jeudi 13 septembre 2012

Estorninos de Lovaina

Sobre la grúa amarilla, tan negros como son, despegan todos a una hacia el poniente y componen y descomponen caligrafías, juegos de tinta, ideogramas chinos, pinturas enigmáticas, emergencias, resurgencias, árboles de los trópicos, pliegues y quiebres, lejanías, turbulencias, fuegos artificiales, vientos y polvos, frenadas y enfrentamientos, desplazamientos, despejes, son el primero y el último, la multitud, la miriada, la bandada, el vacío y el volumen, el resultado. Y así se posan por fin sobre los árboles cuando se borran los arreboles.

SF

(Sobre la base de textos de Henri Michaux.)

Estorninos de Roma.

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mercredi 12 septembre 2012

El camarada Li

Las dos primeros viajes de Kapú al extranjero a fines de los años cincuenta tuvieron como destino la India y China. En ese orden. Ambos países eran por entonces pobres y superpoblados. Y lo siguen siendo, sólo que ahora, además, son potencias emergentes, signifique esto lo que signifique. La comparación entre ambas realidades, la india y la china, se hace así inevitable y Kapú no se priva de hacerla:

'El indio es relajado, el chino es crispado y vigilante. La multitud en India es informal, fluida y lenta. La multitud en China, en cambio, es ordenada y marcial: parece evidente que está dominada por un guía, por una autoridad suprema. En revancha, flota sobre la multitud en India un areópago de divinidades indulgentes. Si la multitud en India descubre algo curioso, se detiene, observa con detención y se echa a discutir. En la misma situación, en China, la multitud sigue su camino, compacta, obediente, la mirada fija en frente. Los rostros de unos y otros son también diferentes: el rostro del indio reserva sorpresas, mientras que la cara del chino nos dice que esconde algo que ignoramos para siempre jamás'.

Hasta aquí muy bien, pero lo que le pide el cuerpo a uno es saber si ya por ese entonces había, tanto en India como en China, signos anunciadores de lo que vendría luego, medio siglo más tarde, el famoso boom económico chino (e indio, ya que estamos, y también del presente decaimiento del repunte, para ser completos), y si Kapú los vio venir.

No sabría decir. Habrá que seguir leyendo Mis viajes con Heródoto. A veces la mejor respuesta es dejar la respuesta pendiente, como hizo el chaperón de Kapú en China, el camarada Li. Perplejo frente una lectura, Kapú le pide al camarada Li que le explique su sentido: 

'Un día Zuanzi sueña ser una alegre mariposa que vuela libremente sin saber que él es Zuanzi. De pronto despierta. Ha vuelto a ser Zuanzi. Ahora ya no sabe si la mariposa es el sueño de Zuanzi o si Zuanzi es el sueño de la mariposa'.

El camarada Li lo escucha, sonríe, toma notas y responde que le responderá más adelante.

Ch

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mardi 4 septembre 2012

Los tres pilares de la civilización

Ebano es un librito de crónicas sobre África, un compendio de periodismo Kapú en formato de bolsillo. Con todo, fornece unas cuantas ilustraciones morrocotudas. Cómo nace una religión, el mercado, la guerra. Nada menos que los tres pilares de la civilización.

Sobre la religión, esto que cuenta Kapú será un equívoco tropical, pero no se diferencia mucho del que fundó el cristianismo. Me parece a mí, que de niño fui sacristán:

«Leshina vivía en Zambia. Tenía unos cuarenta años. Era vendedora en la pequeña ciudad de Serenje. No se distinguía por nada especial. Corrían los años sesenta y entonces se topaba uno con gramófonos de manivela por aquí o por allá. Leshina tenía un gramófono de aquellos y un disco, uno solo, muy gastado y muy rayado. El disco contenía la grabación de un discurso de Churchill, de 1940, en el que el orador exhortaba a los ingleses a aceptar las privaciones y los sacrificios de la guerra. La mujer instalaba el gramófono en su patio y daba vueltas a la manivela. Del altavoz metálico y pintado de verde salían roncos gruñidos en los que se podían adivinar los ecos de una voz patética e incomprensible. A los miserables que allí acudían, cada vez más numerosos, Leshina les explicaba que era la voz de Dios, que la nombraba su mensajera y ordenaba obediencia ciega. Auténticas muchedumbres empezaron a acudir a su casa. Sus fieles, por lo general pobres de solemnidad, con un esfuerzo sobrehumano construyeron un templo y comenzaron a decir allí sus oraciones. Al principio de cada ceremonia el bajo estrepitoso de Churchill los sumía en estado de trance y éxtasis. Pero las autoridades se avergonzaron de tales manifestaciones y el presidente Kenneth Kaunda mandó contra Leshina a la tropa, que hizo polvo el templo y asesinó a varios cientos de inocentes».

Sobre el comercio, el intercambio impersonal que funda el mercado, Kapú transcribe el relato que hace Alvise da Cada Mosto, un mercader veneciano del siglo XV, de un trapicheo al borde del río Níger:

«Cuando los negros alcanzan las aguas del río, cada uno de ellos hace un montículo con la sal que ha traído y lo marca, tras lo cual se alejan todos de la ordenada fila de esos montículos, retrocediendo a una distancia de mediodía, en la misma dirección de donde han venido. Entonces llegan unos hombres de otra tribu negra, hombres que nunca enseñan nada a nadie y con nadie hablan: llegan a bordo de grandes barcas, seguramente desde alguna isla, desembarcan en la orilla y, al ver la sal, ponen junto a cada montículo una cantidad de oro, tras lo cual se marchan, dejando la sal y el oro. Una vez se han ido, regresan los que han traído la sal y si consideran suficiente la cantidad de oro, se lo llevan, dejando la sal; si no, dejan sin tocar la sal y el oro, y vuelven a marcharse. Entonces los otros vienen de nuevo y se llevan la sal de aquellos montículos junto a los cuales no hay oro; junto a otros, si lo consideran justo, dejan más oro o no se llevan la sal. Comercian precisamente de esta manera, sin verse las caras y sin hablar unos con otros. Tal cosa dura ya desde hace mucho tiempo, y aunque todo el asunto parece inverosímil, os aseguro que es verdad».

Esta última consideración de Alvise da Cada Mosto, «aunque todo el asunto parece inverosímil, os aseguro que es verdad», podría hacerla el propio Kapú en cada una de sus crónicas. Sobre todo en el relato de los lances de guerra, el tercer pilar que iba a ilustrar y dejo para la próxima.

N

Foto de Lionel Pupin

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samedi 25 août 2012

Monrovia, fundido a negro

A la mitad de un duro invierno tan bueno enero como febrero, mi tío fantasea con un personaje que compra el diario, lo abre en la página del tiempo, busca el lugar del mundo con la temperatura más alta, se va al aeropuerto y se sube en el primer avión que vuela en esa dirección.

Ese lugar podría ser Monrovia, Liberia, si ésta apareciera en la lista del diario. Debería aparecer, debería ser Monrovia. El capullo ése, el personaje que quiere huir del invierno, se merece aterrizar en Monrovia y recibir la vaharada de humedad caliente del aire de Monrovia en plena cara, se merece entregar los papeles a unos mangantes al pie del avión, dejarse arrastrar en un taxi trucho hasta un hotel podrido y caro, refugiarse en una habitación (la 107) tomada por las cucarachas e, incapaz de dormir, leer El Infierno de piedra, el capítulo que Kapú dedica en Liberia en Ébano

Liberia, claro, el país que fundaron los esclavos liberados por un grupo de bienintenciados, que no tardaron en reproducir el esclavismo del que huían. El país con mayor número de huérfanos, de viudas, de descuartizados y de warlords por kilómetro cuadrado.

Qué fácil es escribir sobre Florencia, dice Kapú, basta con darse un garbeo por sus calles y sus plazas y el mundo que te rodea se desliza solo bajo tu pluma.

En Monrovia, en cambio, todo está trabado, impedido, descompuesto. Salvo que seas tú Kapú y escribas un capítulo como El infierno de piedra.

Monrovia, fundido a negro. Aléjate del aeropuerto.

D

 El Infierno de Dante, según Botticelli

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mardi 21 août 2012

Perchè gli spagnoli ridono jeje

Si se fijan, Google sugiere términos complementarios a lo que uno busca. Lo que se activa en esos casos es un logaritmo llamado Google Suggest. Así, si ponemos Por qué los españoles... caen mal, propone Google en seguida. O bien Por qué los españoles comunicamos mal. Esto quiere decir que esos son los términos de búsqueda más socorridos.

Pongo Por qué los chilenos... y el logaritmo se apura en completar Por qué los chilenos hablan tan mal o Por qué a los chilenos les dicen rotos. O, incluso, Por qué pican los chiles.

Cambias de lengua y funciona igual:

Pourquoi les Espagnols ont deux noms de famille.

Pourquoi les Espagnols ne chantent pas leur hymne.

Why do the Spaniards lisp.

Perchè gli spagnoli ridono jeje.

Este último es muy jocoso. Y no copio aquí lo que Google sugiere para otras nacionalidades por no ser faltoso. Y cuando digo que cambias de lengua y funciona igual, no es verdad, o no siempre. Pones Pourquoi les Chiliens... o Why do the Chileans... y Google se queda mudo, no sugiere nada. Ingrato.

Ahora bien, si damos nombres, si ponemos, por ejemplo, François Hollande y agregamos, un suponer, la letra jota, en seguida el logaritmo sugiere Hollande judío. O bien Luis de Guindos judío. O Madonna judía

Por esta razón, la asociación SOS racismo acusa a Google de discriminación. 

No hilaría yo tan fino. Pero sí desprendería que el logaritmo éste obedece a la lógica del establecimiento del lugar común. Tratándose de lo mismo, la mayoría manda.

Lo que pasa es que la gente nos asaltan las mismas dudas.

G

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mardi 7 août 2012

El periodismo Kapú

De Alepo a Luanda (y 2)

Se decía que Kapuscinski llevaba dos cuadernos estancos. Uno para el periodismo-periodismo, los despachos para la agencia polaca PAP, para la que trabajaba, y otro para el periodismo literario, para sus libros. Pero también sus libros, contra lo que se ha llegado a decir, son periodismo-periodismo, así sea en diferido. Tanto como sus despachos urgentes mantienen la gracia treinta años después. El día de la independencia angoleña, el 11 de noviembre de 1975, Kapú despacha desde una Luanda sitiada y exangüe: No hay agua desde hace dos días en la capital, situación que provoca ásperos combates por conseguir una invitación a la recepción que el presidente ofrece en el palacio de Gobierno porque, según los rumores, en ella se podrá beber agua fresca.

Luanda, la primera ciudad africana fundada por europeos y el principal puerto negrero, está por esos días a punto de caer en las zarpas de la facción bacongo, sostenida por Mobutu, o de la facción ombundu, apoyada por la Sudáfrica racista. Si provocan un baño de sangre, todo el mundo se lo reprocharía, sostiene un combatiente. Que luego añade: Aunque no sé. El mundo está tan lejos de aquí.

Con todo, el mundo intenta seguir la actualidad angoleña y los enviados especiales aterrizan en Luanda para cubrir la declaración de independencia en una ciudad sitiada por la guerra. Me pongo en el lugar de mis colegas, escribe Kapú. El viaje les cuesta a los periódicos los ojos de la cara, por lo que esperan de sus enviados reportajes siderantes, scoops, historias sensacionales escritas bajo una lluvia de balas.

Tras varios intentos infructuosos, sin embargo, los corresponsales internacionales deben volver al hotel con la cola entre las piernas. En el hotel, la mucama está ocupada y el recepcionista responde con eslóganes. El gerente del hotel, en cambio, les da el concepto que define mejor la situación: confusão. Ahora bien, ¿cómo traducirlo? Los hombres han provocado ellos mismos una situación de la que han perdido el control. Los intentos por explicarla, tanto como la incapacidad para hacerlo, forman parte de la propia confusión y la amplifican.

Salvo para el periodismo Kapú.

M

Monolito maconde

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vendredi 3 août 2012

De Alepo a Luanda

La guerra no es transmisible, dice K, ni por la pluma, ni por la voz, ni por la cámara. La guerra es una realidad sólo para aquellos que están atrapados en sus entrañas repugnantes. K habla de la guerra de Angola, en 1975. Imposible, sin embargo, no ir de una guerra a otra y pensar ahora en Siria.

Queda por descontado que Siria no es Angola. Una guerra, en cambio, siempre es una guerra. Como el miedo que siente un recluta es el mismo miedo que otro recluta sintió. En el frente, el recluta cree que la muerte está en todas partes y todas las balas le están destinadas, afirma K. Incapaz de apreciar la distancia a la que se encuentra el enemigo, ametralla a lo tonto. Porque en lugar de apuntar al enemigo, intenta acabar con el terror que lo paraliza y le impide pensar en la manera de ganar la batalla. Batalla que nunca ganará del todo mientras no gane la guerra.

Esa guerra eterna que incuba desde siempre porque, para el pueblo oscurantista, el pueblo de al lado está habitado por no-hombres de los que hay que desconfiar porque son numerosos y hablan una lengua ininteligible, lo que les permite disimular sus malas intenciones. Y porque entre pueblo y pueblo, o a la distancia, circulan salvajes que viven desnudos porque perdieron todas las guerras hace tiempo y saben que ya no ganarán ninguna.

La de Angola fue una guerra de emboscadas, donde el frente no era lineal sino puntual y móvil. En plena guerra, se podía recorrer el país entero, enorme y casi despoblado, sin sufrir un rasguno, tanto como se podía caer tras el primer paso. Una guerra de guerrillas. Eso, hasta que el ejército sudafricano invadió el país desde la frontera sur y la guerra cambió de registro y se convirtió en una enfrentamiento convencional entre dos ejércitos armados con material pesado.

K

La guerra en Siria es diferente, es una insurrección popular, activa en el corazón de las ciudades, que se enfrenta a un ejército bien apertrechado. Insisto en que no comparo una guerra con otra. Lo que digo es que para acercarme a la realidad de la guerra, puesto que está ahí otra vez, como siempre, he abierto el primer libro de Kapuscinski, escrito durante la guerra de Angola, en el 75. No me acordaba de que fuese tan bueno. En las versiones española e inglesa se llama Un día más de vida, frase que suelta al alba el angoleño de la imagen tras haber conducido durante la noche, sorteando toda clase de peligros, porque sabe que en el día que despunta podrá avanzar sin obstáculos gracias al sol del paralelo 16 que, cuando está en el cénit, detiene cualquier guerra. O esa guerra, cuando menos. La versión francesa se llama D'une Guerre l'autre, y fue ese título el que me movió a abrir el libro y a hacer la asociación con la guerra en Siria.

Me entero de que la historia de K en Angola la lleva ahora al cine de animación el navarro Raúl de la Fuente -de allí está tomada la imagen- y el estreno está previsto para mediados de 2014. Esperemos que Siria haya sido liberada mucho antes de eso y sea por ese entonces una democracia modélica que combine crecimiento económico y preservación del medio ambiente. En materia de propaganda bélica hay que hacer como el comandante Juju en la radio de Luanda. Cuando la situación no puede ser peor, hay que encadenar victoria tras victoria con un lenguaje florido.

No se puede escribir sobre la gente sin compartir mínimamente su experiencia, sostiene K. Por esa razón los periodistas intentaban llegar hasta Benguela o Lubango, en Angola, como hoy lo intentan con Alepo u Homs, en Siria. Ahora bien, lo que llegan a escribir una vez allí ya es otra cosa, que continuará...

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lundi 30 juillet 2012

Entrevista con un bloguero

Su blog cumple siete años... ¿Se considera un bloguero perseverante?

Supongo que soy insistente. Bloguero es una palabra que ha envejecido rápidamente. Hace siete años quería decir moderno y ahora quiere decir démodé.

¿Se ha preguntado por qué su blog tiene tan pocos lectores?

Creo que es por echar malas películas, como dijo mi primo cuando tuvo que cerrar el cine del pueblo. 

¿Qué le gustaría estar haciendo dentro de siete años?

¿Siete años? Una semana, como quien dice... Doing the garden, digging the weeds. Who could ask for more?

R

 Óleo de James Ensor

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samedi 28 juillet 2012

El Toreador inglés (La ceremonia inaugural)

Despeñavírgenes (3)

Viendo anoche la ceremonia inaugural de los JJOO de Londres, me acordé de Georges Bizet, de cuando debió reescribir su famosa ópera Carmen, hoy la más representada en el mundo. Una primera versión de la ópera, sin embargo, había sido un fracaso, disgusto del que el francés nunca se repuso del todo y lo llevó a la tumba a los 36 años. Bizet tuvo que trabajar duro, no está claro si para mejorarla o para empeorarla, hasta conseguir que triunfara.

Así fue como le agregó el célébre preludio del ToreadorCuando se presentó con él a la Opéra-Comique parisina, Bizet lanzó los folios sobre el escritorio del director y exclamó: «Vous vouliez de la merde, en voilà !».

B

Bizet por Paul Helm

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mercredi 25 juillet 2012

Una meridionalidad

Cuatro días en Gauma (3)

El 21 de julio es la fiesta nacional belga y al mediodía llueve. En vista de la votación del nacionalismo flamenco que predicen los sondeos, pocos 21 de julio nos quedan. De manera que decidimos celebrar éste en el punto más distante del nacionalismo flamenco, la Gauma, el extremo meridional de Bélgica.

La Gauma cultiva su meridionalidad con esmero. Rodeados por la Ardena belga y la Lorena francesa y luxemburguesa, los gomeses dicen tener el ánimo jovial gracias a los dos o tres grados más de temperatura de que disponen. Tanto así que en un par de villorrios gomeses, los techos de las casas de piedra caliza están cubiertos de tejas romanas, proscritas al norte del río Loira en razón del frío. Se dice, pero no lo he visto, que como buenos belgas cultivan también un jardincillo surrealista donde juegan petanca con cubos en lugar de bochas. En su versión naturalista, beben cerveza de la abadía de Orval y fuman tabaco local, como en las historias de Servais.

No tengo quejas del comportamiento de los gomeses, al contrario. Todo lo bien que me habían hablado de ellos lo he visto cumplido, lo que no quiere decir que sean previsibles, aunque también.

Y por cierto, estaba previsto y el 21 al mediodía diluvió.

S

Ilustración de Servais

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