lundi 5 octobre 2015

Los perrillos

Fragonard, 2

Fragonard era bajo de estatura. Se casó con una mujer alta y fuerte, en todo diferente a las modelos del pintor. A su mujer la usó también como modelo, pero poco. En sus cuadros no abundan las personas feas. A pesar de ser meridional como su marido, la mujer de Fragonard tenía un tipo flamenco y un espíritu práctico. Era también hábil miniaturista. El pintor la llamaba «mi cajera» y dejó el negocio en sus manos. Y gracias a ella, pudo pudo permitirse algunos lujos. El principal, pintar lo que le daba la gana y desechar encargos latosos. A Fragonard le gustaba pintar muchachas y perrillos. No entendía yo tanto apego que algunas personas tienen con sus perrillos. Fragonard lo explica estupendamente.

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samedi 3 octobre 2015

El pestillo

Domingo de otoño en el Jardin de Luxemburgo, en París. La multitud se despliega como si estuviera en el salón de su casa. Se leen novelas, el diario, el tablero del scrabble, se hacen selfies junto a la fuente de los Medici. Los niños juegan a acumular castañas. 

A dos pasos de allí, la exposición Fragonard. Dudo si entrar o no, así es que entro. «En París, en medio de esos marquesillos, me siento pesado», decía Claus. Por mi parte, quiero ver cómo me siento en medio de esas marquesillas que pintaba Fragó justo antes de las pasaran por la guillotina.

Allí están sobre los muros. Naricillas, pezoncillos, sexos imberbes, cachetes sonrosados en caras y culos. Todo en tonos pastel de crema —bocado-rosa-celeste—. Decoración de tocador, entre muebles lacados y divanes. Cialis para amadores pudientes y potencialmente impotentes. 

Y allí en medio de esas naderías, quién lo diría, un chef d'oeuvre.

Jean-Honoré_Fragonard_009

Dos gestos cuentan la historia de la escena.

El del hombre es unívoco, como la fuerza que lo levanta sobre sus pies para echar el pestillo.

El de la mujer es ambiguo, porque su cuerpo se despliega y se repliega a la vez, su apertura se combina antagónicamente con el apartamiento de su cabeza. Lleva una mano a la cara del hombre como si quisiese apartarlo y alza la otra tras el brazo masculino no se sabe si para empujarlo a echar el pestillo o para retenerlo. Para que la escena tenga o no tenga lugar.

Porque el famoso pestillo es una doble llave que cierra la puerta a los testigos por detrás del cuadro, mientras que lo abre por delante para los espectadores.

Bueno, y tanto más: la continuidad de las telas, la manzana sobre la mesa, las flores por el suelo...

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samedi 26 septembre 2015

La playa

4

pesar del estrépito, salen lentamente y se despliegan delante de la casa. Cuando acaba por fin el movimiento —qué largo, qué violento—, las mujeres vuelven a entrar y los hombres se quedan fuera fumando, escrutando con inquietud la apariencia del mar. Están acabando el pitillo cuando escuchan la voz que sale del altoparlante del furgón policial y los intima a evacuar la caleta hacia las zonas altas. Alerta tsunami.

El furgón se detiene frente a la casa y los policías apoyan la orden con gestos. Hay que evacuar cuánto antes. Sí, pero cómo, se preguntan. No lo vamos a dejar aquí. Intercambian un par de miradas y deciden, sin palabras, abrir la puerta trasera del único vehículo disponible, la furgoneta de la pescadería.

Los deudos más cercanos cargan el féretro con solemnidad, como si lo llevasen a una carroza funeraria, y lo depositan en la furgoneta. Y se echan a andar tras de ella en procesión hasta las casas altas del pueblo. Frente a una de ellas se detienen, descienden al difunto y prosiguen el velorio mientras, abajo, la ola barre la playa y se abre paso río arriba.

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samedi 19 septembre 2015

Mahler y el cachorro

Muerte en Venecia vista hace tantos años desde el tercer mundo... Impresionaba ver con qué gran clase Europa exhibía su decadencia. Y la música de Mahler, a qué distancia insalvable quedaba de  la música que salía de la radio de la cocina o de los parlantes del estadio en el medio tiempo. Me refiero a la película de Visconti, en la novela de Mann Mahler no asoma.

En Le Dernier coup de marteau hay también un muchacho que escucha a Mahler por primera vez. Y un hombre mayor que se acerca porque no puede evitarlo. Y el mismo mar y la misma muerte, que nunca anda lejos. Pero ahí se acaban los paralelos y comienzan los meridianos. En este Ultimo golpe de martillo no hay muerte en Venecia sino abundante vida en Montpellier.

Antes o después de escribir algún un comentario, suelo leer lo que dicen los críticos. A veces comparto, otras no. Esta vez me ha sorprendido el argumento del crítico del Monde: la película no es mala pero desmerece porque se parece mucho a la anterior de la misma directora... Pero si los cineastas hacen una y otra vez la misma película, que van mejorando o empeorando, según. O bien saltan de una cosa a la otra justamente para que no se diga que hacen siempre la misma película.

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jeudi 17 septembre 2015

8.4

Guerra en Siria, en Yemen, golpe de Estado en Burkina Faso, terremoto en Chile... De un pájaro, ¿qué firmeza? De un tirano, ¿qué piedad?

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samedi 12 septembre 2015

La playa

3

Es  la única bañista en la playa de Mokha, en el sur de Yemen. Un grupo de niños afluye y entra en el agua, vestidos.

La bañista se mueve siguiendo el oleaje y los niños acompañan el movimiento como si fuesen un cardumen.

Cuando decide salir del agua, los niños van detrás de ella. En ese momento asoma por la playa desierta un muchacho moviendo los brazos como remolinos. En cuanto lo ven, los niños se dispersan. Su manera de alejarse se asemeja al movimiento de los cangrejos que reculan a esa hora por la playa con su concha a cuestas.

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lundi 7 septembre 2015

Los refugiados

En un momento de Dheepan, la historia de unos tamiles refugiados en París, Palma de oro este año en Cannes, el lacónico protagonista confiesa que no entiende a los franceses. A veces los veo reírse, dice. Entiendo cada una de sus palabras, pero no sé de qué se ríen.La mujer que lo escucha mueve la cabeza de tal manera que no está claro si está diciendo «sí», «no» o «más o menos» y finalmente estalla en unas risas. ¿Pero cómo vas a entender tú lo que tiene gracia si tú no tienes ninguna gracia?

Los emigrantes, por no decir los refugiados, siempre tenemos algo en común. El niño no quiere ir a la escuela. El hombre le opone este argumento: «Tú y yo tenemos un secreto. Nosotros vamos a trabajar y tú vas a la escuela a aprender francés. ¿OK? Si no, nos mandan de regreso a Sri Lanka».

Es una pena que el filme acabe a tiros. Audiard habrá integrado la idea que las buenas películas, como Taxi Driver, acaban a tiros. Pero tal vez en Deephan los tiros no eran estrictamente necesarios, o llegan antes de tiempo, o demasiado tarde.

Lo cierto es que ese hombre oscuro que se te acerca en la terraza del restorán tocado con unas orejas de mickey fluorescentes a venderte una rosa tiene algo que contar. Ya sé que todos tienen algo que contar. Ya sé que parecen muchos. Tampoco estás obligado a escuchar.

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samedi 5 septembre 2015

La playa

2

La playa nudista está separada de la caleta por un peñón. Al atardecer de un domingo de verano los nudistas están adormilados por el sol, a esa hora en que hasta los niños se cansan y se quedan pensativos.

Asoma entonces lentamente un bote de pescadores que han sacado en procesión a San Pedro. Los bañistas lo miran surcar el mar en silencio, hasta que el pescador que lleva a San Pedro se levanta y grita:

¡Os vais a resfriar!

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mercredi 2 septembre 2015

La playa

Al atardecer de un domingo de verano los nudistas están adormilados por el sol, a esa hora en que hasta los niños se cansan y se quedan pensativos.

Por el mar asoma entonces lentamente una patera y se acerca a la playa. Un grupo de refugiados desembarca en silencio y se abre paso entre los nudistas. 

Cierra el grupo una mujer que carga a un niño en los brazos. Una nudista se levanta y le tiende una botella de agua. La mujer recibe el agua y le tiende a su vez un paño para que se cubra.

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vendredi 28 août 2015

El monte

Al subir por el sur, impresiona ver como en torno a la cima desaparece la vegetación y el monte se cubre de una espesa capa de piedra caliza, un manto como de nieve seca, de nieve de verano.

Un paisaje lunar o estelar es lo que uno ve si mira al suelo. Si levanta la vista, en cambio, lo que ve es terrestre por donde se lo mire: los Alpes, la planicie provenzal, el macizo central, la mar que se adivina por el sur.  

Alguna mata de tomillo valiente apechuga entre las piedras blancas y si uno la restrega se le queda pegado a los dedos un olor acérrimo. Alguna cagarruta de oveja también hay, la prueba de que los selfistas no hemos desplazado completamente a la fauna de origen. Y abundantes ciclistas mimando los gestos del Tour sobre las pintadas desteñidas por el sol de agosto. Y la sombra fresca del maquis Ventoux, el que resistió como pudo cuando el mistral soplaba en contra.

Qué bien se respira arriba sabiendo todo esto. Incluso sin saberlo, qué bien se respira en la cima del Ventoux.

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Bajamos del monte por la ladera norte buscando el río Toulourenc, en cuyos bordes limosos encontramos estas huellas de paxarín parleru

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