Pepe es de la generación que leyó a Mario Bunge y aprendió del filósofo
argentino que la ciencia es una e indivisible. Dios, en una palabra. Bunge se
preocupa por delimitar aguas con las que llama seudociencias, entre las cuales
cuenta nada menos que al sicoanálisis y a la homeopatía. Es de suponer que no
le ha quedado tiempo para despacharse con la astrología, o la dará por pan
comido.
También hay que decir que Pepe vive en una ciudad que tiene una universidad
al medio, en donde las ciencias duras y las ciencias suaves están separadas por
la línea del tren. La astrología no está todavía ni a un lado ni a otro, pero
al paso con que gana terreno en la atención de los caballeros (la atención de las
señoras ya la tiene captada desde hace varios decanatos), el día que decidan
construir la facultad de astrología van a tener que preguntarle a los astros de
qué lado ponerla.

Ciencia o no, dura o suave, lo cierto es que Pepe le debe a la astrología buena
parte de su audiencia. En cuanto se encuentra en una concurrida mesa en que
todos los comensales hablan al mismo tiempo del tema de la semana, la muerte
del feo Pinchote, Pepe echa mano a un embeleco infalible para conseguir que lo
escuchen:
“Es que era sagitario”.
A continuación siente como la concurrencia cesa cualquier conversación y lo
enfoca con ojos ávidos, hasta que un compungido señor lo interpela: “A ver,
según tú, ¿cómo es un sagitario?” (El señor es sagitario, sin ir más lejos).
“Bueno, alguien que carece de sutileza, suele ser avasallador, tiene el ego
hipertrofiado y siempre mete la pata”. Por lo demás, agrega Pepe, un sagitario
que muere en sagitario, como acaba de ocurrirle al feo Pinchote, no avanza ni
un palmo en el camino de la evolución. Se queda repitiendo, astrológicamente
hablando.
En seguida se abre el turno de preguntas de las virgo, de los escorpiones y
de las virgo (las virgo suelen ser súper insistentes), y así sucesivamente. Todos
quieren saber cómo son, incluidos los caballeros. Cuando le han dado la vuelta
al horóscopo, corresponde preguntar cuál sería el signo del pueblo chileno.
“Piscis con ascendente en Géminis”, no duda en responder. “Por varias razones. Primero
lo bueno: el pueblo chileno es perceptivo, ligero, bromista. Lo regular: es hablantín,
sacador de vuelta, tramoyista. Y lo malo, por último: en una palabra como en
dos, es hipócrita”. La concurrencia se queda de una pieza. “Gracias”, concluye
un caballero.
Pepe tiene repertorio, porque antes se ganaba la vida como autor de la
sección más leída del diario, el horóscopo. Se divertía enormemente escribiendo
las predicciones, donde auguraba a los lectores, a punta de imperativos
categóricos, salud, dinero y amor. Hasta que, como suele ocurrir en estos
casos, comenzó a aburrirse y pasó a predecir malformaciones, descubiertos
bancarios y adulterios. Cuando lo despidieron, fue a una astróloga clínica a
mirarse los astros. El problema lo tiene usted en Plutón, le dijo la astróloga
y le recetó polvo de estrellas con miel de coquitos. Algunos años después, los
astrónomos, científicos serios, lectores de Mario Bunge, hicieron desaparecer a
Plutón de los espacios siderales. Sin embargo, a Pepe aún no le pagan el
finiquito.
Hablando de esto, el polvo de estrellas es barato y abundante. Parece
poesía sureña, pero está científicamente comprobado que el polvo de estrellas
está en todas partes, sobre todo debajo de las camas y encima del televisor,
basta pasar el dedo para comprobarlo, porque los astros tienen tendencia a perder
polvo y nosotros a recogerlo. Descrito por los astrónomos, el universo parece
un lugar inhabitable: está lleno de polvo, gases y hoyos negros. Un retrete, en
suma.
Y ya es curioso que las personas debamos ir a escudriñar entre los astros,
tan lejos, nuestras verdades más pedestres. Descrito por los astrólogos, en
cambio, el universo resulta bastante más divertido, porque los astros suelen
ser casquivanos y algo esquivos. Como dioses griegos. Humanos pero
inalcanzables. Como quisieran ser, inútilmente, modelos y futbolistas. Será por
eso que, hoy por hoy, la astrología se ha convertido en tema de conversación
para caballeros. Y el día menos pensado se convierte en ciencia.
Bueno, a lo que iba, Pepe es acuario. Eso sí, con ascendente en tauro. Un
embutido de ángel y bestia, como diría Parra.
La Nación de Santiago de Chile, 14 de diciembre de 2006. PDF
PS: Hay que decir que nadie elige el lugar ni el día en que nace, ni sus astros tutelares, ni menos aun jugar en el mismo equipo zoodiacal que el feo Pinchote. Por lo demás, albricias, el feo Pinchote ya no juega.