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Camino de Santiago
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22 novembre 2010

La preposición posterior

Fin de semana en Canterbury. Visita relámpago, objetivos modestos: desayunar en el Tiny Tim's, levantar la cabeza dentro de la Catedral, ir a comprar el calendario de adviento y salir con una Historia de bolsillo de Gran Bretaña.

Entre tanto dato inútil, éste: fue Joseph Addisson, el fundador del Spectator, quien, contra la opinión académica, impulsó la práctica de acabar las frases por una preposición. Al punto de que a esta figura gramatical se la conoce como la terminación addisoniana. Churchill fue un entusiasta partidario.

En inglés se puede, en español no. O no se podía hasta ayer. Seguro de que en el futuro se podrá acabar la frase por una doble preposición. Yo no estoy en contra.

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Cámara lenta >

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5 janvier 2011

El pulpo rosa

A mi tío Pepe algunos trascendidos de Wikileaks de los que todo el mundo pasa alegremente, como el de la desvergüenza de Pfizer en Nigeria, le dan dolor de muelas. Otros, en cambio, le alegran el día, como la afirmación de que los clubes de fútbol búlgaros están en manos de la mafia local, lo que la mafia local no se da el trabajo de desmentir. O el tratamiento de borderline político-financiero que da la embajada yanqui en Santiago a Sebastián Piñera.
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La lluvia de estorninos que se abatió apenas comenzaba el año sobre dos pueblos del sur de Estados Unidos no presagia nada bueno. No hay pájaros tan guapos como esos en Europa, pero ese detalle no nos pone a salvo. La mujer que lleva el blog Trending Topics lee a diario la prensa gringa y suele hacer síntesis graciosas, esa mujer, digo, reaccionó en seguida repertoriando otras lluvias de bichos habidas en años anteriores. Lo que no hizo fue llevar su razonamiento al modo subjuntivo: no llovieron sapos ni culebras, de acuerdo, pero tampoco llovió ninguno de los animalicos descubiertos en 2010, pulpos rosas o monos respingones.
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De joven, mi tío no respondía a ciertos mensajes que recibía por vía postal en aquel entonces, so pretexto de que no tenía tiempo ni secretaria. Ahora es él quien no recibe respuesta. Los hindúes llaman a eso karma, creo.

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Foto de Robert B. Haas

28 novembre 2010

No podemos permitir que mañana un juez de Mozambique

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L
o gracioso de este vídeo, aparte del avioncito, está en el minuto cero cinco (1'05), cuando Piñera dice textualmente (lo pongo en verso):

Por un problema de principios
No podemos permitir
Que hoy día un juez español
Mañana un juez de Mozambique
O de cualquier otra parte del Mundo
SE ARROJE una juridiscción
Que no le corresponde.

Debería haber dicho que no puede permitir que un juez de Mozambique se arrogue una juridicción que no le corresponde. Pero no en balde es el dueño del Colo Colo.

13 mars 2010

Caos calmadito, la película

Tiempo atrás leí Caos calmo, la novela de Sandro Veronesi, y escribí sobre ella aquí. En Fuimicino compré la película y anteayer la vi. Está varios Astis por debajo. Es un clásico éste de encontrar el libro mejor que el filme a la salida del cine o en el blog, pero así no más es.

CC

La película tiene un par de aciertos visuales, faltaría más: la aparición de Roman Polanski en la persona de Steiner, el gran patron ebraico, que no suelta ni una sola palabra pero colma la pantalla con su menuda presencia. Nani Moretti se las arregla bien encarnando a Pietro, qué menos. Moretti funcionaría incluso en una película conceptual, de ésas en que se mueve el escenario mientras los personajes se están quietos. También la moza del perro y el propio perro no dicen ni una palabra en sus varias apariciones pero ambos son muy guapos, incluso más que en la novela.

Pero las relaciones entre las personas, que en la novela son siempre interesantes cuando no son súper interesantes (lo que se juega entre ellas y lo que parece que podría llegar a jugarse), en la película son desabridas.

Una explicación numérica para el demérito: una novela como Caos calmo tiene más de cien mil palabras mientras que un guión de película anda por las diez mil. El paso de la novela al celuloide dependerá de cómo funcione el embudo.

Hay libros que se prestan para ser contados en el formato del cine y hay directores que saben hacerlo. Caos calmo debería haber dirigido y actuado el propio Veronesi. Yo le encuentro cara de Pietro.

Otra conclusión zopenca es que no debería uno leer el libro antes de ver la película. O, derechamente, no debería uno ver la película después de haber leído el libro. O, si no se resiste ni a lo uno ni a lo otro, abstenerse de todo comentario.

5 mars 2010

El terremoto (5)

Meme n° 1

Saqueos y pillajes (looting and pillages) en la ciudad de Concepción, la más golpeada por el terremoto 8.8. Saqueo y pillaje son estrictamente sinónimos. Dos maneras de decir lo mismo de tal forma que parece el doble.

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Meme n° 2

A Pinochet se le debe la bonanza económica de Chile. La versión post terremoto de este meme es que a Pinochet, y a Milton Friedman, se debe la construcción antisísmica en Chile, como escribe este hombre en el Wall Street Journal.

La verdad es muy diferente. Sólo en los años noventa, una vez terminada la dictadura, Chile pudo recuperar y superar los niveles de vida previos a ésta. Las peores crisis económicas en Chile, las de 1975 y 1982, las provocó la gestión económica pinochetista. La última, de 1982, sus coletazos y las reacciones que provocó, fueron las que desencadenaron la caída de Pinochet.

En cuanto a las normas de construcción antisísmica, fue el gobierno de Allende, en 1972, quien las convirtió en normas legales. Y los gobiernos democráticos, en los años noventa, quienes las actualizaron.

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Foto de Robinson Chávez

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30 juillet 2009

Paisaje con hoja roja

Qué gran país, exclama Pepe. Todo es grande aquí, los paisajes, las distancias, los porcentajes, los camiones, los bosques, los lagos, las porciones en los restoranes. Los canadienses recientes, eso sí, mayormente de origen asiático, son más bien pequeños. Pero ya verás cómo irán creciendo.

Miramos Toronto desde la isla. ‘Canadá tiene muy poca historia y demasiada geografía’, repiten los canadienses, pero el tiempo los va desmintiendo. Cada día hay más historia y algo menos de geografía. El viento lima la cresta de los montes, el agua anega la tierra firme y, como dejó escrito el muchacho sobre el muro, ‘el bosque precede al hombre pero lo sigue el desierto’.

Ahora vemos caer el agua por las cataratas del Niágara. ‘La segunda decepción de la novia’, llamó Oscar Wilde a este tradicional destino para viaje de luna de miel. Imposible no pensar en lo que pueden juntos el tiempo y el agua. Time is as weak as water (El tiempo es tan feble como el agua), dice la canción. Febles son, pero juntos desplazan las cataratas varios kilómetros en unos cuantos siglos. Mientras resistimos a la tentación de lanzarnos cataratas abajo, Pepe me cuenta historias de gente que no la resistió.

Paisajes como éste los pintores del llamado Grupo de los Siete decidieron pintar ‘a la canadiense’. Para hacerlo se internaron en los bosques y acabaron descubriendo nuevos lagos. A los de agua transparente los bautizaron con nombres de pintores que admiraban y a los de agua turbia con nombres de críticos que los denigraban.

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En Ottawa nos mezclamos con el gentío durante la fiesta nacional del día primero de julio, al pie de los edificios sede de las instituciones. Son canadienses recientes y se cubren con la hoja roja sobre fondo blanco. Celebran la ‘idea’ de Canadá, tienen la cara del mundo y componen una olla podrida que no huele mal.

A dos pasos de allí, del otro lado del río, comienza Quebec, donde la fiesta pasa desapercibida. La mitad menos uno de la población quebequesa votó, en el referéndum de 1995, por la separación de Quebec del resto de Canadá. Observo de reojo a mi tío, a quien estos asuntillos se la traen floja. O bien lo ponen de los nervios.

La emigración campo-ciudad durante el siglo pasado fue poblando Montreal de descendientes de los colonos franceses. Que, en cuanto se fueron haciendo un lugar en la urbe cosmopolita y ganaron poder, impusieron su lengua. Y, para mantener su sitial, no vacilan en traducir hasta las señales de la circulación: donde ponía stop, léase arrêt. El resultado es que hoy se habla francés en una gran ciudad de América del Norte sitiada por el inglés. So, voilà.

La fauna urbana se dispersa y vuelve a reunirse en torno a los escenarios del Festival de jazz. Es la hora de la cena y todo el mundo se lleva algo a la boca. Hemos de escoger entre comida libanesa, etíope y cochinchínica. Me pregunto qué comían los canadienses antes de la llegada de los extranjeros. Pepa sostiene que antes de la llegada de los extranjeros no existía Canadá. Pero ya los primeros canadienses apreciaban la comida foránea, particularmente el misionero a la olla.

11 août 2014

Fin del mundo con jardín y arroyo

El fin del mundo, End der Welt, no está lejos. Se puede subir en funicular desde el lago de Biena, dos estaciones, quinientos metros de desnivel, y luego andar veinte minutos. End der Welt no tiene mucho que mostrar, unos campos deportivos a cielo abierto y un restaurant, cerrado por vacaciones.

Al otro extremo del lago de Biena está la isla Saint-Pierre, istmo más que isla, donde Rousseau, viejo ya y descreido, escribió las famosas Rêveries du promeneur solitaire. Ese nombre le dieron también al camino que bordea el lago o laguna que recoge el agua de lluvia del pueblo donde vivo.

Biena es conocida por ser la cuna de la relojería. La reforma protestante dio un impulso a esta fabricación, parece, porque dejó súbitamente sin trabajo a muchos orfebres, que de hacedores de crucifijos se reconvirtieron en relojeros. De Biena es el reloj que llevo, que era de mi padre.

Hay quien teme ahora que esa industria relojera deslocalice su producción hacia otras plazas en Europa del este. Biena es la ciudad más pobre de Suiza, me dice un bernés. En los clubes de ricos siempre habrá un miembro más pobre pero no es seguro que se note desde fuera. Como sea, en la iglesia de San Benito, en la ciudad vieja, el aprendiz de organista hace sus gamas una mañana cualquiera entre semana y el resultado parece un concierto de categoría. O será el espíritu de las vacaciones el que hace que todo parezca un peldaño por encima, el propio veraneante incluido, sin ir más lejos. Biena, por otra parte, es la avanzadilla del habla germana hacia el oeste, y de la francesa hacia el este. La ciudad estuvo bajo el dominio del príncipe-obispo de Basilea desde el s.XI hasta la Revolución francesa, y fue francesa durante 17 años, antes de integrarse a la Confederación suiza.

Source: Externe

Más podría decirse de estos lugares pero es bueno no excederse. El bernés Paul Klee advertía hace cien años: Se yerra intentando expresarse con más medios que la naturaleza, cuando cabría intentar hacerlo con menos. Lo decía en relación a los cuadritos que pintaba, como el que ilustra esta página, Jardín junto al arroyo.

Bueno, sí, cabría añadir que al cabo del viaje la Ardena estaba bonica, toda florecida de adelfillas.

Y sobre lo que dice S abajo, ordenaba la maleta y del bolsillo perro del pantalón cayó un franco. Creía haber gastado yo hasta el último, y no. La economía siempre te da una oportunidad.

9 septembre 2011

Nueve del nueve

Un día como hoy hace treinta años murió Lacan. En esa época Libération sabía hacerse notar con sus títulos y para la ocasión tituló así: Tout fou Lacan. Gracioso e intraducible, como el difunto. 

Para hoy, la asociación de defensa de los animales Gaia propone que los masculinos no llevemos calzoncillo a modo de rechazo a la castración sin anestesia de los cochinillos. Esta tarde mi tío tiene hora donde el fisioterapeuta. Por más que el profesional sea de tendencia lacaniana, lo de presentarse sin calzoncillos se lo está pensando.

En Le Monde, Hervé Le Tellier produce este cálculo: Le mètre carré à Paris vaut 8 150 euros. Sans capital, au salaire moyen (2 600 euros), vous pouvez acheter 15 m2 sur 15 ans. Et à la fin, petit veinard, ce cagibi est à vous. (El precio del metro cuadrado en París es de 8 150 euros. Sin capital, sobre la base del salario medio de 2 600 euros, usted puede comprar 15 m2 en 15 años. Al cabo de los cuales, frescolín, el trastero es suyo).

Y Gorce: Tener que administrar una fortuna a diario. Fastidiarse para encontrar personal doméstico competente. Sufrir por tener que despedir en la empresa. Algún día los pobres entenderán que el dinero no da la felicidad.

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El dinero no da la felicidad, pero con plata se compran huevos. Huevos y huevás con patas.

7 décembre 2009

La pasión según Van der Weyden

 

Hay quien dice que Rogier van der Weyden (Roger de la Pasture) fue el mayor pintor de su época, el siglo XV. La exposición que reúne en Lovaina lo esencial de su obra remembra dípticos y trípticos repartidos por el mundo, varios de los cuales vuelven a Flandes por primera vez en quinientos años.

Ocho semanas a tablero vuelto ha durado la muestra, que cierra hoy sus puertas. El público se ha volcado tras la obra del maestro belga y de sus aprendices e imitadores, así como de los escultores, miniaturistas, cartonistas y tapiceros con los que trabajó en Bruselas.

En sus telas hay paisajes e interiores, objetos y animales pero, sobre todo, y en primerísimo plano, personas. ‘Maestro de pasiones’ se llama la muestra. La pasión, a menudo contenida, está viva en todas las imágenes. Y en cada una hay quien encuentre un detalle (un punctum) que retiene la mirada como un imán.

Esos dedos, por ejemplo, que componen la trama visual de esta Madona con el Niño, y que corona el gesto del niño que, en los brazos de su madre, se toma el pie de curiosa manera, dos dedos por delante, dos dedos por detrás.

Las manos. En una Visitación, la mano de María se posa sobre el vientre de Isabel, su prima, encinta de Juan Bautista, mientras la mano de Isabel se posa sobre el vientre de María, encinta de Jesús. El primer contacto entre Jesús y el Bautista se da a través de las manos de sus madres.

También los ojos. El juego de miradas en el San Lucas dibujando a la Madona. El niño amamantado, complacido, mira a su madre quien también lo mira, mientras la mirada de San Lucas, al bies, sale de la escena que sin embargo dibuja. San Lucas es el propio pintor, su autorretrato. Que tal vez se mira mirar el cuadro desde donde está, desde fuera.

Los cuerpos, en fin. De las varias Madonas amamantando, todas, menos una, lo hacen con el seno derecho. (Van der Weyden era diestro).

Los cuerpos cubiertos, desnudos sólo a la hora de nacer y de morir. Y aun en esa hora última, perfectos. Hay dolor y ensimismamiento en las Pietà, en los Descendimientos de la cruz, pero no deformidad. El moribundo que recibe la extremaunción en Los Siete sacramentos no presenta más deformación que su delgadez.

Tras un par de horas mirando las pinturas volvemos la vista hacia fuera. En la summa escrita por Eco, Historia de la bellezaHistoria de la fealdad, Van der Weyden estará sólo en la primera. Fuera, en cambio, esperan una y otra.

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3 juillet 2009

Y viceversa

Sueño que voy a dar con mis huesos a la cárcel (y duelen). Como Yorick, el personaje del Viaje sentimental por Francia e Italia, de Sterne, quien, desde la habitación de su hotel, se ve a sí mismo engrillado en una mazmorra.

Otro personaje, pintado éste por Moroni, exhibe esta divisa: Duritiem Mollitie Frangit (Franquearse de la dureza por la suavidad). Y viceversa.

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6 mars 2008

El príncipe y el pobre

 El adolescente díscolo, el terror de las discotecas, ha conseguido ennoblecer su personaje gracias a la fraternidad de las armas y a la asperidad del paisaje.

Enrique

Es difícil determinar cuánto tiene de puesta en escena esta imagen del príncipe Enrique de Windsor en Afganistán. Lo cierto es que, provocado o no, este encuentro se produjo. La imagen muestra, además de la coincidencia improbable entre el príncipe y el pobre, entre un hombre armado y otro desarmado, entre un hombre camuflado y otro descubierto, un cruce imposible de miradas, un triángulo ocular. El joven afgano mira al príncipe-soldado, quien prefiere mirar al burro. El burro, por su parte, no mira a nadie.

Durante las diez semanas que duró el noviciado bélico del príncipe Enrique, a comienzos de 2008, en una región desértica de Afganistán, la noticia de su presencia en suelo afgano se mantuvo bajo embargo por razones de seguridad, lo que resulta atendible. Menos atendibles son, en cambio, las razones que el Gobierno británico invoca ahora para presentar el regreso del príncipe a las Islas Británicas: la noticia de su estadía en la zona se habría hecho pública. Por cierto, el riesgo real en que ha incurrido el príncipe ha sido mínimo si no inexistente y la duración de su permanencia en Afganistán estaba determinada de antemano.

Enrique es el primer miembro de la familia real británica en participar en una operación bélica desde que su tío Andrés ‘combatió’ durante la guerra de las Malvinas, en 1982. A cada generación su guerra. A cada pretendiente su rito de pasaje. El mayor de los jóvenes Windsor, el príncipe Guillermo, vivió el suyo en el sur de Chile haciendo trabajo voluntario, en 2000, y la foto que lo mostraba limpiando letrinas, como si del Mahatma Gandhi se tratase, dio también una breve y veloz vuelta al mundo. Se da la casualidad que la temporada de Guillermo en la Patagonia chilena duró las mismas diez semanas que ha durado la misión de su hermano en Afganistán.

Por su parte, Enrique, el adolescente díscolo, el terror de las discotecas, a una de las cuales llegó alguna vez disfrazado de nazi, ha conseguido ennoblecer su personaje gracias a la fraternidad de las armas y a la asperidad del paisaje. Era un niño mimado y se ha convertido en un hombre sensato. Con una ayudita del fotógrafo, ha cumplido victoriosamente su rito de pasaje. La presencia del joven afgano, con toda su carga de alteridad, está ahí para confirmarlo.

Parece claro, así, que la puesta en circulación de la imagen y de la manera cómo ésta debe ser vista ha sido perfectamente orquestada por el Gobierno y la Corona británica. El objetivo de la operación está contenido en su resultado, en esta foto. Y la prensa lo ha entendido así. El Reino Unido tiene probablemente el mejor y el peor periodismo del mundo. Es, al mismo tiempo, la cuna del periodismo como espacio público de diálogo democrático, y del periodismo como cacareo, como sucedáneo del papel confort.

Nick Davies, en su reciente libro Fat Earth News, señala que en las redacciones, por imperativos económicos y por apoltronamiento (a lo que apunta el título del libro), los periodistas funcionaríamos cada vez más como meras cajas de resonancia de los poderes en plaza, los que aplican el altoparlante o la sordina en función de sus incontenibles necesidades. Davies funda su crítica en el hecho que una buena parte de la información de los diarios proviene de despachos de relaciones públicas. Los periodistas, compelidos a llenar espacios crecientes en un tiempo decreciente, en lugar de filtrar la propaganda, la multiplicaríamos.

No es sólo el caso de Gran Bretaña, desde luego. Al menos, para alguno de sus defensores, la prensa británica es ‘independiente, irreverente, entretenida, a menudo divertida y, gracias a Dios, entrometida’.

Y por casa, ¿cómo andamos? ¿Qué foto necesitan mostrar los ‘príncipes’ patricios? Parece claro que no precisan ir a darse una vuelta a Palena o a Visviri y sacarse fotos con un burro para pretender al sillón de O’Higgins. Tal vez les baste con no alejarse mucho de La Moneda.

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23 décembre 2006

Soneto del fútbol belga

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Bélgica-Luxemburgo, 1° de marzo de 2006

para KVDB


Los albos luxemburgueses
Los encarnados belgueses
La nieve caída espesa
Es belgo-luxemburguesa

Animado está el partido
El termómetro ha fundido
Tantos tantos anotados
Menos uno por cada lado

Las defensas se atrincheran
Atacan las delanteras
¿Algo hay que la nieve esconde?

Los técnicos vociferan
Da el árbitro pitadera
¿La pelota estará dónde?

16 août 2023

El pan desnudo

LOS LIBROS son ellos y su circunstancia. Me refiero a El Pan desnudo, a veces traducido también como El Pan a secas, el libro de Mohamed Choukri. Nada predisponía a Choukri a escribirlo y nada permitía pensar que su libro alcanzaría la masiva lectura que consiguió. 

Choukri nació en 1935 entre Nador y Melilla, en el Rif marroquí bajo protección española, como reza el eufemismo. Su idioma materno era el beréber del norte de Marruecos. Huyendo del maltrato de su padre y de la hambruna que atenazaba la región durante la Segunda Guerra, Choukri conoció el bajo mundo de las ciudades —Tánger, Tetuán, Orán. En la cárcel, a los 20 años, otro recluso le enseñó a leer. Choukri escribió entonces este libro, El Pan desnudo, en el que cuenta su vida hasta ese momento. 

Un relato en el que, un poco como en Padre Padrone, la escritura sublima una vida de privaciones y sufrimientos. La claridad con la que Choukri cuenta sus circunstancias y particularmente sus experiencias sexuales infantiles y juveniles puso en guardia a los censores y el libro fue rechazado por todas las editoriales a las que fue presentado. 

Publicado finalmente en 1973, el ministro marroquí del ramo prohibió inmediatamente su difusión. Pero el libro lo tradujeron al inglés Paul Bowles y al francés Tahar Ben Jelloun y se convirtió en un fenómeno editorial fuera de Marruecos. Todo esto hizo que finalmente El pan desnudo se leyese mucho también en el propio Marruecos, contraviniendo la prohibición oficial.

Y se sigue leyendo hasta hoy. Me habían hablado de este libro con devoción y tras su lectura entiendo por qué. Choukri instala metódicamente su experiencia en la conciencia de los demás y el mérito radica tanto en la materia que transmite como en la manera como exalta el reflejo de la vida colectiva en la vida individual y recíprocamente.

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24 juillet 2012

El gótico campestre

Cuatro días en Gauma

Avioth, en la Lorena francesa, tiene 126 habitantes y una basílica gótica, Nuestra Señora de Avioth. Desde la nada soporífica del campo interminable surgen las formas flamígeras de una basílica.

La basílica es gótica pero pequeña, primera contradicción, porque lo gótico apunta a la grandiosidad. Y está en medio del campo, segunda oposición, porque estamos acostumbrados a ver a las catedrales como cimas del tejido urbano. 

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21 septembre 2023

Job en Libia

IMÁGENES DEL TERREMOTO de Marruecos y las inundaciones en Libia.

En Talat, un pueblo remoto del Atlas marroquí, un padre enseña una foto de su hijo y señala la enorme roca desprendida de la montaña que lo sepultó. Es un hombre de edad media y ahora parece un anciano.

En Derna, en el este de Libia, Kasar, 69 años, llora delante de la que fue su casa. La noche en que cedieron los presas y la ciudad fue devastada, él estaba ausente. Regresó en cuanto pudo para comprobar que su familia había sido arrastrada por la violencia del agua. Me he quedado solo en el mundo, se lamenta.

Se dice que el tiempo lo cura todo. Pero el tiempo escasea para los viejos.

Dios da y Dios quita, dice por todo consuelo el viejo Job, el del libro.

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Óleo de Luca Giordano

23 octobre 2023

Los árabes de las marismas mean en cuclillas

LOS PROFESORES DE HISTORIA nos llenaron la cabeza con historias de asirios y de sumerios en las míticas ciudades de Ur y Babilonia donde se inventó la escritura cuneiforme y advino la civilización. Si bien que sabemos más sobre esa tierra de entonces que sobre el Irak de ahora, a pesar de que Sadam Hussein y el Estado Islámico hayan hecho lo imposible por mantenerlo en las cabeceras noticiosas.

Por no saber, yo no sabía nada de las marismas que se extienden al sur del país en las desembocaduras de los ríos Tigris y Éufrates en el Golfo Pérsico, esa región conocida como la cuenca de Chat El Arab, ni de los hombres que allí viven en casas de juncos y aldeas lacustres, a los que se les conoce como los árabes de las marismas, maadans, en su lengua.

Entre ellos pasó largos periodos Wilfred Thesiger en los años cincuenta y escribió este libro que reseño, Los árabes de las marismas. Un explorador inglés que se acerca al modelo de Lawrence de Arabia y rinde culto a la fraternidad sin perder de vista su alteridad radical y se convierte en improvisado médico de esos hombres aislados del mundo urbano del que desconfían y por la fuerza de las cosas en circuncidor de mozos en edad de merecer y por cierto en el cronista de un tiempo y un lugar ricos de algo parecido a la eternidad y tal vez ya perdidos para siempre. 

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Como los mudhifs, esas construcciones hechas de juncos entrelazados, suertes de casas comunitarias de acogida a los visitantes y celebración de bodas y ceremonias. Según Thesiger existen desde hace cinco mil años y es probable que, vía los griegos, la forma de sus arcos y ventanas hayan influido en la construcción de las catedrales medievales. (Los únicos monumentos que levantaron los mongoles de Genghis Khan, en cambio, eran pirámides de cráneos humanos, dice Thesiger, que se conoce que nos les tiene cariño).

Y asimismo es probable que ahora mismo o dentro de 50 años ya no quede ningun mudhif y no sólo porque el petróleo hiciera emigrar a miles de maadans a la periferia de las ciudades a lo largo de la segunda mitad del sXX sino también porque Sadam Hussein intentó secar esas marismas para castigar a sus habitantes por haber albergado a los desertores de su calamitosa guerra contra los ayatolás iraniés.

Y también porque las condiciones socioculturales (¡uy!) que durante siglos hicieron que se levantaran esas construcciones se han evaporado. Todo se evapora, claro. Hasta ayer yo no sabía que existían los maadans, de modo que hoy no voy a llorar su desaparición, o no mucho, sino más bien consignar un par de curiosidades que estos llevaban consigo.

Porque los árabes de las marismas pescan a los barbos drogándolos con semillas de estramonio. Y nadie dice que tras comerse esos peces drogados no sintiesen ellos mismos los efectos  del chamico. Y dan a sus hijos nombres ridículos —Rata, Cacas— para protegerlos del mal de ojo. Y mean en cuclillas. Y juegan al corre el anillo. Y sazonan la comida con el sudor del que lleva la olla. Y sus jefes pueden ser autoritarios y arbitrarios pero obedecen al deber de hospitalidad acogen y dan de comer a los visitantes y el jefe tribal come el último de todos.

No sé si estas cosas hay que ponerlas en pasado, porque existían cuando Thesiger escribió su libro y ya no existen, pero las pongo en presente que es el tiempo del relato y tal vez porque me gustaría que aún existieran y también porque el presente es perpetuo.

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27 juin 2023

Ai Qing, Ai Weiwei, Ai Lao

MIL AÑOS DE ALEGRÍAS Y DE PENAS se llama la autobiografía del artista chino Ai Weiwei. El título es un verso de un poema de su padre, Ai Qing.  

Ai Qing fue maoísta cuando joven y luego fue reprimido por el maoísmo y condenado a limpiar letrinas en un duro exilio interior. Ai Weiwei, su hijo, escribió este libro inmediatamente después de ser liberado en 2011, tras pasar 81 días encerrado arbitrariamente por el Gobierno chino. 

El desafío al poder que la obra de Ai Weiwei supone se entiende en parte en virtud de la historia de su padre. Tanto así que se puede decir que Ai Weiwei no cejó en su empeño hasta que el régimen chino hizo con él lo mismo que había hecho cincuenta años antes con su padre. «No cejó en su empeño» quiere decir que ha vivido su vida como ha podido y tanto más. Ya que esta lectura en clave biográfica no niega la comprensión de su obra en términos estéticos y políticos, sino que la completa.

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A poco andar el libro queda claro que Ai Weiwei lo escribió también para transmitir esta doble experiencia a su hijo Ai Lao. Y ya es curioso que esta noción de linaje, que ha ido perdiendo fuelle entre nosotros, nos la ponga delante la experiencia de un artista contemporáneo, chino por añadidura. Y ya es más que curioso que un chino de la Cochinchina que, a priori, representa para mí una forma de alteridad radical, me parezca tan cercano a mi propia experiencia. 

«Escribí todo esto que habría preferido no recordar porque son esos recuerdos los que me ayudan a olvidar», dice Ai Weiwei. Es una certera y bonita paradoja que para poder olvidar haya que saber recordar. «El exilio que afligió la vida de mi padre forma parte de la vida de mi hijo, como la sombra sigue a la forma», dice también. El destino de esas tres generaciones —la de su padre, la suya, la de su hijo— está estrechamente ligado al de innumerables multitudes que nunca hemos visto ni conoceremos jamás. «Lo que me da buenas razones para expresarme y compartir mi expresión, porque la expresión de sí mismo está en el corazón de la experiencia humana y sin ella la Tierra no sería mas que un peñasco sin sentido suspendido en el espacio», concluye. 

No dice otra cosa el poema de Ai Qing que da nombre al libro, que traduzco del francés porque en la versión en español no aparece completo:

LAS RUINAS DE LA ANTIGUA CIUDAD DE JIAOHE

Se diría que una caravana atraviesa la ciudad
Que al bullicio de los hombres se suma el tintinear de los camellos
Que un mercado anima sus calles como antes
Y las carretas circulan y los caballos parecen dragones

Pero no
El fastuoso palacio ya no es más que una ruina
Mil años de alegrías y de penas
De los que ya no queda huella

Hombres que aún vivís disfrutad de la vida
Sin esperar que la Tierra algún día os recuerde.

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Continuará... 

10 juin 2021

Volver a los 17

Reunion

Stuttgart en 1932 no parece un mal lugar donde vivir. Cultura y natura al alcance de la mano bajo un cielo nórdico con un qué de italiano. El nazismo amenaza pero en el corazón de la Suabia la llamada de alerta suena aún algo lejana. El nazismo será una especie de enfermedad infantiloide de la que Alemania se curará rápidamente, piensan los bienpensantes. La vida parece ser inmutable, hasta que de pronto ya es tarde...

Hans Schwarz tiene 17 años, como su amigo, Conrad von Hohenfels. Hans es de origen judío aunque se siente íntegramente alemán: suabo, alemán y judío, en ese orden. Sabe que sus orígenes estarán remotamente en Kiev o en Toledo pero sus antepasados llevan al menos dos siglos siendo alemanes. Su padre es médico y combatió en la Primera Guerra, no pueden caber dudas sobre su alemanidad. Además, ¿por qué habría que cambiar el Rin por las aguas del Jordán? Conrad es un aristócrata, el producto más reciente de un linaje prestigioso que viene de muy atrás en el pasado alemán. 

La descripción de esta amistad juvenil en una Alemania anterior al nazismo recuerda las mejores páginas de Hermann Hesse, que en la materia las escribió buenas. Un amor sin sexo, sublimado, un assag consumado y hecho añicos por la Historia.

No pretendo destripar el relato, no hay para qué. Sólo digo que habiendo varios episodios sensacionales en el libro hay uno excepcional, y es cuando el padre de Hans, el doctor Schwarz, abre la puerta de la habitación de su hijo y les cuenta, a éste y a su amigo, a propósito de escopeta, una historia de chimpancés. No es que tenga que haber un mono en un cuento para que me haga reír pero, bueno, en éste también lo hay. La reacción del muchacho frente a la intromisión de su padre es un tratado de sicología de la adolescencia en dos párrafos.

Arthur Koestler —judío centroeuropeo convertido en ciudadano británico, como Freud, como Gombrich, como el propio Uhlman— dice que Reunión (Reencuentro en algunas ediciones) es una novela en miniatura, una obra maestra menor. «Los pintores, sostiene —y Ulhman lo era—, saben cómo adaptar la composición a la dimensión de la tela, mientras que los escritores, desgraciadamente, tienen una provisión ilimitada de papel».

Leí este librito hace años y me impresionó. Lo releí ayer y tanto más. Creo que Koestler tiene razón pero no en el hecho de sostener que un librito de cien páginas no puede llegar a ser una obra maestra. Ahora me entero de que Uhlman lo escribió a los 70 años, superando ampliamente la marca de Cervantes que escribió el Quijote con 57. Y que, como Cervantes, impelido por el inesperado éxito, escribió una segunda parte. O sea que continuará...

Kurt_Schwitters_Fred_Uhlman_1940

Retrato de Fred Uhlman por Kurt Schwitters en 1940

19 novembre 2017

Tango del viudo

Niveles de vida, de Julian Barnes. Tres relatos, el primero consagrado a Nadar, el autor de este autorretrato impagable que muestra que el el fotógrafo francés fue también un pionero de la navegación en globo.

Nadar,_Félix_-_Self-portrait

El segundo relato está dedicado a la actriz Sarah Bernhardt (la foto es de Nadar) y a su fugaz novio, Fred Burnaby. Hay un momento cumbre en el relato y es cuando Burnaby —otro aeronauta—, tras declararle su amor a la Bernhardt la ve alejarse del brazo de otro pretendiente. La melancolía que invade al británico es del nivel de la que resiente el babuino en el desierto de Karoo.

Sarah_Bernhardt,_par_Nadar,_1864

 En el tercero y último, Barnes cuenta su vida tras la muerte de su mujer, su luto, su duelo. Curiosamente, el día en que acabé de leerlo fui a un funeral. En la ceremonia me di cuenta de que todos quienes hablaban se dirigían a la única persona que no podía escucharlos. Con el texto de Barnes pasa algo semejante: está muy bien leerlo pero su verdadero destinatario es justamente quien no podrá hacerlo.

3 septembre 2016

El chapurráu

7

Extremadura es grande, conviene abordarla por los extremos. La Extremadura alta, por San Martín de Trevejo. La baja, por Llerena.

En San Martín se habla mañegu. Y lagarteiro en el vecino pueblo de Eljas, y chapurráu en Valverde. Los gallegos dicen que el mañegu es galego. Por mi parte, yo creo que España es Asturias y el resto tierra conquistada.

Desde San Martín entramos en Portugal. En un momento de necesidad vimos un castillo medieval muy bien mantenido. Fue construido por «los leoneses» de Don Alfonso para defenderse de «los portugueses» de Don Diniz, rezaba el panel. La historia puede contarse de muchas maneras, y así la prosa patriótica flamea como la bandera en lo alto de la torre.

Como sea, acceso gratuito y baños en excelente estado. Portugal, esa esquina de Portugal, deja una impresión de orden y concierto. Salvo que te descuidas y se te aparece la cara de CR7. Más adelante, en Belmonte, apareció el túmulo de Pedro Álvares Cabral, el «descubridor» de Brasil o, como dicen los brasileros, aquel que se despistó en el camino y llegó a Brasil cargado de espejos, para espanto de la gente fea.

Al regreso, espléndida soledad de las sierras. Recorrer treinta kilómetros sin ver un alma. O una sola, doble: un solitario pescador frente a su imagen. Y en el fondo de la imagen, un pez mirándole.

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Pelourinho y campanario en Sortelha

30 avril 2016

Tan frío como los espacios entre las estrellas

Leo los obituarios de las víctimas de Bruselas y me digo que no debería nadie morir joven. Los obituarios acaban en una línea que intenta ser optimista. Allí donde estés, estarás bien.

Releo el Maestro de Petersburgo: «Ha perdido su derecho a estar en este mundo y el otro mundo es frío, tan frío como los espacios entre las estrellas y nadie te da la bienvenida», escribe el padre, desconsolado por haber perdido a su hijo.

Me decía también que tarde o temprano resultará que conozco a una de las víctimas. Ayer me enteré de que así es. Un buen amigo iba en el vagón que explotó en Maelbeek. Dice que salvó la vida, con quemaduras superficiales, gracias a que iba junto a él, de pie, un fornido muchacho. Mi amigo acababa de sentarse, se había movido hacia esa parte del vagón en pos de un asiento libre. El cuerpo de ese muchacho operó como protección.

Que no tenga que leer su obituario, me dice.

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19 octobre 2014

La mar estaba serena

Diario de Córcega

La isla donde me fui a leer Así empieza lo malo es un continente por donde se la mire. Un mundo entero, con sus montes y sus pueblos, y así desde la prehistoria, o antes. Los corsos hacen abundante uso de sus formas, de la isla y de su bandera. Baste oírles hablar, y con qué orgullo contenido, du continent, sin embargo, para ver que se trata de un apego paradójicoLo cierto es que en el continente los bonos de Córcega andan por las nubes, según en qué materias. Los franceses pueden elegir qué indicación regional quieren ver en la matrícula de sus automóviles, y son muchos los que, sin ser corsos, eligen el emblema de la isla. Porque trae buena suerte y acojona a los rivales.

Como Napoleón, que comenzó su andadura en Córcega y la acabó en Santa Elena. Subimos al avión en el lugar donde el corso perdió la batalla, hace dos siglos -conmemoraciones a la vista-, con música de Beethoven y de ABBA, y bajamos en el sitio donde nació, o en el pueblo de al lado. Desde el aeropuerto belga vimos al león de Waterloo y desde el corso al de Rocappina.  Y a la hora en que volamos, exactamente, el exprimer ministro francés Lionel Jospin presentaba en mi pueblo su libro llamado Le mal napoléonien.

Y mientras tanto, a mi tío dale con recordarme que cuando niño me vistió de Napoleón y me subió a un escenario a cantar lo siguiente: Yo soy Napoleón, Napoleón. ¿Por qué reís, por qué reís? ¿Dudáis acaso de que soy yo Napoleón? Ya admiraréis de mi brazo el empuje atronador. ¿Por qué reís, dudáis, repito, de que soy yo Napoleón?

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La forma de la isla vista desde el interior de una cueva en Bonifacio

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Si Dios soltase a una banda de macacos en el sur de Córcega, seguro que escogían para vivir el sitio de Filitosa. Aquel montículo, ese paraje. Desde donde, cuentan los arquéologos, los primeros corsos presenciaron la invasiòn de la isla y erigieron menhires con la imagen del jefe de los invasores -la cara de emoticón, los atributos sexuales a la base, y la espada a la espalda, faltaría más- para fijar su poder, atraparlo y apropiárselo. Cuando los invasores se hiceron con Filitosa, el jefe se encontró con el problema de decidir qué hacer con su propio santuario levantado por el enemigo. Tomó entonces una decisión: le quitó la cabeza a su efigie, la reformateó y se la volvió a poner. 

Lo que recuerda la técnica ésa de los romanos de levantar las estatuas de los mandamases atrornillando la cabeza, para poder quitarla sin destruir la estatua cuando había que remplazar al mandamás por el siguiente. 

Pregunta para el arquéologo: cuántas Filitosas han desaparecido bajo la pica de los emprendedores o quedado simplemente cubiertas por la capa de tierra que año a año echa la propia tierra sobre sí misma, diez centímetros por siglo. Ni tantas, ni tan pocas.

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En el borde sur, Córcega cambia de carácter, y de granítica se convierte en calcárea. Y los acantilados sobre los que se asienta Bonifacio, desde donde Córcega mira a Cerdeña, son blancos. Bonifacio, ciudad cortomaltesca, imán para piratas. La leyenda cuenta que para tomarla, allá por 1420, los impetuosos soldados del rey de Aragón cavaron en el acantilado en una noche una escala de 190 peldaños. Puede ser. O bien fueron los pacientes frailes franciscanos quienes lo hicieron, para llegar a una fuente de agua dulce al borde del mar. 

Mucho después, en 1855, una tormenta lanzó contra las rocas de la isla Lavezzi, frente a Bonifacio, a la goleta La Sémillante -La Alegre-, que había zarpado la noche anterior desde Marsella llevando 700 hombres y un cargamento de pólvora a la guerra de Crimea, esa península putinesca, como cuenta Alphonse Daudet en sus Cartas de mi molino.

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Desde el mirador se ven hileras de montes, verdes, azules, y en ellos la forma de los pueblos, unos desparramados, como estrellas, otros recogidos, como ovejas. Y por todos lados el maquis corso, bajo y espeso, y las formas inconstantes de las rocas, como si fueran nubes: un simio se agacha a beber y se transforma en perro, una tortuga levanta el hocico y parece dinosaurio, un bestiario de piedra en movimiento.

Al lado, los vecinos, cuyos gestos o ruidos uno sigue instintivamente por si acaso se les fuese la olla. Y no. Son unos viejecillos que vuelven de prisa a su casa para no perderse el concurso de la tele, frente a la que se sientan como niños obedientes.

Por el horizonte se aleja el ferry que vuelve al continente. Por esa mar que cabría mirar con malos ojos porque se ha ido convirtiendo en una frontera mortífera. Pero no, para qué.

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1 mars 2011

Pintura flamenca

Voy leyendo Pero sucede, antología poética de Eduardo Jordá. Por los días en que me lo envió Montano, Bélgica estaba bajo la nieve y las pisadas del cartero dejaban huella.

Hay poemas estupendos en el libro, en particular los de pájaros, El tordo, El mirlo. Los últimos días de Montaigne, también. Leyendo Pintura flamenca, creí reconocer una pintura de Jordaens. Pero es probable que el poema no hable de un cuadro, sino de varios:

Pintura flamenca

Mientras el rey bebe, la reina
le cambia los pañales a su hijo.
Sobre el estanque helado, la urraca
vuela alegre, y un viejo
agoniza en la choza, bajo un álamo.
Listo sobre el mantel de terciopelo,
hay un plato de arenque
(que brilla aunque ya está medio podrido).
La vieja gobernanta ríe bajo su cofia,
que no oculta su mueca de codicia.
El perro amaestrado
levanta las dos patas en la iglesia
empapada de luz aguamarina.

Sólo los maestros flamencos
pintaron el aliento fétido de un duque,
la mirada lasciva de un sirviente,
los pechos rebosantes de una virgen dormida.
Supieron que la luz era silencio.
Y atraparon la luz
con sumiso fervor,
tal como perseguían a una joven,
porque todos supieron ser silencio,
y le dieron color y forma, y hasta un aroma
a peltre y a baldosas limpias
y a flores casi mustias.

En los húmedos labios de la niña
que duerme en esa cuna de madera,
fíjate bien, la luz se ha convertido
en una tenue aurora boreal.

 

Pintar el aliento fétido de un duque y la mirada lasciva de un sirviente, voilà le morceau de bravoure de los maestros flamencos.

Según Eco, cuando un texto verbal describe una obra de arte visual estamos delante de un écfrasis, figura que inauguró Homero describiendo el escudo de Aquiles.

Para écfrasis, el de Auden y su poema Musée des Beaux Arts, escrito en Bruselas en la víspera de la Guerra del 40, frente al Paisaje con la caída de Ícaro, de Bruegel. (Abajo, el fragmento final, traducido por Manuel Sáenz).

I

El Ícaro de Bruegel, por ejemplo: todo se aleja
pausadamente del desastre; el labriego con su reja
pudo oír el chapuzón, el grito desolado,
pero para él no era importante; el sol brillaba
sobre unas piernas blancas que se hundían
en agua verde, y desde el costoso barco delicado veían
lo prodigioso: un chico del cielo defenestrado;
pero el barco seguía su rumbo y con calma navegaba.

 

La imagen de Bruegel contiene a sus espectadores en la propia escena. Pero el caso es que esos espectadores desvían la mirada del corazón de la situación, que pasa así inadvertida para ellos, reforzando, por contraste, su dramatismo: todo se aleja pausadamente del desastre.

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Ecfrasis de William Carlos William

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Ecfrasis de Fernandes Jorge

29 décembre 2014

Un mantra para Allen Ginsberg

Del Perico del que habla hoy Roberto, me acuerdo yo la noche del 27 de agosto de 1980, cuando Eduardo Frei Montalva llamó a votar en contra de la constitución de Pinochet. A las afueras del Caupolicán abarrotado, en la mera calle San Diego, Perico se trepó a un poste de la luz dispuesto a arengar a la multitud:

-¡Viva la democracia!, gritó Perico. -¡Viva!, respondió la multitud.

-¡Muera la dictadura! -¡Muera!

-¡Viva el anarquismo organizado!

...Ahí fue cuando la multitud dudó.

Tiempo después, Perico fue a La Reina ver a Nicanor para contarle que emigraba a Norteamérica, donde pretendía visitar a Allen Ginsberg. Parra le dio entonces un mantra para el bardo beatnick.

El mantra decía así: Allen, Allen, Ginsberg, Ginsberg... Allen, Allen, Ginsberg, Ginsberg... Allen, Allen, Ginsberg, Ginsberg...

Source: Externe

21 octobre 2012

La censura freudiana

(Diario de Madera, 7)

Corre el ano de 1970. Chico Buarque tiene 25 años y ha compuesto ya unas cuantas canciones que se convertirán en clásicos de la música brasilera. Dos de ellas, Samba de Orly y Valsinha, en coautoría con Vinicius de Moraes. En el caso de Valsinha, Buarque escribe la letra sobre la base de una melodía de Moraes, quien por ese entonces se encuentra en Buenos Aires grabando su famoso disco con Toquinho y Maria Creuza (un falso live, por lo demás).

De Moraes, poeta consagrado, decano en la materia, escucha la canción grabada por Chico Buarque y cree necesario mejorarla, escribiendo una nueva versión. El joven recibe la letra enmendada por el maestro y, sorprendente pero cortésmente, le responde que es mejor dejarla como está. Ya la ha cantado varias veces y la respuesta del público ha sido muy buena. 

Me entero de esta anécdota leyendo el libro de Wagner Homem História de canções de Chico Buarque. También de la letra alternativa propuesta por Vinicius, que es tan buena como la original de Chico Buarque. Alegra, sin embargo, percibir a posteriori la conciencia de la propia valía que tenía el joven Buarque, a la par que su cumplida necesidad de desmarcarse.

El libro es un regalo para los buarquistas porque se limita a contar anécdotas sobre las canciones de Buarque. Esta, por ejemplo: Dos años más tarde, en 1972, Chico Buarque compone en vivo, frente a un pequeño público, con Francis Hime al piano, Atrás da porta. La canción, un bolerón, cuenta una historia de amor tremendo desde el punto de vista de una mujer. Su amante la deja e, intentando impedírselo, la mujer se agarra de él, de donde puede, de sus cabellos, de su pijama, de sus pelos. La censura veta este último verso, algo común tratándose de las letras de Buarque. Y las censuras iberoamericanas, ya se sabe, son propiamente freudianas. En el concierto que da ese mismo año en el teatro Castro Alves de Salvador de Bahia con Caetano Veloso, Buarque canta Atrás da porta y no se calla el verso censurado, los famosos pelos prohibidos. El productor, para que el disco del concierto pueda circular, añade unos extemporáneos aplausos para esconderlos.

Releyendo las letras buarqueanas, me doy cuenta, además, de que también por esos años el carioca escribe en un par de líneas, y en respuesta a la censura freudiana, una de las mejores Imitaciones de Propercio que se hayan intentado: Você não gosta de mim, mas sua filha gosta.

CH

Vinicius de Moraes y Chico Buarque

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