quince años, respondió. Porque hay dos maneras de contar los años, y yo cuento los que me quedan por vivir.

De los años hablan a su manera un grupo de añosas señoras durante una cura de rejuvenecimiento en un recinto termal. Las oigo contar que, según Jodorowsky, así como la edad de un árbol se lee en los anillos del tronco, la edad del ser humano se cuenta en las arrugas del ano.

No me extraña. Yo era cliente de Jodo en Twitter pero lo abandoné. Su capacidad para emitir boutades y paradojos es muy superior a mi capacidad para encajarlos. No le resto méritos, claro que no. Que estas matronas se expresen de esa suerte es santo y seña de que vamos avanzando. Añosos somos, pero ya no nos arrugamos a la hora de decir culo en público.

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PS/ Por otra parte leo que un estudio de la Universidad de Milán habría dado con el misterio de la sonrisa de la Jocosa: mientras Leonardo la pintaba, el maestro le exhibía la diuca (contraviniendo el palíndromo de Maturana: A la diuca, cúidala). // Cómo quieren las ancianas que respetemos sus canas si las pintan de tonos subidos, decía Lira.

4 septembre 2011

¿Qué será del pobre Augusto?

Hoy es cuatro de septiembre y hace 41 años en un día como hoy de 1970, domingo también, fue elegido presidente de Chile Salvador Allende. No voy a dar aquí la tabarra con un enésimo análisis del proceso, como se le llamaba entonces. Sólo quiero recordar que ese día, esa noche más precisamente, fue la primera vez que oí pronunciar en la televisión chilena la palabra huevón. Fue el senador Alberto Jerez, el chascón Jerez, quien le soltó el calificativo al líder de Patria y Libertad, Pablo Rodríguez, que a partir de entonces pasó a ser llamado Pablo con Hache. Desde ese día los huevones se suceden en la televisión chilena con una frecuencia que ya rebalsa.

En una entrevista de 2000, Jerez cuenta que Allende estaba convencido de la lealtad del felón Pinochet, a quien había puesto él mismo al frente del Ejército. Al punto de que, camino de La Moneda la mañana del golpe, se inquietó por su suerte y les preguntó a quienes le acompañaban: ¿Qué será del pobre Augusto?

R

Pintura de Roberto Matta

31 juillet 2011

El irlandés

La vida de Roger Casement cabe en tres capítulos: Congo, Amazonía e Irlanda. En la novela que Mario Vargas Llosa le consagra, El Sueño del celta, quiero decir. 

Las últimas novelas del último Nobel rescatan personajes y episodios de la historia reciente (el déspota Trujillo, el fauvista Gauguin y su tía Flora, ahora Casement) y los presentan al abrigo de una consistente documentación y bajo el prisma de la ficción. No le falta oficio ni aplomo a Vargas para hacerlo; nunca le han faltado, por lo demás, ni cuando se aventuró en sus primeras novelas marcadamente experimentales, cuya materia provenía de su propia vida. Agotado el filón existencial, Vargas Llosa va a buscar otras vidas, por lo que tienen de interesantes y de demostrativas.

Roger Casement conoció medio mundo en su tiempo y denunció lo que el mundo de entonces tenía de peor. La explotación colonial en el Congo a manos del imperio cauchero que montó Leopoldo II, rey de los belgas, a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Y la explotación de los nativos en la Amazonía peruana a manos de las empresas caucheras que cotizaban en la bolsa de Londres. Las denuncias de Casement consiguieron en parte disminuir la bestialidad del esclavismo. Y poco más, salvo que, gracias a ellas, Casement ganó prestigio y nombradía y fue condecorado por servicios prestados al Imperio británico. Irlandés, se revolvió, sin embargo, contra éste, por negrero y artero, y tomó partido por el bando alemán durante la Primera Guerra, por lo que fue declarado traidor a Gran Bretaña y ajusticiado.

El propio Vargas nos previene, sin embargo, ya desde el epígrafe, que un hombre es muchos hombres. Casement, azote de expoliadores caucheros y padre de la futura patria irlandesa, es también el niño huérfano que busca a ciegas la felicidad, ese fuego fatuo, ese paraje improbable. 

No parece haber sido un hombre llevadero, ni mucho menos simpático. Hay algo de reiterativo si no de machacador en su postura, tanto así que el personaje contamina en algo al autor. La mano de Vargas se siente esta vez un punto más pesada que de ordinario, particularmente en algunas demoradas descripciones. Pero también hay momentos de gracia en el texto, en su epílogo o en la manera como trata en espiral los tiempos del relato. La realidad enreda los hilos y teje paradojas y el poder se las arregla para ponerse por encima y, como suele ser, Vargas sabe repercutirlo.

Por mi parte, no sabía nada de Casement antes de abrir este libro y ahora, sin embargo, me creo capaz de discurrir toda la noche si me apuran sobre dos o tres facetas de su vida en las que consigo proyectarme y que consigo proyectar sobre mis semejantes. Una vez más, la literatura me empodera. Imaginariamente. Para no abusar de nadie, escribo estas cuantas líneas y lo dejo hasta ahí. 

C

18 avril 2011

Contando con que el Pisuerga pasa por Valladolid

Mucho había dicho que no me subiría nunca a un Ryanair. Tanto así que ayer me subí al primero, que me trajo de Charleroi a Valladolid, contando con que el Pisuerga pasa por la ciudad. Dejo para otro día las razones por las que no. A las muchas que expone esta señora, todavía le faltan las 14 principales. La razón por la que sí es que el Pisuerga pasa por Valladolid.

Finalmente el avión salió a la hora y el vuelo resultó más agradable de lo esperado. También porque me esperaba lo peor. El avión iba buscando el oeste, tenía el sol en la ventanilla y además se reflejaba en el metal del ala. No traía lectura, porque sólo consienten una maleta con diez kilos. Había tenido que eliminar lo prescindible, la toalla, los largavistas, los chocolates. De los libros siempre se dice que son imprescindibles, de manera que lo último en caérseme de la maleta fue mi Uriarte anotado por los bordes.

Como no traía lectura, digo, me leí un reportaje de la revista de a bordo sobre un trekking nudista de seis hombres, una mujer y una perra en los Alpes austriacos. Y el primer capítulo de Cien años de soledad. D me había encargado la edición que tenemos en casa, la número 26 de Sudamericana, de julio de 1971, con la portada de Vicente Rojo. Si le quitas los adjetivos, se queda en un cuentecillo, como el del dinosaurio. Los pantanos son desmesurados y los ríos tormentosos. Los mares, incógnitos; los territorios, deshabitados; las conjeturas, asombrosas. Qué charlatán. Los prodigios son misteriosos; las novelerías, alocadas y las tetas descomunales. Esta es la manera de contar para vender cantidubi, como hacen los macondianos y también los mc ondianos, que venden a tutiplén.

Pisuerga

Nacimiento del Pisuerga

13 mars 2011

La última hora

Viernes 11 de marzo de 2011, 8:04, una hora después del sismo nipón, la última hora de Le Monde: 'Un violento sismo de magnitud 8.9 se ha registrado en la costa noreste de Japón provocando numerosos heridos y desatando un sunami de cuatro metros. Varias personas han sido víctimas de un corrimiento de tierras y una nube de humo negro escapa ahora mismo de un edificio en la periferia de Tokio...'.

La primera noticia, también llamada última hora, anuncia la calamidad y de paso se cubre de ridículo. El dato duro en este caso era la magnitud del sismo. El resto podía ahorrárselo. Alguno debería explicarle a alguien qué es un terremoto de esa magnitud. Por lo visto, para quien no ha vivido un 8.8, un 8.9 parece impensable. Para quien lo ha vivido, también.

Mi tío Pepe cuenta que en la radio donde él era aprendiz el locutor desplegaba el diario que se acababa de comprar, tomaba la bagueta, golpeaba el gong sobre el escritorio, miraba el reloj en el muro y, cuando la luz roja se encendía, se aclaraba la voz y exclamaba: 'La señal horaria indica las diez de la noche en todo el territorio nacional. A continuación, les presentamos las noticias de última hora'. Y pasaba a resumir los titulares del diario (que se llamaba precisamente Última hora) como si estuviese leyendo un guión afanosamente preparado. Las noticias solían ser tristísimas. No tanto como las de hoy, eso sí.

Desconfía de los encuadradores, me advierte, y de los redactores de noticias de última hora. Cuando no exageran y anuncian que el mundo ya se acabó, omiten interrumpir la transmisión para anunciar el nacimiento de Cristo.

U

30 mars 2011

Hecho en Chile

Este domingo se manifestaron en Bruselas dos mil jóvenes vaticanistas y un arzobispo contra el aborto y la eutanasia. No tengo nada en contra de que la gente se manifieste. Incluso contra el derecho a nacer y a morir dignamente. Creo, sin embargo, que los vaticanistas no entendieron del todo el mensaje que le dieron a Wojtyla setenta mil jóvenes reunidos en el Estadio Nacional de Santiago de Chile en el aciago año de 1987. Llevaban horas diciéndole que sí a todo. Pero a la pregunta de si estaban dispuestos a resistir a la tentación de la carne, le dieron un no sonoro. No hay pruebas gráficas de este hecho tremendo, las ha quemado Torquemada.

Sobre el asuntillo de la carne tierna, Carlos Peña les dio a los vaticanistas en las partes este último día del Señor: 'No se requiere ser Foucault para darse cuenta de que una institución que entrega a personas célibes la tarea de administrar el secreto de la vida adolescente y familiar (mediante la confesión) no puede sino producir, tarde o temprano, conductas perversas'. Conductas frente a las cuales el padre de la protagonista de Lo que me queda por vivir, la última novela de Elvira Lindo, se posiciona de la siguiente manera: 'Nunca me he quedado a solas con un cura en una habitación y nunca me quedaré, aunque sea un obispo. Un día se me sentó al lado un cura en un autocar y me cambié de sitio inmediatamente'. Sensato, tratándose de un señor musculoso.

P

Pascal Maître, Clase de anatomía en Mogadiscio, 2006

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Hablando de demografía, he notado que hay un tipo humano en boga, al menos en Europa, el del príncipe añoso, el principote. Carlos de Inglaterra es el ejemplar más vistoso, pero hay varios que le van a la zaga, Felipe y Lorenzo de Bélgica, entre ellos. Como los reyes de hoy se benefician también de la longevidad reinante, los príncipes deben estirar su bisoñez hasta bien avanzada la vida, en eterna calidad de príncipes.

Sobre Felipe de Bélgica, el cineasta Samuel Benchetrit cuenta una anécdota reveladora. Para su último filme, Chez Gino, estaban construyendo una pizzería de cartón piedra en el centro de Bruselas. Una mañana pasaba por allí Felipe, quien asomó la nariz para decirles que era una estupenda idea la de construir una pizzería allí, a dos pasos del colegio de sus hijas, porque a éstas les gustan mucho las pizzas.

Su hermano Lorenzo, por su parte, fue recientemente a hacer negocios al Congo, contra la opinión del Gobierno, que ahora amenaza con quitarle la mesada (30 mil pesos europeos, más o menos). Si son unos niños, como dice un amigo mío.

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Sobre demografía belga también: como por aquí muchas mujeres cincuentonas no se maquillan ni se arreglan, no se amanolan, y muchos hombres viven la caída de los hombros y de la testosterona, se da el caso que cueste distinguir sin gafas hombres de mujeres, que se aúnan en una especie de tipo genérico que una sobrina de mi tío llama homu.

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Mi tío, precisamente, me entrega su chaqueta para que la lleve a limpiar. La doblo por el revés y me fijo en las etiquetas. Una dice: Pierre Cardin Monsieur. La otra: Made in European Community. Una más pequeña: Tela importada. Y otra, minúscula, al interior del bolsillo del tabaco: Hecho en Chile.

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