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Camino de Santiago
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16 septembre 2017

Apostillas al nombre de la pluma

El nombre de pluma, 2

Quedamos en que los plumillas reempluman su nombre mayormente para subirse el pelo. Un poeta poético prefiere firmar sus odas con un nombre poético. Así Hernán Díaz pasó a llamarse Pablo de Rokha y Lucila Godoy, Gabriela Mistral. Y Filadelfio Gutiérrez, Rosamel del Valle. La explicación que daba este último era también poética: su primera novieta se llamaba Rosa Amelia del Valle.

Algunos que tienen el pelo muy subido, en cambio, se lo bajan un palmo para estar más a tono. Así Vicente García-Huidobro se extirpó el García y Emmanuel Carrère d'Encausse se operó el d'Encausse. A un prosista le va mejor un nombre prosaico.

Estas operaciones podríamos llamarlas cosméticas, dicha sea la cosa sin carga despectiva.

Porque también están aquellas operaciones que tienen su punto de densidad existencial, no sé decirlo de otra manera. Tiempo atrás publicaba una columna en un diario chileno una chica estupenda que tenía un nombre perfecto. Las columnas eran buenas pero saltaba a la vista que las escribía un señor talludito. ¿Por qué? Vete a saber por qué, pero esas cosas se huelen. Lo que importa en este caso es que con la penectomía la carga expresiva aumentaba.

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13 mai 2017

Últimos lugares de Chile

Lugares de Chile 1 y 2

Tras un viaje como ése el cuerpo llega antes que el alma. Y da lo mismo, siempre que llegue la maleta. Stoner por su parte dice que el día antes del viaje sabes que tienes muchas cosas que hacer pero no sabes cuáles.

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Un día con otro se acumulan los días raros y así es como un mes después del regreso uno sigue hablando de un viaje remoto. Acabo ya.

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Como si nunca me hubiese ido. No es verdad, pero me gusta decírmelo mirando la ciudad al anochecer desde el balcón del piso 19. Durante el día la polución lechosa estropea la vista pero más tarde esa misma polución pinta el crepúsculo de colores pastel.

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En Chile construyen la torre más alta de Sudamérica pero los enchufes siempre están chuecos, dice Davidson en la presentación de su libro.

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Saco las cuentas de la lechera y tal vez sí, tal vez podría vivir allí. Acomodaría los restos y estudiaría arte rupestre. La sanidad no hay quien la pague, eso sí, habría que venir a curarse a Europa. Pero como dicen que el cuerpo llega antes que la maleta, tal vez el alma no se entere. 

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También podría exportar un alga que alimenta y adelgaza. O una fruta, una semilla, una raíz. Puesto que todo el mundo quiere comer y adelgazar al mismo tiempo.

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Óleo de Benito Rebolledo

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Subimos a un monte que tiene forma de cocodrilo para ver de qué color son los ojos. Son verdes. Lo puedo demostrar, me traje unos guijarros en forma de lágrimas del cocodrilo. Para ayudarme en la subida me hice un bastón con una vara de chagual. El día está cubierto pero en cuanto llegamos a la cima podemos ver todo el valle. Forzando un poco la mirada, vemos Argentina por el este y por el oeste Australia.

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Gracias a los prismáticos y a los efluvios del valle. Porque en la superficie de ese valle se cultivan paltas legales y en el deep valley paltas ilegales.

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Hablando de lo verde, la batalla de la palta está ganada. Ni siquiera hay que explicarle a nadie que la palta es mejor que el aguacate. Que marca incluso diferencias. La gran diferencia entre Bélgica y Chile es que en Bélgica me como una palta al día y en Chile dos. 

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Tal como los corredores se ponen un medidor en el brazo para contar los metros y los pasos, me pongo yo otro similar para contar los adjetivos que escucho. Gana lejos el adjetivo «importante». 

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Últimos lugares no el sentido del habla chilena: último, de mala calidad. Ni el sentido de últimos, postreros. Últimos en el sentido de antepenúltimos. O de penúltimos, por último.

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Al regreso, veo que los Alpes tienen más nieve que los Andes. Pero no tardarán los Andes en tener más nieve que los Alpes. Y así sucesivamente.

26 décembre 2016

Otro 26 de diciembre

Bolaño afirmó cierta vez que Rodrigo Lira se había suicidado para protestar contra la subida del precio del pan. Una boutade, por cierto. Aun así, un desacierto. Porque nada le quedaba más lejos a Lira que el realismo social. No es que lo desconociera o lo negara, es que no iba por ahí.

Rodrigo Lira, como se sabe, se mató el mismo día y a la misma hora de su nacimiento, un 26 de diciembre. Un día como hoy, el día siguiente de la Navidad, hace ya 35 años. Y por allí, por esa circunstancia escogida, sí que iba Lira.

Juntar «parto» y «parto» (parto de parir y parto de partir) fue el último calambur del artista. El último de su corta vida de anonimato relativo y el primero de su larga vida de celebridad también relativa. Porque en el propio momento de su muerte el Lira humano parió al Lira personaje. La conversión fue instantánea, como descubrieron quienes negaban su talento y se encontraron en su misa funeral con la plana mayor de la literatura chilena, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Claudio Bertoni, haciendo acto de reconocimiento.

Ahora bien, de la fama póstuma no te puedes defender y puede acabar por hacer de ti lo que no fuiste e, incluso, lo contrario de lo que fuiste. En el caso que nos ocupa, puede llegar a hacer de Lira un docente, como nos cuenta muy seriamente Poemas del almaEl bulo no tardará en dar el salto a las enciclopedias y de allí a la posteridad. Pos claro, cómo pudo escapársenos. Si el Pedagógico fue su nicho ecológico, sería que Lira era un pedagogo.

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11 mars 2016

El kamikaze ferpecto

Hablando de Pavese, decía Savater que el auténtico suicida decide primero matarse y luego busca algún pretexto para darse valor. La idea es interesante pero pienso en mis amigos suicidas y no puedo darle la razón, o no del todo.

Tampoco si nos fijamos en los kamikazes al uso, en esos que saltan por el aire en nombre del califato. No creo que quieran matarse de por sí, como dirían en México. Probablemente el chute de adrenalina que la violencia propicia sea más fuerte que el miedo a la muerte, y allá van.

En febrero, en un vuelo entre Mogadiscio y Yibuti, en el Cuerno del África, un terrorista activó la bomba que cargaba, provocando el resultado que se aprecia en la imagen:

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La explosión abrió un boquete en el fuselaje del avión, por donde salió disparado el terrorista. Tras lo cual el avión dio la vuelta y regresó al aeropuerto de salida, con la tripulación y los pasajeros sacudidos pero indemnes. ¿Cómo fue que el kamikaze, un maestro de escuela coránica, miembro del grupo terrorista Al Shabab, logró matarse únicamente a sí mismo? Misterios de la física.

Se podría creer que el kamikaze somalí es el kamikaze ideal porque al final de su acción, y el resultado es lo que cuenta, hay un kamikaze menos.

En los atentados de París del 13 de noviembre de 2015 parece claro que algo falló para los yihadistas en el primero de la serie de cuatro ataques previstos, el del Estadio de Francia. Como se recuerda, esa noche se jugaba allí un partido amistoso entre las selecciones de Francia y Alemania. Dos terroristas armados de cinturas explosivas intentaron entrar en el estadio con la intención de provocar una masacre. Un tercero esperaba el aflujo de la multitud en fuga en una boca de metro cercana.

El plan falló porque los terroristas no pudieron entrar en el estadio y los tres kamikazes saltaron por los aires en las inmediaciones de las puertas de acceso al recinto. Uno solo consiguió arrastrar a la muerte a un paseante.

Se podría considerar que los otros dos, que murieron sin lograr matar a nadie, representan sendos ejemplos del kamikaze ferpecto, del que sólo consigue matarse a sí mismo.

Pero no hay tal, desde luego. Le Monde publicó recientemente el testimonio de una familia que se encontraba junto al estadio esa noche infausta. Uno de los kamikazes explotó a unos metros de ellos.

Traduzco parte de su relato: «(Tras la explosión) caminamos sin rumbo. Compramos agua para limpiarnos. Nos mirábamos unos a otros. Estábamos cubiertos de una sangre que no era nuestra, de trozos de carne del tipo que había explotado, en la cara, en la ropa, en el pelo. Estoy segura de haber tragado alguno».

A ver cómo les expone alguien a ellos la teoría del kamikaze ferpecto.

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La actualidad actualiza a su manera este mensaje. Y hoy es 11-M.

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Para Holmess, por la paciencia.

3 février 2016

Una canción de Joan Baez

Fundador del Partido de los Trabajadores, que gobierna Brasil desde hace doce años, y pionero de la promoción de la idea de la renta mínima universal o ingreso ciudadano, Eduardo Suplicy recibía ayer en mi pueblo un doctorado honoris causa. Sensible a estas cuestiones tanto como al intraducible jeitinho brasilero, asistí a un encuentro informal con el flamante doctor previo a la ceremonia. 

A pesar de algunas preguntas marcadamente escolares (¿por qué los pobres votan por los ricos?), el encuentro fue ameno e interesante. Yo tengo de Suplicy un recuerdo transmitido por mi amigo JM, que acompañaba a Joan Baez en Sao Paulo en 1981, donde se reunieron con el entonces sindicalista Lula y con Suplicy. Quien no fue insensible a los encantos de la estrella, etcétera.

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Me acordaba ayer de eso y me reía para mis adentros, cuando el propio Suplicy comenzó a seguirme la corriente. Respondiendo a una pregunta sobre la corrupción, o sobre la coyuntura, o sobre el coeficiente de Gini, se largó a contar cómo fue que su exmujer, Marta Suplicy, ministra de Lula y de Dilma, abandonó el PT y de paso lo abandonó a él, aunque no por las mismas razones. Y de cómo la fecha de ayer, dia dois de fevereiro, marcaba el aniversario de su relación con su actual mujer, presente en la sala.

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Digamos también para redondear la escena que Suplicy tiene aspecto de lord inglés y que lo del jeitinho brasilero es tal vez intraducible pero no necesariamante incomunicable. 

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25 octobre 2015

Maneras de hablar de la guerra

Eliot, en un discurso pronunciado en octubre del 44, mientras la aviación nazi machacaba Londres: Lamento que los «contratiempos presentes» me impidiesen la búsqueda de mejor bibliografía sobre el asunto que trato.

Kafka, en su diario, el 2 de agosto del 14: «Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde me fui a nadar». 

Y así.

Jode ver, así sea de lejos, lo vomitivo de la guerra, en particular si se ven envueltos en ella gente y lugares que uno conoció en tiempos de relativa paz. Me pasa ahora con Yemen, una tierra en la que apenas estuve unos días. Me cuesta recordar esos días y sin embargo no los consigo olvidar.

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5 juillet 2015

El desparpajo magnífico de Alexis Sánchez

Anoche, tras la alegría del penalti convertido por Sánchez y mientras el portero Bravo levantaba la copa, varios amigos me felicitaron. Nunca se agradece lo bastante que los amigos te recuerden en una circunstancia feliz.

Me acordé entonces de mi amigo con el que cuando niños en ese mismo estadio nos alejábamos de nuestros padres y subíamos hasta lo más alto de la gradería a dar un vistazo a la ciudad y luego nos sentábamos con la espalda apoyada contra el muro a mirar a los Sánchez y a los Bravo de entonces. Una brisa fresca bajaba de los Andes. Si eso no era la libertad, no estaba lejos.

As grandes penalidades llaman los portugueses a los penaltis. Pocos años después, ese estadio sería el lugar de las grandes penalidades de Chile, que se resumen en la imbecilidad del que usurpa el poder y lo usa para bestializarse. Lo recordó anoche el jugador Beausejour: Por fin este estadio cargado de muerte pudo traer una alegría.

En todo ello pensé, en aquel amigo que se sentaba a mi lado en lo alto de ese estadio, muerto algunos años después, e imaginé la alegría que le traería el desparpajo magnífico de Alexis Sánchez de mandar la pelota a volar contra el destino.

Si hay que ganar, puesto que estábamos para ganar, que sea con la manera.

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19 décembre 2015

Conversaciones con la diputada

Corría el año 99 y la lista del partido verde belga al Parlamento europeo presentaba una novedad: una candidatura europea no belga, en la persona de la italiana Monica Frassoni. Un amigo me invitó a un debate en el que ella participaba, la escuché atentamente, me leí el programa, decidí apoyarla.

No era cabeza de lista, sus opciones de ser elegida eran bajas. Una oleada de voto ecologista, sin embargo, en gran medida debida a la crisis de la dioxina en Bélgica —introducción ilegal de aceites industriales contaminados en la alimentación animal, escándalo que el gobierno belga de mayoría democristiana intentó ocultar, lo que hizo que los democristianos perdieran ese año las elecciones y quedaran por primera vez desde la Guerra fuera del gobierno— hizo que los verdes aumentaran votos y mi candidata fuera elegida.

Poco después supe que los diputados verdes habían formado en Bruselas un grupo parlamentario con nacionalistas de variado pelaje, flamencos, vascos y tutti quanti. Me inquieté por el asunto, lo consulté con un par de amigos conocedores del percal verde, que me tranquilizaron diciendo que se trataba de un acuerdo meramente técnico, indispensable para existir políticamente en Bruselas, acuerdo al que los empujaba el sectarismo de las tres grandes coaliciones europeas: conservadores, socialistas y liberales.

Así hasta el año siguiente, en que me enteré de que el Parlamento europeo había acordado la entrega del Premio Sájarov, en pro de los derechos humanos, al colectivo vasco Basta Ya por su defensa de las libertades en Euskadi a través de una valiente denuncia de los métodos mafiosos de ETA. A nombre de Basta Ya fue a Estrasburgo a recibir el premio Fernando Savater.

Entonces leí en la prensa que en el momento en que Savater se dirigía a los diputados europeos para agradecer el reconocimiento mi diputada, junto a sus aliados nacionalistas, se levantó de su silla y abandonó el hemiciclo en señal de repudio.

Mi diputada. Hay que joderse, como diría mi tío. Volví a leerme el programa, a ver si me había saltado la línea en que explicítamente los verdes apoyaban al terrorismo y denigraban a quienes le plantaban cara. De nuevo no la encontré.

Así que le escribí a mi diputada, haciéndole ver mi estupefacción. Creía haber votado ecologista y resultó que voté nacionalista, le decía. Con copia a los dos presidentes del Grupo verde, la belga Isabelle Durant y el franco-alemán Daniel Cohn-Bendit. Con copia también a Savater.

Savater fue el primero en responder. Un cordial mensaje agradeciendo la preocupación y diciéndome que esta gente actuaba así porque estaba mal informada.

Ni Durant ni Cohn-Bendit se dignaron responder. Monica Frassoni, sí. Sobre la forma, me decía que mi tono era muy duro. Y sobre el fondo, que, en suma, el nacionalismo español era peor que el nacionalismo vasco. Al cabo de un par de mensajes y viendo que de ahí no nos movíamos, me dijo que lo mejor sería que me pasara un día por el Parlamento y nos tomábamos un café con Gorka, que me lo explicaría mejor. Le dije que me disgustaba el café. 

Así que hace unos días, viendo que este año el Premio Sájarov le era concedido al saudí Raif Badawi, le envié un tuit a la diputada —que sigue siéndolo, no sé si ahora por Italia o por dónde— diciéndole que imaginaba que esta vez también se había levantado del asiento. Los dejo con el diálogo subsiguiente:

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14 décembre 2013

Hakuna matata

Lo del gordito coreano se llama el síndrome de Simba, quien después de la muerte del padre liquida al tío. Por cabrón. Y hakuna matata. Se pregunta uno cómo se permiten contarle historias así a los niños norcoreanos. Aunque, también, mira que aplaudir con desgana...

Y quien dice Simba dice Hamlet, me recuerda el amigo Revenido. ¡Hamlet, príncipe de Dinamarca! Primero Shakespeare, segundo Dios, y el tercero es negociable, como dice NP.

Por mi parte, yo creo que la revista Time se apresuró a la hora de elegir a la personalidad del año. Si el sorteo se realizase hoy, al papa Francisco lo batirían abiertamente el tío norcoreano, el intérprete sudafricano o la primera ministra de Dinamarca.

Y a ver qué nos cuenta el fin de año.

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Hamlet, óleo de William Morris Hunt

14 septembre 2013

¿Cuál es tu nombre de aborigen?

AL JOVEN MARINERO Narcisse Pelletier lo abandonó la goleta en que viajaba en las costas del norte de Australia a mediados del siglo XIX. Tenía 18 y vivió otros tantos entre los aborígenes australianos uutaalnganu, al punto de que olvidó el uso de su lengua materna. Uso que recuperó gracias al empeño del ilustrado Octave de Vallombrun, adelantado de la antropología o de la etnopsiquiatría, signifique esto último lo que signifique.

La historia de Pelletier y Vallombrun la cuenta François Garde en Ce qu'il advint du sauvage blanc. Contraponiendo el relato de la vida del salvaje blanco entre los australianos con las cartas que Vallombrun envía al presidente de la Sociedad de Geografía parisina a partir del momento en que conoce a Pelletier en Sydney y acepta el desafío de acompañarlo en su regreso a Francia. Será un topicazo y olé pero los aborígenes australianos salen mejorados en la inevitable comparación con los científicos parisinos que rodean a Vallombrun en la presentación en sociedad del salvaje blanco.

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Cierro el libro y me voy a ver Jimmy P, psicoterapia de un indio de la planicie, la película de Arnaud Desplechin, recién estrenada, basada en el libro donde el etnopsiquiatra Georges Devereux relata su encuentro con un indio patanegra en Norteamérica al final de la Guerra y la terapia que le permite curarlo de su enfermedad del alma. ¿Cuál es tu nombre de indio?, le pregunta el analista (que cambió su nombre húngaro, Győrgy Dobó, por el de Georges Devereux). El nombre patanegra de James Picard es Oxhonita:he:pyo:p, que significa Todo el mundo habla de mí.

En Sydney, ante el enigma del salvaje blanco incapaz de articular voces comprensibles, el gobernador organiza una junta de europeos que se dirigen a Pelletier cada uno en su lengua, a ver frente a cuál éste reaccionará. Es Vallombrun, el francés, el que le saca palabra. Y lo que le sale al salvaje blanco es su nombre propio deformado por el desuso.

30 juin 2013

Por el Camino del Norte

Camino de Santiago es un buen nombre pero mejor es El Desvío a Santiago, como se llama un libro de Nooteboom. Digo esto porque estoy leyendo Compostelle malgré moi, de Jean-Christophe Rufin. En rigor el libro se llama Immortelle randonnée, título que me parece francamente malo, blandamente oximórico —randonnée se ha ido convirtiendo en un término deportivo e immortelle en un adjetivo trascendentoide—, así que prefiero llamarlo por su subtítulo, Compostelle malgré moi, tan simple como difícil de traducir.

Los locos suelen ser caminadores compulsivos. Pero Rufin es un modelo de cordura. Médico —fundador de Médicos sin fronteras—, escritor —premio Goncourt, miembro de la Academia francesa—, embajador en Senegal y Brasil, decide recorrer a pie el Camino del Norte, de Hendaya a Gijón por la cornisa cantábrica y de allí a Santiago por el Camino primitivo, y escribir este libro. Durante la travesía no toma notas, según cuenta, el libro lo escribe de regreso a Francia siguiendos las marcas que la experiencia ha dejado en su memoria.

Me lo he leído de un tirón hasta la entrada del peregrino en Asturias. Aún no decido si leeré la porción asturiana en la propia Asturias, donde estaré, si todo va bien, dentro de dos semanas. O si sigo adelante y apuro el final, como me pedirá seguramente el cuerpo. Me gustan los relatos de andariegos, recuerdo con entusiasmo los de Thoreau, Herzog, el propio Pedro Páramo, de Rulfo. Compostelle... tiene, hasta ahora, unas cuantas páginas notables sobre la relación que el caminante establece consigo mismo y los demás, con su cuerpo y el pensamiento, con el tiempo y el espacio que se materializan en ese camino al que se aferra con tenacidad. Además, presenta la mirada de un francés ilustrado sobre unos lugares que me son entrañables.

Tendría así mucho material para citar pero, por ahora, arranco sólo esta línea de la descripción de su travesía de Bilbao: Les Espagnols aiment faire tous la même chose au même moment (A los españoles les gusta hacer lo mismo simultáneamente). Afirmación que me hace gracia por varias razones que prefiero no explicitar, justamente para no que no pierda la gracia.

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26 mai 2013

La palma o la palmeta

Año a año a estas horas reparten palmas en Cannes. Tras una semana de exhibiciones, el espectáculo puede estar también en la sala de prensa, allí donde directores, actores y periodistas practican el ritual de la conferencia de prensa, ejercicio de autoelogio desechable si no es porque alguien suelta una tirada.

Hace un par de años fue el danés Von Trier quien, cuando presentaba su por lo demás espléndida Melancolía, se mostró comprensivo con Hitler. Este año la palmeta se la disputan Ozon y Polanski. Ozon afirmó, en la presentación de su filme Jeune et jolie, que la fantasía de prostituirse la comparten todas las mujeres. La prostitución, ya se sabe, es un asunto candente, y en Cannes mueve más dinero que la venta de películas. Polanski, quien ha adaptado una pieza del patentador del masoquismo, Sacher-Masoch, La Venus de las pieles, sostuvo, por su parte, que las mujeres se han masculinizado por culpa de la píldora y otras sandeces por el estilo.Tanto Von Trier como Ozon se desdijeron al día siguiente. La tirada de Polanski data de ayer, así que ya veremos.

Algo habrá de calculado truco publicitario tras estos desmanes orales. También será que estos hombres se han pasado varias semanas dando vida a sus fantasmas, como quiere el tópico, túnel del que emergen en una sala de prensa rodeados de cazadores de leones. Y, también, que un director de cine, como otro parroquiano cualquiera, suelta muchas sandeces si le tiran de la lengua y nuestra época adora escucharlas, escandalizarse en seguida, obtener unas rápidas excusas y recomenzar.

Es como si necesitáramos todos ser reconfortados en nuestras certidumbres. Si hay algo que ha cambiado en el mundo, en el mundo civilizado, por llamarlo de alguna manera, es la condición de las mujeres y la condena a los totalitarismos. Así que cuando alguien pone en duda estas cuatro verdades en una tribuna pública (en la intimidad de los hogares, allí donde Aznar habla catalán, cada cual es libre de soltar las tiradas que quiera), no se lleva la palma sino una palmeta.

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Lars Von Trier

14 septembre 2013

Más detalles picantes sobre el salvaje blanco

¿Cuál es tu nombre de aborigen? (2)


De los cuatro personajes mencionados en la entrada anterior (Narcisse Pelletier, Octave de Vallombrun, James Picard y Georges Devereux), sólo Vallombrun es ficticio. Y es el que me resulta más interesante. ¿Qué lleva a un noble ilustrado a dejarse reputación y fortuna en la peregrina aventura de entender la circunstancia vital del salvaje blanco? Su voluntad de entrar en la historia de las ciencias humanas, naturalmente. Y también un interés genuino por el otro, interés que está, en parte al menos, al origen de la etnografía. En el caso de Vallombrun y Pelletier, a falta de una formulación mejor la gente traduce ese interés como atracción sexual. Pero lo que los maledicentes no llegan a ver es que la atracción sexual no es necesariamente genital. Lo cierto es que las páginas más conseguidas del libro de Garde son aquellas en que describe las aventuras sexuales del salvaje blanco de regreso al mundo de los civilizados decimonónicos. Descripciones que no tardarían en borrar sus herederos. Por lo que Garde tiene que inventarse un personaje para poder contarlo.

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[Nouvelle Hollande: Baie des Chiens-marins, Presqu'île Péron, Entrevue avec les sauvages] Grabado de Jacques Arago

24 mars 2013

El retrato

Daniel Mordzinsky, fotógrafo de escritores, guardaba su archivo fotográfico en un despacho que Le Monde cedía al corresponsal de El País en Francia. La semana pasada, el diario parisino quiso dar a ese lugar otro uso, dice haber avisado al corresponsal concernido de la medida y, como éste no dio señales de vida, haber ordenado a un empleado que desocupara el despacho, lo que éste último hizo y de paso arrojó el archivo fotográfico de Mordzinsky a la basura. Miles de retratos de escritores tomados durante varias decádas de trabajo desaparecieron de un plumazo.

El lamentable incidente ha incendiado las redes sociales, que son tan inflamables como extinguibles. De entonces ahora, otros incendios las mantendrán inquietas. Aparte de lamentar el sucedido, como hace hoy Vargas Llosa, me he acordado de un percance de otro cariz, el del colchón inflamable.

También, de los libros que Javier Marías ha dedicado a los retratos de sus colegas (Vidas escritas y Miramientos), de los que hablábamos en este blog recientemente. A uno de esos retratos, el de Beckett en 1964, de Jerry Bauer, le dedica unas líneas Coetzee en su Diario de un mal año. «¿Realmente decidió Beckett por su propia y libre voluntad sentarse en un rincón, en el cruce de tres ejes dimensionales, mirando hacia arriba, o el fotógrafo lo persuadió de que se sentara ahí?», se pregunta Coetzee. A partir de ese retrato y, probablemente, de su propia experiencia como material retratable, Coetzee extrae la siguiente conclusión paradójica: cuando más tiempo tiene el fotógrafo para hacer justicia a su modelo, tanto menos probable es que le haga justicia.

O, dicho de otra manera, el mejor retrato suele ser el del pasaporte.

B

 

16 juin 2013

Las madres

Llevo varios días diciéndome que tengo que buscar en el libro de Pamuk sobre Estambul lo que éste cuenta sobre la famosa Plaza Taksim. Por fin lo abro y doy con la página en la que explica que taksim señala en la música otomana un intermedio, un solo que se ejecuta durante el paso de un tema a otro. Y, añade Pamuk, «como la palabra taksim se refiere a repartir y al lugar donde se distribuye el agua, los estambulíes comenzaron a llamar Taksim a la alta llanura en la que Nerval se entretenía contemplando el paisaje, los vendedores y los cementerios, debido a la existencia allí de un centro de distribución de aguas. Todavía siguen llamando así a ese sitio, en cuyos alrededores he pasado toda mi vida. Pero antes de ser conocido como Taksim, al igual que Nerval, paso por allí Flaubert». Y pasa a explicar qué hacía Flaubert en Estambul, enfermo de una sífilis que había contraido en Beirut, y lo mucho que echaba de menos a su mamá. Tanto como echa de menos Pamuk a la suya, a la luz del tono con el que cuenta lo que ésta le decía para convencerlo de que no se dedicase a la pintura cuando era muchacho. Lo que me lleva a acordarme de la mía. Así no se va a ninguna parte.

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Foto de Richard Kalvar

4 septembre 2012

Los tres pilares de la civilización

Ebano es un librito de crónicas sobre África, un compendio de periodismo Kapú en formato de bolsillo. Con todo, fornece unas cuantas ilustraciones morrocotudas. Cómo nace una religión, el mercado, la guerra. Nada menos que los tres pilares de la civilización.

Sobre la religión, esto que cuenta Kapú será un equívoco tropical, pero no se diferencia mucho del que fundó el cristianismo. Me parece a mí, que de niño fui sacristán:

«Leshina vivía en Zambia. Tenía unos cuarenta años. Era vendedora en la pequeña ciudad de Serenje. No se distinguía por nada especial. Corrían los años sesenta y entonces se topaba uno con gramófonos de manivela por aquí o por allá. Leshina tenía un gramófono de aquellos y un disco, uno solo, muy gastado y muy rayado. El disco contenía la grabación de un discurso de Churchill, de 1940, en el que el orador exhortaba a los ingleses a aceptar las privaciones y los sacrificios de la guerra. La mujer instalaba el gramófono en su patio y daba vueltas a la manivela. Del altavoz metálico y pintado de verde salían roncos gruñidos en los que se podían adivinar los ecos de una voz patética e incomprensible. A los miserables que allí acudían, cada vez más numerosos, Leshina les explicaba que era la voz de Dios, que la nombraba su mensajera y ordenaba obediencia ciega. Auténticas muchedumbres empezaron a acudir a su casa. Sus fieles, por lo general pobres de solemnidad, con un esfuerzo sobrehumano construyeron un templo y comenzaron a decir allí sus oraciones. Al principio de cada ceremonia el bajo estrepitoso de Churchill los sumía en estado de trance y éxtasis. Pero las autoridades se avergonzaron de tales manifestaciones y el presidente Kenneth Kaunda mandó contra Leshina a la tropa, que hizo polvo el templo y asesinó a varios cientos de inocentes».

Sobre el comercio, el intercambio impersonal que funda el mercado, Kapú transcribe el relato que hace Alvise da Cada Mosto, un mercader veneciano del siglo XV, de un trapicheo al borde del río Níger:

«Cuando los negros alcanzan las aguas del río, cada uno de ellos hace un montículo con la sal que ha traído y lo marca, tras lo cual se alejan todos de la ordenada fila de esos montículos, retrocediendo a una distancia de mediodía, en la misma dirección de donde han venido. Entonces llegan unos hombres de otra tribu negra, hombres que nunca enseñan nada a nadie y con nadie hablan: llegan a bordo de grandes barcas, seguramente desde alguna isla, desembarcan en la orilla y, al ver la sal, ponen junto a cada montículo una cantidad de oro, tras lo cual se marchan, dejando la sal y el oro. Una vez se han ido, regresan los que han traído la sal y si consideran suficiente la cantidad de oro, se lo llevan, dejando la sal; si no, dejan sin tocar la sal y el oro, y vuelven a marcharse. Entonces los otros vienen de nuevo y se llevan la sal de aquellos montículos junto a los cuales no hay oro; junto a otros, si lo consideran justo, dejan más oro o no se llevan la sal. Comercian precisamente de esta manera, sin verse las caras y sin hablar unos con otros. Tal cosa dura ya desde hace mucho tiempo, y aunque todo el asunto parece inverosímil, os aseguro que es verdad».

Esta última consideración de Alvise da Cada Mosto, «aunque todo el asunto parece inverosímil, os aseguro que es verdad», podría hacerla el propio Kapú en cada una de sus crónicas. Sobre todo en el relato de los lances de guerra, el tercer pilar que iba a ilustrar y dejo para la próxima.

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Foto de Lionel Pupin

25 août 2012

Monrovia, fundido a negro

A la mitad de un duro invierno tan bueno enero como febrero, mi tío fantasea con un personaje que compra el diario, lo abre en la página del tiempo, busca el lugar del mundo con la temperatura más alta, se va al aeropuerto y se sube en el primer avión que vuela en esa dirección.

Ese lugar podría ser Monrovia, Liberia, si ésta apareciera en la lista del diario. Debería aparecer, debería ser Monrovia. El capullo ése, el personaje que quiere huir del invierno, se merece aterrizar en Monrovia y recibir la vaharada de humedad caliente del aire de Monrovia en plena cara, se merece entregar los papeles a unos mangantes al pie del avión, dejarse arrastrar en un taxi trucho hasta un hotel podrido y caro, refugiarse en una habitación (la 107) tomada por las cucarachas e, incapaz de dormir, leer El Infierno de piedra, el capítulo que Kapú dedica en Liberia en Ébano

Liberia, claro, el país que fundaron los esclavos liberados por un grupo de bienintenciados, que no tardaron en reproducir el esclavismo del que huían. El país con mayor número de huérfanos, de viudas, de descuartizados y de warlords por kilómetro cuadrado.

Qué fácil es escribir sobre Florencia, dice Kapú, basta con darse un garbeo por sus calles y sus plazas y el mundo que te rodea se desliza solo bajo tu pluma.

En Monrovia, en cambio, todo está trabado, impedido, descompuesto. Salvo que seas tú Kapú y escribas un capítulo como El infierno de piedra.

Monrovia, fundido a negro. Aléjate del aeropuerto.

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 El Infierno de Dante, según Botticelli

20 mars 2012

Walking around

Sucede que me canso de ser hombre, dice la primera línea del famoso Walking around. Lira hacía con ese poema un número gracioso, recitándolo en clave alegre. Mi tío, de lo que se cansa es del invierno. De manera que hoy, que comienza la primavera, le gustaría ser otro o al menos llamarse de otra manera. Anton Pannekoek, por ejemplo, un astrofísico holandés que dio su nombre a un cráter lunar y al asteroide 2378. Pannekoek tenía un ojo puesto en las estrellas y el otro en sus semejantes, y era tan anarquista como darwiniano. Cómo quisiera él llamarse Antonio Panqueque y tener una cara de pan de Dios. 

AP

O, por el contrario, tomar posición al lado opuesto de la galería y tener una cara y un nombre como un insulto del capitán Haddock y haber combatido en las filas otomanas en calidad de irregular. Ser un bachibuzuk negro, o sea, y mirar al mundo con desdén debajo de ese sombrero.

BB

Óleo de Jean-Léon Gérome, 1869

PS/ Como dice Hut Weber, It's the hat.

27 février 2012

El librito regalado

SV

En brazos de la mujer madura se llama el librito. Me lo dieron de yapa por comprar otros dos y, de los tres, ha sido el que me he leído primero. Lo comenté el otro día con unos amigos y me dijeron que ellos se lo habían leído el primer año de la universidad. Es una lectura de jovencitos, o sea, y también de viejos verdes. Durante mucho tiempo vi el aviso que lo publicitaba en el suplemento de libros de Le Monde, un reclamo diminuto de una editorial pequeña que lo presentaba como una obra maestra. Un aviso diminuto donde cabían unas enormes tetas.

Stephan Vizinczey lo escribió en Canadá a fines de los años sesenta, pidió un préstamo para imprimirlo por su cuenta y se dedicó a venderlo puerta a puerta. Cuarenta años más tarde, se han vendido ya cinco millones de ejemplares y fue llevado al cine con cierto éxito en los años setenta. Cuenta la infancia y la juventud de un muchacho húngaro que sobrevive al nazismo, al stalinismo y al aburrimiento del exilio canadiense aferrado a su amor por las mujeres, maduras de preferencia, como el náufrago a su madero. Contar la propia vida a través de las mujeres amadas es un buen mecanismo. El mismo que usaría más recientemente Coetzee en Summertime, sólo que JMC lleva más lejos el procedimiento y se inventa unas entrevistas a las propias interesadas. Lo que le permite salir muy mal parado, posición que el sudafricano maneja a la perfección. 

Tras su exilio en Canadá y Estados Unidos, Vizinczey vive ahora en Londres. Anthony Burguess dijo de él que era uno de esos extranjeros, como Conrad y Nabokov, que pueden enseñar a los ingleses a escribir en inglés. Conrad, como se recuerda, llegó a decir que él era más inglés que los propios ingleses porque él había decidido serlo. Lo cierto es que nuestro húngaro describe estupendamente sus aventuras juveniles y el mundo despatarrado donde está obligado a desplegarlas. ¿Qué más se le puede pedir a un librito regalado?

26 décembre 2011

Los pormenores

Diario de Chile (8)

Hace treinta años, tal día como hoy, un mediodía como éste, se mató Rodrigo Lira. Como se sabe, Lira esperó el día y la hora de su nacimiento, su cumpleaños número 32, para abrirse las venas y dejarse ir. 

En Los Malditos, una colección de perfiles de escritores regrupados bajo tan bendito rótulo, conté mis pormenores sobre ese 26 de diciembre de 1981. Son estos:

«En los días previos, le había encargado una traducción para La Bicicleta. Me dijo que esperaba que esa pega lo sacaría del pozo en el que se sentía. El día en cuestión, y como era su cumpleaños, compré una docena de chilenitos y me fui a su casa a saludarlo, a media tarde. Hacía muchísimo calor. Hice como siempre, fui por detrás del edificio y silbé hacia el balcón la melodía ritual, el inicio de los Cuadros de una exposición, de Mussorgsky. Pero no se asomó, como hacía, para intercambiar un gesto de reconocimiento antes de abrir la puerta. Entré al edificio entonces y golpeé a la puerta. Desde dentro, escuché ruidos y a una voz formular una frase ininteligible. Supongo que era uno de sus hermanos. Salí a la calle y me di cuenta de que en la esquina había una pareja de carabineros. A todo esto, yo seguía con mi paquete de chilenitos en la mano, un paquete de papel blanco amarrado con blanca pitilla.

«En la última novela de Javier Marías, Los Enamoramientos, un personaje muere justo el día en que cumplía años, como Lira. «El mundo deja entrar y hace salir a las personas demasiado en desorden para que alguien nazca y muera en la misma fecha», dice alguien. «No tiene el menor sentido, precisamente por parecer que lo tiene». El caso de Lira es tal vez diferente porque él decidió morir el mismo día y a la misma hora en que había nacido.

«El funeral fue en una iglesia de calle Manuel Montt y el entierro en el Cementerio general de Santiago. Frente a la tumba, según su voluntad, la familia plantó un ilang-ilang. Unos días más tarde, sus padres nos invitaron a Roberto Merino y a mí a su casa y nos obsequiaron con un par de libros suyos como recuerdo. En mi caso, un tratado de tipografía y El pensamiento salvaje, de Lévi-Strauss.

L

10 mars 2013

El joven Marías

Estamos a 31 de marzo de 1989. El primer ministro español, Felipe González, preside por esos días la Unión Europea, y Bernard Pivot lo invita a su celebrada emisión literaria de la televisión francesa, Apostrophes y, para hablar de libros, de literatura peninsular, le pide que invite a dos novelistas españoles.

Así comparecen ese viernes por la noche al plató de Antenne 2, González, su entonces mujer Carmen Romero, Eduardo Mendoza y Javier Marías. Pivot, por su parte, ha invitado al cervantista Jean Canavaggio y a Marc Lambron, quien, tras un periodo como diplomático en la capital de España, había publicado L'Impromptu de Madrid.

Ha pasado casi un cuarto de siglo desde entonces. Como siempre en relación al tiempo, parece más y parece menos.

Aunque tal vez más que menos. Un primer ministro español con tenue europea, que habla de Camus y de Cervantes con propiedad y recita a Machado y a Lorca... La España invertebrada, que describió Ortega, vuelve a vertebrarse a través de una nueva generación que encabeza González, afirma para la ocasión Lambron... Qué distante suena todo eso, de cara a la pesantez del presente.

Pero, bueno, no hemos venido a quejarnos sino a alabar el buen ojo de González a la hora de escoger a sus lugartenientes.  Mendoza ya era un novelista consagrado y su último libro publicado entonces, La ciudad de los prodigios, es su obra más leída y celebrada. Marías, en cambio, era aún una joven promesa que escribiría sus mejores libros en los años venideros.

Eso explica el título de esto, El joven Marías, y también porque llegamos al recuerdo de este programa, y a la búsqueda de su grabación, hablando en este blog de Marías. Demoré en cumplir con la promesa de traerlo aquí, y agradezco a mi amigo Simon el haberme echado una mano para conseguirlo. Está en dos partes. La primera, consagrada principalmente a Felipe y a Mendoza. La segunda, al joven Marías. Para ver ambos, el pasaporte es JM.

M

16 mai 2006

La reina de Gualeguaychú

Resulta que la reina del carnaval de Gualeguaychú se paseó en traje regional durante la sesión de fotografías de la cumbre euroamericana de Viena, la semana pasada, y consiguió una sonrisa benévola de parte de los mandatarios y la portada de los diarios del mundo. Protestaba por la construcción de unas papeleras en la frontera uruguayo-argentina. Por su parte, la mujer que protestaba, frente a Bush y Hu, en Washington, por la represión a la religión Falun Gong en China, a la que hacía referencia hace un par de semanas esta columna, tuvo muy distinta suerte. Fue sacada de foco por los propios fotógrafos. Cierto es que la pobre señora estaba completamente vestida.

Una lectora me escribe para que le ayude a sacar a luz esta verdad : Para salir en el diario, hay que enseñar la rabadilla. O mostrar el culo, o como se diga. Me parece que la señora tiene razón. No sé bien qué se puede añadir a esta evidencia, aparte de que a lo que hoy se llama « top » cabe mirarlo por el reverso. « Top » es, palindrómicamente, de atrás pa' delante, « pot ». Lo decía Octavio Paz, analizando la « Venus frente al espejo », de Velázquez: cara es culo. La bella mira en el espejo su retrato, pero lo que de verdad observa es la cara del espectador que contempla su posterior. Nadie ha dejado tan clara esta materia cuanto Brigitte Bardot, quien en las primerísimas escenas de « El desprecio », de Godard, le preguntaba al espectador: « Y mis nalgas, ¿qué te parecen mis nalgas? ». Por menos que eso, Raúl Hasbún, un presbítero que hablaba modosamente por la tele en los años del terrorismo de Estado, se declaró a sí mismo « víctima del terrorismo anal ».

Otra lectora muy querida me escribe a propósito de los « lectores contagiosos », aquéllos que cuando les gusta un libro lo abandonan en el banco de una plaza para que otra persona lo lea y lo disfrute. Me dice textualmente : « Esperaba que su tío Pepe hubiese encontrado en algún banco de su pueblo a Harry Potter 7 ; reconozco que fue algo ingenuo de mi parte ». Le traslado la inquietud a mi tío. Éste se echa a hablar como un poseso de Harry Potter, de su amiga Hermione y de la señora Rowling, que ha escrito ya seis libros, de los que se han hecho cuatro películas y media. Reparo en que Pepe ha integrado a su léxico algunas expresiones de la saga adolescente. Por ejemplo, a las personas que suelen acarrear problemas las nombra « Voldemort », para no llamarlas, precisamente. Me confiesa que, sin embargo, no ha leído ni una sola línea de las aventuras del aprendiz de brujo y, por no ver, no ha visto ni siquiera las sinopsis de sus películas. Según Pepe, a los best sellers no vale la pena leerlos, porque de cualquier manera uno se entera de todo y así se ahorra el tiempo de la lectura y puede dedicarlo a asuntos más interesantes. Esto vale también para el « Código da Vinci », que sale todos los días en los diarios, y esto sin necesidad de que el Opus Dei se desnude. Al menos, que se sepa.

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Otro lector se interesa por la fotografía que ilustró esta columna la semana pasada, una reunión del Consejo de redacción de La Nación en los años cuarenta o cincuenta, presidida por Joaquín Edwards Bello. Aparecen en ella quince señores perfectamente vestidos y una solitaria señora. ¿Quién será la señora, bendita sea entre todos los hombres?, se interroga mi corresponsal. ¿Una pionera del periodismo escrito? ¿La señora de uno de esos periodistas, que solía pasar a buscarlo al diario los días jueves? Afortunada ella, que no tuvo que desvestirse para salir en el diario.

La Nación de Santiago de Chile, 31 de mayo de 2006.

25 juillet 2007

Camino de Santiago

Hoy es 25 de julio, Santiago.

Hace mil años la gente peregrinaba hacia el este, hacia Jerusalén y los santos lugares. Los peregrinos seguían la estela abierta por los cruzados. Esos cruzados eran gente de armas tomar. El primero de ellos, Godofredo de Bouillon, nació a dos leguas de aquí, de donde escribo. Una legua es el camino que se anda en una hora, 5,5 km más o menos, según el estado de la cojera.

Los godos, que le disputaban por esos entonces la península ibérica a los sarracenos, tuvieron la idea de de crear un lugar de peregrinación al extremo occidente del continente y equilibrar el mundo de entonces. Así fue como se inventaron una mistificación tremenda. Contaron que los despojos de Santiago Apóstol habían derivado en una barca desde Jerusalén hasta Galicia. Y levantaron una catedral en honor a tal prodigio. La piedra nace del relato. Y al revés.

Así se fue haciendo el Camino y las catedrales que lo jalonan. A muchas de ellas he llegado caminando (después de bajarme del auto). A algunas de ellas, a Vézelay, hecha de pura luz, volvería a diario si pudiera.

A Santiago se puede partir de cualquier punto de Europa, tirando al oeste, siguiendo el Compostela, el campo de estrellas, la Vía láctea. Todos los caminos llevan.

En Bélgica basta con echarse a andar para encontrar el Camino que lleva a Santiago. Algunos trechos están marcados por la concha, otros por dos líneas pintadas de amarillo y azul, a cada legua. El placer es doble caminando por una calzada romana, empedrada, hundida entre los campos, rodeado por una tierra plana y redonda como tonsura de monje, bajo un cielo pintado por los primitivos flamencos (atención a la tautología). Se ve que la tierra se ha ido llenando de polvo de estrellas porque todo lo antiguo ha ido quedando sepultado.

Dónde termina el Camino de Santiago. Parece una pregunta del tipo de la del caballo blanco de Napoleón. Pero hay muchos peregrinos que llegan a Santiago y continúan caminando hasta el Finisterre, donde cuelgan los zapatos.

Una vez creíamos estar en Querétaro, en el centro de México. Casi sin querer llegamos a una hacienda donde los tunos cantaban a Santiago. Venían de Santiago de Chile, del Estero, de Compostela, de Cuba, no sé de dónde más. Así fue como supimos que estábamos en Santiago de Querétaro.

No sé si voy o vuelvo de Santiago, escribió Gonzalo Millán. La única etapa del Camino que hemos hecho propiamente a pie mi hijo y yo fue en el sentido contrario, treinta kilómetros entre Dinant y Namur, siguiendo el Mosa. Se hace en un rato, silbando. Pero duelen los pies. Desde hace años arrastro una cojera de la que intento curarme con medicina para caballos. Cuando veo estrellas, literalmente, cierro los ojos, me veo caminando hacia Santiago y el camino se me hace menos largo.

Camino de Santiago. No soy santiaguino, soy sanvicentano, y los provincianos, como dijo Parra, nunca terminamos de llegar a Santiago. Siempre estamos a medio camino. Viví veinte años en Santiago y desde hace otros veinte vivo lejos de Santiago. Cuando escribí una columna para un diario de Santiago de Chile la llamé Camino de Santiago porque escribirla me acercaba a Santiago, me ponía en camino. Además, soy gallego de ultramar y Santiago siempre ha estado ahí, esperando. El Camino también, a campo traviesa, siguiendo las estrellas.

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26 novembre 2018

El intérprete

«¿Quiere que le pida un té?», le pregunta Felipe González a Margaret Thatcher. Y el intérprete traduce la pregunta así: «Dígame, ¿a usted la quieren en su país?».

Me acordé de esta escena de una novela de Javier Marías cuando leí la noticia de que Pedro Sánchez y Theresa May habían hablado por teléfono hace un par de días para intentar llegar a un acuerdo sobre Gibraltar. Imagino la conversación teléfonica, con Sánchez mentando a Gibraltar y May exclamando «Yibrouda!?» y lamento que no hayan necesitado de un intérprete para salpimentarla.

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16 février 2023

La manera como el pianista hunde sus manos en el teclado

CUANDO LE PREGUNTAN cuál es su compositor favorito, Keigo Mukawa no duda en responder «Ravel». Ni en contar que tocó la primera pieza del francés, la Sonatina, a los 13 años, y desde entonces ha dedicado más de media vida al estudio y la interpretación de su obra. Así, hasta grabar recientemente la obra completa de Ravel para piano.

Ravel estaba enteramente volcado a alcanzar la perfección músical, dejando sitio dentro de esa perfección a la pasión y a la nostalgia, y esa dualidad de temperatura convierte su música en una experiencia única, escribe Mukawa. Ravel era un solitario que de tan sensible a veces parecía inaccesible. «El encanto de su música me ha sostenido en ciertos momentos de mi vida», confiesa, e ilustra esa confesión interpretando sensiblemente Le tombeau de Couperin, Gaspard de la Nuit o los Valses nobles y sentimentales. 

El programa que presentó el domingo 12 de febrero de 2023 Keigo Mukawa en Bruselas encadenaba obras de Bach, Mozart y Ravel con una breve pieza de un compositor japonés contemporáneo, Akira Nashimura, a guisa de intermedio. Tres maestros, tres tiempos, tres maneras de hacer sonar un piano que Mukawa ilustra con maestría, y un paréntesis que brevemente nos llevó de paseo por la naturaleza de su archipiélago natal. Vista desde el ángulo en que me encontraba, a la derecha del instrumento, la manera cómo el pianista hunde sus manos en el teclado y echa a volar pájaros es prodigiosa. 

Una palabra sobre el público. En pleno invierno belga durante una hora y media 500 personas, incluidos unos cuantos niños, no tosen o, a lo más, tosen para adentro. Un público así bien se merece que alguien le dedique una palabra de reconocimiento. Es lo normal, me dicen, tratándose de gente bien educada que distingue una pieza de Ravel de una de Debussy... OK, pero aun así.

Al final del recital, Keigo Mukawa tuvo a bien dedicarnos su álbum que, desde entonces, escuchamos con fruición. 

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