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Camino de Santiago
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8 décembre 2016

Juan de Pareja recorre Roma con su retrato

En el epílogo de su libro sobre Juan de Pareja, Elizabeth Borton de Treviño sintetiza en unas cuantas líneas lo que se sabe fehacientemente de él y se disculpa por haber tenido que inventarse el resto en la novela que concluye.

Moro andaluz, Pareja fue parte de una herencia recibida por Velázquez en tanto que esclavo y se convirtió en ayudante y probable confidente del maestro sevillano, a pesar de la parquedad proverbial de éste. Acompañó a Velázquez a Italia, y fue en Roma donde éste pintó su retrato por los días en que se preparaba para retratar al papa Inocencio X. De regreso a Madrid, Pareja trabajó junto a Murillo, quien pasó tres años en la capital del reino como aprendiz en el taller de Velázquez, fue liberado de su condición de esclavo y terminó sus días trabajando como pintor.

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La más lograda de las situaciones descritas en el libro de Borton es la del retrato de Pareja. Velázquez se hiere la mano derecha durante una tormenta en el mar rumbo a Italia y, cuando recibe el encargo de pintar al papa, atraviesa un mal momento. Sensible a la animadversión que su presencia despierta en los círculos romanos, Velázquez duda en cuanto a la manera de asumir el encargo papal. Para recuperar la mano, decide pintar el retrato de Pareja, quien posa con la misma ropa que llevaba a diario, a la que Velázquez agrega una valona con encajes de Flandes de su propiedad. Hasta aquí, todo esto consta en la fuente principal sobre la pintura del Siglo de Oro español, la obra de Antonio Palomino. 

A partir de estos datos, Borton imagina a Pareja presentándose junto a su retrato en las casas de los notables romanos. El efecto logrado por la pintura descubierta junto al modelo al natural hace que los ricachones romanos se traguen su orgullo y acudan a pedirle al español que los retrate junto a sus familias, lo que permite a Velázquez asumir en mejores condiciones el trabajo de pintar al papa.

Por cierto, Bolton no tiene para qué excusarse por inventar a la hora de escribir una novela histórica. Como tampoco tenía para qué endulzar la historia al punto que lo hace. Aparte la peste que mata y la mar que marea, las fuerzas del bien son imparables en su libro. El único que desentona un poco es el conde-duque de Olivares, un chulazo en la corte de Felipe IV.

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16 octobre 2016

El nombre

Un detalle sobre el flamante Nobel de literatura 2016, el nombre. Bob Dylan vino al mundo como Robert Zimmerman y se rebautizó a sí mismo como Bob Dylan. Lo de Bob por Robert se entiende a la primera. Y lo de Dylan fue por su escritor favorito, Dylan Thomas. Su primer paso hacia el Nobel fue ése, adoptar el nombre de un escritor consagrado.

Otro tanto hicieron años antes los dos Nobel chilenos, Lucila Godoy Alcayaga y Neftalí Reyes Basoalto. Godoy cambió su nombre por Gabriela Mistral, en imitación del Premio Nobel francés Frédéric Mistral, y Reyes por Pablo Neruda, por mor del escritor checo Jan Neruda. Y el francés Alexis Leger, que pasó a llamarse nada menos que Saint-John Perse, en imitación del poeta latino Aulo Persio Flaco...

Se conoce que sus nombres civiles fueron juzgados banales por estos ciudadanos, por lo que los remplazaron por otros bien sonantes, tomados de escritores consagrados, dando así un primer y significativo paso hacia el Olimpo literario. O sea que también en este aspecto, Dylan es menos heterodoxo de lo que parece. El desvío a Estocolmo lo llevaba ya en el nombre.

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Sobre nombres y premios, Nicanor Parra escribió esto:

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4 août 2015

Ayer, hoy y mañana

Estreno mañana de la última de Woody Allen, la n° 45, El hombre irracional. El número no tiene importancia, ni el nombre, ni siquiera la película. En una entrevista en el diario gratuito de hoy, Allen dice que hace una película tras otra para no pensar en la muerte. Dice también que la filosofía distrae de la muerte pero no la evita. Que si celebrara su cumpleaños n° 80 tendría la impresión de bailar sobre su tumba. Y que si pudiera hacerlo sin ser descubierto, iría eliminando al prójimo uno a uno hasta quedarse solo sobre la faz de la Tierra.

Estreno también mañana del Principito, al que le han agregado, oh, sorpresa, la historia de una niña. En los cuarenta, Welles intentó llevarlo al cine con él como aviador, y sin niña, sin éxito.

Mañana también, primer miércoles del mes, es el día del museo de los impecunes, cuando mirar es gratis. 

Ayer, en la tele, El transcurso del tiempo. Envejece la película —envejece rápido—, y el nombre va ganando con el transcurso del tiempo, justamente. Me dormí. Desperté unas cuantas veces y lo poco que vi estaba al borde del ridículo, lo que me parece bien.

Y ayer también en la tele, Ayer, hoy y mañana, de De Sica. No la vi, me arrepiento.

Hoy Tse recordaba que el Perro habría dicho alguna vez que no hay tonto sin blog. Me vine de cabeza a actualizar el mío.

Y ya que se han puesto de moda los leones, ayer tomé esta foto en Waterloo. Es la primera de una serie de cinco. Lo dejo botando.

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17 mai 2012

El sexo de los ángeles

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Ernest Pignon-Ernest estuvo en Chile en 1981, donde dirigió un taller cuyo resultado fue un retrato de Neruda serigrafiado. Yo vivía entonces en la calle Maruri, la misma donde el joven Neruda escribió su famoso Crepusculario. En un rincón de la calle, frente a la casa, los pignonistas pegaron un ejemplar del afiche de Neruda. No tardó alguien en arrancar a medias la imagen y otro en recomponerla a la noche siguiente, dibujando sobre el muro unos toscos trazos. Luego alguien más puso un ramo de flores al pie del afiche, ramo que otro pateó y otro más repuso. Y así sucesivamente.

Pignon-Ernest ha pegado sus carteles en muchos sitios [Rimbaud en París y en Charleville, Carabacho en Nápoles, Darwish en Palestina, Genet en Brest...]. Ahora que Banksy ha popularizado esas intervenciones urbanas cabe recordarlo. Me gusta el resultado que consigue Pignon y me parece que, en su caso, ponerlo en la calle no es arbitrario. Sus retratos son formalmente muy acabados, pero enmarcados y colgados en un museo resultarían algo banales. En la calle, en cambio, o más bien en ciertas calles, ganan sentido.

Aprecio, sobre todo, que haya dirimido de una vez la polémica de los sabios de Bizancio y desvelado el sexo de los ángeles sobre los muros de la catedral de Montauban. Sexo que, por cierto, unos penitentes emborronaron a lo tonto.

PS/ La foto del afiche en la calle Maruri la tengo... la tengo que buscar, quiero decir. Este blog es un archivo al aire libre, lo que he ido colgando en él se encuentra rápido, al contrario de lo que no he ido colgando en él.

16 janvier 2011

La negra

Calixte Beyala es una escritora parisina nacida en Camerún. Michel Drucker es un animador de televisión celebérrimo. Calixte acaba de ganar un proceso a Michel por una acusación de estipendios impagos debidos a su trabajo como negra: la redacción de las respuestas para un libro de entrevistas al animador.

Cualquier iletrado sabe que hay gente que sabe escribir y otra que no y que el público suele preferir los libros de los que no saben. Razón por la cual el negocio editorial se apoya en la figura de los negros. De esta manera, también, algunos famosetes pètent plus haut que leur cul, como dicen gráficamente los franceses.

El quiebre en este caso no sólo fue pecuniario, sino económico-sentimental. El animador y su negra, que por su parte es una cleptómana literaria notoria, vivieron un affaire apasionado tiempo atrás, como cuenta ella misma en su novela El hombre que me ofrecía el cielo, affaire que acabó con Calixte y su Melibeo frente al juez y 40 mil euros a favor de la morena.

C

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De la misma sección Tomate: La revolución tunecina encontró a una de las hijas de Ben Alí refugiada en un hotel de Eurodisney. Si no se llama Yasmine, debería llamarse Yasmine.

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O ano em que meus pais sairam de ferias, unos días en la vida de Mauro-Moshedo, un niño de diez años salvado de las aguas nos anos de chumbo e de espancamento por la colonia judía en el barrio de Bon Suceso, en Sao Paulo,  en pleno año 1970, mientras Brasil se coronaba tricampeón en México. Recordar es pasar por el corazón, como dice el tópico: a mí me recordó esta canción de Gil, que me presta mucho.

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1 février 2007

La Enormecita por la Alameda

En Perdidos en la noche, Rizzo, un vagabundo neoyorquino, enfermo de pulmonía, se abrigaba el pecho con hojas de diario. Mientras lo hacía, no podía evitar leer las añejas noticias. O quizá se contentaba con “revisar los titulares”. Más o menos por la misma época de esa película los diarios viejos se vendían al kilo a las carnicerías y, los que sobraban, se usaban para limpiar los ventanales con una mezcla de agua y parafina. Ocasiones múltiples para descubrir algún suceso olvidado o repasar un gol de Honorino Landa.

Se necesitaban entonces un par de semanas para juntar un kilo de periódicos. Ahora, algunos periódicos dominicales pesan directamente un kilo, a partes iguales la publicidad y algunos comentarios. Antes el papel era el papel, una materia prestigiosa, lo que no impedía colgarlo en el retrete. También es verdad que en el sur no se cosechaba el pino insigne a la velocidad con que se hace ahora. “En los ratos de ocio pasta sin cesar. Hay inmensos predios de periódicos” recomienda Octavio Paz al aprendiz del teclado. Y Kapuscinski, maestro reportero: “Para escribir una sola página de diario hay que haber leído mil”.

Los periódicos de este fin de semana se rindieron a los pies de la Pequeña gigante. Es comprensible el entusiasmo de la multitud (y de la multitud de reporteros) detrás de la marioneta. Representa una figura de estilo de varios metros de altura, una prolongada contradicción en los términos. Es grande siendo pequeña y a pesar de ser pequeña es grande. Parece filosofía a lo Mario Moreno, pero se entiende. También podría llamarse la Enormecita, la Gigantita o incluso la Interminablecita.

Desde siempre la multitud ha ido detrás de lo grande o de lo enaltecido, de la estatua sobre el pedestal, del líder en andas, de los monigotes carnavalescos. La energía de la multitud es capaz de engrandecer lo pequeño y Santiago no se resigna a la prohibición de su carnaval dictada por Bernardo O’Higgins y busca desde entonces un sucedáneo.

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Pero no sólo a la Pequeña gigante se rinden los diarios, sino también a la fuerza de penetración del inglés, otro gigantito. Es decir, a éste no necesitan rendirse, están rendidos de antemano. Dicen playoff en lugar de desempate, dicen retail en vez de venta al detalle, repiten como clones la palabra clon, dicen enduro por aguante, llaman Miss Reff a la Reina de la Rabadilla. Ahora dicen bizarro queriendo decir raro, siendo que bizarro quiere decir valiente, lucido (lúcido es otra cosa, para eso están las tildes). Qué fly los habrá picado. Y dónde. Blest Gana llamaba “afrancesadas” a las elites del siglo diecinueve, pero hoy nadie se atreve a llamar esnobs, o derechamente tontines, a estos cañahuecas. Cuando Kapuscinski afirma que un periodista debería poder comunicar en varias lenguas no es precisamente a esa jerigonza a la que se refiere.

Los soldados norteamericanos que combaten en Irak van equipados con un programa de traducción oral y simultánea del inglés al árabe que les permite comunicar con sus homólogos iraquíes. Se sabe que toda la tecnología que utilizamos, hasta el más humilde anafe, hizo parte en su día del aparataje militar que, una vez desclasificado, se puso, vía la industria, al alcance de la gente común. No está así lejano el día en que para leer los diarios, en la carnicería o para limpiar los vidrios, haya que equiparse del aparatito bélico. Me temo que hace ya tiempo que el Diccionario de chilenismos que publicó don Zorobabel Rodríguez hace más de un siglo no sirva de mucho a la hora de entender la jerga candorosa de cierta prensa.

Al otro extremo de esa mezcolanza grumosa de la lengua vernácula con el chapurreo televisivo se situaba Violeta Parra, de cuya muerte se cumplen por estos días cuarenta años. Lejos de cualquier esnobismo y de toda engañifa, Violeta Parra recreó el habla de Chile y dejó escritas en sus Décimas y en sus Últimas composiciones algunas de las mejores páginas de nuestra literatura. Como dice su hermano Nicanor en su Defensa, de su voz salían rayos “hacia los cuatro puntos cardinales”. Que son, según Huidobro, tres: el norte y el sur.

¿Cuándo vuelve la Gigantita?

 

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1 de febrero de 2007

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PS: Sobre el origen y el destino de la Pequeña gigante, para los santiaguinos huelgan las explicaciones, que quedan para los foráneos. "Pequeña gigante" es un oxímoron (como fuego helado, luz oscura, realidad virtual), lo contrario de un pleonasmo. Por el estilo, Octavio Paz, quien, según Nicanor, fue un surrealista diplomático, a no confundir con un diplomático surrealista.

Dudé frente al plural de cañahueca. Pedí opinión al maestro Echegoyen, quien se mostró también lleno de dudas. Zorobabel Rodríguez no lo repertoría, no es chilenismo. A Zorobabel, que además de lingüista era político, sus detractores lo llamaban Zorrobabel. A la sombra de su estatua, en el bandejón central de la Alameda, leía yo novelas hace treinta años. Qué lugar para leer novelas. El ejemplar del Diccionario de chilenismos que tengo conmigo me lo envió por correo en el año 87 Manolo Canales. Gracias Manolo.

28 octobre 2023

Arturo Belano en el súmmum de lo máximo

LOS DETECTIVES SALVAJES se publicó a finales del siglo pasado. Lo leí enseguida y me entusiasmé, cómo no, con ese relato plural y multiplicado. Además, lo que cuenta Bolaño en ese libro me parecía a mí que se asemejaba a lo que viví yo mismo en los años del relato, él en Ciudad de México, yo en Santiago de Chile, en una especie de Mayo del 68 atrasado en el tiempo y ya fuera de lugar. La verosimilitud del relato venía dada, como digo, por su proximidad con mi propia experiencia: lo que cuenta Bolaño yo también lo viví, no letra por letra pero sí en sus grandes líneas.  

Hubo un momento sin embargo en que me entró una pelusilla en el ojo. Hacia el final del libro, un fotógrafo argentino, Jacobo Urenda, cuenta que Arturo Belano, que es el nombre que se da a sí mismo Roberto Bolaño, viaja a África en calidad de corresponsal de guerra a los lugares calientes del continente negro. En Africa a finales del pasado siglo esos lugares eran Angola, Ruanda y Liberia. Y si allá va, le cuenta Belano a Urenda, es porque su salud está tan deteriorada que morirá pronto —lo que en la vida real era verdad y de hecho así ocurrió pocos años más adelante—, por lo que prefiere arriesgar el pellejo a diario y eventualmente morir a causa de una bala perdida o de la explosión de una granada antes que sufrir una muerte lenta entre algodones en una unidad de cuidados intensivos de un hospital europeo. 

Un tópico de la literatura de aventuras donde los haya.

Pero no fue ese lugar común el que me hizo cosquillas sino un detalle de menor importancia. Cuenta Urenda que estando Belano en Luanda, la capital de Angola, por entonces sumida en una guerra que con altibajos duró más de veinte años, y necesitando urgentemente unas medicinas, va a una farmacia y rebusca entre los medicamentos disponibles hasta encontrar alguno que se asemeje a los suyos: «Lo vi revisar las estanterías, primero por orden alfabético y luego al azar», explica Urenda. O sea que en Luanda en 1994 no sólo encontrabas una farmacia de turno abierta sino que además ésta tenía las estanterías pletóricas de medicinas dispuestas en orden alfabético…

Se da la casualidad de que en ese momento, el año 1994, yo estaba en Luanda. Y no. El caos en el que estaba sumida la ciudad y el desabastecimiento de productos de primera necesidad (y de segunda y de tercera), comenzando por la luz y el agua, hacía que no hubiese en la capital de Angola ni un solo comercio abierto, comprendidas las farmacias, y todo lo escasamente disponible se traficaba en el mercado negro. En materia de salud, los ricos tenían sus propios esquemas de aprovisionamiento (esa era la palabra que se utilizaba, esquemas como sinónimo de combinaciones o de movidas) y los pobres tenían que contentarse con las reducidas existencias de aspirinas pasadas de fecha en los mercados callejeros, el más conocido de los cuales se llamaba Vale Tudo, nombre de una teleserie brasileña. O sea que de farmacias abiertas, nada de nada.

Es evidente que Bolaño no viajó nunca a África, lo sabemos por su propia biografía, pero por si no lo supiéramos bastaría este detalle para ponerlo en evidencia. Con todo, tanto la Luanda, como la Kigali o la Monrovia de Los Detectives salvajes son relativamente verosímiles. Una vez que le ves un roto a la tela, sin embargo, ya se los ves todos. Porque hay otros. Bolaño afirma por ejemplo haber ido por tierra de Luanda a Kigali, y va dando los nombres de las ciudades y parajes recorridos: Huambo, Cuanza, Uige, Kinshasa, Kisangani, Kigali.

(Esta enumeración, hecha ostensiblemente delante de un mapa desplegado, me recordó esa canción de Lluís Llach dedicada a Allende, en la que dice que las masas están de pie desde Arica hasta Guangualí.) Y no digo esto sólo por Bolaño, naturalmente. Buenos autores de libros de aventuras, Swift, Salgado o Verne, poco se alejaron de sus casas e hicieron bien desplegando mapas y documentándose sobre los lugares en los que situaron sus relatos. Balzac escribió su Viaje de París a Java sin haber viajado a Oriente y es posible que el propio Homero no haya ido de isla en isla que de oídas.

Y para volver al viaje de Luanda a Kigali, no. Un viaje así es muy difícil de realizar aun en nuestros días, y era virtualmente imposible en 1994, cuando habría que haber remontado el flujo de los que escapaban del genocidio ruandés y de la guerra desatada viniendo en la dirección contraria, es decir desde el centro de África hacia el poniente.  

El relato las aventuras de Bolaño en África lo hace un fotógrafo de prensa argentino, Jacobo Ureña, y se lo cuenta a su mujer, una francesa llamada Simone, quien lo alienta a buscar a Bolaño en cada viaje, a interesarse por él y a contarle luego los detalles de esos encuentros a su regreso a París. Para un chileno de la época que un argentino exitoso se interesase a ese punto por su existencia y, mejor aun, lo hiciese espoleado por la curiosidad de una parisina branchée viene siendo el súmmum de lo máximo. Un tópico mayúsculo entre los mayúsculos tópicos. 

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Barcos abandonados en el puerto de Luanda

18 juin 2018

Alicante-Almería en siete días

Alicante, tiempo hacía que no me comía una paella con tanta hambre.

Años atrás un señor quiso que su casa se asemejara a la Alhambra y de a poco lo fue consiguiendo. Ahora sus descendientes han convertido esa casa en en un sitio en el que se puede tomar un buen té con dulces árabes y charlar un rato rodeado de un decorado magrebí. Está más o menos a la altura de Orihuela y es un lugar particular también en el sentido de que no hay manera de enterarse de que existe ni de cómo llegar a él si no es por el boca a boca, porque no hace propaganda alguna. Esto que hago aquí contándolo no sé si contraviene la lógica del establecimiento, lo que los comerciales llaman su modelo de negocio.

Frente a las casas blasonadas de Caravaca y Cehegín noto que los nombres de los nobles del sur peninsular suelen ser apellidos populares en Chile. En cambio, los apellidos linajudos del país austral eran nombres de labriegos del norte. En algún momento situado entre la conquista y la independencia los septentrionales les comieron la color a los meridionales al pie de la cordillera de los Andes.

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No entiendo por qué a los extranjeros les cuesta tanto retener el nombre de Murcia. ¿Murcia?, preguntan con cara de asombro, como si les dijeras que estabas en Tristán de Acuña. Pero creo que ahora he dado con el argumento definitivo para que lo vayan reteniendo. «Es la séptima ciudad más poblada de España», les digo terminantemente. Mano de santo. En la mayoría de los casos la conversación llega hasta ahí. En otros, se prolonga con una rápida revista a las seis ciudades más pobladas que Murcia.

Me entero de que en una playa del Cabo de Gata en la que me bañé se filmó una escena memorable de Indiana Jones, en la que un señor destruye una avioneta asustando a las gaviotas con un paraguas. Supongo que las cámaras llegaron y se fueron de Almería por razones económicas. Lo cierto es que sus paisajes ya eran de cine antes del cine y lo siguen siendo.

No somos para despedirnos, así sea en Almería.

26 juin 2014

Una alegría provisoria

De los muchos usos que el Mundial permite, el de mi tío es alegre y melancólico. Se trata de una melancolía artificial eso sí, tanto como de una alegría provisoria. ¿La selección española muerde el polvo en Bahia y Rio de Janeiro? El resultado le trae el recuerdo de la decepción de Viña del Mar, medio siglo atrás, en el mundial de 1962.

Entonces España perdió la serie contra Brasil y Checoslovaquia, que acabaron siendo campeón y subcampeón. Brasil defendía su primera estrella, conquistada cuatro años antes, en Suecia, y dejó en el camino también a México, Inglaterra, Chile y Checoslovaquia, con abultados marcadores. Salvo el del duelo con España, dominado por la Roja, a quien el árbitro anuló un gol perfectamente válido. La larga serie de los no-goles se abrió entonces y ya no cerró hasta el 2008, en Viena.

Viña del Mar estaba a un paso y se ha vuelto a quedar lejos. Al hombre viejo que es mi tío ver que las ciudades en que ha vivido van quedando asociadas a victorias y derrotas le despierta una breve melancolía artificial que deja paso a una alegría cada vez más provisoria.

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31 décembre 2006

Helicóptero, bus y bicicleta

EL GOLPE no acababa aún y ya había arte y prensa contra la dictadura. En la confluencia de esos dos espacios aparece, en 1978, la revista La Bicicleta. Un verso de Erick Pohlhammer explica el nombre: «En la era de los helicópteros concéntricos surge como una paradoja necesaria La Bicicleta». Un subtítulo añadía que se trataba de la Revista chilena de la actividad artística. El gentilicio estaba ahí para indicar que el arte producido en el exilio también formaba parte de la publicación.

Andando los meses La Bicicleta se fue abriendo camino desde los círculos relativamente restringidos de artistas y operadores culturales hacia un público más amplio. Fueron los jóvenes quienes se mostraron más receptivos a la propuesta. La página musical pasó a convertirse en un cuadernillo con canciones y entrevistas a los músicos que los jóvenes escuchaban bajo cuerda en esos años apagados, el llamado canto nuevo, la nueva trova, el rock. La opción de La Bicicleta por la juventud fue más bien una opción de los jóvenes por La Bicicleta. La revista saltó a los quioscos y fue ganando tiraje y periodicidad hasta que, entre 1984 y 1986, la dictadura impidió su circulación durante tres largos periodos.

Cabe preguntarse por qué. Por qué el crecimiento y por qué la censura. Tal vez La Bicicleta consiguiese abrir algunos intersticios en los murallones que la dictadura intentaba sostener, unas aberturas que la censura no lograba colmatar porque le quedaban a trasmano. Tenía pegada, pero mal juego de cintura la dictadura.

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Quienes hacíamos La Bicicleta teníamos dieciocho o veinte años en 1973 y ninguna gana de llegar a viejos cargando con y contra Pinochet. Si no podíamos acabar con la dictadura intentaríamos, al menos, menoscabarla. Roberto Merino, quien junto a Clotario Blest, era amigo y vecino de La Bicicleta en el viejo barrio de la calle San Isidro, ha descrito perfectamente el procedimiento: «No hay para qué despotricar contra la llama de la libertad, basta señalar que una vez fue detenida una señora a la que pillaron haciéndose unos huevos revueltos ahí».

Los meses de prohibición, en 1984 y 1985, dejaron a La Bicicleta debilitada pero en pie. El golpe de gracia lo recibió en septiembre de 1986 tras el atentado contra Pinochet. Como es sabido, las mal llamadas fuerzas de seguridad salieron esa noche a vengar la afrenta, asesinando a cuatro opositores y entrando a saco allí donde quisieron. De La Bicicleta se llevaron hasta las placas de impresión.

No es necesario idealizar lo que hicimos durante esos años. La dictadura sólo tuvo defectos y entre ellos se cuenta su inutilidad. Frente a ella, sin embargo, un fuerte lazo de complicidad existía entre un número creciente de personas. Quienes hacíamos La Bicicleta vivíamos esa complicidad a través del contacto con los lectores, con los quiosqueros, en los barrios, en los teatros, en las universidades. Esta anécdota tal vez sirva para ilustrarla.

A inicios de los años ochenta se integró a La Bicicleta, gracias a una iniciativa de reinserción de exiliados, un periodista que volvía de Alemania. Digamos que se llamaba Arcadio. Arcadio militaba en una de las múltiples facciones en que se dividía entonces el Partido Socialista. Entre los miembros de La Bicicleta había algunos militantes del Mapu pero la mayoría era, en estas materias, de tendencia freelance. A poco de llegar a Chile y a La Bicicleta, Arcadio asumió la dirección del periódico de su partido, lo que quiere decir que lo redactaba, lo imprimía y lo repartía.

Así va un día Arcadio por el centro de Santiago con su maletín negro de funcionario o de vendedor, en donde transporta los originales del periódico clandestino. En ese momento se produce una estampida entre los comerciantes ambulantes. Un bus policial avanza por la calle y una docena de policías se lanza a la pesca de los ambulantes. Estos son expertos en el ejercicio de escapar con la mercadería en volandas, pero una mujer que lleva una guagua en los brazos no alcanza a huir y un policía la atrapa e intenta subirla al bus policial.

Arcadio es aspirado por la masa de transeúntes que se acerca a contemplar la escena. La mujer se resiste y, en el forcejeo, la guagua, que llora tan fuerte como grita su madre, está a punto de rodar por el suelo. Arcadio ve negro, se olvida del maletín y se lanza a forcejear a su vez con el uniformado. La reacción de Arcadio parece dar alas a la muchedumbre, que las emprende contra el bus policial. La mujer consigue escapar pero Arcadio es detenido, encarcelado en la Penitenciaría y puesto a disposición de la justicia por agresión a carabineros y desacato a la autoridad.

La misma tarde de los incidentes suena el timbre de La Bicicleta. Cuando abrimos, un comerciante ambulante nos tiende el maletín de Arcadio, salvado del tumulto, con toda su documentación intacta. Se lo llevaron por defender a una mujer- nos explica el ambulante. Y agrega, con una punta de orgullo en la voz: “Pero nunca sabrán lo que no consiguieron llevarse”.

La Nación de Santiago de Chile, 31 de diciembre de 2006

PS: No he querido poner el nombre real de Arcadio sin preguntarle si podía hacerlo. Y no encontré manera de preguntárselo, hace veinte años que no sé nada de él. Pueda ser que esta nota sirva para retomar contacto. Internet a veces permite esos rencuentros, pero no siempre.

Marcelo sostiene que el ambulante no debe de haber dicho: «Nunca sabrán», sino «Nunca van a saber». El habla chilena es así. Nadie calla, «nos quedamos callados».

La Cecilia me recuerda el apoyo que  la cooperación internacional nos dio durante esos años. El CCFD francés y la holandesa Novib financiaron durante un tiempo una parte de las actividades de la revista. Muchos años después coincidí en Angola con Agostinho Jardim Gonçalves, a quien había conocido en el CCFD. Escucharlo contar, en un país destruido por la guerra, por qué el CCFD apoyó a La Bicicleta fue una experiencia esclarecedora.

La bicicleta de la ilustración es de Picasso. Picasso era un señor malagueño.

12 octobre 2020

Entre la guerra y la paz está la posguerra

¿Son peores las guerras que las posguerras? Me lo pregunto después de ver Alemania, año cero, de Rossellini.

Cuando los rusos abren las puertas de Auschwitz cualquiera cree que el calvario de Primo Levi termina allí. Y de eso nada. Porque «la paz no estalla» como sugiere el título de la novela de Gironella. Entre la guerra y la paz está la posguerra.

En el Berlín de la posguerra transcurre la vida del niño Edmund, el protagonista de Alemania, año cero. Rossellini filma con actores aficionados en escenarios naturales y luego a fuerza de montaje y de música enfática mete la historia en el formato del cine.

La historia del niño Edmund, qué miseria. 

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6 janvier 2023

Doña Flor y sus dos maridos

Saldos del Diario de Chile, 1

EL PAISAJE en el viaje de Santiago a la playa, la sucesión de valles y su aridez rocosa salpicada de flores y coronada aquí y allá por las enormes peñas de Llay Llay («viento-viento») delante de los montes imponentes. Y el aro de rigor en el restaurante caminero por amor de la cazuela y el mar que por fin asoma por Longotoma. Y la costa que dibuja un pueblo nuevo, La Ballena, que estira sus formas natatorias. Así hasta llegar a la casa que un día fue pimpante y ahora acusa el paso de los años y el jardín a medias arruinado por el agua salobre.

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SUBIMOS a la parte más alta de las rocas, a lo que llaman El Nido, a la hora que se pone el sol, y vemos fugazmente el rayo verde, le rayon vert de Rohmer. La exigencia de subir al Nido, puro yoga de la concentración, ahí te quiero ver poner el pie.

CAMINANDO por la playa se nos unen dos perros y una perra a los que bautizamos Doña Flor y sus dos maridos. Uno de ellos persevera y recorre doce kilómetros a nuestra vera como si viniésemos juntos desde muy lejos y no nos fuésemos a separar jamás. De vez en cuando nos echa una mirada e interpreta las nuestras. Cuando aparecen otros perros levanta la cola y se posiciona entre ellos y nosotros con actitud protectora y cuando los dejamos atrás nos mira preguntando: ¿cómo estuve? Qué ganas tiene de que lo adoptemos...

RELEO libros que leía hace años y encuentro las marcas que dejaba: una tira de prueba, una entrada al teatro, las huellas del tabaco que fumaba entonces... ¿Por qué insisto en querer recordar cómo vivía? Porque sé que esas señas me hablan a mí. Y ésta que les doy ahora es su última oportunidad, una oportunidad de poca cosa pero oportunidad al fin.

ENCUENTRO una imagen que me emociona, la muestro y me quedo solo con mis emociones. Es emocionante quedarse solo con sus emociones.

EN SANTIAGO, el lunes en el súper es día del descuento (menos tres por ciento) y está lleno de gente mayor. En el metro por la noche, en cambio, circula gente joven, todos formateados por la misma pantalla. El Uber lo conduce un muchacho alemán de Roskow, bisnieto de unos colonos de Paillaco, que está de vuelta en Chile donde quiere poner un hotel. Le digo que lo llame FLOR DE HOTEL y le cuento la historia del alemán de Florianópolis que en los años treinta tenía un hotel llamado ADOLF HITLER. Cuando Brasil entró en guerra contra Alemania no le quedó más remedio que cambiarle el nombre y para no incurrir en gastos reordenó las letras y lo llamó FLOR DE HOTEL. Se ve que al muchacho le hace gracia la historia porque cuando nos despedimos me pide que se la cuente de nuevo.

LA distancia que media entre cómo te ves y cómo te ven los demás suele ser grande en todos los casos y se agiganta en el caso del bocazas. Por mi parte soy filarmónico pero quitado de bulla, le dije una vez a Albert. También porque «cuántas palabras ahorra una expresión correcta», como dijo Enrique Lihn.

EL tiempo es la única dimensión en la que pueden hablarse los vivos y los muertos, dejó dicho por su parte Juan Benet. Me lo recuerda el espejo y la imagen de mi viejo en el espejo.

EN sus últimos años, ya muy anciana, su madre lo confundía con su padre e intentaba seducirlo. O tal vez era simplemente la liberación del deseo incestuoso que siempre habría estado latente. Por suerte a la mía no le ha dado por eso porque menuda incomodidad... 

ABRO este cuaderno en busca de un párrafo que copié de El Lobo Estepario y viendo cómo desfilan las páginas Merino me mira con asombro: ¿Y qué es todo eso que escribes? Intento una respuesta pero en seguida me doy cuenta de que no hay respuesta que valga porque lo que cuenta es la perplejidad que da paso a la pregunta.

EL PÁRRAFO que copié de El Lobo Estepario es éste: «¿Éramos nosotros, los viejos conocedores del mundo antiguo, de la antigua música verdadera, de la antigua poesía legítima, éramos nosotros únicamente una exigua y necia minoría de complicados neuróticos que mañana seríamos olvidados y puestos en ridículo?». Preguntarlo es responderse.

26 juin 2022

Breve abecedario incompleto sobre la guerra en Ucrania

ESCRIBO ESTE BREVE abecedario porque antes de la invasión del ejército de Putin del 24 de febrero de 2022 no sabía nada o casi nada sobre Ucrania. Sacudido a diario por los bombardeos y las masacres y sabiendo que los vaivenes de la guerra lo desactualizan constantemente lo comparto aun si está incompleto. 

A

como AZOF

El mar al sur de Ucrania de cuyas costas tiene apuro Putin por hacerse para negar el acceso al mar a Ucrania y exhibir al menos ese trofeo ante su camarilla ahora que ha tenido que renunciar a su proyecto de poner los tanques en la frontera con Polonia. A mediados del sXIX fue teatro de la famosa Guerra de Crimea, que se saldó con la derrota del Imperio ruso, otra de las tantos rapapolvos que supuran por la herida de Putin. Una curiosidad geográfica es que sus aguas se arremolinan en el sentido opuesto a las manecillas del reloj.

B

como Memorándum de BUDAPEST, firmado por Rusia en 1994 y en el que Ucrania recibió garantías sobre su independencia e integridad territorial a cambio de ceder su arsenal nuclear... a Rusia.

G

como GRANERO

Ucrania es el granero del mundo y esto no lo sabíamos los comedores de pan y de cuscús. Pero es que los comedores de pan no sabíamos casi nada de Ucrania y la guerra nos obliga a tratar de aprender todo rápidamente, de la A a la Z. Los rusos han arrasado sistemáticamente el campo ucraniano y han bombardeado y quemado los silos que guardan el grano y los que quedan en pie se quedan como están porque ahora bloquean los puertos de salida y no hay manera de hacer llegar el grano allí donde el resto del mundo lo necesita. La negra tradición rusa de ser los hambreadores de Ucrania se vuelve a confirmar y esta vez, mundialización obliga, rebalsa hasta el fondo del planisferio. De cara al próximo invierno, Putin cuenta con dos bazas que mueven el mundo: el gas y el trigo.

H

como HOLOMODOR

Esto viene de lejos. Stalin provocó una hambruna tremenda entre los ucranianos en los años treinta. Ucrania producía trigo, Stalin lo confiscó y lo vendió por el mundo a buen precio mientras millones de ucranianos morían literalmente de hambre. A esa hambruna provocada se la conoce como Holodomor y se discute si fue o no un genocidio.

I

como IRPIN y BOUCHA y MARIÚPOL y tantas otras ciudades martirizadas por Putin, como antes martirizó Siria y Chechenia mientras el mundo miraba para otro lado. Una vez que las tropas rusas empujadas por el ejército ucraniano se retiraron de Irpin una mujer contaba que pasó varios días encerrada sin poder salir porque había un tanque ruso estacionado en la puerta de su casa. Cuando por fin pudo salir, se encontró con que los rusos antes de huir habían masacarado a sus vecinos. En Izium, los vecinos adoptaron otra estrategia y decidieron confraternizar con los ocupantes ofreciéndoles vodka y pasteles. Envenenados, claro.

Лавра

como KIEV. La historia de su catedral de Santa Sofía, cuyas seis naves y trece cúpulas comenzaron a ser construidas a los albores del milenio para ser arrasadas dos siglos más tarde por los tártaros, corre en paralelo con la historia de la ciudad. Reconstruida en el sXVII en el más puro barroco ucraniano, tras la Revolución rusa todo ha sido tiras y aflojas en cuanto a su destino: que si la destruyen, que si la preservan, que si la comparten los numerosos cultos ortodoxos, que si la convierten en museo. Así, hasta ahora que tiembla bajo los bombardeos de Putin.

N

como NIÑOS

Es lo que escriben en los techos con letras mayúsculas los ucranianos tratando de que los bombardeos rusos respeten ciertos lugares donde intentan proteger a los niños. Ni aun así. Tal vez no sea una buena idea hacerlo. Nuestra esperanza radica en que los rusos amen también a sus hijos, cantaba Sting a finales de la guerra fría. Otra esperanza perdida.

 P

como PUTIN

De un tirano qué piedad, escribió Góngora.

R

como REFUGIADOS

A mediados de marzo llegaron a una casa de mi calle tres ucranianos. La abuela, la madre y el niño pequeño. Ellas son corteses y discretas. Mirándolos pasear bajo la luz que el sol filtra entre los árboles no puedo dejar de pensar en otros niños y sus madres y sus abuelas refugiados de los bombardeos en la oscuridad de las húmedas bodegas de los edificios en las ciudades y pueblos bombordeados. 

S

como SHOA POR BALAS: En 1941 el ejército nazi ocupa Ucrania y consigue prolongar esa ocupación durante tres años. Casi dos millones de judíos ucranianos son ejecutados por bala, negra página de la historia que se conoce como la Shoa por balas, en referencia al método de exterminio utilizado por los nazis que precede al de los campos de concentración. El ejército alemán iba pueblo por pueblo y convocaba a la población judía diciéndoles que se disponían a viajar a la Tierra prometida. La Tierra prometida era el pelotón de fusilamiento a las afueras del pueblo según el método de un hombre-una bala. Lo que dejaba agonizantes a la mayoría de los fusilados, que morían lentamente en las horas y los días que seguían por asfixia. El horror nazi llegaba hasta el hecho de obligar a la población local a que caminara sobre las fosas apisonando la tierra. Se dice que la solución de la exterminación por gas en los campos surgió, entre otras cosas, para disminuir los brotes de locura al que condenaba a los soldados alemanes la utilización de la fórmula de la Shoa por balas.

como SHEVCHENKO

En el sXIX los rusos acallaron al poeta Taras Shevchenko pero no lograron impedir que se convirtiera en un símbolo de la lucha por la libertad. «Cuando atravesando Ucrania el río arrastre hasta la mar azul la sangre enemiga / dejaré los campos y los montes y volaré hasta Dios a alzarle mi plegaria / Pero hasta que ello llegue de Dios no sabré nada» dejó escrito Shevchenko en su poema Testamento, que los ucranianos conocen de memoria.

T

como TEATRO de Mariúpol, bombardeado por los rusos en marzo de 2022. Una tragedia en el más directo sentido del término («género teatral que desarrolla temas de la antigua épica centrados en el sufrimiento, la muerte y las peripecias dolorosas de la vida humana, con un final funesto y que mueve a la compasión o al espanto», dice el diccionario). Miles de ciudadanos se refugian en el teatro de la ciudad para escapar a los bombardeos de la aviación enemiga y esta escoge deliberadamente el teatro como diana y mata a más de 300 de las más mil personas que buscaban protegerse en ese teatro. 

U

como UCRANIA, el país más grande de Europa. El nombre, Ucrania, significa algo así como «dentro de la frontera» y en ucraniano suena Ucraínia.

Z

como ZELENSKI, claro. El actor que representó el papel de presidente en las pantallas antes de dar el salto a la realidad. Cualquiera que sea el desenlace de esta guerra, lo que ha mostrado hasta ahora se resume en dos palabras: Honor y gloria.

4 mai 2020

Yo antes era de Pedro y ahora soy de Pablo

A la entrada de la biblioteca de mi pueblo hay una estantería donde quedan disponibles los libros que descatalogan. Llegar y llevar es la consigna. A la iniciativa se suman algunos lectores que dejan allí los libros que creen que estarán mejor en otras manos. Como esa estantería hay unas cuantas más por todo el pueblo, pero fue en la de la biblioteca donde ocurrió lo que quiero contar. Y es que un día encontré allí una corrida de libros que me pareció que me estaban todos destinados. Ninguno lo había leído y todos los quería leer. Como si la selección la hubiese hecho alguien que me conocía perfectamente bien.

Entre esos libros estaba éste.

 

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Cuando leí El Reino, de Emmanuel Carrère, me di cuenta de que la idea que yo me hacía de Pablo de Tarso estaba completamente fuera de lugar. A pesar de haber oído cuando niño en decenas de misas sus Epístolas, yo creía que Pablo era una especie de escudero de Pedro, su Sancho Panza. Y no, en absoluto. Pedro y Pablo fueron más bien rivales o, al menos, se repartieron la tarea de llevar la buena nueva por dos mundos diferentes. Pedro, a los judíos. Pablo, a los gentiles, los paganos, los griegos y romanos. La intuición genial de Pablo fue ésa justamente, que el cristianismo sólo prendería si conseguía convencer fuera del marco estrecho del judaísmo. Y para lograrlo se permitió unas cuantas libertades con la ley judía, como la de no imponer a los conversos el doloroso sacramento de la circuncisión.

(Gracias, Pablo).

Y sin embargo Pablo circuncidó con sus propias manos a su secretario, Timoteo. Pero es que por lo visto Pablo se alimentaba de sus contradicciones y era probablemente una mezcla explosiva de intelectual abstracto y de redomado pragmático. Lo mismo en cuanto a su relación con la ley judía, una institución harto más amplia de lo que uno podría creer de buenas a primeras, ley que respetaba cuando estaba entre judíos y se pasaba por el aro en ámbitos más amplios. ¿Un mestizo culturalmente hablando nuestro Pablo? ¿Un pionero en materia de sincretismo cultural? Y no sólo porque consiguió cristianizar a helenos y romanos sino también —y éste era tal vez el prerrequisito de la operación— porque logró helenizar el cristianismo.

Pablo fue el altavoz que el mensaje de Cristo necesitaba. Jesús se expresaba en parábolas sobre cuestiones que su público comprendía, aunque a veces se sintiera desconcertado. Y lo hacía en arameo para gente que hablaba arameo. Cuando fue llevado frente a Pilatos, Jesús no dijo ni una palabra porque ambos no tenían un lenguaje en común. Jesús era un profeta de andar por casa, que Pablo tradujo a las tres lenguas principales de su tiempo y de su espacio, el hebreo, el griego y el romano, que él dominaba, así fuese trabajosamente.

Otra que deja caer Ben-Chorin es que Pablo era feo y Jesús también. Pablo, según un apócrifo del sII era «un hombrecillo calvo, narizudo, cejijunto y con las piernas torcidas». En cuanto a Jesús, éste no tenía «ni buen aspecto ni prestancia». Y con esos materiales y tanto menos, Pablo convirtió a medio mundo a un Cristo pantócrator más o menos wagneriano —menos el del madero que el que anduvo en la mar. Un pablismo en toda la línea.

Leyendo a Ben-Chorin se me confirma que su libro es una fuente principal de Carrère en la parte de El Reino consagrada a Pablo. No recuerdo si lo cita nominalmente —es una pena que no tenga mi ejemplar conmigo para verificarlo, se lo presté a una amiga y por allí andará. Lo cierto es que las historias que cuenta Carrère sobre Pablo son las mismas que cuenta Ben-Chorin.

De esas historias, mi favorita es la de Eutiquio. Ya la conté una vez pero la cuento de nuevo. Un muchacho griego, Eutiquio, estaba sentado en una ventana escuchando a Pablo, se quedó dormido, se cayó y se mató. O eso creyó la gente. Pablo, no. Pablo lo recogió y lo devolvió a la vida.

Ben-Chorin agrega una variante romana, la de Patroclo, el «échanson» de Nerón. Me levanto para abrir el diccionario y ver qué diablos es un «échanson». El que pone las copas, o sea. El Ganimedes de Nerón. Tal como Eutiquio el griego, Patroclo estaba escuchando predicar a Pablo desde una ventana, se durmió, se cayó, se mató y Pablo lo reanimó.

Pues bien, los celos y la furias de Nerón fueron tales al ver que su Ganimedes se unía a los conversos por amor a Pablo, que desató una matanza de cristianos, incluidos Pablo y Patroclo.

Lo dicho, yo de la oposición contra Nerón no me he movido, pero antes era de Pedro y ahora soy de Pablo.

9 février 2019

¿Qué será de la Beatriz Lapido?

Diario de Chile, 3

Al momento del despegue y si se da la circunstancia favorable, esto es si vas sentado al lado opuesto del sol, es bonito ver como la sombra va empequeñeciéndose sobre el suelo en la medida en que el avión gana altura.

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Trasiego de pájaros. Las gaviotas son las más numerosas y tal vez sean las auténticas pobladoras de esta bahía. Pero el vuelo de los pelícanos en formación es insuperable. Un tiuque vuela sobre mi cabeza haciendo un esfuerzo superior al de otros pájaros para recorrer la misma distancia, como si sus alas desplegadas fueran demasiado grandes con relación a su cuerpo. Más pájaros. Queltehues por todos lados, jotes en el camino. Y en la playa, compadreo con pilpilenes y bandurrias.

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Le digo que se ponga junto al cuadro de Bogni que ilustra su último libro y hago un par de fotos con el teléfono. No quedo conforme con la luz ni los detalles, pero sí con la mirada, la combinación exacta de proximidad y distancia, la misma que me dedicaba Parra.

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Sobredosis de empatía: la gente que repite el final de tus frases. También sobre el final de las frases: los germánicos esperan que el interlocutor termine sus frases no sólo porque son más educados sino porque, como el verbo va al final, hay que esperar ese final para entenderlas.

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Se supone que la gente habla como vive, pero el cineasta le da la vuelta a la teoría del lenguaje y en su película la gente vive como habla. Por si no se nota, he vuelto a ver la Palomita blanca. Y a todo esto, ¿qué será de la Beatriz Lapido?

Santiago, Edward Gennys Fanshawe

Acuarela de Edward Gennys Fanshawe, 1851

21 avril 2017

Lugares de Chile

Santiago se ha convertido en una ciudad populosa. Tal vez antes también lo fuera pero nunca tanto. La inmigración reciente y abundante ha cargado las tintas y las calles, los parques y el Metro están llenos de gente morena. Santiago parece, por fin, una gran ciudad sudamericana. Hay jóvenes y niños por todas partes. La impresión que deja este paisaje es de puro optimismo antropológico.

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Un sentimiento específico relacionado con Chile en mi caso es éste: ¿ese lugar es ese lugar? No sé si me explico. No me pasa en otros lugares.

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Así es como me encuentro defendiendo la intuición de que el lugar de Chile en el mundo es más significativo del que aparentemente ocupa. Por suerte los intuitivos no nos sentimos obligados a argumentar nuestras intuiciones. De lo contrario no seríamos intuitivos sino argumentativos.

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Me preguntan qué piensan de Chile en Europa. Una respuesta cruel sería decir que nada. Esta es una pregunta recurrente en Chile, rara vez formulada al revés. Prefiero cuando me preguntan qué pienso yo porque entonces tengo la ocasión de desplegar mi teoría del optimismo antropológico.

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Me gustan los títulos que lo dicen todo. Por ejemplo, éste: ¿Por qué Argentina no fue Australia? Me explican que Chile está viviendo el síndrome de los 20 mil dólares, que afecta a los países que cubren muy rápido la distancia entre 10 mil y 20 mil y entonces se estancan y les cuesta dar con un nuevo impulso. El título del libro en este caso sería: ¿Por qué Chile no fue Argentina?

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Tal vez la gente ya no lee periódicos en papel porque los vagones del Metro van tan llenos que no queda sitio para desplegar un tabloide. Un vagón repleto es el lugar perfecto para leer en la pantalla del teléfono.

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Continuidad de los parques: el taxista va escuchando una cumbia a toda pastilla. Una vez que bajas del taxi, el conserje del edificio escucha la misma cumbia sotto voce. En mi caso, sólo a razón de dos semanas al año la cumbia es bailable.

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Hablando de taxistas, muy amigote con todos hasta que me quieren contar un chiste de Pinochet. Hasta aquí llegamos, aviso.

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Los muchachos de Uber en cambio no cuentan chistes de Pinochet ni te meten cumbias a destajo sino que se sientan en silencio a tu lado y no compadrean. A no ser que compadrees tú. Como hago yo una noche explicando las cosas con la elocuencia que da el haber escuchado mucho y hablado poco en una velada animada, más un par de pares de copas del caldo de moda, el cariñán de secano.

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Su casa se ha convertido en una joyería. No podía ser de otra manera.

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Encuentro un libro que fue mío hace muchos años. Lo abro y veo que hay unas páginas marcadas. Leo esas páginas para tratar de recordar por qué las marqué. ¿Hay algo allí que dice algo del que yo era entonces? ¿Y por qué me interesa saberlo si sé que soy el mismo que abrió una vez ese libro?

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El problema de relacionarse con artistas es que todos ellos tienen una obra que hay que conocer mínimamente, antes o después. A no ser que uno adopte la actitud del mujeriego y pase olímpicamente de la obra y del antes y del después.

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Óleo de Onofre Jarpa

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Pájaros en la ciudad: queltehues, zorzales, tórtolas, gorriones. Llega una pareja de tiuques al jardín porque alguien ha dejado en el césped un huevo duro descascarado. El misterio no es la presencia del tiuque sino la del huevo.

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Pájaros en la costa: colibríes, chincoles, diucas, loicas, perdices, codornices, garzas, jotes sobre la isla de los lobos, que también sobrevuelan gaviotas y pelícanos y recorren los pingüinos.

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Largo y angosto está quedando esto, como la loca geografía. Y tampoco es que lo cuente todo. Me dejo sin contar la historia de la monja del convento de claustro al que iba yo a escuchar cantar a las clarisas cuando niño. Y la historia de la secta de Pirque. Y la del descuartizado de Quilicura. Según cómo las cuente pueden parecerse o no a un chiste de Pinochet.

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En Stoner encuentro un soneto de Shakespeare, cuyos versos finales me valen como resumen y despedida: «Esto ves y tu amor se fortalece / amando bien aquello que ya pierdes».

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Esta vez no lloré en el aeropuerto. No alcancé. Fui el último en subir al avión. Y el primero en bajar al día siguiente.

25 juin 2017

Primos hermanos

Diario del Camino de Santiago

Gallegos, italianos pensativos.

Pensativo es un elogio, claro. Quiero decir que los gallegos parecen italianos pero no hablan con las manos. Y hablan menos que los italianos. Una pena, porque el acento gallego, levemente plañidero, es placentero. Yo no desperdicio ocasión para escucharlo, al menos. Por eso les digo: «Hemos hecho tres etapas del Camino, una y media gallega y una y media asturiana». En seguida estamos de acuerdo. «Gallegos y asturianos, primos hermanos».

Tambien me gusta el gallego, la lengua. Más cuando me entero de que acuarela se dice augada, vendedora regateira y hablar parolar. Un poco menos cuando el batasuno de turno nos escucha hablar inglés ¡con un inglés! en un bar de Pontevedra y nos pregunta si nos creemos que estamos en Nueva York. Pero ése no es un problema del gallego, sino del batasuno de turno.

A ver si te caes de la torre faltante de San Martiño, le digo para que no me entienda. Porque hay que saber que de la parroquia de San Martiño, en Noia, se cuenta una historia de misterio muy gallega. Como tiene una única torre y la simetría manda que tuviese dos, se dice que la segunda torre no se ha podido construir en quinientos años por una maldición que pende sobre ella. El director de cine Claudio Guerin quiso desafiar la leyenda de la torre faltante cuando filmó La Campana del infierno, en 1973, y mandó construir en su lugar una torre de cartón piedra. De la que cayó cuando filmaba la penúltima escena. 

Por otra parte, en el pórtico de la parroquia los apóstoles componen una orquesta de cuerdas y me gustaría saber por qué.

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Por otra parte también, en Asturias estuve con mis primos hermanos y otros petits-cousins, estos últimos de ésos con quienes el parentesco es tal que para saber si tú eres el tío y ellos el sobrino o si la cosa es al revés tienes que sentarte a contar. Con una sidrina en la mano, de preferencia. 

Luego lo cuento.

6 novembre 2016

El prepucio

El Reino, 3

Pedro y Pablo firmaron en su momento un particular tratado de Tordesillas. Pedro se ocuparía de los judíos, el punto de salida del cristianismo, y Pablo de los gentiles, su punto de llegada. Tal vez estaban de acuerdo en que el cristianismo transformaría a la cultura grecorromana penetrándola. La cuestión que los separaba era si esa penetración debía hacerse con o sin prepucio.

La alianza entre Dios y los hombres, corazón del judaísmo, fue sellada bajo la condición de la circuncisión. Abraham debió circuncidarse a sí mismo para luego circuncidar a su descendencia. Griegos y romanos, en cambio, juzgaban esta práctica bárbara. Antíoco Epífanes, rey griego de Siria, llegó a prohibirla, y el emperador Adriano hizo lo propio tres siglos después.

La circuncisión pasó así a ser una piedra de toque. Para los judíos, sojuzgados por Roma y rodeados de griegos, la circuncisión era la condición que les evitaba, creían ellos, ser asimilados por el paganismo grecorromano. Tanto más que algunos judíos romanizados se descircuncidaban. 

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Bellini, Circuncisión de Jesús, c. 1500

Timoteo, lugarteniente de Pablo, era un judío de padre griego y no estaba circuncidado. Cuando se convirtió, bajo la presión de los judíos del lugar, Pablo debió circuncidarlo con sus propias manos. Luego Pablo ya pasó de esas presiones e impuso en el seno del primer cristianismo la no obligación de la circuncisión para los conversos. Cómo es que nadie ha pintado esa escena, se pregunta Carrère. Vamos a suponer que Carabacho la pintó y un cretino, de los que abundan, quemó la tela. Por cierto, la pintura tiene mucho que mostrar —cómo no— sobre este doloroso asunto. Ribera, por ejemplo, pinta al apóstol Bartolomé con dos atributos en las manos: un libro y un cuchillo, o sea.

Y la escultura. No hay una pieza de mármol que encarne mejor el espíritu del Renacimiento que el David de Miguel Ángel. Sin embargo que cuando la estatua monumental dejaba el taller del escultor florentino para ocupar el sitio que le estaba destinado en la plaza de la Señoría le llovieron piedras. Un desnudo, pase, pero ¡uno de cinco metros! Y eso que, contra la verdad histórica, el joven rey hebreo no aparece circunciso. La explicación corriente para este contrasentido es que el canon de la representación en la época era ése.

Probablemente. Arriesgo otra, complementaria. Así como, en recuerdo de la destrucción del templo de Jerusalén, los judíos suelen dejar una esquina de cualquier obra inconclusa, Miguel Ángel, por otras razones, practicaba también la estética de lo inacabado —non finito. En este caso su manera de no acabar del todo el David fue dejarle en su lugar el prepucio.

6 mars 2016

Tarde de lluvia en el museo de Tintín

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Tarde de domingo en el museo Hergé —entrada libre. El museo ya lo he descrito antes, así que a lo que voy.

La sala que reconstituye el salón de Hergé. En un muro, una amplia biblioteca y discoteca. Jung, Bachelard, Montherlant. Entre los discos, Satchmo, Maxime Nightingale, Pink Floyd. 

En el otro muro, siete cuadros. Un Bochner, un Alechinsky (dedicado «à Hergé, source d'images»), un Dubuffet.

Me siento en un rincón a observar qué hace la gente. A la izquierda la biblioteca, a la derecha la pinacoteca.

Hay quien entra y vuelve en seguida sobre sus pasos. La mayoría comienza por darle una mirada opaca al muro de los cuadros y se acerca en seguida a observar las carátulas de los discos y a leer los lomos de los libros. Una persona va y lee la lista con el nombre de los cuadros y sus autores. Pero en veinte minutos —durante los cuales habré visto pasar a varias decenas de visitantes— nadie se acerca a mirar los cuadros. Ni con detención ni sin detención.

Ya sé que veinte minutos no son nada, que se trata de un museo de historietas, que la gente ha ido a pasar el rato —como yo— y no a ver pintura abstracta, que no hay conclusión alguna que extraer en una tarde de lluvia un domingo de marzo. 

Aun así, la próxima vez que alguien me hable de la preeminencia de la imagen en la cultura contemporánea le diré lo que por lo demás me paso el día diciendo: mira, depende...

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28 février 2013

Antonio, Antonio, los adultos son imbéciles

Vila-Matas tiene recuerdos inventados. Como todos nosotros, tal vez, sólo que él los exhibe. El autor barcelonés leyó el año 83 un librito de Tabucchi. Como no le pareció suficiente saber que en el futuro conocería a su autor, quiso también conocerlo en el pasado, por lo que se inventó este recuerdo: es el año 53, Vila Matas tiene cinco años y pasa los veranos en la casa familiar de Cadaqués. A la casa del lado ha llegado una familia italiana, los Tabucchi, y, al caer las tardes, el niño Vila-Matas sale al patio, se sube a una silla junto a la tapia y en cuanto ve aparecer al niño italiano de la casa vecina, le dice: «Antonio, Antonio, los adultos son imbéciles».

Un complemento a esa escena lo pone un joven Rodrigo Lira, quien, en agosto del 67, tiene 17 años y estudia psicología en la Universidad Católica. Como es bien sabido, por esas fechas los estudiantes se toman la casa central de la Universidad. Lira forma parte del grupo que controla el acceso al edificio, precisamente por la calle Lira y, para filtrar las entradas, impone la siguiente contraseña: «¿Cómo son los niños?», preguntan desde el interior. «Perversos y polimorfos», responde el que golpea, y el sésamo se abre.

BRC

Óleo de Benito Rebolledo

11 novembre 2012

Una historia personal del chorizo

R

Hoy es once de noviembre, San Martín. Hay quien por estas fechas se pone una amapola en la solapa y quien se pone a hablar de chorizos. Es lo que me propongo hacer aquí, sin ir más lejos, a cuento de esta frase de Mendoza que trajo Sámuel: El cosmopolitismo es proporcional a la lejanía del chorizo.

Yo nací en un pueblo en un valle central de Chile, con su plaza, su iglesia, el cine, un club social y la zapatería La Reina. Un pueblo donde los comerciantes eran todos asturianos. Bueno, todos no, también había un santanderino.

Aparte de la compra al por mayor y de la venta al detalle, la principal ocupación de esos trabajadores consistía en reproducir una Asturias en miniatura, con su bolera, su hórreo, su Santina, sus cantos de la Pastorina y de Juanín de Mieres, su sidra, su lagar y su gaita. Y su San Martín. San Martín es el nombre que se da en Asturias a los embutidos de cerdo, por mor de la fecha de la matanza, hacia el 11 de noviembre, a las puertas del invierno.

El ser humano engorda al cerdo cuando sobra la comida, en verano, y come de él durante el invierno. De manera que los astures de ese valle chileno cumplían con el ritual en condiciones locales y, en sus mesas, el puchero, la fabada y el pote llevaban San Martín casero. Mi padre se comía primero lo demás y dejaba el San Martín para el final. Yo no.

Pero si el chorizo chileno estaba bueno, no podía compararse ni material ni espiritualmente con el que llegaba de la lejana tierrina. En ese tiempo los viajes eran esporádicos y lentos, lo que disminuía el alcance material del chorizo y aumentaba su valor espiritual. El chorizo asturiano sabía a gloria. Sabía a manos de madre lejana.

A ese trasiego bendito se oponía un adversario de talla, que obedecía al mayúsculo nombre de SAG. Chile es una suerte de isla a gran escala, donde la cordillera de los Andes, el océano Pacífico, el desierto de Atacama y el Polo Sur oponen unas gigantescas barreras naturales y protegen de las variadas pestes que asuelan el ancho mundo, la mosca de la fruta, la mosca tse tse y la mosca cojonera. Y lo que el mar y la montaña dejan pasar lo atrapa el estricto Servicio Agrícola y Ganadero, ágil frente a toda clase de bacterias y bichos, incluido el chorizo. O sea que si llevas una amapola en la solapa o un chorizo en el neceser cuando bajas del avión, te los quitan. En rigor, sólo los retienen. Al revés, no hay problema. Puedes salir de Chile vestido a lo Arcimboldo, o a lo David Byrne, o tocado como una musa griega, y el SAG te azota con el látigo de la indiferencia.

Entre mis astures el deporte favorito, además de los bolos, consistía en desafiar al SAG. Cualquier estrategia era buena para pasar por la aduana chilena los chorizos que te daban en el pueblo a la hora de la despedida de Asturias. Los chorizos y el queso. El queso de los Beyos, pase. ¡Pero el Cabrales! ¡Lo que puede apestar el Cabrales tras una travesía transoceánica! Así es la distancia, sin embargo, como el viento que apaga el fuego pequeño y enciende el grande, como cantaba Modugno, que tenía el defecto de no ser asturiano.

Podría agregar un último pormenor a esta historia personal del chorizo y es que mis hermanas aseguran que, en la mesa familiar, cuando ar niño no le gustaba la cena la madre iba y le freía un chorizo. No sé yo si era para tanto. O será que las madres saben que los hijos nacen para alejarse un día del chorizo y los pertrechan para ese largo viaje.

Así fue como me alejé yo también un día. Sin acercarme, hélas, al cosmopolitismo.

4 mars 2012

Nadie quiere asaltar el Kremlin

No se me ha perdido nada en Moscú y desde que escuché cantar a Gilbert Becaud se me fueron las ganas de asaltar el Kremlin. Pero ahí está Putin y hoy toca que lo reelijan, y en su mano está aparentemente la suerte de los sirios. Decidí entonces ir el viernes a la Feria del libro de Bruselas a escuchar a Emmanuel Carrère. A ver qué decía sobre Rusia. Carrère es un rusista de toda la vida y su último libro, Limonov, trata también de eso.

William Burton, de Le Soir, lo entrevista. Bien. Carrère dice en síntesis esto: En Rusia ya hubo una revolución y nadie tiene ganas de recomenzar. La exigencia actual es el respeto de las formas. El juego de las sillas entre Putin y Medvedev (a quienes los rusos llaman Dolce & Gabbana) fue percibido incluso en la Rusia profunda como insultante. Las elecciones parlamentarias de 2011 fueron seguidas atentamente por la población y las pruebas gráficas de los fraudes evidentes circularon por la Red, de manera que las manifestaciones tomaron cuerpo. Antes del otoño 2011, en una manifestación en Moscú había más policías que manifestantes y éstos eran reprimidos a lo bestia sin mayores consecuencias. Ahora, en cambio, los manifestantes han pasado a ser muchísimo más numerosos que la policía y el poder ha decidido contener en parte la represión, al menos en esta víspera electoral.

Así es como manifestar se ha convertido en un deporte muy practicado en Moscú, pero a fines de año pasado llegaron las sagradas vacaciones y todo el mundo se fue a la playa. Porque nadie quiere asaltar el Kremlin. Salvo el camarada Limonov. Lo cierto es que tal como el famoso bloguero Navalny parece ser el Cohn-Bendit moscovita, las manifestaciones anti Putin tiene un aire de mayo del 68. Esta generación de rusos que tiene hoy menos de cuarenta años, estas clases medias emergentes que se manifiestan, van a tomar el control del país en las próximas décadas, tal como ocurrió después del mayo francés. 

P

Habla mucho y bien sobre Rusia Carrère. Sobre Francia, en cambio, no quiere casi hablar. Soy un periodista de reportajes, no un editorialista, se defiende. Y es verdad que la política francesa, la elección presidencial, particularmente, es el coto de caza del editorialismo. Se le siente escéptico, sin embargo, frente a Hollande, no ve por dónde pueda llegar a hacer lo que promete. A un tiempo quiere que ser elegido, dice, y debe de cundirle el pánico ante la idea de serlo. Expone, de paso, la idea de Emmanuel Todd sobre la posibilidad de hacer desaparecer de un plumazo la famosa deuda de los Estados europeos, como se hizo después de la Guerra, siendo que ahora el resultado es mucho menos calamitoso. Todo el mundo se equivocó y ya está. Borrón y cuenta nueva. Cuenta de su estadía en Davos durante este invierno. Mientras más desconectadas de la realidad, más optimistas son las élites: leur trip est très new age, concluye.

En la semana, Sarkozy había mencionado a Carrère en una entrevista radial. Para criticar la medida propuesta por Hollande de aumentar la imposición a los ricos, Sarkozy puso como ejemplo los casos de Carrère y de Jean Dujardin, el actor de The Artist, quienes, habiendo ganado más de un millón de euros, se sentirán tentados de exiliarse fiscalmente. Carrère replica que Sarkozy exagera sobre sus ingresos (con Limonov ganó en 2011 el premio Renaudot, lo que significa excelentes ventas), y que, en cualquier caso, le parece normal pagar más impuestos si se gana más dinero.

Más allá, en el stand de Gallimard se alinean sus libros. Antes de leer el Limonov me voy a leer Una novela rusa, que, por cierto, y ahí estará la gracia, no es una novela pero sí será rusa. Compro la edición de bolsillo, eso sí, no quiero ni por asomo aumentar abusivamente su carga impositiva bajo el próximo reino socialdemócrata.

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Sobre la Rusia eterna, me ca(b)e también una lágrima.

14 octobre 2011

Los primos

Otro 12 de octubre. En Bruselas se inaugura la Europalia, consagrada esta vez a Brasil. Clovis Rossi, que a su vez inaugura blog en EP (y en portugués), cuenta de la presión que ejercen los organizadores para que desde Brasil envíen indios. En estas materias, aparte del librito de Todorov, la mejor réplica es la del pintor Murúa: Indien toi-même.

Hablando de blogs, el Wall Street Journal despide al director su edición europea después de que The Guardian denunciara que el WSJ compra su propio tiraje para aumentar ventas. Tras pasar a manos de Murdoch, el WSJ se ha convertido así en el diario ideal. En un blog, o sea. Tú te lo guisas, tú te lo comes. Todo muy Murdoch, quien lee sus diarios con varias semanas de anticipación.

Por otra parte, resulta que Bojan y Messi son primos. El jardinero de unos conocidos de Uriarte en Neguri es primo de Evo Morales. Y mi vecino del tren es primo de la Mary Poppins. Todos somos primos, sostiene mi tío. Es la ley de hierro de la antropología. Todos somos primos, menos él y yo, que somos tío y sobrino.

Y hablando de la parentela, este diálogo entre los hijos de Ségolène Royal y François Hollande a la hora de ir a votar en las primarias del PS francés: ¿Tú por quién vas a votar, por el papá o por la mamá?

Ah, sí, y los sondeos, menudo tonteo. De éste no sorprende el resultado, sorprende el sondeo: Cerca de la mitad de los belgas no rechaza en bloque al nazismo.

C

Photo de Arthur Ikishima

31 août 2011

El síndrome de Stendhal

Concierto de guitarra. Los concertistas son dos hermanos. Tocan espléndidamente piezas italianas (Giuliani) y españolas (Granado, Ponce, Rodrigo). Todo muy bien. Pero lo que me conmueve son dos Estudios de Villa-Lobos.

Por alguna razón, el sincretismo de Villa-Lobos consigue emocionarme. Para explicar el placer estético, Uriarte echa mano a Stendhal (y a su famoso síndrome): el arte es una promesa de felicidad, y a Borges: la inminencia de una revelación que no se produce. 

También dependerá de cómo y de con quién. Según una galena que lo estudió clínicamente, el síndrome de Stendhal -el placer estético súbitamente transformado en taquicardia- alcanza principalmente a los europeos solitarios. Los nativos de los países culturalmente emergentes están más o menos inmunizados contra el mareo estético, a fortiori si van arropados por sus pares.

Viendo las imágenes de los muchachos frente al albo Benedicto en Madrid (somos / adictos / a Benedicto) o en la City parade de Bruselas (viseras de acrílico, pantalla colorida y música tecno), o a unos scouts cantando todos a una frente a la gran pantalla del karaoké, como si se tratase de un show de la tele, me digo que el placer estético comienza con la religión, despunta en el seno del rebaño, quiero decir.

Y acabará probablemente camino del cementerio o del centenario, que es adonde también vamos, cabeza gacha o frente altiva, las ovejas descaminadas.

M

Óleo de Édouard Manet

19 février 2011

El triángulo

En el periodo que cubren sus Diarios (1999-2003), por razones familiares Iñaki Uriarte viajaba a menudo entre Bilbao y Avilés. Esos Diarios están escritos en un perímetro formado por Bilbao, Benidorm y Avilés, sobre el que planea la sombra de un perímetro anterior, mayor, formado por Nueva York, San Sebastián y Barcelona.

En Avilés atracan barcos que se mueven entre Rotterdam y Agadir, según consigna el diario local. De regreso a Bilbao, por la carretera que atraviesa lo que los asturianos llaman el Oriente, Uriarte comenta que hace veinte mil años había allí bisontes, como puede verse en los muros pintados de Altamira. Muy cerca de Altamira está San Vicente de la Barquera, cuyo paisaje es 'espléndido, casi perfecto'. 'La entrada amplia y mansa de la ría, el puerto con sus pesqueros de colores vivos y los prados que se extienden por el valle hacia los picos del fondo, a menudo cubiertos de nieve'.

Más triángulos. Trazo en las páginas de Uriarte el mío: San Vicente de la Barquera, San Vicente de Tagua-Tagua, Nil Saint-Vincent, el ombligo geográfico de Bélgica. (Tagua-Tagua también es un ombligo, un lago que secó la agricultura). Bélgica sólo aparece en los Diarios de Uriarte (quitando las menciones a Brel) a través de una referencia a Simenon, a quien su padre vio cuando joven en un tren belga. Este es un país ferroviario, un trayecto entre dos estaciones. Sandor Marai atravesó Bélgica en tren, de Alemania a Francia, en los años veinte, y la describe en dos líneas, sin haber puesto un pie en su suelo. Bélgica es, para él, húngaro de origen alemán, la puerta de entrada a Occidente, un vértice en extensión del triángulo formado por su Kassa natal y Berlín, vértice que prolongaría hasta San Diego, California, donde fue a morir.

La aparición de Chile -tenía que haber una- es peregrina y novelesca. Uriarte teclea en Google el nombre de su abuelo, Moisés Cantolla, emigrante cántabro en Nueva York. Y lo que aparece es la descripción de un crimen entre chilenos viñamarinos (otro triángulo, tal vez) en una pensión neoyorkina administrada por su abuelo. Lo cuenta en una novela Alberto Ried, miembro de los Diez, un grupo de artistas santiaguinos. Por delante de cuya casa pasé yo a menudo en mi infancia. La novela de Ried se llama El Mar trajo mi sangre.

D

Pórtico de la casa de los Diez, en Santiago de Chile

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