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Camino de Santiago
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9 juillet 2010

La cara de Manuel Neuer

No vi la semifinal del miércoles en la que España venció a Alemania. De manera que, en cuanto llegué a casa, lo primero que hice fue mirar el gol. Cuando me cansé de apreciar la precisión del centro de Xavi y el salto felino de Puyol, tuve que fijarme en la cara de Manuel Neuer, el guardián alemán. Esa cara la conozco, se la he visto a la gente, me la he visto a mí mismo o he sentido que la llevo puesta. Es la cara de aquél al que le han metido un gol, un gol sin vuelta atrás.

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7 juin 2013

Un novelón iraní

Anoche vimos Le Passé, de Asghar Farhadi. Confieso que me gustan estos novelones iraníes. Los de Kariostami, antes, los de Farhadi, ahora. El Pasado es el primero que Farhadi filma en Francia, tras el triunfo que Cannes acordó a su filme anterior, Una separación.

El Pasado está tal vez un pelo o dos por detrás de Una separación. Le sobra una vuelta de rosca a la intriga, probablemente, y un cierto hieratismo se hace sentir en los personajes.

En los tres filmes de Farhadi que he visto hasta ahora (About Elli, Una Separación y este Pasado) un grupo de personas próximas entre ellas -una familia, un grupo de amigos- se ve confrontado a una drama que, para ser superado, les impone establecer una verdad común. La verdad, como sabemos desde Las Mil y una noches, no está en un solo relato sino en varios. Así, en los filmes de Farhadi, la verdad, como el horizonte, está al alcance de la mano, y cada vez que los personajes creen atraparla por la cola, alguien le pinta alas y se vuelve a alejar.

El Pasado transcurre en París, en un París tan periférico que acaba por parecerse a Teherán.

31 janvier 2009

De Lumière a Rosetta

Esta es la lista de las diez (+ 1) mejores películas de la historia del cine, según Gabrielle Claes, Conservadora de la Cinemateca de Buselas, publicada por Le_Soir de hoy:

1895-1909. Les vues Lumière.
1919. El Gabinete del doctor Caligari, de Robert Wiene.
1923. Greed, d’Eric von Stroheim.
1932. Trouble in paradise, d’Ernst Lubitsch.
1946. Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica.
1953. The band wagon, de Vincentt Minelli y Viaje a Tokyo, de Yazujiro Ozu.
1967. Playtime, de Jacques Tati.
1978. Amor de perdición, de Manoel de Oliveira.
1987. ¿Dónde está la casa de mi amigo?, de Abbas Kiarostami.
1999. Rosetta, de Jean-Pierre et Luc Dardenne.

23 avril 2006

Una ardilla en Santa Laura

Semifinal de la copa europea entre Villarreal y Arsenal, en Londres, el miércoles pasado. Súbitamente el partido se detiene. Treinta mil espectadores, veintidós jugadores y tres árbitros siguen con la mirada, como hipnotizados, no ya la bruñida pelota, sino la velocidad fulgurante de una ardilla gris que corre por la cancha, moviendo graciosamente la cola.

De haber sido un espontáneo cubierto por una bandera o abiertamente en pelotas, una armada de roperos se hubiese echado a correr a su siga para taclearlo, como en el rugby, y sacarlo cuanto antes de circulación. Tratándose de la ardilla, incluso los roperos comprenden que de nada sirve correr.

Mi tío Pepe contempla la escena por el televisor, como hace la mayor parte del proletariado a esa hora, y no puede evitar recordar a Honorino Landa robándole la visera a Arturo Rodenack, guardametas del Rangers de Talca, corriendo el ropero detrás de la ardilla en el estadio Santa Laura, en una de esas programaciones dobles de los sábados, en los años sesenta, que luego repasaba interminablemente en las páginas de color verde botella de la revista Estadio.

Ahora resulta que se estrena, casualmente durante estas semanas de precalentamiento para el Mundial de fútbol de Alemania, La gran final, una película que muestra cómo las poblaciones periféricas vibran, desde sus distantes selvas o estepas, con los equipos estelares del espectáculo mundial. Así puede verse en la pantalla cómo unos emplumados amazónicos se pintan en la espalda, a cuero pelado y con pigmentos locales, el nueve de Ronaldo o el siete de Ronaldinho, o cómo unos jinetes mongoles avanzan por la monótona estepa mirando el fútbol en una tele portátil instalada sobre la montura.

El fútbol nació en Inglaterra y se difundió rápido por el mundo, a través de los puertos, en la época victoriana. El Atlethic de Bilbao, el Racing de Santander, el Wanderers de Valparaíso y el Everton de Viña del Mar dan buena fe de ello. El fútbol siempre tuvo vocación imperial y hoy está más mundializado que nunca. El gol que se mete o no se mete aquí repercute varios paralelos o meridianos más allá. En Bélgica se ha destapado hace poco el escándalo de unos partidos manipulados por la mafia de las apuestas chinas. Otra investigación reciente ha revelado cómo el gobierno inglés obtuvo para Londres la sede de los próximos Juegos Olímpicos. El primer ministro británico se instaló en un hotel de Singapur un par de días antes de la votación y decenas delegados olímpicos desfilaron por su despacho. ¿Qué puede hacer Londres para obtener su voto?, les preguntaba Blair, con su cara de yerno perfecto.

Norbert Elias postula en Deporte y civilización que la competencia deportiva y el sistema parlamentario son instituciones de una misma índole, que permiten la excitación controlada de las emociones y el control de las pulsiones violentas. Deporte y democracia nacieron en la vieja Atenas y fueron recreados, en su versión moderna, en la también vieja Inglaterra. Pero las mejores instituciones producen, a veces, los peores efectos. No puede sorprender, entonces, que las barras bravas —los hooligans son también un invención británica— se empeñen, torpe e inútilmente, en zapar el límite que separa la excitación de la violencia y hacerse con un protagonismo que el reparto social les niega.

Mi tío Pepe aseguró que no miraría nunca más un partido de fútbol después de presenciar el saqueo del que fue víctima la selección española en los cuartos de final del mundial de Corea, frente a Corea, precisamente. Unos días después estaba mirando la final, como los amazónicos, los mongoles y el último mohicano. Por estos días ya orienta su sillón hacia a la tele y la parabólica en dirección a Alemania.

La Nación de Santiago de Chile, 26 de abril de 2006


17 septembre 2022

El kilómetro pandémico

CÓMO LA INFORMACIÓN enseña a sobrevivir en medio de una pandemia

«La información enseña a vivir» le dije una vez a un profesor de periodismo cuando yo era estudiante, lo que me valió que me prestara atención durante unos breves instantes. Luego ya hubo que argumentar y bien sabemos que no siempre es fácil hacerlo bien y resultar convincente. Lo cierto es que de verdad creo que la información enseña a vivir o a sobrevivir y el aserto me parece particularmente válido en una situación como la pandemia en curso. 

He pensado en esto observando cómo los medios de comunicación han adaptado sus maneras de informar a las exigencias de la epidemia de coronavirus convertida rápidamente en pandemia, y al hacerlo he recordado los textos de El cuarto equívoco, de Mario Mesquita, que traduje al español en 2007, en particular aquellos sobre la epistemología del periodismo y las retóricas de la comunicación y los acontecimientos mediáticos (1). 

A finales de 2019 comenzaron a aparecer tímidamente por los medios las noticias de una neumonía aparentemente nueva, o en cualquier caso desconocida, provenientes de una metrópolis en el centro de China llamada Wuhan. Los lectores de noticias nos habíamos ido acostumbrando al hecho de que con intervalos de lustros o décadas unos brotes de gripes y otras enfermedades virales saltasen de animales a humanos y de las noticias de sucesos a la primera plana de los medios generando una inquietud creciente para luego ir desapareciendo de la actualidad súbita o paulatinamente. 

Pero esta vez, en este incierto 2020, el virus parece haber llegado para quedarse o al menos cada día, vivamos donde vivamos y hagamos lo que hagamos, la prensa no tiene más remedio que recordarnos que la amenaza sigue allí. Y se encarga de hacerlo echando mano a sus procedimientos narrativos habituales —bien descritos en el citado tratado de Mário Mesquita (2)— y también innovando, aun si tales innovaciones más parecen a veces retrocesos hacia formas anteriores y tradicionales de narrar y explicar. 

En un primer momento, la pandemia vino a simplificar al extremo la respuesta que la prensa debe modular a diario frente a la cuestión de saber qué está ocurriendo, qué es noticia, imponiendo un asunto único, un monotema. Al mismo tiempo, la pandemia fue exigiendo de los medios unas respuestas no siempre fáciles de formular en cuanto a la manera de poner en conocimiento del público unas informaciones que a menudo desbordan los contenidos habitualmente asumidos por la prensa: ¿Qué debemos y podemos hacer y qué no, cómo debemos comportarnos, qué nos hace arriesgar la vida o, por el contrario, qué nos protege de la muerte? 

He dudado sobre si conviene formular estas preguntas a la primera persona del singular o del plural, tal vez porque es en ese vaivén que la propia prensa está instalada, apelando a nosotros a veces como a ciudadanos individuados y otras veces como a un conjunto de ciudadanos, como a un cuerpo social.

Pues bien, la noticia, como decíamos, ha sido en estos meses casi exclusivamente una y única: hay pandemia, el mundo entero sufre el mismo mal del que se protege como puede, a duras penas las más de las veces. Pero si el mal es común, las maneras como castiga en función de los continentes, los países y las regiones son diferentes y las respuestas que los gobiernos intentan (los protocolos de acción que proponen, uno de los varios sintagmas en alza durante la pandemia) varían también significativamente. 

La pandemia y sus declinaciones son, como vemos, noticia en el sentido estricto que da a este término genérico el periodismo. Ya los protocolos, las «instrucciones de uso» (para decirlo con un subtítulo de Georges Perec) lo son un poco menos o, al menos, son contenidos que la prensa necesita reformular para convertirlos en noticias. 

Dicho de otra manera: la pandemia y sus declinaciones locales están ocurriendo y por lo tanto son noticia. Los protocolos de acción para hacer frente a la pandemia, en cambio, tendrían que ocurrir y por lo tanto, puesto que no han ocurrido aún, no son propiamente noticias o son noticias en gestación. Pero, al margen de estas y otras consideraciones, es imperativo que se den a conocer en tanto que noticias porque nos va la vida en ello. Y es lo que han hecho.

Porque la pandemia es un evento genuino (según la clasificación de Kepplinger y Habermeir (3) que cita Mário Mesquita) que los medios no han tardado en mediar y escenificar. Un acontecimiento-ruptura por antonomasia, una noticia en sentido estricto que genera, cómo no, mucha angustia y abundante incertidumbre. Y un acontecimiento de este calado debe estar acompañado por unos momentos de ritualidad (en el sentido que les da Marc Augé, también citado por Mário Mesquita) (4) que permiten compensar en parte el desequilibrio producido por el flujo de informaciones abierto por la pandemia. De este modo, al telediario belga, por ejemplo, se integran unos «diálogos directos», un ejercicio de preguntas y respuestas mediadas por el dispositivo, entre el público y los expertos epidemiólogos, virólogos y afines. 

Los gobiernos comunican a través de sus habituales canales oficiales cuáles son los pasos que deben seguir los ciudadanos para protegerse y proteger a los demás, pero esta comunicación queda truncada o se ve debilitada si la prensa no la modula y amplifica con su altavoz. Esto, claro, no es una originalidad del periodo pandémico: tal modulación de la transmisión de la información se ha dado desde antiguo pero ahora, en una emergencia sanitaria como la actual, se presenta con particular intensidad y duración. 

 Y es para comprender la manera como los protocolos de acción dictados por los gobiernos, con el apoyo de comités de expertos científicos las más de las veces, son traducidos por la prensa en noticias que los textos de Mário Mesquita, que recogen las diferentes modalidades retóricas en el tratamiento de la información, nos son particularmente útiles. Estas son unas modalidades retóricas de las que todos sentimos sus efectos aunque pocos los identifiquen, como podríamos decir parafraseando a Gesternkorn (5).

La pregunta podría formularse así: ¿Cómo convertir en noticia, según los criterios periodísticos al uso, unas pautas detalladas de comportamientos a evitar y a adoptar: a dónde desplazarse y a dónde no, cómo y con quién interactuar, qué está permitido hacer y según qué modalidades y qué no? 

Antes de generalizar convendría mirar de cerca y analizar diarios y telediarios del periodo, exigencia que este texto no cumple ahora mismo. Me apoyo únicamente en mi experiencia como lector de periódicos y eventual telespectador de noticieros y visitante de portales de prensa a través de la web. Con todo, podemos decir que da la impresión de que durante la pandemia la prensa ha echado mano a su repertorio de modalidades retóricas habituales —la personalización, los esquemas, la «infografía», la visualización, la repetición, las preguntas y respuestas, los «diálogos directos» entre el público lego y los expertos— y se ha visto obligada a innovar, al menos relativamente. En esta dirección se encuentra la ingente presencia de expertos en materia de salud pública y especialistas en materias médicas, encargados de interpretar y traducir ciertas cuestiones de alcance científico, así como de refrendar con el sello del conocimiento las directivas emanadas del poder político.

Todo esto en la perspectiva de enseñar, en todas sus acepciones —mostrar, indicar, advertir, dejar ver, instruir, amaestrar… Tradicionalmente el periodismo ha hecho de su distancia con la pedagogía un marcador de identidad. Sin embargo, es difícil no ver la dimensión ilustradora y pedagógica que alcanzan sus procedimientos en la hora actual y en ese sentido las circunstancias de la pandemia han sido justamente ilustrativas.

Por otra parte, tal como los parlamentos nacionales durante la fase más álgida de la pandemia alcanzaron una cierta unidad de criterios impuesta por las circunstancias, se da el caso de que la crisis sanitaria ha disminuido la distancia que separa a la prensa oficial de la prensa opositora (sin que esta distancia haya desaparecido, desde luego) y también los matices que se dan al interior de estos conjuntos.

Otra cuestión que salta a la vista es el lugar y el espacio relativos de la información internacional durante las diferentes fases de la pandemia en los espacios noticiosos. Cuanto más crítica es la situación en un país, menor es el espacio que su prensa consagra a las realidades de los países vecinos y ni qué decir de los países lejanos. Al contrario, cuando la urgencia sanitaria interior disminuye, el espacio para la información llegada del exterior aumenta. Esta correlación, traducida a menudo a través de la fórmula del así llamado «kilómetro sentimental» (un muerto en la ciudad sede del medio de prensa tiene mayor cobertura que mil muertos en una ciudad más o menos remota), en el caso de la pandemia se transforma más bien en un kilómetro viral o, arriesgando una formulación que espero no resulte chocante, en un kilómetro pandémico.

Acabo ahora intentando esta reformulación: Si la vida siempre es frágil, lo es particularmente en momentos en que la amenaza es inminente, como es el caso de la propagación de un virus mortífero, que «atormenta a la humanidad de mil y una maneras» (6). Frente a tal amenaza la información alerta y muestra cómo protegerse. Enseña a vivir y a sobrevivir, en suma, incluso si el verbo enseñar suele estar fuera de la paleta retórica de la prensa. 

La pandemia ha supuesto un desafío de proporciones para los medios de comunicación que han visto su posición de intermediación entre el poder y la ciudadanía refrendada por las circunstancias. La prensa se ha visto compelida a traducir al lenguaje informativo las directivas de las autoridades en relación a los protocolos de conducta dictados por los gobiernos y a reforzar la dimensión pedagógica e indicativa de la información que transmite. 

Esta postura voluntariamente aceptada e incluso cómoda en cierta prensa oficial u oficialista resulta a menudo incómoda para la prensa llamada de calidad, que se ve a sí misma como un espacio reflexivo y crítico antes que como una correa de transmisión. 

Para estar a la altura del desafío la prensa ha echado mano a su habitual repertorio de recursos retóricos, tal como los describe Mário Mesquita (7) . Es probable también que ciertas novedades en estos usos hayan surgido e incluso es también posible que ciertas modalidades tradicionales de comunicación hayan reaparecido. No tenemos un cuerpo suficiente de evidencias ni tampoco la distancia necesaria para afirmarlo. Son estas sólo intuiciones basadas en la observación. 

Y esas intuiciones nos dicen que la domesticación del virus, el desafío actual de la ciencia en la medida en que no parece inminente su desaparición, comienza en buena medida con la domesticación de la pandemia a través de los medios de comunicación.

Junio de 2020

Publicado en A Liberdade por principio. Estudos e testemunhos em homenagem a Mário Mesquita.

________________

1) Mário Mesquita, «El cuarto equívoco. El poder de los media en la sociedad contemporánea», Editorial Fragua, Madrid, 2007.

2) Mário Mesquita, 2007, op. cit.

3) Hans Matthias Kippliger y Johanna Habermeire, «The impact of key events on the presentation of reality», en European Journal of Communication, septiembre de 1995, citado por Mário Mesquita, op.cit, p. 333.

4) Mário Mesquita, 2007, op. cit.

5) Jacques Gerstenkorn, «Feux d’artifice», in Vertige (Rhétoriques du cinéma), 1991, p. 3, citado por Mário Mesquita, op.cit, p. 333.

6) Benoît Vitkine, Le Monde du 4 juin 2020.

7) Mário Mesquita, 2007, op. cit.

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9 juillet 2018

La llave

Esta mañana tenía que devolver un coche de alquiler y me encontré con que el sitio donde debía dejarlo estaba bloqueado por una de esas barreras abatibles que bloquean los estacionamientos. Me bajé, acerqué la tarjeta a la barrera y la moví por los cuatro costados. Como no reaccionaba, le hablé golpeado. Pero no se movió. En ésas estaba cuando pasó por allí un señor con su hijo y se compadeció de mi suerte. Se acercó y reprodujo más o menos los mismos gestos que yo había hecho, con idéntico resultado, hasta que desde la distancia escéptica en la que se había instalado su hijo nos gritó: «La llave».

¿Qué llave? Ah, la llave. La barrera escondía por un costado un minúscula cerradura y junto a la llave del coche había otra llave pequeña que la abría.

Tuvo que ser un milennial el que nos puso al tanto: las cerraduras no siempre abren con tarjetas, a veces abren con llaves.

Es una anécdota de poca monta y no vale extrapolar nada a partir de ella. Pero es lo me ocurrió esta mañana y por eso lo cuento aquí.

3 février 2018

La rueda de las maravillas

Wonder Wheel, la última y quién sabe si postrera película de Woody Allen. Por encima es colorida como una feria de diversiones y por dentro negra retinta.

Sobresale el personaje de Kate Winslet, una Bovary de teatrillo y carrusel con su marido simplón, su amante salvavidas, su hijastra cenicienta y su retoño pirómano. Cuando se trata del amor, resultamos ser nuestro peor enemigo, dice.

Wonder Wheel tiene un doble morbo añadido: ¿dirán algo estos personajes y sus aventuras sobre las aventuras y desventuras del cineasta? Un dramaturgo incipiente se enamora simultáneamente de una mujer y de su hijastra y a pesar de que intenta ser sincero con ambas no consigue desactivar el drama...

Tal vez sea la última película de Allen, decíamos, puesto que no está clara la suerte que correrá la que ahora filma. Allen ha dicho repetidas veces que no ve sus películas, ocupado como está filmando continuamente. Si acaba por ser la última de la serie, La rueda de las maravillas ya detenida será la primera que Allen tendrá tiempo para ver.

31 janvier 2015

El taxista

Diario del Cono Sur, 6

Buenos Aires. Diálogo con el taxista. Hablamos del tiempo, para calentar motores. Sopla un poco de viento. En un día podemos tener las cuatro estaciones, dice.

-¿Usted es porteño?

-No, yo nací en Praga.

-¿En Praga?

-En Praga. Llegué aquí a los nueve años, con mi familia. Antes, vivimos tres años en Norteamérica. Mire qué mala suerte, si nos hubiésemos quedado allí, ahora tendría un pasaporte norteamericano.

-No habrá muchos checos en Argentina.

-No se crea, somos más de treinta mil. Yo, dentro de cinco años, me vuelvo a Praga. A trabajar en la empresita de mis abuelos. Ellos ya vinieron a la Argentina dos veces.

-¿Y les gustó? 

-Les gustó, sí, pero sólo el paisaje. No la gente. La gente aquí es maleducada, cuando no son abiertamente delicuentes. Yo me despierto en las mañanas y tengo que pellizcarme. Qué suerte tengo, me digo: soy checo.

25 juillet 2011

El pistolero pestilente

Que un facha de manual como Andreas Breivik tenga licencia para ir armado. Ahí está el problema o, al menos, una parte del problema.

Cabe tratar de entender, sin embargo, lo que tiene en la cabeza el pestilente éste. Se sabe que escribió 1500 páginas y las publicó en la Red sin que a nadie le importaran un bledo hasta antes de que matara a 75 personas. (Ahí también está el problema o, al menos, una parte del problema). Anna Grau se las ha leído y este es su resumen.

Cabría añadir tal vez un par de datos biográficos entrevistos. Su padre fue diplomático, vive en el sur de Francia y no habla con su hijo pistolero desde hace quince años. Este debería haberse suicidado en lugar de provocar esta masacre, afirma su padre ahora. Sus padres se separaron cuando Breivik tenía un año y su madre se fue a vivir con un militar.

3 janvier 2011

Tres colores

Vamos con mi tío a comprar pan y vino a la tienda bio. La dependienta tiene los ojos intensamente verdes. Se ve en la mirada que nunca ha comido carne.

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La tormenta de nieve arrecia, los camiones recolectores no consiguen llegar hasta las granjas lecheras. Los productores vierten la leche acumulada sobre el campo nevado.

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Bucólico momento en el tren. Una añosa señora borda flores rojas sobre un mantel. Un tipo instala su equipaje en el compartimento superior, la nieve acumulada entre las ruedas de la maleta comienza a derretirse. Como al Charlot de Pasolini (aquél que deja caer los huevos sin quebrarlos), las gotas caen cerca de la labor sin mancharla.

2 février 2010

Postales desde Yemen

Estupenda la serie de Postales desde Yemen que envía la corresponsal de El País, Ángeles Espinosa. En Time también hay una Postcard from Yemen, en la que el corresponsal cuenta una boda a la que fue convidado en el pueblo de Al Qaeda. Porque sí, hay un pueblo con ese nombre en Yemen, al pie de las montañas entre Saná y Taiz. Los aldeanos, pacíficos y hospitalarios, saben que no les resultará fácil obtener un visado con ese nombre estampado en el pasaporte. Pero qué remedio: la mitad de los prisioneros de Guantánamo son yemeníes, el propio Bin Laden es de origen yemení y numerosas son las bases yemeníes de Al Qaeda. Cuando el periodista se marcha del pueblo, el hermano del novio le da este consejo: 'Cúidese, que fuera de este pueblo hay mucha gente mala'.

19 décembre 2009

La Navidad

Roberto cuenta que cuando Macedonio se sentía solo salía a comprar pan rallado para alimentar a las baratas que le daban compañía. Lira era por el estilo. Una vez encontró un arbolillo arrancado de raíz y se lo llevó a su casa, lo plantó en medio del escritorio y lo fue decorando con los desechos que recogía en las inmediaciones, latas, papeles, piltrafas. Pronto fue la Navidad y el cumpleaños de Lira (que nació y murió un 26 de diciembre) y el Año Nuevo, que celebramos a la sombra de aquel árbol seco.

25 octobre 2009

El muro

Hace veinte años se vino abajo el muro. Y lo que se nos viene encima ahora es una tabarra conmemorativa. Lo mejor que se ha escrito al respecto, o sea lo más sintético, se debe a un poeta peruano:

¿Quién derribó el muro?
-Fuenteovejuna, señor.

(-¿Y quién es Fuenteovejuna?
-Todos a una, señor.)

Fuenteovejuna, o sea la clase media. La cuestión, desde que el muro se vino abajo, es ésta: ¿Aguantará en pie la clase media?

1 août 2009

Viejos cuentos de mi tío Pepe

Dos salteadores se evaden de una prisión a punta de dinamitazos. La prisión se encuentra en el centro exacto del Hexágono francés. Los truanes deben alcanzar la frontera más próxima para consumar su fuga. ¿Suiza, Italia, Mónaco, España, Luxemburgo, Bélgica? Será Bélgica. Lo sospeché desde un principio.

Dos submarinos nucleares se dan de narices bajo el agua. Un submarino cuando avanza desplaza volúmenes de agua hacia adelante. Cuando se detiene, los desplaza hacia atrás. ¿Dónde va a parar la energía que libera el choque? A ninguna parte, allí donde se baña precisamente un viejecillo por última vez.

Dos cacharros espaciales chocan en los espacios siderales, que son sin embargo espaciosos. ¿Dónde va a parar el polvo que disipan? Sobre los muebles, debajo de las camas. Entretanto, el galán, empresario, artista, futbolista o príncipe, recorre con su comitiva las calles del pueblo. Mi caballo, explica, sólo come polvo, del que se acumula bajo las camas. ¿Tendría la gentileza de ir a mirar bajo las camas si lo hay? En todas las casas le juntan una buena porción. Salvo en la última casa de la calle, donde trabaja la doncella. No hay polvo aquí, Monseñor, príncipe, futbolista, actor o empresario. La muchacha limpia muy bien.

Dejemos por ahora a la doncella sin atributos. Puede ser una presentadora de la televisión, una trabajadora inmigrante, puede incluso ser un princeso. Al fin y al cabo, estamos en democracia.

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La Bella durmiente y el príncipe despierto >

21 mai 2009

La guita

Hasta ayer no estaba claro que internet sirviese para algo. Para algo necesario, quiero decir. Pues bien. En Buenos Aires, un pasajero se dejó un turro de plata olvidado en el asiento del taxi. El taxista lo encontró, buscó al pasajero y se lo devolvió. Hasta ahí todo normal. Entonces aparece internet.

(Años atrás escribí un relato sobre un taxista que devuelve lo que encuentra. Se llama 'La prenda de María Huenuche'. Si lo encuentro, lo devuelvo.)

1 mai 2009

Las verduras

El mundo, según el hombre de Caos calmo: Polímeros, hormonas, teléfonos móviles, benzodiazepán, deudas, carros de supermercado, pedidos en el restaurante, ópticas, A quiere a B pero B no quiere a A, siempre se roban el dinero, detrás de toda muerte hay un culpable.

La prueba de su anormalidad: las empresas pierden dinero pero aumentan sus beneficios. Como McDonalds, donde el menú hamburguer+papas fritas+coca-cola es más barato que el menú hamburguer+coca-cola.

En cuanto llegué a Europa, fui a aprovisionarme al Aldi. Para mi sorpresa las conservas de verdura eran más baratas que las verduras. Lo entiendo, me lo han explicado con buenas palabras. Pero las verduras yo las prefiero frescas.

21 juillet 2009

Sujeto y verbo

El diario se limita a reunir sujeto y verbo. Ese es su trabajo. El complemento suele estar de más. Así, en el diario de hoy:

Enric González gana
Cristiano decepciona
Obama recibe (a los abueletes que pisaron la luna hace cuarenta años).

En América central invierten los términos y ponen el verbo delante del sujeto, pero el resultado es el mismo, el complemento acaba por ser redundante.

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Chile no es nada >

28 novembre 2008

La guerra pacífica

Ciento ochenta y seis trabajadores peruanos residentes en Chile sentados en un teatro ven asomar por una ventana trece personalidades políticas, académicas y mediáticas locales. Estas han sido convidadas a adentrarse por un pasillo sin saber que desembocarán en esa ventana por donde miran y son vistos por los espectadores. La obra se llevó a cabo en la sala Matucana 100, en Santiago de Chile, en diciembre de 2007.

'Míra cómo te miro' podría llamarse este experimento de intercambio de miradas perplejas. El autor, Santiago Sierra, lo llamó La trampa. Atrapados unos a otros. La ventana como pantalla por donde asoma la elite observada por la audiencia popular que representan los inmigrantes. No es otro el modelo del día a día a través de la televisión.

Supongo que que el pacífico público fue remunerado. Supongo también que la elite, en cambio, no habrá reclamado otra remuneración que la de participar en el evento.

31 août 2008

¿Quién me los robó mientras me dormí?

En la plaza de San Francisco de La Paz, en cuanto salía del hotel me asaltaba una canción que repetía una y otra vez la disquería de enfrente. Muchos años después, subiendo o bajando del autobús en México, escuchaba involuntariamente otra y también se repetía. México recuerda a Bolivia y uno recuerda al otro. Así he ido, oyendo rock licuado toda la vida, folklore en lata, música popular. Así me sé las canciones que el otro olvidó.

22 août 2008

Rear Window

Desde la ventana de la habitación puede ver un patio interior donde crecen los árboles que él mismo ha plantado. Antes sólo andaba por ahí entre árboles y arbustos y escuchaba las voces de las conversaciones de los vecinos, la madre con su hija pequeña, los niños que juegan, el perro, el gato, una pareja mayor. Ahora, desde la ventana de la habitación no sólo puede oírlos y reconocerlos a través de esas voces y esos ruidos, sino verlos. Y son, más o menos, como los imaginaba, sin tratar de imaginarlos, como los veía inevitablemente al oír sus voces. Ahora sus rostros precisan esas imágenes inciertas. Se trata de una sensación similar a la del lector cuando se enfrenta a las imágenes de la adaptación al cine del libro leído antes. Por fortuna, estas nuevas imágenes del patio interior no tienen esa fuerza impositiva de la pantalla. En el patio también hay árboles y algo de distancia. Y, en los buenos días, pájaros.

30 juillet 2008

Ratón con cola

Hola hola
Ratón con cola
Pluma en el rabo
Codo empinado.

Recuerda esta canción de borrachos:

El agua hace mal
El vino hace cantar
Esta es la consigna
Del Roto chileno
Empinar el codo
Y tomar a vaso lleno.

Que Daniel cuando pequeño cantaba así:

El agua hace mal
El vino hace cantar
Esta es la cocina
Del ratón chileno
Empinar el poto
Y tomar a vaso lleno.

8 juin 2008

La pelota

A propósito del apodo dado por la afición a Garrincha, ‘Ángel de piernas chuecas’, se cuenta que una vez Marguerite Duras expuso su teoría según la cual los futbolistas serían ángeles. Michel Platini, que la escuchaba, respondió confundido: ‘Señora, no sé de qué me está hablando’.

Para definiciones de los futbolistas, la que propone Roberto Merino: Hay futbolistas cisnes (Bebeto) y futbolistas gurkas (Javi Navarro). Por la vía zoomorfa, pueden llegar a encontrarse futbolistas jirafas (Crouch) y chacales (Gattuso). Tal vez sólo sean como Parra: un embutido de ángel y bestia.

Los futbolistas estrellas suelen ser unos pelmas. Asegura Didier Deschamps que se han convertido en empresas y dan trabajo a una media de diez personas, a menudo miembros de su familia. Así, cuando un entrenador decide no alinear a una de estas estrellas tiene que soportar las llamadas de toda la empresa.

Los entrenadores de los porteros no sólo están para eso, también para instruir a los atacantes sobre los puntos débiles de los guardametas. A éste dispárale a las piernas, a este otro a la cabeza. Lo cuenta Fernando Torres.

Los suizos llaman ‘Nati’ a la selección helvética. Y luego se quejan si pierde.

Lukas Podolsky y Miroslav Klose, atacantes del seleccionado alemán, nacieron en Polonia. Y hablan en polaco entre ellos cuando juegan en la Liga alemana en el mismo club, para desconcertar a las defensas contrarias. Esta noche Alemania juega contra Polonia...

Como sea, que gane el más mejor. Como canta Arno, Putain, putain, c'est vachement bien, nous sommes quand même tous des Européens. 

14 janvier 2007

Cuatro esbozos de Rodrigo Lira

Emocionante y duro es enfrentarse de nuevo a los textos, a la figura de Rodrigo Lira y a la época que representan. Los años oscuros, oscurísimos, vuelven a la memoria y la inquietan. Se me ocurren estos esbozos, con trazos muy gruesos, de algunos recuerdos de Rodrigo. Sobre su total exactitud no tengo certeza.

Adolfo Estrella


Uno

Rodrigo Lira, vestido con esa extraña mezcla de militar, guerrillero y socio de club de críquet inglés, camina sobre los prados del Pedagógico, cerca de la glorieta y las bugambilias. Viene de hablar con los jardineros del lugar. Sus intenciones, me dice, son estudiar Paisajismo, opción que se le presenta mucho más atractiva que sus aburridos estudios de lingüística. Los jardineros lo miran desde la distancia.

Dos

Patio del Museo Benjamín Vicuña Mackena. Me cuenta que está entusiasmado con un gran proyecto: importar, desde Méjico, ojolotes, un anfibio cuyos ejemplares en estado larvario son de gran belleza y que, en su opinión, constituirían un gran atractivo en la fuente del museo. Describe pormenorizadamente el proceso de reproducción de los bichos y se ríe con esa risa tan propia y tan cercana al llanto.

Tres

En algún semisecreto escenario universitario, en la época emergente de la ACU. Nuestro taller Terrón debutaba en las lides declamatorias. Leo, empujado por un irresponsable narcisismo juvenil, un malísimo poema de manufactura personal. De repente, aparece un extraño personaje disfrazado de chino que, interrumpiendo violentamente mi patética puesta en escena, recita un poema con fonética oriental, es decir, cambiando erres por eles, y cuyo contenido, entre otras cosas, hacía juegos de palabras con ACU: 'acupuntula', etc. Es Rodrigo Lira y, en ese momento, lo odio profundamente. Ahora pienso que me salvó, providencialmente, de seguir haciendo el ridículo.

Cuatro

Verano del ochenta y uno. Camino por Avenida Grecia, por la vereda de los 'edificios rojos', cerca de la casa de mis padres. Rodrigo va hacia su departamento (Avda. Grecia 907, departamento 22) y me invita a pasar. El lugar, austero, oscuro, con algunos montones de libros por el suelo, tenía una taza de WC sobre la mesa del comedor. Le cuento de mi cercano viaje a España. Me pide que le envíe cómics españoles y me entrega una lista. Me comprometo a hacerlo. No lo recuerdo pero, probablemente, no haya cumplido con el compromiso. Unos meses después, en ese mismo lugar, decide dar por concluido su sufrimiento.

7 octobre 2009

La nitroglicerina

La nueva arma de Bin Laden son los supositorios. En la botica Sana-Sana los supositorios eran de glicerina. En la botica de Ossama son de nitroglicerina. Va a ser que el cura Hasbún tenía razón y habrá que cuidarse del terrorismo anal.

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Nueve de cada diez personas interrogadas responden que sí se dan cuenta cuando alguien las está mirando por la espalda. La gente cree que de los ojos salen flechas, pero no, de los ojos no 'sale' nada, dice el científico, en los ojos rebota la luz, y la luz puede llegar a quemar.

Mi tío Pepe sostiene una teoría a este respecto. Los ojos son 'asomos' del cerebro (interfaces, cámaras-pantalla), así como las uñas son asomos del sistema óseo y la lengua es una víscera freudiana, perversa y polimorfa.
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Cuando yo era niño mi tío me contaba esta historia: Pepe es joven y quiere dar la vuelta al mundo. Pero se casa pronto y debe renunciar a la aventura. Una vez que enviuda, despliega sobre su casa un millar de globos (como los de cura brasilero) y se echa a volar rumbo a América. Pronto descubre que lleva a bordo un polizón, que no es otro que su sobrino, un niño gordito que toca la trompeta. Y así sucesivamente. Pues bien, ahora resulta que esa historia la dan en los cines y se llama Up. La iría a ver cuanto antes, el problema es que el cine de mi pueblo es ahora una iglesia evangélica.

3 septembre 2009

La jaula

La muchacha es muy guapa. Habla por el móvil con su madre. Pasa el controlador y le reclama su título de transporte. La muchacha se lo tiende, sin dejar de atender a su madre a través del teléfono. El controlador le hace notar que lo ha completado con lápiz y que debe hacerlo con bolígrafo. La muchacha le dice que ya es la segunda vez que se lo indica (quiere decir seguramente que el controlador le tiene manía).

El controlador replica que si se lo dijo una vez y no lo ha entendido, es una razón de más para cobrarle multa. La muchacha dice que ella va a dar un examen y que no está para que le caguen encima (traduzco). El controlador sube el tono de la voz, dice que él es padre de tres hijos y que no acepta que se dirijan a él con ese lenguaje. Que a la muchacha le sale aún leche por la nariz (traduzco) y no está para dar lecciones a los adultos.

La muchacha le dice a su madre que el controlador la está insultando. El controlador le pide el teléfono para hablar directamente con la madre. Al cabo de un par de frases, el controlador le dice a la madre: ‘Ya veo a quién salió la hija’. En seguida exige la presentación del carné de identidad de la muchacha, completa un formulario y se lo tiende. Son 64 euros de multa, que puede pagar en el plazo de dos semanas en la estación más próxima. La muchacha se pone de pie y camina por el vagón como si éste fuese una jaula.

Ayer, en cambio, otro ambientillo en el el vagón. Un hombre joven miraba al techo, contaba con los dedos y escribía en un papel. Creí que estaba haciendo el presupuesto del mes, pero no, estaba componiendo un haikú.

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