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Camino de Santiago
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18 octobre 2012

A Oriente por Occidente

(Diario de Madera, 5)

Colón tenía olfato y una gran nariz. Murió, sin embargo, desposeído de su hazaña que, por cierto, él creía otra. No llegó a enterarse de lo de América. Lo suyo, según él, había sido abrir una nueva ruta a Oriente, la ruta occidental. Descubrió América, sí, pero, sin desmerecerlo, tal vez sea más exacto decir que descubrió el Caribe.

Los maderenses pretenden que fue este archipiélago de Madera donde redondeó su idea de ir a Oriente por Occidente. Tal vez. Lo cierto es que no logró convencer de ello al rey de Portugal y tuvo que esperar a que los Reyes católicos conquistasen Granada, en lo que se distraían por ese entonces, para que le prestasen atención.

Tras su muerte, de a poco la Corona fue revindicando la figura de Colón. Revindicándola se revindicaba. Así fue como algunos retratos del almirante comenzaron a ver la luz. En la casa museo de Porto Santo hay una pequeña colección de diez pinturas y grabados en los que el genovés aparece con barbilla, con flequillo, con sombrero, con cuello acanalado. En algunos parece mediterráneo, en otros holandés. En lo único que parece haber consenso es que era narizón.

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Estatua de Colón en Porto Santo

(Diario de Madera, 4)

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13 septembre 2012

Estorninos de Lovaina

Sobre la grúa amarilla, tan negros como son, despegan todos a una hacia el poniente y componen y descomponen caligrafías, juegos de tinta, ideogramas chinos, pinturas enigmáticas, emergencias, resurgencias, árboles de los trópicos, pliegues y quiebres, lejanías, turbulencias, fuegos artificiales, vientos y polvos, frenadas y enfrentamientos, desplazamientos, despejes, son el primero y el último, la multitud, la miriada, la bandada, el vacío y el volumen, el resultado. Y así se posan por fin sobre los árboles cuando se borran los arreboles.

SF

(Sobre la base de textos de Henri Michaux.)

Estorninos de Roma.

1 décembre 2018

El jinete

Una novela breve de Yourcenar, El tiro de gracia. El título deja entrever cómo acaba la cosa, cosa de la que es difícil hablar sin estropear el suspense ni hacerse el interesante, y no se trata de eso. Se trata de recomendar su lectura y de contar que a pesar de su brevedad me ha dado tiempo para despistarme y reencaminarme luego hasta el final como por una ráfaga.

La historia transcurre en los países bálticos durante la guerra civil que sigue a la revolución bolchevique. Yourcenar la escribió en Italia en el año 38, la publicó, la leerían unos pocos, vino la Guerra, Yourcenar emigró a Norteamérica, se puso a trabajar (se había gastado ya la fortuna heredada) y a escribir el Adriano, su novela más leída y probablemente la mejor. Y se olvidó de este Tiro de gracia, según cuenta, por lo que la novelita se salvó de que la reescribiera, un deporte que Yourcenar practicaba con esmero.

Hay un detalle biográfico que me ha saltado a la vista leyendo. Entiendo que éste fue el primer libro de Yourcenar que tradujo al inglés Grace Frick, que sería luego su compañera por el resto de su vida. Su nombre está en el título del libro. Y en el libro está también su apellido, Frick, por el nombre del museo neoyorquino donde se puede ver «El jinete polaco», pintado por Rembrandt, o por Willem Drost, o por entrambos.

Dice de él Yourcenar: «Ese joven erguido sobre un caballo pálido, ese rostro sensible y feroz al mismo tiempo, ese paisaje de desolación donde el animal parece oler la desgracia». Ahí está resumida en dos líneas la historia que cuenta en 120 páginas.

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4 août 2018

El Corán de sangre

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En 1996, Uday Husein, el hijo mayor de Sadam Husein, apodado el Diablo y conocido como el terror de Bagdad, sufre un atentado que lo deja al borde de la muerte. No muere, sin embargo, y su dictador de padre para agradecer al Altísimo el milagro ordena la confección de un ejemplar del Corán escrito con sangre, con su propia sangre.

Husein, como se sabe, abandonó el laicismo de la primera etapa de su dictadura y tras encajar varias derrotas de proporciones intentó mantenerse en el poder a costa de un mesianismo sunita progresivamente delirante. En 2003 Uday Husein muere a manos de las tropas norteamericanas durante el desplome de la satrapía de su padre y el Corán de sangre desaparece sin dejar rastro, o casi. Emmanuel Carrère y Lucas Mengel cuentan en la última XXI los días que pasaron recientemente en Bagdad buscando el Corán de sangre o lo que quede de él. Cerca anduvieron, sin llegar a dar del todo con él. El relato permite entre otras cosas hacerse una idea de en qué se ha ido convirtiendo la ciudad probablemente más machacada en los últimos treinta años, la misma donde alguna vez hace varios milenios se inventó la escritura.

No cuento más por ahora porque espero que el texto no tarde en ser traducido y publicado en abierto.

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21 octobre 2018

Si hablo de Flaubert es porque

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Si hablo de Flaubert es porque mirando este cuadro de San Huberto que pintaron Bruegel y Rubens al alimón me preguntaba por qué los animalistas no intentan apropiarse de su figura.

San Huberto cazaba en las Ardenas cuando un ciervo se volvió hacia él y le mostró la cruz de Jesús. El hombre dejó la caza y se convirtió al animalismo. Ya sé que los cazadores recuperan a su manera esta historia y han hecho de él su patrono, y no es que yo quiera dar ideas pero si los del Pacma quieren que los vote alguna vez o me ponen un cartel pintado por Bruegel o no hay tu tía. Quiero decir que no ganarán las elecciones si antes no ganan la batalla por la hegemonía cultural. Que le pregunten a Errejón, que lo explica mejor que yo.

Sobre esto, Yourcenar recuerda a los santos irlandeses. A San Colombano, que supo que había llegado su hora cuando un caballo se acercó a poner su cabeza junto a su pecho. Y al ermitaño aquél que estaba leyendo delante de la puerta de un claustro cuando vio llegar un ciervo huyendo y le abrió la puerta para que se precipitase al interior, la cerró y continuó leyendo su breviario. Así lo encontró el señor que llegó en seguida acezante con sus cazadores y le dijo: ¿Sabes dónde está el ciervo? «Dios sabrá», respondió el ermitaño y siguió leyendo. Y a San Blas, que por cuestiones políticas tuvo que refugiarse en el bosque, donde lo encontraron unos cazadores hablándoles a los animales. Los cazadores corrieron a denunciarlo al señor, que lo mandó ejecutar.

En las Ardenas ahora las ciervas están en celo y los ciervos sueltan aquel bramido estrepitoso que acojona a sus rivales. Otra cosa que ocurre en esos bosques por ahora es que ha entrado una epidemia de peste africana que mata a los jabalíes y amenaza a los cerdos de los criaderos. Y en Bélgica, como se sabe, hay más cerdos que seres humanos. Lo triste del caso es que la peste africana la introdujo un señor que decidió importar jabalíes checoslovacos para atraer a los cazadores que pagan entrada en su coto de caza. Por esa vía nos hemos enterado de que la carne de caza belga que compramos en el supermercado en realidad es polaca o checoslovaca. Tal como nos enteramos cuando la epidemia de las vacas locas de que la famosa carne de los Grisones suiza es carne argentina. Si hablo de Flaubert es por esto.

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23 septembre 2017

Simpatía por el Tíbet

No es fácil encontrar una causa más antipática que la del independentismo catalán, al que Maxime Fourest calificaba ayer por las claras de clasista, racistoide y supremacista. Y sin embargo no faltan compradores para su relato victimista que quiere presentar a Cataluña como el Tíbet ibérico. 

Alejo Schapire propuso ayer también una encuesta al respecto en Twitter y este es su resultado:

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Yo creo que en el apoyo que el independentismo catalán despierta en ciertos medios —Schapire es un periodista argentino en París e imagino que muchos votantes de su encuesta serán argentinos— hay un componente significativo de odio a España. De parte de los separatistas ni qué decir, pero también entre sus aliados más o menos espontáneos.

Supongo que en el origen de ese odio podrá haber afrentas atendibles. Pero también me huelo que hay allí un magma negro hecho de reconcomio y contumacia. En el que prefiero por ahora no escarbar.

27 février 2016

Dos titanes

Conocía la historia de Prometeo, el titán que quiso hacerse con el fuego y pagó su osadía con una condena atroz. No sabía —o lo supe alguna vez y lo olvidé— que ese suceso es parte de un relato mayor. Lo cuenta Platón en uno de sus diálogos, Protágoras y los sofistas.

Como los dioses se aburrían en su mundo ferpecto, decidieron crear a los mortales, a los hombres y a los animales, a ver si les alegraban un poco la vida. Una vez creados los moldes, encargaron a dos titanes hermanos, Prometeo y Epimeteo, terminar el trabajo y dar vida a los modelos. Prometeo, cuyo nombre significa «el que piensa antes», aceptó que su hermano Epimeteo, cuyo nombre significa «el que piensa después», se encargase de repartir los dones. Así hizo hasta que al momento de dotar al ser humano de algún don, tardo como era, Epimeteo se dio cuenta de que ya no quedaban.

Para remediar lo mal obrado por su hermano lerdo, Prometeo robó el fuego y el arte a los dioses y se lo entregó a los hombres. Zeus lo castigó atándolo en lo alto del monte Cáucaso, donde día tras día un águila le devora el hígado. Por las noches, el hígado se reconstituye, de manera que la condena sea eterna.

Los mitos suelen dar de sí a la hora de traerlos al presente. Tal vez para eso estén. Nuestra época ha acuñado un palabro para señalar la máxima de las virtudes, el don supremo: la proactividad. El hombre de hoy ha de anticipar los acontecimientos para tener el control de las situaciones: programar, actuar y evaluar para volver a programar, actuar y evaluar y así sucesivamente, en un bucle recurrente y espiralado hacia la cima. Cima donde está encadenado Prometeo, con el hígado hecho polvo. Porque Prometeo, no hace falta decirlo, es proactivo, tanto como su hermano Epimeteo es reactivo: la realidad va por delante de él y él va detrás, intentando acomodarse como puede.

La paradoja es que el relato mítico invierte los papeles y pone al reactivo Epimeteo manos a la obra, mientras que al proactivo Prometeo lo condena a reaccionar. Por mor de la fraternidad, probablemente, o de la mera contigüidad. Porque el individualismo más radical se topa a menudo con los lazos de sangre y con la mera limitación del espacio: si tu hermano decide volarse los sesos, o tu vecino, allá él; mientras no te salpique, claro (y sobre este detalle tratará la próxima entrega de este blog).

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Piero di Cosimo, Prometeo plasma l'uomo, 1515 - 1520

26 décembre 2015

Los sesos a dos manos / Otro 26 de diciembre

Hoy es 26 de diciembre, fecha de nacimiento y fallecimiento de Rodrigo Lira.

De quien fui amigo durante ocho años, el último cuarto de su vida, porque Lira se mató al momento de cumplir 32 años. Escribimos a cuatro manos —y a seis también, con Roberto Merino. De vez en cuando, admiradores y tesinantes me escriben para preguntarme algo sobre su vida y obra. Lo agradezco y procuro responder, así sea para decir que ya lo he dicho casi todo aquí. El amigo Albert sostuvo con buen ojo que si abrí este blog fue mayormente para hablar de Lira.

Lo cierto es que tal vez hay algo que sí no he dicho, y es que me estorba que se reduzca a Lira a la posición del locatelli, del drogadito. Es verdad que Lira fumaba pitos y es verdad también que tuvo un historial siquiátrico, un largo tira y afloja clínico, una especie de menage á trois entre su madre, el siquiatra de turno y el interesado. Todo eso es innegable y está más que asumido por el propio Lira en sus escritos. Pero Lira también escribió esto sobre sí mismo: «Advierto que ni siquiera soy mucho más neurótico que el promedio de mis contemporáneos. Confieso, eso sí, que a veces tengo que tomarme los sesos a dos manos».

Muchos artistas de su generación, y probablemente también algunos de las anteriores, experimentaron con drogas o se volvieron adictos y se las vieron en algún momento de sus vidas con la siquiatría. Y en sus casos no es eso lo que lleva o no a considerarlos, sino el valor relativo de su producción. ¿Qué fuerza entonces a que en el caso de Lira sea la etiqueta del malditismo y la casuística siquiátrica lo que prime? ¿El suicidio joven, la forma de ese suicidio, que llevó su muerte a las páginas policiales?

Probablemente, pero sólo en parte. También cuenta el hecho de que Lira desafió burlona y descaradamente a su tiempo y a sus representantes. La venganza de estos fue condenarlo a la interpretación siquiatricoide de sus textos. De donde pocos se han movido desde entonces. Como si el país en el que Lira escribió y murió, el de la dictadura y el apagón cultural, el de la picana eléctrica y los electrochoques, siguiese sumido en la misma tiniebla de entonces. 

No se me escapa que treinta años después no se recuerda a nadie por buenos motivos y los recordados lo suelen ser por malas razones. (Kundera dedicó un libro a explicar el fenómeno, Los Testamentos traicionados). Aun así.

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5 avril 2014

El 8.2

El martes 1 de abril sobre las nueve de la noche, en Iquique, en el norte de Chile, la tierra se echó a temblar. El remezón alcanzó el ribete de 8.2 grados Richter.

Un temblor de esa magnitud son palabras mayores y, sin embargo, el terremoto se saldó sólo con seis muertos, uno de ellos por aplastamiento. Los daños ocasionados por la sacudida pueden considerarse menores en relación a su intensidad (el 8.2 de Iquique se cuenta entre los mayores sacudones registrados desde que hay registros fiables), y cabe preguntarse por qué.

La región tocada por el seismo, el llamado Norte grande chileno, está poco poblada y abriga sólo a unas cuantas ciudades portuarias rodeadas por el desierto de Atacama. Las normas de construcción antisísmica en vigor en Chile son estrictas y, por lo visto, se cumplen. A los estudios de suelo se suman la exigencia de la utilización de hormigón armado y la instalación de disipadores de energía que permiten que las edificaciones se acompasen con el movimiento de la tierra. Por último, una acumulación de saber ancestral reformateado por normas de gestion actualizadas dan como resultado una cultura sísmica que hace que la población no agrave con su descontrol el desacato natural.

«Un terremoto echa abajo en un instante las más firmes ideas» escribió Darwin, a propósito del terremoto de 1835, que lo encontró en tierra chilena. No todo el mundo tiene ideas para verlas derrumbarse. Sensaciones, sí, y muchas. Y la gente no se priva de comunicarlas. A este, el temblor lo pilla en el techo, a la de más allá en el subterráneo.

O en el trono. Como a Michele Bachelet, quien despidió su gobierno anterior, en febrero de 2010, con un 8.8 y recibe su segundo mandato con un 8.2. Si la gestión del primero por parte de su gobierno fue considerada como calamitosa, en este parece estar haciéndolo mejor. Un objetivo modesto, pero considerable.

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Iquique, desde la duna

26 janvier 2014

El plátano

El amigo Sámuel recuerda un reportaje donde Millás contaba cómo Zapatero se comía un plátano con cuchillo y tenedor.

Yo también me acuerdo. Y es más, me acuerdo de mi tío, que se comió su primer plátano en el barco que lo llevaba a América. Lo miró, lo olió y, antes de llevárselo a la boca, tuvo el buen gusto de esperar a ver qué hacían los otros comensales. Como muchos de ellos tenían el estómago revuelto a causa de la mar salada, dejaron su plátano en el plato y mi tío se comió un racimo. Para ser la primera vez, no estuvo mal.

Y me acuerdo de mí mismo, subido a un camión que transportaba bananas en la región platanera de un país bananero, comiendo racimos de plátanos y mirando el paisaje cubierto de plátanos. Durante años no pude ver un plátano ni en pintura.

Y hablando de pintura, me pregunto cuándo asomaría el primer plátano en un bodegón.

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Óleo de Arcimboldo

5 octobre 2013

Venecia sin mí

«Le rendez-vous le plus vulgaire des gens de goût» la llama Debray en su Contre Venise, y la mete en la misma ceste de la compra del adocenado gusto burgués, junto al Himno a la alegría, Las bodas de Caná y Las flores del mal.

(Pase por los dos primeros. En cuanto a Carlitos, ça se discute.)

Lo cierto es que Venecia está para ser adulada (y para ser pintada, agregaba Henry James), lo que no se priva de hacer Debray, para luego injuriarla mejor, tal como hace Rimbaud con la belleza (J'ai assis la Beauté sur mes genoux. - Et je l'ai trouvée amère. - Et je l'ai injuriée).

Para completar la faena, Debray la compara con Nápoles, su antípoda, el extremo opuesto de la misma bota: Quite a los visitantes de Nápoles y Nápoles sigue siendo la misma. Quite a los espectadores de Venecia y Venecia se desploma como una prima donna obligada a exhibirse en un teatro vacío.

Debía estar por estas días en Venecia. Como no ha podido ser, bienvenidas son las guías antiturísticas. Es otoño y las uvas están verdes para el zorro.

C

Óleo de Canaletto

21 septembre 2013

El maya blanco

¿Cuál es tu nombre de aborigen? (2)

 Hablamos del salvaje blanco y D me pone en la pista de Gonzalo Guerrero.

Hijo del siglo XV, Guerrero combatió en Granada y en Nápoles, y luego se embarcó a América desde su Palos natal. Ya en Panamá, participó en una expedición que se proponía encontrar por fin la famosa ruta a Oriente por Occidente, redescubrir América desde América. La expedición naufragó y Guerrero alcanzó la costa caribe de México, donde fue apresado por los voraces indios cocomes. Enjaulado para engorde, consiguió escapar junto al clérigo Aguilar, con quien  se une a los indios tulúes, enemigos de los cocomes. Guerrero no tarda en convertirse en un guerrero tulú, toma mujer y tiene tres hijos, mientras que Aguilar mantiene sus distancias con las costumbres de los aborígenes. Más tarde, Hernán Cortés se entera de la existencia de ese par de españoles que viven entre los mayas, ve en ellos unos indispensables intérpretes, y parte a su búsqueda. Así es como Aguilar reintegra su bando, mientras que Guerrero prefiere mantenerse fiel a los tulúes y combatir a los que fueron suyos.

Así nace el mito del maya blanco, que está documentado por tres cronistas, que lo llaman Guerrero, Aroza o Aroca. También hay quien lo llame renegado o bien padre del mestizaje, puesto que sus hijos serían los primeros mestizos mejicanos.

Lo que no encuentro por ninguna parte es su nombre maya, su nombre de aborigen.

M

13 juillet 2014

Yo hago yoga hoy

La viene a buscar una pareja de muchachos. Han oído decir que ella practica yoga y les gustaría que les enseñase. Se dan cita para la mañana siguiente temprano. Practicarán un saludo al sol, como hace ella a diario.

Para su sorpresa, a la pareja se suman otros tantos, una veintena. A todos les explica lo que entiende ella por yoga, los invita a acompasar la respiraciòn con los movimientos del cuerpo. A practicar yoga en cualquier momento del día, cuando caminan, cuando esperan el autobús. La vida está ritmada por  momentos de tensión -la inspiración-, y de reposo, -la exhalación-, se oye decirles.

Vuelven al día siguiente a la misma hora. Son unos cuantos menos, pero aun así son un grupo numeroso. Ella siempre había practicado yoga de manera solitaria, pero no le desagrada hacerlo ahora frente a un grupo que atiende a sus explicaciones, que sigue sus movimientos y los imita.

A la mañana subsiguiente sólo llega una decena, la mitad del primer día. Ella no llega a extrañarse de la disminución, lo extraño había sido que el primer día viniesen tantos. El grupo, sin embargo, se va deshojando como una margarita, y antes de una semana ella vuelve a encontrarse practicando yoga sola, como antes, como siempre.

Por lo visto, algo los ha alejado, algo incomprensible como lo que los había traído. Aunque tal vez no. El yoga es una práctica corporal y el cuerpo despierta promesas que luego no siempre cumple. Tal vez imaginaban que un saludo al sol es como un orgasmo lento y largo. Tal vez lo que buscaban era el éxtasis del tantra yoga y ella les había invitado a adentrarse en la austera vía del vulgar yoga de toda la vida. 

Mientras lo piensa se tiende sobre el vientre y apoya ligeramente el monte de Venus en el esponjoso tapiz, despertando con ese discreto movimiento un canto dormido. Qué se habrán creído.

Source: Externe

Sorolla, detalle

[Sobre una idea de Giovanni Papini]

27 juin 2011

Mi cuenta en Twitter

MEn 1926, Maurice Maeterlinck publicó con gran éxito, como todo lo que publicaba, uno y a veces dos libros cada año, La vida de las termitas, un tratado entomológico. Un plagio abierto y más bien descarado de Die Siel van die Mier, del escritor sudafricano Eugene Marais.

Marais había ido dando a conocer sus ideas sobre el termitero como «unidad orgánica» en la prensa sudafricana en afrikáans durante los años veinte. Maeterlinck escribía en francés pero hablaba neerlandés, lengua de la cual deriva el afrikáans, y la reproducción de artículos escritos en afrikáans en la prensa flamenca y holandesa era común en ese entonces. El plagio estaba servido, pero Maeterlinck no parecía tenerlas todas consigo porque ya en la introducción al libro intentaba justificar la ausencia de referencias por razones técnicas y para no abrumar al lector. Lo común en estos casos.

Sostenido por un grupo de amigos, Marais clamó justicia a través de la prensa sudafricana y quiso llevar el asunto ante una corte internacional.  Sólo consiguió algo de nombradía intentado transformar el agravio personal en afrenta nacional: «Me pregunto si Maeterlinck se sonroja cuando lee la aclamación de la crítica y si se para a pensar en lo que le ha hecho a un pobre trabajador boer desconocido». El escritor consagrado y mundano que fagocita al escritor provinciano y periférico, esa película ya la vimos pero sigue en cartelera.

Hay quien atribuye incluso el suicido posterior de Marais al plagio de Maeterlinck y a la falta de reparación. Lo cierto es que, tras el chascarro, Marais se internó en el desierto de Karoo y se abstuvo para siempre.

De tales rivalidades entrañables está hecho el mundo en general y el mundo de los plumíferos en particular. Vi Tín me recordaba hace unos días el entuerto Burton-Speke sobre las fuentes del Nilo, que, según Ulschmidt, está a la base del Informe de Brodie.

El cuento es que, cuando apareció Twitter, abrí una cuenta a nombre de Maeterlinck y la ilustré naturalmente con una foto de Marais. También porque mi calle lleva el nombre del único premio Nobel belga (vivo al llegar a la intersección de Yourcenar con Michaux, para más señas). Y soy un simbolista de barrio, muy de hormigas coloradas y de pájaros azules, aunque espero no llegar nunca a prologar los discursos de Salazar.

En Twitter sólo tengo ocho seguidores, truchos todos, o como se diga. Y sólo sigo a ocho oradores, para estar en el mundo, por mientras.

8 avril 2009

Lámina animal

I TOPI non avevano nipoti (Los ratones no tenían nietos ni sobrinos). Este es el palíndromo que la profesora le enseña a una niña en Caos calmo, de Sandro Veronesi, para explicarle la noción de reversibilidad (Sé verla al revés).

Los palíndromos no se pueden traducir, no hay más remedio que reproducirlos tal cual o remplazarlos por otros más o menos afines. Así, en la versión francesa de la novela el palíndromo se convierte en Ta bête te bat (Tu bestia te bate). En la inglesa, en Rats live no on evil star (Las ratas no viven en una estrella maligna). Y en la española en Ana lleva al oso la avellana...

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Ilustración de Giovanni Mainardi

20 juin 2015

Un chiste de la señora Goldstein

Consecuencia del affaire del chiste zafio de Zapata: todo quisque se pone a contar chistes de judíos y a explicar cómo hay que contarlos y dónde. Peor aun: cómo hay que entenderlos.

El chiste es la forma verbal del humor interpersonal, sostiene Freud. Es el inconsciente el que siente la necesidad de contarlos, explica, si le entiendo bien. La necesidad de reír o no, en cambio, corre por cuenta del inconsciente colectivo. No te prives de decirlo, parafraseo a Bolaño, si no quieres privarte de escuchar lo que te dirán.

Cuando éramos juveniles, cuando el corazón batía fuerte, lo cool entre nosotros era saber contar los chistes. Y lo despreciable era contarlos mal. Lo he contado otras veces: cuando me enteré de que mi amigo RF se había pegado un tiro, no pude dejar de recordar aquella vez en que se atrevió a dar un paso al frente y contar un chiste delante de la jauría. Las carcajadas que recibió de vuelta fueron tan destempladas que en seguida entendió que no se reían del chiste sino de él.

Pero bueno, no vamos a desaprovechar la ocasión de contar uno de la señora Goldstein. Va la señora Goldstein por la avenida llevando de la mano a sus dos nietecitos. Un conocido se detiene a saludarla. ¿Qué edad tienen los niños?, pregunta. Bueno, dice la señora Goldstein, el médico tiene cinco y el abogado siete.

Source: Externe

Óleo de Nathan Goldstein

14 mars 2007

Un hombre llamado isla

ESE ES EL nombre de la primera del centenar de obras de teatro escritas por el arquitecto y dramaturgo Jorge Díaz. El cepillo de dientes, El velero en la botella, Topografía de un desnudo son otros títulos representativos de una dramaturgia que retrata al hombre urbano y a sus contradicciones, impulsada a partir de los años sesenta por el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica y la compañía Ictus. La última pieza escrita por Díaz se llama Pájaros en la tormenta.

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Jorge Díaz murió este lunes 12 de marzo y esta fotografía, de León Cohen, tal vez sea su último retrato. Se le ve en el Tavelli de Santiago de Chile este enero de 2007 (la mesa del extremo del Drugstore era su oficina). El espejo del café nos devuelve también la imagen, al centro, de Roberto Merino, concentrado lector y, al fondo, de Jorge Olave, editor de La Nación.

27 janvier 2007

Otras palabras

Domingos de antes, largas caminatas por la tierra redonda, domingos de ahora, o de por ahora, demorada inspección del cielo desde la ventana buscando la dirección de los aviones. Así como el sábado fue promesa de alegría, como cantó Vinicius, así sea la alegría de Alfonso Alcalde, que era alegría provisoria, al ver caer el domingo se instala la melancolía. De todos los adjetivos que ha recibido ese sentimiento en vías de extinción me quedo con el que le dio Roberto, melancolía artificial. Alegría provisoria y melancolía artificial, palabras de marinero en tierra, morriña gallega, saudade lusa, añoranza castellana, enyor de los levantinos, ay pena penita pena de Andalucía. Es domingo y me vuelve a la memoria un soneto que leí hace treinta años y nunca más volví a encontrar, del que he olvidado todo salvo el nombre: Un domingo sin Delia.

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Melancolía, Edward Munch, 1899

7 juin 2007

Edwards Bello descabezando mitos

En un país donde el arribismo es la autopista por donde vamos todos, en jeep o en citroneta, alguien que como Edwards Bello iba en la dirección contraria provocaba perturbaciones y accidentes.

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Joaquín Edwards Bello fue un escritor prolífico, un buen novelista y un mejor cronista. Publicó más de treinta libros y escribió una columna, la más leída y comentada de este diario, Los jueves de Edwards Bello, cuando la gente leía el diario día tras día y no sólo el fin de semana. Fue también un personaje controvertido, bohemio, jugador, brillante casi siempre, opaco cuando quería. En un país donde el arribismo es la autopista por donde vamos todos, en jeep o en citroneta, alguien que iba, como él, en la dirección contraria provocaba perturbaciones y accidentes.

Tras su muerte, en 1968, los ecos de su obra quedaron sonando en el limbo hasta que, en los últimos años, una magnífica novela, El inútil de la familia, de Jorge Edwards, lo trajo de vuelta a la letra impresa. También ha escrito sobre él Salvador Benadava (Faltaban sólo unas horas…) y me entero por este diario que Roberto Brodsky le ha dedicado un capítulo de la obra El asilo contra la opresión a su inveterado antisemitismo. Guy Bajoit, sociólogo belga, autor de obras leídas y estudiadas en Europa, se ha valido, en un ensayo reciente, Joaquin ou le jeu avec la marginalité, de la figura de Edwards Bello para ilustrar sus teorías. Esperemos que se traduzca cuanto antes y se difunda porque resulta notable la reunión de historia personal y colectiva que logra Bajoit apoyándose en la vida del novelista, en su calidad de contradicción viviente y en sus personajes novelescos, Esmeraldo, el Azafrán, la Chica del Crillón.

Impulsado por esa lectura, releo de una sentada Mitópolis, selección de crónicas de Edwards Bello publicadas en La Nación en los años cincuenta y sesenta, precedidas de una entrevista al autor, conjunto editado por Alfonso Calderón en 1973. Impresiona la libertad de tono y la acerada crítica a Chile, a sus mañas y manías. ¿Quién se expresa hoy con la mitad de la pertinencia y la carga crítica con la que arremetía Edwards Bello en contra de la sociedad chilena hace medio siglo? La Mistral dijo de él que Chile tenía en su persona a su “hijo más reprendedor”. Para no contradecirla, Edwards Bello afirmaba que los chilenos vivimos en las zonas más oscuras de la imprevisión: « Después de las cuchipandas: ¡Déme bicarbonato! Al caer de la primera lluvia: ¿Dónde quedaría el paraguas? ».

Alegra reencontrarse, por otra parte, con su cosmopolitismo. Se supone que Chile entonces era provincialismo puro, y el propio Edwards Bello se encarga de recordarlo cada dos líneas, pero su escritura resulta abierta y sin complejos, tanto así que el ancho mundo parece su calle y su casa. Ya en sus lecturas de infancia, Edwards Bello se muestra como un criollo mundano, tan de España y de Inglaterra -o de Brasil o de México- como lo era del entrañable Chile. No sé si hoy se pueda decir otro tanto de los letrados en boga. Algo de Norteamérica reivindican, pero en su variante Miami, y paremos de contar.

Jueves con jueves, Edwards Bello se daba a la tarea de descabezar la mitología nacional. No se salvaban ni Caupolicán empalado, ni Colo Colo insurrecto, ni siquiera Prat, ni tampoco Murieta. Ni la Quintrala, ni Manuel Rodríguez,  ni Portales, ni menos José Miguel Carrera, cuyo cráneo todavía algunos buscan y otros veneran. Nuestro cronista de los jueves no dejaba prócer con cabeza. Tenía, por suerte, buenos lectores, que respondían con bien calibradas cartas a sus columnas. E incluso contaban chistes. Doña Eugenia Urquieta, en octubre de 1956: « Un yanqui andaba buscando reliquias del pasado chileno. Un huaso diablo fue a ofrecerle una calavera de O’Higgins. El yanqui, entusiasmado, le pasó veinte dólares. El huaso pretendió repetir y llevó otra calavera chica, de niño. El gringo le preguntó: ¿Y ésa? Es la calavera de O’Higgins, cuando era guaguita ».

logocl 7 de junio de 2007

PS: Por si alguien se asoma a leer el PDF con la versión impresa de este texto, aclaro que la palabra 'poetisa' con la que el editor engalana a la Mistral no es mía, no acostumbro ofender a las señoritas.

30 décembre 2013

El pantalón de recambio

El día 6 de enero, en LA, CA, mi amigo JM exhibe dos series de fotos de los tiempos analógicos. Ilustra la invitación una de JB en Brasil, en 1981.

La imagen viene al pelo porque en esos tiempos analógicos, antes de Brasil, JB estuvo en Chile en pleno pinochetismo y, 33 años después de aquella visita, planea volver. Tendría tres cosas que contar de ese entonces, pero lo dejo en dos. En la conferencia de prensa final, a punto ya de embarcar JB rumbo a Brasil, había más hombres de gris que periodistas. Los hombres de gris fotografiaban a los periodistas y los periodistas fotografiaban a los hombres de gris. En blanco y negro, por supuesto.

En otra ocasión, JB cantaba para un grupo reducido y, por accidente, una periodista cultural volcó un vaso de vino tinto sobre los inmaculados pantalones de la estrella, que en seguida se eclipsó y reapareció un par de minutos más tarde vestida con otro pantalón blanco inmaculado. Desde entonces sé que una estrella siempre tiene un pantalón de recambio a mano.

JB

PS / Entre las fotos de JB en Brasil, ésta, en São Paulo, con la estrella, el fotógrafo, el intérprete, Eduardo Suplicy, Lula, un par de niños y una botella de Brahma. Nótese que la estrella y Lula miran al fotógrafo, en cuanto Suplicy mira intensamente a la estrella.

Publicidad / Entre las fotos expuestas, aquélla del sombrero de Jipijapa (8x10, enmarcada, US$ 250).

2 avril 2023

Diario de Benidorm

VINE A ESTE pueblo a hacer lo mismo que  hago en el mío, salvo que aquí camino por el borde costero y si me da calor me doy un baño. Cambiando mi pueblo por éste gano quince o veinte grados según el día y unos cuantos euros por lo que pago de menos en el supermercado. Mientras tanto observo las costumbres de las dos tribus que comparten estos lugares, los lugareños y los desertores de la bruma. De estos últimos diré algo más en la sección de toponimia.

EN EL AEROPUERTO me llama la propietaria de este piso para decirme que los encargados de limpiarlo lo han dejado como seda, lo que confirmo, pero han tenido un contratiempo y no han podido limpiar los vidrios. Le digo que no se preocupe y me escucho decirle que ya los limpiaré yo. 

EN EL MISMO aeropuerto hay una campaña de promoción del turismo en Asturias, con gaitas y cartelones. El aeropuerto de Charleroi no es gran cosa estéticamente hablando y mejora una enormidad metiendo los paisajes de la tierrina en la retina. Unos días después se desata una ola de incendios en el Principado. Me imagino a los animales huyendo de los bosques en llamas y me echo a temblar. Pienso en el sobrín que es guardia forestal y estará combatiendo el fuego… Pregunto y me dicen que ahora está lloviendo y que, al menos por allí, la cosa está tranquila. Otra vez me he dejado ganar por el efecto zoom.

HAY UNA HISTORIA curiosa que se cuenta en este pueblo y es que con el auge del turismo extranjero en 1953 el alcalde de la época se subió a una motoneta y fue a Madrid a pedirle a Franco (que tiene el culo blanco) que autorizara el uso del bikini en estas playas. Años más tarde los vecinos, para atemperar la imagen de frivolidad que la ciudad desprendía, subieron a hombros una cruz de madera hasta las alturas de la sierra que rodea la ciudad y allí la instalaron para que Dios la bendiga.

OTRA HISTORIA POR el estilo, sólo que más antigua, es la que cuenta la llegada al puerto de su patrona, la Virgen del Sufragio. En la playa de Levante naufragó a inicios del siglo XVIII un barco sin tripulantes. Se acercaron los lugareños y por miedo a los piratas y a la peste que por entonces asolaban estas costas le metieron fuego al barco. Cuál no sería su sorpresa al ver que, una vez que el fuego se apagó, entre las cenizas reinaba la preciosa imagen de una Virgen. La llevaron en triunfo hasta la iglesia de San Jaime y Santa Ana, que está en lo alto del promontorio del puerto, y allí la entronizaron reina de las playas de levante y de poniente. Sin embargo llamarla Virgen del Naufragio les pareció a los feligreses fuera de lugar y así fue como fueron transformando Naufragio por Sufragio. Sufragar quiere decir ayudar, favorecer. Y la Virgen del Sufragio ayuda y favorece a quien pide con humildad.

HAY GENTE COMO Víctor que sólo confía en la experiencia directa: He visto que el covid es una enfermedad mala, me dice. A los polacos del quinto los mató a los dos y a un señor mayor del segundo también lo mató.

SÓLO LLEVO AQUÍ una semana y ya aparezco en la prensa local de 1910. Se trata de una iniciativa de una pareja de jóvenes para buscarse la vida entre los turistas. Cuando sé que son ucranianos les digo Slava Ukraini y se emocionan.

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Me abstengo, por cierto, de señalarles la falta de concordancia de género en el título.

MIRO POR EL balcón y veo pasar a un mujer que me recuerda a Joaquina. Vamos por oleadas y la vida dura un cuarto de hora. Y el yoga, la comida sana y la ciencia cristiana a la que adhería Prokófiev permiten alargarla dos minutos…

LIMPIO LOS VIDRIOS y quedan peor que antes. 

RACÓ DE L'OIX se llama este barrio en valenciano. Racó es rincón, claro, pero l’oix, qué puede ser. Suena a ojo pero no, desde que escuchamos a Raimon sabemos que ojo es ull (els ulls al vent, al vent del món). Oix es náusea, asco. Las aguas que dejaban antaño las tormentas se estancaban en este rincón y apestaban. Ahora que ya casi no llueve, lo que apesta y da un poco-mucho de oix no es el agua estancada sino los efluvios de los desertores de la bruma. Es una costumbre detestable atribuir a todo un colectivo las características de algunos de sus miembros. Me resisto por lo tanto a decir que los ingleses beben moderadamente porque he visto a un par de ingleses sobrios.

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Continuará, o eso espero…

27 juillet 2023

El aprendiz al sol

APENAS COMIENZA LA andadura de estos diarios y escribe el autor: «Hace una semana que empecé este cuaderno de bitácora y no pienso seguir con esta colosal mentira». Pero bien que prosigue, al punto de publicar ahora estos diarios escritos entre 1989 a 1999, los últimos años del sXX, como bien subraya. 

Con el sol a las espaldas, la sombra que se proyecta hacia adelante es ridícula. En cambio, la sombra que proyecta el ciclista contra la ladera o contra los muros blancos de las casas del pueblo, la figura del Aprendiz al sol, de Duchamp, es exaltante. Estas dos figuras se combaten y se completan al filo de estas páginas.

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Luces y sombras en los diarios de Montano, un espacio de confesiones y balances: «Una adolescencia algo retraída me ha tenido toda la veintena cojeando; ahora empiezo a enterarme de qué va la historia, pero no puedo incorporarme plenamente a la juventud porque ya he cumplido los treinta». Lo incompleto, la dificultad de precisar qué se quiere y no digamos ya de alcanzarlo. «Nadie se baña dos veces en el mismo río, y afortunados los que al menos se bañaron una», sentencia.

Sobre la adolescencia también, este párrafo es elocuente: «Estaba pensando en el adolescente que fui, tan solitario, tan triste, tan retraído; cuánta torpeza en cada gesto, cuánta coacción. Y miraba con alivio estar ya tan lejos de él, haberlo abandonado; no parecerme hoy en nada a aquel pobre individuo. Pero entonces me he dicho con pena: También tú lo has dejado solo».

Estos son los diarios de un muchacho que se adentra en el mundo de los adultos movido por un rechazo visceral que va lentamente mudando a un acomodo inestable. En estas materias, es una perla esta descripción del perfecto día procrastinado: ««Día de ayuno. Trabajo. Lluvia». Escribí esta anotación al levantarme, y pretendía ajustarme a ella durante la jornada —pero he comido, no he trabajado, ha dejado de llover». «Tal vez ahora soy más dócil pero menos lamentable», concluye más tarde, convertido en guionista de televisión y luego en bibliotecario. «Es fácil ser funcionario. Te haces un esquema de tu vida, y de ese esquema tachas ocho hojas diarias», dirá también.

Y la presencia de los amigos, claro, este diario es también el inventario de los rituales de los últimos años de la juventud y los primeros pasos por la vida adulta de un grupo de amigos que los vaivenes de las mareas acercan y luego alejan. Tanto así que «el valor de un hombre se mide por la cantidad de soledad que es capaz de soportar», una cita Nietzsche que Montano trae a colación y viene al caso.

El autor presenta su indagación sobre la escritura de diarios y su inscripción en el día a día. «El día es una excusa para escribir el diario», llega a decir. «Esta mañana, repasando mis anotaciones de hace unos años, he revivido aquellos días como no los viví entonces». Así expone su tira y afloja con las palabras, que distraen de la realidad: «Aturde saber que nuestras palabras no van a durar, que escribimos en vano». Y también: «Las palabras, su exceso fácil, quincallería que enturbia la relación con la realidad». Al mismo tiempo, las palabras permiten ver la realidad y nombrarla.

Su tira y afloja no es sólo con las palabras, también con los contratiempos que acarrea la realidad: si esperas que en el local de los bajos se instale un comercio tranquilo, una frutería o una tienda de zapatos, lo que se instalará finalmente será un carpintería. Un mérito en esta materia: no hay culpas, a nadie le echa culpas el autor, si no es a sí mismo, y aun así lo hace movido por el amor fati. «Sabiendo que jamás me he equivocado en nada sino en las cosas que yo más quería», diría, echando mano a un verso de Luis Rosales. 

Asoman Málaga, Madrid y Lisboa por estas páginas, tanto en primer plano como en tela de fondo, e incluso Almogía, el pueblo familiar, a cuyo paso encontramos un par de pinceladas costumbristas muy bien dadas.

«Algún día, desde otra edad, miraré estos años con la extrañeza de no haber sabido vivir de un modo diferente», afirma el autor. Treinta años más tarde, ahora que los diarios han sido publicados, dan ganas de preguntarle cómo los ve ahora, pero la respuesta está en los propios diarios: «Me he sentido como si estuviese leyendo el diario de otra persona, furtivamente. Hubiese querido decirle algunas cosas al tipo que lo escribió, pero eso es imposible porque ese tipo ya no existe, o soy yo, en todo caso».

Estos diarios tratan finalmente de la manera como pasa el tiempo por nosotros. No son sólo los años y los días los escurridizos, también las horas son subrepticias, y los momentos ya no digamos: «Somos distintos según las horas: reunirnos es una tarea literaria, no siempre escrupulosa». 

He leído que estos diarios se leen como una novela, o mejor, como el reverso de una novela. Es verdad que el lector sigue el hilo del protagonista con interés creciente y los artificios del diarista son más llevaderos que muchos engrudos novelísticos. He leído también que el spleen, la melancolía, sería el término que describe mejor su contenido anímico. No lo discuto pero digo que también brilla muy fuerte el sol en estas páginas. Y hay momentos de felicidad gratuita, que siempre es la mejor: «Lo decisivo es tener un cuerpo, ser un sitio en el mundo: entonces el aire de la tarde pasará por ahí, trayéndonos su frescor, otorgándonos una felicidad gratuita».

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23 mai 2016

El zoológico

Un hombre desnudo se introdujo ayer en la jaula de los leones del zoológico de Santiago de Chile. Las fieras lo contemplaron con asombro, el tipo se les colgó de los pelos, los leones le dieron un par de zarpazos y a otra cosa. En ese momento «se activaron los protocolos de seguridad» como se dice ahora y aparecieron los guardias, mataron a los leones y se llevaron al suicida al hospital, donde está grave.

Se cuenta rápido pero se comenta mucho. Pones a un hombre entre fieras y se desatan imágenes bíbilicas. El animalismo en boga, además, opina que si los zoológicos, que si la castración, que si la comida envasada... El suicida pasa a un segundísimo plan y tal vez sea mejor así. 

Por mi parte agrego que a ese jardín zoológico solía ir yo con mi padre cuando niño en las mañanas de domingo. El recorrido era siempre el mismo. Las fieras enjauladas nos interesaban poco. La elefanta se veía desproporcionada en su reducto, la trompa larga y el rabo corto. Los leones estaban  deprimidos, el león en su media jaula, la leona en la otra. Eso sí, a veces el león soltaba un rugido feroz. La jirafa estaba un poco mejor y conseguía estirar el largo cogote por encima de la reja y atrapar con su lengua suavísima el maní y otras porquerías que la gente le tendía.

Mi padre y yo nos demorábamos frente la gran jaula de los pájaros. Allí nos sentábamos a mirar como volaban plumas. Supongo que mirando esos pájaros multicolores descansábamos de todo lo demás. Cuando me aburría, me daba la vuelta y buscaba en el suelo a las hormigas oscuras, a su trapicheo incesante.

Luego nos íbamos a instalar delante del foso de los papiones. Allí todo era vocinglería. Al bullicio de los monos se sumaba el de los espectadores, contagiados. Dentro del foso también había un padre junto a su hijo mirando a otros monos. Una manada de monos es una sociedad en reducido y representa todas las emociones: la admiración, la envidia, la alegría, la ira. La mímesis: mirar a los monos es como mirar a los mimos sobre un escenario. Son un imán para los ojos. Y nos ponen frente al enigma que John Berger, cuando cuenta sus visitas al zoológico de Basilea con su padre, formula así: ¿Por qué se nos parecen tanto y sin embargo no son como nosotros?

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11 septembre 2011

Otro once de septiembre

Un año, sería 1998 o 1999, mi tío se dio cuenta de que era 11 de septiembre leyendo la fecha de vencimiento en el envase de los huevos. Ahora, en cambio, no hay manera de olvidar el aniversario de ese tiempo absurdo y por fortuna remoto, cuando escribía endecasílabos sobre unos muros que se vinieron abajo. De aquellos, este es el único que recuerda con cariño: Los niños nacen para ser felices.

Chicho

28 juin 2015

Las diez primeras páginas del Caravaggio de Manara

Una web cuelga las diez primeras páginas de Caravaggio, la historieta que Manara le dedica al pintor milanés. Las leo, me entusiasmo, compro la historieta. Muy bien, pero esas diez primeras páginas con la llegada del pintor a Roma son inmejorables. Después, el relato enfila por los días romanos del pintor y todo va demasiado de prisa. Será la ley del género pero, a cuadro por casillero, el resultado es como ir en moto por las salas de un museo.

Source: Externe

Otra cosa es que el Carabacho sale de Roma tan casto como llega. Entiendo que el libreto sea para menores de 14, pero se trata de una biografía de Michelangelo Merisi... No sé, está tan bien pintada Roma y tan bien sugeridos sus embrollos cardenalicios que no consigo despegar la memoria de las Vidas ejemplares.

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Y otra cosa más: Vila-Matas llama ¡burdo! el consejo de Ludwig Börne que alabábamos aquí hace unas semanas.

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