samedi 28 juillet 2012

El Toreador inglés (La ceremonia inaugural)

Despeñavírgenes (3)

Viendo anoche la ceremonia inaugural de los JJOO de Londres, me acordé de Georges Bizet, de cuando debió reescribir su famosa ópera Carmen, hoy la más representada en el mundo. Una primera versión de la ópera, sin embargo, había sido un fracaso, disgusto del que el francés nunca se repuso del todo y lo llevó a la tumba a los 36 años. Bizet tuvo que trabajar duro, no está claro si para mejorarla o para empeorarla, hasta conseguir que triunfara.

Así fue como le agregó el célébre preludio del ToreadorCuando se presentó con él a la Opéra-Comique parisina, Bizet lanzó los folios sobre el escritorio del director y exclamó: «Vous vouliez de la merde, en voilà !».

B

Bizet por Paul Helm

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mercredi 25 juillet 2012

Una meridionalidad

Cuatro días en Gauma (3)

El 21 de julio es la fiesta nacional belga y al mediodía llueve. En vista de la votación del nacionalismo flamenco que predicen los sondeos, pocos 21 de julio nos quedan. De manera que decidimos celebrar éste en el punto más distante del nacionalismo flamenco, la Gauma, el extremo meridional de Bélgica.

La Gauma cultiva su meridionalidad con esmero. Rodeados por la Ardena belga y la Lorena francesa y luxemburguesa, los gomeses dicen tener el ánimo jovial gracias a los dos o tres grados más de temperatura de que disponen. Tanto así que en un par de villorrios gomeses, los techos de las casas de piedra caliza están cubiertos de tejas romanas, proscritas al norte del río Loira en razón del frío. Se dice, pero no lo he visto, que como buenos belgas cultivan también un jardincillo surrealista donde juegan petanca con cubos en lugar de bochas. En su versión naturalista, beben cerveza de la abadía de Orval y fuman tabaco local, como en las historias de Servais.

No tengo quejas del comportamiento de los gomeses, al contrario. Todo lo bien que me habían hablado de ellos lo he visto cumplido, lo que no quiere decir que sean previsibles, aunque también.

Y por cierto, estaba previsto y el 21 al mediodía diluvió.

S

Ilustración de Servais

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mardi 24 juillet 2012

La ciudadela

Cuatro días en Gauma (2)

Otra disonancia en el norte de Lorena: el tamaño de la ciudadela de Montmédy en relación al tamaño de la ciudad que protegía. Pero, claro, la ciudadela no protegía sólo la ciudad, sino la región, que fue frontera del imperio de Carlos V, y antes el condado de Chiny, y el ducado de Luxemburgo, y después la línea Maginot.

Desde la ciudadela de Montmédy es imposible no pensar en la línea Maginot y adivinar a lo lejos Verdun, esa carnicería. Ni ver, abajo, el regimiento convertido en prisión, a escala industrial, cercada por altos muros y enrejados, con los presos atrapados allí dentro. Es hora de visita y las imágenes de los presos con sus familias en el patio a través de los prismáticos aprietan el corazón del asoleado domingo por la tarde.

M

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El gótico campestre

Cuatro días en Gauma

Avioth, en la Lorena francesa, tiene 126 habitantes y una basílica gótica, Nuestra Señora de Avioth. Desde la nada soporífica del campo interminable surgen las formas flamígeras de una basílica.

La basílica es gótica pero pequeña, primera contradicción, porque lo gótico apunta a la grandiosidad. Y está en medio del campo, segunda oposición, porque estamos acostumbrados a ver a las catedrales como cimas del tejido urbano. 

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mardi 17 juillet 2012

El morcillismo

(Despeñavírgenes, 2)

Con todo, el mejor chiste de Mémoire espagnole no es el de las vacas. En la cumbre de las Azores, para agradecer la participación de España a la invasión de Irak, Bush presentó a Aznar como presidente de la República española. Enterado de esto, el Rey le habría dicho al embajador norteamericano: Give my best to King George.

Lo que busca Carrière es dar con el alma española, a través de la descripción de sus contactos con la gente y los lugares de España, intento que tiene ilustres predecesores, Potocki, Andersen, Nooteboom, entre los septentrionales. El alma de un país se muestra en sus grandezas y sobre todo en sus pequeñeces. A una de éstas, Buñuel la bautizó como el morcillismo.

Morcillismo por el pintor Morcillo, al que van a visitar De Falla y Lorca en tiempos de la Residencia de Estudiantes. El pintor recibe amablemente al músico y al poeta y les muestra sus obras, que estos juzgan admirables. Cuando ya se van, observan que hay otros tantos cuadros apilados contra un muro y quieren saber de qué se trata. No son nada, dice Morcillo, no valen la pena. De Falla y Lorca insisten y cuando por fin pueden verlos, exclaman: Pero si son muy buenos, también. No, no, protesta Morcillo, no valen nada. Puede ser que la composición no esté mal, pero los fondos no están logrados. Bueno, tal vez tenga razón, dice De Falla, tal vez los fondos no estén bien acabados, y Lorca asiente. En cuanto los escucha decir esto, el pintor Morcillo se encoleriza, los trata de ignorantes y los echa de su casa con un portazo.

La actitud de Morcillo tiene un precedente notable en una novela francesa que transcurre en España, Gil Blas de Alain-René Lesage. Gil Blas es un joven cántabro pobre que se convierte en secretario del arzobispo de Granada. Este, ya mayor, le pide un día a Blas que si nota que sus facultades decaen a causa de la edad, se lo haga saber. Es su deber hacerlo, le dice, vivo rodeado de aduladores y sólo puedo confiar en usted. Un día que la prédica del arzobispo ha sido particularmente deficiente, se queja éste frente a Gil Blas en la sacristía. No debería predicar más, mire qué mal lo he hecho. Gil Blas lo reconforta diciéndole que su prédica ha sido estupenda. Tal vez al inicio, dice el arzobispo, pero la conclusión ha resultado un desastre. Bueno, dice Gil Blas, para llevarle la corriente, tal vez la conclusión ha sido inferior que el inicio pero el conjunto ha estado muy bien. Imbécil, responde el arzobispo, estás despedido, desaparece de mi vista.

El morcillismo, o su sombra, asoma también en este último chiste: Dos muchachos comienzan a insultarse. Tu madre es una puta, grita uno. Y tu padre un cornudo, responde el otro. Así, hasta que se van a las manos. Pasa entonces un francés e intenta separarlos. Déjelos, interviene un vecino, que no ve que son hermanos.

G                                 

Goya, Niños trepando a un árbol

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samedi 14 juillet 2012

Despeñavírgenes

España es un país raro. Todos los países son raros, de cerca nadie es normal. Pero España exagera a veces, o a menudo. Yo no me atrevería a decir esto, así como así. Si lo pongo aquí con todas sus letras es porque lo he leído en un libro. El libro es Mémoire espagnole, de Jean-Claude Carrière, quien fue guionista de Buñuel.

¿Y en qué radica el exceso español? Buñuel decía que el sueño de todo español es mantener un harén, con efebos y todo, lo que origina mil y una sordas decepciones. Sin hablar del regionalismo exacerbado, que es lo mismo que querer tener un harén, a otra escala. Todo esto a ojos de un francés, como Carrière, que aplica a España una mirada distanciada de vecino inmediato, puesto que es occitano. Tan frecuente e intenso ha sido mi contacto con España, dice Carrière, que me he convertido en español. Español, sí, ¿pero de qué parte del estado español?, como diría un regionalista.

El exceso español (Spain is different se decía durante el franquismo) linda con el fanatismo. En el camino hacia el fanatismo ordinario no hay nada peor que un converso, decía también Buñuel. Y peor que un converso es un converso con tribuna. ¿Cómo puede ser que un país que en sólo una generación dejó atrás la dictadura y la pobreza a través de un ejercicio de equilibrio preste tanta atención a un puñado de desequilibrados? ¿O, tal vez, son esos excesos verbales la expresión catártica que permite el equilibrio?

Pero, bueno, ¿cómo no va a ser raro un país que venera a tantas vírgenes, cuando no las despeña, como hacen los habitantes de Calanda, tras sacar en procesión a la Virgen del Pilar para que llueva? Y como después de la procesión no llueve, despeñan a la virgen. Tal vez sea eso lo que hacen los conversos que pontifican en los medios: despeñan vírgenes, las mismas que idolatran.

Y si España, la madre patria, se permite estas rarezas, ¿qué queda para los churumbeles?, pregunta mi tío, que es ultramarino.

En fin, para que no quede mal sabor de boca con tanta rareza, acabo con un chiste que le cuenta Jesús Franco a Carrière. Está un pastor cuidando dos vacas. Pasa un francés y le pregunta: ¿Comen bien? ¿Cuál?, responde el pastor. La blanca, dice el francés. La blanca come bien, responde el pastor. ¿Y la negra? La negra también.

Se queda un rato el francés mirando las vacas y vuelve a preguntar: ¿Dan buena leche? ¿Cuál?, responde el el pastor. La blanca, dice el francés. La blanca da buena leche, sí, responde el pastor. ¿Y la negra? La negra también.

¿Por qué me preguntas cada vez a cuál me refiero?, pregunta el francés. Te lo pregunto porque la blanca es mía, responde el pastor. ¿Y la negra? La negra también.

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lundi 9 juillet 2012

Marisa Berenson à Spa

Su nombre lo indica, Spa es ciudad termal.  Tiene fama y como está cerca de tres fronteras al sureste de Bélgica (Holanda, Luxemburgo y Alemania), la mayoría de los visitantes vienen de los países vecinos, algunos incluso de países lejanos y más o menos emergentes.  

Spa sería un retroacrónimo, es decir que su nombre precedería al acrónimo, Sana per acqua, que designa a los baños y a la hidroterapia. Lo cierto es que el agua de Spa es rica y abundante y bien que ya lo sabían los romanos. La ciudad vivió su época de gloria durante la ocupación austriaca y más tarde, María Enriqueta, la mujer de Leopoldo, el segundo rey de los belgas y propietario del Congo, se trasladó a vivir en ella y allí murió. En Barry Lyndon hay un par de escenas que transcurren en Spa, en las que reina Marisa Berenson.

Las termas modernas están bien en lo alto de su colina, con sus piscinas y sus vapores, pero lo mejor que ofrecen es una sauna con grandes ventanales desde donde se puede apreciar la ciudad y la comarca desplegarse en contrapicado en la amplitud del paisaje. Los verdes de la Ardena y los tilos en flor resultan más vívidos aun vistos desde el calor atacameño. Las gotas corren entonces sobre la piel como los dedos sobre el teclado del piano en la Danza de Schubert.

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jeudi 5 juillet 2012

La puttana

To Rome with love se llama la última de Allen, que persevera en la tarea de embarcarnos en sus city trips por la vieja Europa. El envío de postales se le da bien, ese color calabaza de los palacios romanos mejora sobre el celuloide o su sucedáneo.

Las historias de Allen suelen ser siempre las mismas, las parejas jóvenes, maduras o viejas, ricas o menos ricas, gringas o menos gringas se frotan entre ellas con resultado de abundantes equívocos, numerosas risas e incluso alguna arruga en el alma. Marivaudages entre preciosas ridículas y galanes declinantes, o al revés.

Se sabe que Allen produce un filme cada año y que él mismo no los ve tras su estreno, ocupado como está con el siguiente. También, que esta última serie europea ha sido un éxito de público y de crítica.

Este, romano, tras Barcelona, Londres y París, parece el peor de los cuatro filmes. Los costurones que sostienen el entramado de las historias que el cineasta cuenta en paralelo son bastos y, en un par de ellas, los recursos argumentales resultan demasiado gordos. Lo mejor probablemente (mucho más que Begnini haciendo de Allen mediterráneo), sea el propio Allen haciendo de Allen, resistiéndose a la jubilación y a la muerte al precio de darle la tabarra a la concurrencia, perfectamente desenmascarado por su psiquiatra de mujer.

Y, quien lo iba a decir, quien sale mejor parada es la puttana romana, Penélope Cruz en persona. Ya en Volver, de Almodóvar, Cruz componía un personaje directamente sacado de lo mejor del neorrealismo italiano. En To Rome with love da un paso más en su propósito de demostrar que es ella, hoy por hoy, lo más parecido a Sofía Loren de cuanto se mueve por las pantallas. En contraste con las gringuitas sosas o insufribles, Penélope tiene un efecto tónico o, mejor aún, gazpáchico.

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lundi 2 juillet 2012

Los abrazos

El fútbol trae por la tele un poco de todo y sobre todo emociones. La Eurocopa fue una zarabanda para los sentidos y las emociones que desata este juego colectivo. Y el uso que les damos. Decía el otro día que veo los partidos para entender lo que se comenta luego. Y también que el alma humana habla incluso por los pies. Y es verdad que hemos visto el alma de unos cuantos transparentarse.

Ha ganado España otra vez y está muy bien que sea así. Durante mucho tiempo tuvimos que escuchar abundantes tonterías sobre la supuesta incapacidad de los españoles para forzar a través de la victoria el reconocimiento ajeno. Hubiese querido no escucharlas cuando niño pero, cómo tuve que hacerlo y no las he olvidado, hoy día la alegría es doble al ver nuevamente demostrado que no era así, y no sólo para mí (que bien lo sabía) sino también para los otros, para los demás. 

A partir de 2008 ha sido un placer sacarse las ganas de ganar. Y no se trata de ganar por ganar sino de ajustar el valor propio al reconocimiento ajeno. 

Por lo demás, qué alegría ver esos goles, gritarlos con el alma y abrazarme con los míos.

E

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vendredi 29 juin 2012

La autopista

Comenzaba el partido de España, antenoche, y yo estaba en la autopista. Encendí la radio y capté unos comentarios en directo. No era propiamente un relato del encuentro, como los que escuchaba cuando niño y era capaz de imitar, eran observaciones de unos locutores delante de una pantalla y encima de un micrófono. Los pocos conductores que circulaban miraban la carretera como si escucharan otra radio.

La sorpresa de descubrirse en otra onda suele darse en relación a las emociones: cómo puede ser que los otros ignoren mi dolor, se dice el narcisista. Y el hiperempático: cuánta gente sufriendo y yo perdiéndome esos sentimientos. Mi caso no era para tanto, no más que una forma de intensidad emocional de bajo calibre, la ansiedad.

La carretera es un lugar tan banal que puede llegar a resultar exaltante. Un palestino que había vivido toda su vida en un campamento de refugiados rodeado de alambradas, mirando el flujo incesante de los autos desde un puente sobre una autopista en Bélgica decía: esta es la libertad.

H

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