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Camino de Santiago
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6 janvier 2016

El punto más remoto de la isla

Gran Canaria, 6

Nos vamos haciendo una idea de GC. Por momentos, en ciertos lugares, resulta entrañablemente provinciana, bien diferente de la región playera cosmopolitan, al punto de que algún municipio ha llegado a levantar un monumento a los poetas locales.

Tras comer en un sitio rodeados de familias que celebraban Reyes, un trecho del camino que hoy anduvimos no aparecía en el mapa, y si nos adentramos por él fue por puro empecinamiento. Entonces, cuando creíamos estar en el punto más remoto de la isla, en el lugar más a trasmano, apareció el típico rayado mónguer que, cambiando el nombre de la región, te encuentras en cualquier punto de la península: Canary Island is not Spain.

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13 juillet 2016

El tío de derechas

Voy leyendo la biografía de Robert Wyatt, Different every time. El título está tomado del primer verso de Sea song, la primera canción que Wyatt compuso en la segunda mitad de su vida, después de la caída.

Sobre esa segunda mitad de su biografía (y de la mía) espero escribir algo luego. De la primera parte, la del niño de Canterbury, un par de anécdotas:

Los padres de Robert eran laboristas. Pero un tío, el infaltable tío, era de derechas. Tan de derechas era que deletreaba su apellido, Wyatt, así: Waterloo, Ypres, Agincourt, Trafalgar, Trafalgar.

Fue en el colegio, en Canterbury, que Wyatt conoció a los que serían sus compañeros de Soft Machine. Cuenta Wyatt su primer encuentro con Hugh Hopper: «En seguida nos peleamos en el patio. Sus padres eran conservadores y los míos laboristas, estábamos condenados a pegarnos. Pero después de la pelea, una amistad eterna comenzó».

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17 juin 2015

Uno de Stevenson

Se han puesto de moda las bookbox y las givebox. Surgieron en la calle pero ya las han adoptado los centros comerciales. En el de mi pueblo han instalado una bookbox tamaño librería con estantes y sillas. Allí me hice con dos tomos de la Enciclopedia británica de 1968. En la acera de enfrente instalaron una givebox con libros, discos y adornos. A los pocos días alguien se llevó la caja y dejó los libros adornando la acera.

También en la web la lectura está desparramada por el suelo. Unos fondos de editoriales desaparecidas - fantasmas que desfallecían echados en unos predios oscuros- se pueden leer ahora a la luz de las pantallas, sin costo aparente. No sorprende que cierren las librerías o se conviertan en tiendas de cosméticos.

Pero lo que iba a decir es que me he leído un cuento largo de Stenvenson, Olalla. Transcurre en España, pero es perfectamente escocés, salvo tal vez por el matiz moreno de la piel de los hermanos de la historia, por alguna insinuación sobre el paisaje, por un trasfondo impreciso en las formas de la familia descrita. Es soberbio, como todo lo de RLS, aunque tal vez el final ofrezca menos de lo que dejaban esperar el inicio y el clímax.

Compré el ejemplar por 1,50 euros en la librería inglesa y encontré luego una traducción en un archivo mejicano abierto. Una vieja edición con numerosas erratas pero mayormente decente, una traducción algo ñona que se deja leer, placenteramente incluso. Escucho, sobre todo desde Iberoamérica, reclamos de traductores según los cuales habría que poner la literatura extranjera en la lengua en que hablan los lectores contemporáneos. Entiendo la exigencia y la comparto en parte, pero tampoco se trata de privarse del placer y del saber que traen las viejas traducciones. También porque viejos suelen ser en su lengua los propios textos vertidos.

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5 octobre 2015

Los perrillos

Fragonard, 2

Fragonard era bajo de estatura. Se casó con una mujer alta y fuerte, en todo diferente a las modelos del pintor. A su mujer la usó también como modelo, pero poco. En sus cuadros no abundan las personas feas. A pesar de ser meridional como su marido, la mujer de Fragonard tenía un tipo flamenco y un espíritu práctico. Era también hábil miniaturista. El pintor la llamaba «mi cajera» y dejó el negocio en sus manos. Y gracias a ella, pudo pudo permitirse algunos lujos. El principal, pintar lo que le daba la gana y desechar encargos latosos. A Fragonard le gustaba pintar muchachas y perrillos. No entendía yo tanto apego que algunas personas tienen con sus perrillos. Fragonard lo explica estupendamente.

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9 juin 2015

El incendio

No quisiera resultar pesadamente confesional pero sucede que ayer se incendió la casa donde yo vivía por los años de los que hablaba el sábado a propósito de mi profesor de química.

No vive uno en un lugar doce años —y a los doce años— sin que cuando ese lugar se queme chisporroteen unas cuantas brasas apagadas.

Desde esas ventanas por donde asoman llamas y humo contemplé yo cuando niño otros incendios y balaceras y atropellos, y también imágenes más dulces como el olor de la pastelería por las tardes mientras unas muchachas esperaban a sus novios. 

De a poco se fueron mudando a otros lugares las familias que allí vivían y el barrio fue convirtiéndose en un mercado de repuestos de automóviles. Uno de esos depósitos hizo fuego ayer. A no ser que fuese una tostaduría que se había instalado donde antes hubo una peluquería y antes la casa de una solterona.

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5 avril 2015

Nueve citas de Uriarte

TODAS LAS BUENAS metáforas tienen una pizca de humor. La primera que escuchó comparar sus dientes con las perlas sonrió, y no sólo por el halago. El primero que escuchó que «nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir», sintió una especie de sonrisa interna ante el ingenio del autor.

ESE INSTANTE DE alarma y temor a no entenderlo cuando anuncian que te van a contar un chiste.

MI IRRESISTIBLE TENDENCIA a leer en internet a gente que me disgusta y con la que no suelo estar de acuerdo. Este dice que cierra su blog durante un mes por vacaciones. Qué alivio.

A VECES PROLONGO hasta muy tarde la lectura de un libro para acabar de una vez con él y no tener que continuarlo al día siguiente.

A QUIENES MENOS conviene conocer en persona de todos los tipos de hombres de letras es a los poetas. La impresión de patraña suele ser hasta cómica.

GENTE TREMENDAMENTE AUTORITARIA en lo doméstico a la que el laissez faire, laisser passer le parece muy apropiado para el sistema económico.

EN CASA Y solo me siento más estúpido e ignorante que hablando con gente en la calle.

CASO ÚNICO. SE bañó en las aguas heladas del mar o de un río y no lo contó a nadie.

ES POSIBLE QUE en las semanas mejores deje de lado este diario y también que en las peores me esconda de él.

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1 août 2014

El hombre de la foto

Esta foto del cerro Santa Lucía, en el centro de Santiago de Chile, hace un siglo y medio.

El hombre de la foto me hace pensar en el hombre de Tiananmén, el que detenía a los tanques. Nuestro hombre del Santa Lucía hace frente a lo que viene, al tiempo que pondrá en lo alto del cerro un cañón, una bandera y un castillo donde se celebran matrimonios.

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22 janvier 2014

El faisán

Un poco de luz y el paisaje se vuelve habitable. Un rayo de sol y el ramaje de los árboles resulta ser verde, pardo y ocre, y a un costado del camino asoma un faisán. Se suceden los días oscuros, hasta que se abre paso la luz y se refleja sobre el plumaje del faisán.

La luz deja ver también la floración del avellano. Y avisa que la primavera ya está aquí aunque tarde en llegar.

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29 septembre 2013

Estación de la epeira

Otoño. Las cosechadoras dejan el campo trasquilado, como el ánimo, que aumenta según los días disminuyen. En el jardín las arañas se ponen nerviosas y a la menor oportunidad se cuelan dentro de la casa, donde pretenden pasar el invierno. Salvo las epeiras, fieles jardineras.

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Puente de autopista en Vieusart

26 novembre 2013

La publicidad

Hace ya más de ocho años que publico este blog en Canalblog. Hoy me entero de que hace diez años que Canalblog existe.

Una vez leí una novela en donde la protagonista tenía un blog de bordados en Canalblog. Ahora me entero, adamás, de que tres de cada cuatro blogs de aquí están escritos por mujeres.

Sé también que hay publicidad al pie de las entradas. Yo mismo no la veo, cortesía de la casa. Los visitantes sí, y espero que les guste. Supongo que será de bordados. 

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Bordado de Brodamaryllis

19 juin 2013

El protagonismo

Confieso que no he leído nada acerca de las manifestaciones en Brasil, o apenas los titulares. No porque crea que me lo sé todo de antemano y piense ya está todo visto y repetido. Que también. No lo he hecho porque, si además de leer sobre las manifestaciones en Brasil tengo que enterarme de lo que pasa en Irán y de lo que pasa en Turquía, no me queda tiempo para perseguir a mis caracoles, y eso que en esta época del año en estas latitudes los días son interminables. Lo cierto es que me parece que las clases medias de los países emergentes comienzan a exagerar con su protagonismo.

Además, me acuerdo de uno mis primeros entrevistados, un cura jovencísimo que llegaba de la Madre Patria más o menos huyendo del franquismo. Como por esos días la ciudad andaba agitada por unas manifestaciones estudiantiles, le pregunté por las razones que a su juicio llevaban a los jóvenes a las calles. Y pasé a enumerar una serie de motivos de índole mayormente sociopolítica y socioeconómica: el precio ¡y el valor! de los servicios públicos, en resumen. Sí, respondió, por todo eso. Y también por existir. Por sentirse existir.

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6 mars 2013

La ventana

Uno escribe algo sobre un papel en el tren y lo deja abandonado. Otro encuentra ese papel, lo lee, escribe algo sobre eso y luego lo olvida. Pasan las semanas y una madrugada alguien toma su tableta y escribe en Google « desear no haber nacido » y, de todas las ventanas que aparecen, elige abrir una, la de este blog. Me entero de esto por la mañana, a la hora en que sale el sol. Abro la ventana. Todo significa, aunque sea insignificante. Ubuntu, dicen en África.

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Óleo de Carabacho

16 février 2013

El mono Mimín

De la galería de fotos premiadas por el World Press Photo 2013, la habitual corte de los milagros retratada con oportunidad y buen pulso, la imagen que me he quedado mirando más detenidamente ha sido la del mono Mimín.

La foto, de Ali Lufti, está tomada en la ciudad de Solo, en Java, Indonesia. El pie de foto informa escuetamente sobre la costumbre local de amaestrar monos, comprados a bajo precio en los mercados, para subirlos sobre zancos a tocar la guitarra y entretener a los conductores en los semáforos. El viejo monito del organillero, en suma, en medio de la jungla urbana.

A ese mono y a ese muñeco los miramos muchas veces detenidamente en los días de la infancia, por separado eso sí, intuyendo tal vez lo mucho que tenían en común. Mimín los junta ahora en una misma imagen que es, a un tiempo, triste como la pobreza y delicada como la niñez.

Los dedos de los pies del amo del mono, deformados por la dureza del suelo. Esa máscara de muñeco roto que se levanta en el gesto del mono que pide, encadenado a su amo, y esa cola que se escapa del disfraz en que la han embutido.

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22 janvier 2013

Cada vez que pronuncia una frase su vida se acorta

Mi amigo Marcelo Maturana ganó el Concurso de cuentos Paula 2012 con el relato Las Estaciones de la noche. Como a Maturana no le gusta hablar en público y sabiendo que en la ceremonia de premiación le pedirían que hablase, escribió este cuento cursi y le pidió que hablase por él. 

 

Buenas tardes. Yo no estaba nervioso, pero durante el día tantas veces me han preguntado si estaba nervioso, que he terminado poniéndome nervioso. Es que soy muy sensible al efecto placebo. Y estoy aún más nervioso porque vi que uno de los finalistas anda con un libro en la mano, un libro cuyo título es El funeral del señor Maturana.

Supongo que ahora tendría que hablar, decir algo, más allá de mis agradecimientos a la revista Paula por organizar el concurso, a la UDP por colaborar y publicar el libro, al jurado por su arriesgada decisión, a los amigos y parientes por venir esta tarde a acompañarnos, y también a los finalistas, por no haber ganado.

Tendría que hablar, pero a mí no me gusta hablar. Los que me conocen de cerca lo saben: no me gusta hablar. Tengo muy buenas razones para ello, razones que no es del caso explicar aquí. Traumas infantiles que ahora no puedo detallar. Piensen lo que quieran. Pero tal vez pueda arrojar un poco de luz sobre una de esas razones, contándoles un cuento bastante cursi que funciona, tal vez, como una fábula didáctica e imperiosa.

Se trata de la historia de un hombre que era un poeta natural. Este hombre no escribía nada –no sabía escribir–, pero cada vez que hablaba lo que salía de su boca eran siempre unos versos extraordinarios que dejaban a todo el mundo maravillado. Esos versos eran involuntarios, espontáneos, casi inconscientes, y se referían a cualquier cosa que el poeta natural intentara describir o explicar. Eran versos inevitables. Y eran, por lo general, versos aislados que no se organizaban en poemas, salvo especialísimas circunstancias de las que yo, al menos, no tengo una idea muy clara. Pero a veces ocurría. Eran versos de todo tipo, con métrica y sin ella, con rima y sin ella, suscitados por cualquier situación cotidiana de la aldea donde vivía este poeta natural. Éste es un cuento cursi, y por lo tanto su acción se desarrolla en una aldea, como corresponde.

Todos los habitantes de la aldea le preguntaban cosas al poeta natural, trataban en todo momento de hacerlo hablar, de conversar con él, para poder así escuchar esos versos increíbles que, por otro lado, nadie anotaba, porque ésta era una aldea donde nadie sabía leer ni escribir. Los versos, apenas dichos, desaparecían, eran olvidados. Pero los aldeanos sí podían apreciar la belleza de esas frases y esas palabras que, a pesar de sí mismo, sin proponérselo, pronunciaba el poeta natural cada vez que se veía obligado a decir algo. Y es que él no podía sino hablar de esa manera cautivante y misteriosa.

El poeta natural, sin embargo, hablaba muy poco. Lo hacía sólo cuando era absolutamente indispensable, en versos ojalá breves, como arrepentidos, y si le era posible prefería comunicarse sólo con gestos, lo que siempre causaba en los demás una profunda decepción. Él trataba de no abrir la boca. De hecho, había optado por retirarse a una cabaña en las afueras de la aldea, que es también lo que corresponde en un cuento cursi como éste. A pesar de su aislamiento, los aldeanos y las aldeanas lo perseguían y lo acosaban para que hablara, para que dijera cualquier cosa, por el puro placer de escucharlo, aunque fuese un placer olvidado enseguida. El poeta lo evitaba tanto como le era posible. Y él sí que tenía buenas razones para ello.

No me pregunten por qué, porque lo ignoro, pero el hecho es que, con cada verso, largo o corto, que salía de los labios del poeta natural, él perdía inexorablemente un día de su vida. No conozco la razón ni la mecánica de esta triste magia, pero era así. Seguramente, era debido a alguna de esas razones embrujadas que abundan en las fábulas. Ustedes pueden entretenerse imaginando los antecedentes enigmáticos de esa suerte de mala suerte, esa especie de maldición paradójica que amenazaba en todo momento al infortunado poeta natural. La verdad es que, cualquiera fuese la causa de este castigo anónimo, su vida se acortaba en un día cada vez que él pronunciaba una frase, frase que siempre, siempre, consistía en un verso originalísimo, fuera verso libre, o endecasílabo, u octosílabo, o lo que sea: de eso yo no sé ni entiendo mucho. Pero cada frase-verso significaba para él un día menos. Y él, parece que por instinto, lo sabía.

El poeta se había ido aislando cada vez más, se refugiaba en su cabaña y en su mutismo, porque adivinaba oscuramente, si no con la lógica del intelecto, al menos con la sabiduría conjunta del cuerpo y del alma, cuáles eran las peligrosas consecuencias que tenía en él un acto en apariencia tan banal e inofensivo como hablar, aunque lo hiciese en versos inimitables y efímeros... O quizás precisamente por eso.

A veces, en la más rotunda soledad, odiaba con todas sus fuerzas ese curioso don que le había sido otorgado no sabemos por qué ni por quién, y que era a la vez una espantosa condena, avivada cada vez que lo asediaban sus porfiados oyentes. Rumiaba en sus pensamientos alguna manera de descubrir un antídoto que anulara esta supuesta maldición, ideada por alguna deidad o demonio, o bien esta simple condición natural de ser eso: un poeta natural combustible al fuego de sus propias y hermosas palabras. El poeta, para sobrevivir, se parapetaba en el silencio.

Llegó el día en debía celebrarse en la aldea el advenimiento de la primavera. Las pocas calles de tierra se llenaron de cantos y de bailes y de extraños ritos desvergonzados, simbólicos, arrebatadores, que no es posible precisar aquí; por pudor, naturalmente, y también por falta de tiempo. El poeta natural oía el barullo desde su cabaña y suspiraba sin decir palabra. De pronto apareció por allí una pequeña turba, hombres y mujeres jóvenes que venían a buscarlo, y aunque se resistió como pudo lo arrastraron al centro de la aldea. «¡Háblanos, di algo, lo que sea! », le gritaban, pero él mantenía la boca cerrada.

De pronto, como suele ocurrir en los cuentos cursis, apareció la más hermosa muchacha de la aldea: siempre hay una muchacha que es la más bella de todas, y su presencia suele traer consecuencias inesperadas o terribles. Esta mujer invitó al poeta natural a bailar, y él no pudo o no quiso negarse. Y así, bailando y girando, mareados los dos por la cerveza artesanal, fueron a dar, en una carambola, envueltos en una nube de polvo, a la pequeña casa de colores de esta muchacha que, oh sorpresa, vivía completamente sola. Es que era una joven con mucho carácter, y las tradiciones patriarcales de aquella aldea paradigmática la tenían sin cuidado, le importaban un soberano pepino.

Pasaban las horas. Era ya medianoche y estaban los dos frente a frente, sin tocarse, en la habitación de la mujer más bella y seductora de la aldea. Se miraban a los ojos, por supuesto, ya que éste es un cuento cursi; se observaban el uno al otro bajo la luz de la luna que entraba por la ventana. Y con su mirada ardiente ella le comunicaba sentimientos que le salían del corazón mismo del deseo, y que sin duda eran percibidos por el poeta natural como ideas o proposiciones encantadoras, irresistibles, puesto que de pronto, sin poder contenerse, le respondió con un largo verso emocionado. La muchacha creyó ver allí su propia imagen, como en un espejo de palabras que la embellecían aún más. Ahora era ella la que estaba fascinada. Sus ojos irresponsables, olvidadizos o ignorantes, le pedían al poeta natural que continuase hablando, que no se detuviera nunca.

No sé si fue la famosa flecha de Cupido lo que desencadenó los acontecimientos, pero el caso es que el poeta se puso a hablar y hablar, como un enajenado que largaba versos uno tras otro, mientras su amiga lo escuchaba extasiada. Y él, viendo el efecto que tenían en ella sus palabras, no podía ya contenerse. Le decía toda clase de cosas inimaginables por nosotros, y todo en forma de versos de increíble belleza, ya fuesen oscuros o luminosos, herméticos o coloquiales, arcaicos o futuristas. No está claro si era una antigua y reprimida vanidad latente, o bien la ponzoña del peligroso amor, aquello que impulsaba en él esta verborrea exquisita, íntima, sorprendente, emotiva, filosófica incluso. Pero la verdad es que el poeta natural estuvo hablando así toda la noche.

La muchacha, inmune a la fatiga, lo oía embelesada. Llevaba, de hecho, varias horas escuchándolo, sin pausa, cuando la claridad del sol empezó a adelgazar las fibras de la oscuridad de la noche. Ese cambio de luz fue para la mujer como el encendimiento de una ampolleta dentro de su cabeza, como la mordedura iluminada del insecto de Edison cuando aún permanece vivo en su capullo no orgánico. Una ampolleta que aún no se había inventado pero que la hizo recordar esa curiosa maldición que, según rumoreaban en la aldea, pesaba sobre el poeta natural como un mortífero reloj de arena. La recorrió entonces un escalofrío, y con un grito de angustia onomatopéyica se abalanzó sobre él para acallarlo, para sellarle la boca locuaz con un beso inexpugnable. Apretó sus labios contra los del poeta como si restañase una herida letal.

Pero ahora él había cobrado una conciencia lúcida de su propio arte. Se maravillaba de ese vertiginoso talento natural que poseía. Estaba aprendiendo a escucharse a sí mismo. Y, consciente de los poderes de su voz en el preciso momento del beso, se dio cuenta de que se encontraba nada menos que en la mitad del verso más extraordinario y definitivo que jamás hubiese pronunciado. Quizás fuera eso que se llama un hemistiquio, no lo sé, pero el caso es que, pese a toda la energía centrípeta de aquel beso profiláctico y desesperado, el poeta natural logró balbucear, entre los dientes que lo mordían como quien quisiera tapar el sol con un dedo, logró, digo, balbucear las palabras finales que completaban el verso. Le pareció que con ellas podía detener el tiempo y pisar la dulce arena de la eternidad. Eso es lo que sintió el poeta natural mientras la muchacha lo besaba. Y, acto seguido, murió en sus brazos.

© Marcelo Maturana

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Milena Vodanovic, directora de Paula, y Marcelo Maturana

20 janvier 2013

La carcajada

En la mesa vecina, un grupo habla en una lengua que no entiendo, que ni siquiera distingo. Puede ser eslovaco o esloveno. De pronto, en medio del flujo regular de las palabras estalla una alegre carcajada compartida. Uno de esos sonidos incomprensibles la provocó.

Por más habituado que estés, siempre sorprende.

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Óleo de Robert Henri

1 janvier 2013

Maneras de comenzar el año

Anoche, después de los fuegos artificiales y bajo la lluvia volvían los muchachos de la fiesta. Acalorados, descamisados. Como si estuviesen entre los trópicos. Pero es que ellos siempre están entre los trópicos, incluso al otro extremo del año.

Para ellos siempre hay una corrida de San Silvestre a punto de comenzar, una celebración, un año nuevo. A pesar de las calles vacías de tan vistas y de los días tan iguales a los de la semana siguiente.

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Óleo de Laura Lacambra

18 décembre 2012

La canción del ladrón

Los diarios llaman sucesos a la información proporcionada por la policía. Hechos varios, faits divers, lo que no cabe en las rúbricas principales -Mundo, País, Cultura. No está clara la diferencia entre suceso y sucedido, pero tal vez un sucedido sea menos trascendente aun que un suceso. Un sucedido, un hecho menor, al otro extremo de la escala que un once de septiembre o una explosión nuclear.

En La Ronde et autres faits divers Le Clézio afirma que l'incident s'annule au profit du dénominateur commun de toute souffrance humaine (dans) le fol et vain espoir de rencontrer, dans l'amour et dans la liberté, une merveilleuse douceur. No sé yo si será para tanto en este sucedido que leí esta mañana en el diario, pero tal vez por allí vaya la cosa.

En una casa en Burdeos, la policía dio con un ladrón arrellanado en el sillón del salón, con el televisor encendido y una botella de vino a medio beber. Las piezas de valor que contaba llevarse ya las tenía consigo pero, antes de escapar, el hombre se autorizó unos momentos de confort. Quiso robar también un poco de ese confort, una bocarada de ese calorcillo.

En La Ronde..., Le Clézio entrevista a un ladrón que lee el periódico, no la página de sucesos sino el obituario, para enterarse de la dirección y del día del entierro de algún pudiente y poder desvalijar tranquilamente su casa durante el funeral. El ladrón, de origen portugués, recuerda una canción que le cantaba su abuelo en su infancia en Ericeira, un puerto de pescadores al norte de Lisboa. ¿Por qué me acuerdo de esa canción y no de otra?, se pregunta.

O ladrão, ladrão
Que vida é a tua?
Comer e beber
Passear pela rua.

Era meia noite
Quando o ladrão veio
Bateu tres pancadas
Na porta do meio.

L

21 août 2012

Perchè gli spagnoli ridono jeje

Si se fijan, Google sugiere términos complementarios a lo que uno busca. Lo que se activa en esos casos es un logaritmo llamado Google Suggest. Así, si ponemos Por qué los españoles... caen mal, propone Google en seguida. O bien Por qué los españoles comunicamos mal. Esto quiere decir que esos son los términos de búsqueda más socorridos.

Pongo Por qué los chilenos... y el logaritmo se apura en completar Por qué los chilenos hablan tan mal o Por qué a los chilenos les dicen rotos. O, incluso, Por qué pican los chiles.

Cambias de lengua y funciona igual:

Pourquoi les Espagnols ont deux noms de famille.

Pourquoi les Espagnols ne chantent pas leur hymne.

Why do the Spaniards lisp.

Perchè gli spagnoli ridono jeje.

Este último es muy jocoso. Y no copio aquí lo que Google sugiere para otras nacionalidades por no ser faltoso. Y cuando digo que cambias de lengua y funciona igual, no es verdad, o no siempre. Pones Pourquoi les Chiliens... o Why do the Chileans... y Google se queda mudo, no sugiere nada. Ingrato.

Ahora bien, si damos nombres, si ponemos, por ejemplo, François Hollande y agregamos, un suponer, la letra jota, en seguida el logaritmo sugiere Hollande judío. O bien Luis de Guindos judío. O Madonna judía

Por esta razón, la asociación SOS racismo acusa a Google de discriminación. 

No hilaría yo tan fino. Pero sí desprendería que el logaritmo éste obedece a la lógica del establecimiento del lugar común. Tratándose de lo mismo, la mayoría manda.

Lo que pasa es que la gente nos asaltan las mismas dudas.

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7 avril 2012

Yo, Carrère

C Que Una novela rusa no es una novela ni es tampoco enteramente rusa lo sospeché desde un principio, como decía el otro Roberto Bolaño. En las novelas modernas, en las buenas quiero decir, el protagonista suele ser el autor y los personajes secundarios sus novias y y sus parientes. Estos últimos no siempre quieren salir en la novela, pero así es la vida de los escritores.

El libro cuenta tres historias. La de un joven soldado húngaro, hecho prisionero por los rusos al final de la Guerra, perdido durante medio siglo en un sanatorio de una ciudad remota de la estepa. La segunda es la del abuelo materno del autor, que deja con su familia su Georgia natal tras la revolución bolchevique y se instala en Burdeos, donde colabora con el ejército alemán y es ejecutado por la resistencia. Y la tercera, la historia del propio Carrère contando ambas historias y su apego a la Rusia de su madre y a su lengua, que se le resiste, y su inevitable o evitable historia de amor durante esas idas y venidas y la consiguiente publicación de una nouvelle erótica en Le Monde, y la filmación de una película sobre todo lo anterior.

El libro se lee ávidamente porque Carrère escribe muy bien y consigue dar suspenso a un material que en manos de un escribidor torpón sería de una banalidad aplastante. Es lo que hace de él un autor que vende miles de ejemplares, que no millones, porque millones vende la ficción desatada, a lo Harry Potter. Los escritores que venden miles de ejemplares, como Carrère,  lo que suelen contar es su propia vida valiéndose de las técnicas de la ficción desatada, de manera que sus lectores se divierten mientras se enteran de asuntos interesantes.

Así, un libro sobre la vida de un escritor parisino la gente va y lo compra y lo devora incluso. Damiela Eltit* sostiene que este auge de la literatura del yo sería parte de un programa político antificcional para controlar el desborde de la imaginación y acaso prevenir el desorden. Yo creo que se va por la estepa rusa, porque hay un lazo querido y no necesariamente impuesto entre un autor y sus interesados lectores. Ese lazo, esa avidez por conocer una vida supuestamente trepidante y la gracia de saber contarla, (más aún si reina en ella la famosa trilogía sexo, poder y prestigio), funda en parte la literatura y pasa por ahora también por los libros.

*(en The Clinic 15 de diciembre 2011)

19 avril 2012

El reino

Cuando me iba a contar una historia abracadabrante, mi abuela chilena la comenzaba así: En los tiempos en que había en Chile un rey... Se refería probablemente a la colonia o, más atrás, al tiempo de nunca jamás. 

Tantos años más tarde, la historia del rey que partió a cazar elefantes con una cenicienta y un vendedor de alfombras y volvió a pedir perdón apoyado en dos muletas cabe ampliamente en su repertorio. 

Durante estos años la monarquía había dejado de ser un asunto pendiente para convertirse en una especie de dato de la realidad, de su telón de fondo o de su soporte. Ahora que el propio monarca ha vuelto a poner la cuestión encima del gran montón de problemas, inesperadamente vuelven también esas historias remotas del reino de mi abuela. Yo creo a veces haberme ido lejos, ser otro. Y resulta que tal vez esté donde siempre.

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Carlos I, óleo de Gerrit van Honthorst

29 juin 2012

La autopista

Comenzaba el partido de España, antenoche, y yo estaba en la autopista. Encendí la radio y capté unos comentarios en directo. No era propiamente un relato del encuentro, como los que escuchaba cuando niño y era capaz de imitar, eran observaciones de unos locutores delante de una pantalla y encima de un micrófono. Los pocos conductores que circulaban miraban la carretera como si escucharan otra radio.

La sorpresa de descubrirse en otra onda suele darse en relación a las emociones: cómo puede ser que los otros ignoren mi dolor, se dice el narcisista. Y el hiperempático: cuánta gente sufriendo y yo perdiéndome esos sentimientos. Mi caso no era para tanto, no más que una forma de intensidad emocional de bajo calibre, la ansiedad.

La carretera es un lugar tan banal que puede llegar a resultar exaltante. Un palestino que había vivido toda su vida en un campamento de refugiados rodeado de alambradas, mirando el flujo incesante de los autos desde un puente sobre una autopista en Bélgica decía: esta es la libertad.

H

11 janvier 2012

El muchacho muerto

 Diario de Chile (10 + 2)

 

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En Punta Quelén está esta roca donde alguien pintó el retrato de un muchacho y escribió un mensaje. Alguien también vino detrás y emborronó el conjunto con pintura oscura. Sólo se distingue ya el nombre de pila del muchacho, Luis, y las últimas palabras del texto, «tu muerte».

Tratándose de Chile, es imposible no pensar en una muerte violenta. Un detenido desaparecido tal vez, alguno de quien alguien trata de mantener viva su memoria y elige como memorial un lugar apartado. Y otro se opone. No pude averiguar nada porque no había nadie. Tal vez sea mejor así.

En Punta Quelén llueve a veces y a menudo hay bruma. Y ahora puede estar pegando el sol. Sobre la roca suelen parar a descansar cormoranes y bandurrias.

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5 mai 2012

El busto

(Tres días en Luxemburgo, 2)

Cincuenta espléndidas ciudades andó Rimbaud, según los que saben contar. Los nombres de esas ciudades están alineados en la puerta de la que fue la casa de Rimbaud y ahora es uno de los museos que le están dedicados en su ciudad. [Recuerdo, por mi parte, haber listado también cuando tenía su edad las ciudades recorridas, pero en mi caso (en mi casa) creo que sólo eran 49].

La casa-museo de Rimbaud en Charleville no tiene cincuenta habitaciones, de manera que se concentra en las principales. Charleville, por cierto, París, Bruselas, Londres, Adén, Harar... La propuesta del museo es simple, muros encalados y suelos entablados, planos en el suelo y en el muro imágenes.

Rimbaud, ya está dicho, detestó intensamente Charleville, a la que llamaba Charlestown (Ma ville natale est supérieurement idiote entre les petites villes de province). Diez años después de su muerte, en 1901, las autoridades de Charleville, sintiendo probablemente una forma de culpabilidad retrospectiva y sabiendo, sobre todo, que en el futuro habría que contar con el personaje, quisieron recuperar el tiempo perdido y erigieron un busto de Rimbaud en la plaza de la estación, frente al café El Universo. Un busto dedicado no al escolar escandaloso ni al poeta de Las Iluminaciones, sino al explorador en África. A la avanzadilla de la civilización ardenesa. Un busto esculpido por el cuñado de Rimbaud, que el ejército alemán no demoró en desmontar durante la Primera Guerra.

Después de todo, a falta de ocupar Adén, o Harar, o cualquier otra de las cincuenta espléndidas ciudades, los alemanes sólo habían ocupado Charlestown.

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2 mai 2012

Ô mon beau Rimbaud

Tres días en Luxemburgo

Luxemburgo tiene la forma de un zapato chino, al interior del cual el borde nunca está lejos. Mis tres días en Luxemburgo comprendieron vueltas y pirivueltas por cuatro países, Francia, Bélgica, Alemania, además del mentado Gran Ducado.

El primer día de viaje fue rimbaldiano. Creía que Charleville sería fea y estaría deprimida, tal es la mala fama que tiene el noreste francés. Y no, o nunca tanto. La plaza ducal es admirable de armonía. A dos pasos de allí, al borde del vigoroso río Mosa, el viejo molino está convertido en museo Rimbaud, tanto como la casa donde vivió Rimbaud está también convertida en museo Rimbaud. Todo es Rimbaud en las inmediaciones, la panadería Rimbaud, la librería Rimbaud, la peluquería Rimbaud.

A los quince años se fugó Rimbaud de Charleville por primera vez, lo atraparon y volvió a fugarse en seguida y no dejó de huir de Charleville incansablemente en los veinte años que le quedaban de vida, a pie, en tren, en diligencia, como fuera, a como diera lugar, como pudiera. Es difícil encontrar a alguien que haya maldiecido a su ciudad de manera tan elocuente como lo hizo Rimbaud, a su ciudad y a sus provincianos burgueses.

Y la paradoja rimbaldiana, la parajoda del poeta maldito, es que son esos odidados burgueses de Charleville, a quienes Rimbaud quería hacer polvo, ellos mismos o sus descendientes, quienes han hecho polvo a Rimbaud. Y lo venden tan estupendamente.

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Cartel de Ernest Pignon Ernest (fragmento)

(Dos días después pasamos por Vianden, donde vivió en su exilio luxemburgués Víctor Hugo. Y ya de regreso en Bélgica, por Verlaine. Pero no quisimos entrar ni en uno ni en otro. Los poetas franceses, de a uno por fin de semana.)

Ô mon bien, ô mon beau...

21 avril 2012

El Tololo

Sabe, no fundo eu sou um sentimental, dice el fado, y no vamos a desmentirlo esta tarde. Que el premio Cervantes lo vaya a recibir, a nombre de Nicanor Parra, el Tololo, su nieto de 19 años, me empaña las gafas.

Que el viejo es sabio, ya lo sabíamos.

T

Colombina Parra, los Príncipes de Asturias, Cristóbal Ugarte

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