Perico en bicicleta
Esta semana murió en Santiago de Chile el actor Nissim Sharim. El y su compañía Ictus representaron en esos años de apagón cultural un teatro crítico no sólo con la dictadura sino sobre todo con su base social, la burguesía desde luego y cierta clase media: el pinochetismo, en suma.
El grueso del público sin embargo recordará a Sharim sobre todo por su papel en un corto publicitario. No es raro que los mejores creativos dependieran entonces de la publicidad para sobrevivir y en el mejor de los casos para financiar sus aventuras creativas. Así fue como este comercial de un banco reúne a lo mejorcito del hacer cultural en el Chile de 1978.
La bicicleta en el imaginario local era un vehículo para los pobres y para los niños. Los pobres la usaban para ir a trabajar y los niños para dar vueltas a la manzana. En el comercial, el ciclista es un excéntrico romántico al que el coro griego le recuerda que en el mercado del amor el realismo cotiza más fuerte que la lírica.
Lo cierto es que las clases medias y populares obedecieron al llamado publicitario y se compraron un auto. Al punto de congestionar las calles que recorre Perico con un atasco interminable. Para las generaciones que han ido naciendo en medio de ese colapso, la bicicleta comienza a representar otra cosa: la ilusión de un camino despejado, de una movilidad abierta.
El mismo año del comercial, un grupo de jóvenes fundaron una revista, la llamaron La Bicicleta y la presentaron así: «En la era de los helicópteros concéntricos surge como una paradoja necesaria La Bicicleta»