samedi 14 juillet 2012

Despeñavírgenes

España es un país raro. Todos los países son raros, de cerca nadie es normal. Pero España exagera a veces, o a menudo. Yo no me atrevería a decir esto, así como así. Si lo pongo aquí con todas sus letras es porque lo he leído en un libro. El libro es Mémoire espagnole, de Jean-Claude Carrière, quien fue guionista de Buñuel.

¿Y en qué radica el exceso español? Buñuel decía que el sueño de todo español es mantener un harén, con efebos y todo, lo que origina mil y una sordas decepciones. Sin hablar del regionalismo exacerbado, que es lo mismo que querer tener un harén, a otra escala. Todo esto a ojos de un francés, como Carrière, que aplica a España una mirada distanciada de vecino inmediato, puesto que es occitano. Tan frecuente e intenso ha sido mi contacto con España, dice Carrière, que me he convertido en español. Español, sí, ¿pero de qué parte del estado español?, como diría un regionalista.

El exceso español (Spain is different se decía durante el franquismo) linda con el fanatismo. En el camino hacia el fanatismo ordinario no hay nada peor que un converso, decía también Buñuel. Y peor que un converso es un converso con tribuna. ¿Cómo puede ser que un país que en sólo una generación dejó atrás la dictadura y la pobreza a través de un ejercicio de equilibrio preste tanta atención a un puñado de desequilibrados? ¿O, tal vez, son esos excesos verbales la expresión catártica que permite el equilibrio?

Pero, bueno, ¿cómo no va a ser raro un país que venera a tantas vírgenes, cuando no las despeña, como hacen los habitantes de Calanda, tras sacar en procesión a la Virgen del Pilar para que llueva? Y como después de la procesión no llueve, despeñan a la virgen. Tal vez sea eso lo que hacen los conversos que pontifican en los medios: despeñan vírgenes, las mismas que idolatran.

Y si España, la madre patria, se permite estas rarezas, ¿qué queda para los churumbeles?, pregunta mi tío, que es ultramarino.

En fin, para que no quede mal sabor de boca con tanta rareza, acabo con un chiste que le cuenta Jesús Franco a Carrière. Está un pastor cuidando dos vacas. Pasa un francés y le pregunta: ¿Comen bien? ¿Cuál?, responde el pastor. La blanca, dice el francés. La blanca come bien, responde el pastor. ¿Y la negra? La negra también.

Se queda un rato el francés mirando las vacas y vuelve a preguntar: ¿Dan buena leche? ¿Cuál?, responde el el pastor. La blanca, dice el francés. La blanca da buena leche, sí, responde el pastor. ¿Y la negra? La negra también.

¿Por qué me preguntas cada vez a cuál me refiero?, pregunta el francés. Te lo pregunto porque la blanca es mía, responde el pastor. ¿Y la negra? La negra también.

P

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lundi 9 juillet 2012

Marisa Berenson à Spa

Su nombre lo indica, Spa es ciudad termal.  Tiene fama y como está cerca de tres fronteras al sureste de Bélgica (Holanda, Luxemburgo y Alemania), la mayoría de los visitantes vienen de los países vecinos, algunos incluso de países lejanos y más o menos emergentes.  

Spa sería un retroacrónimo, es decir que su nombre precedería al acrónimo, Sana per acqua, que designa a los baños y a la hidroterapia. Lo cierto es que el agua de Spa es rica y abundante y bien que ya lo sabían los romanos. La ciudad vivió su época de gloria durante la ocupación austriaca y más tarde, María Enriqueta, la mujer de Leopoldo, el segundo rey de los belgas y propietario del Congo, se trasladó a vivir en ella y allí murió. En Barry Lyndon hay un par de escenas que transcurren en Spa, en las que reina Marisa Berenson.

Las termas modernas están bien en lo alto de su colina, con sus piscinas y sus vapores, pero lo mejor que ofrecen es una sauna con grandes ventanales desde donde se puede apreciar la ciudad y la comarca desplegarse en contrapicado en la amplitud del paisaje. Los verdes de la Ardena y los tilos en flor resultan más vívidos aun vistos desde el calor atacameño. Las gotas corren entonces sobre la piel como los dedos sobre el teclado del piano en la Danza de Schubert.

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jeudi 5 juillet 2012

La puttana

To Rome with love se llama la última de Allen, que persevera en la tarea de embarcarnos en sus city trips por la vieja Europa. El envío de postales se le da bien, ese color calabaza de los palacios romanos mejora sobre el celuloide o su sucedáneo.

Las historias de Allen suelen ser siempre las mismas, las parejas jóvenes, maduras o viejas, ricas o menos ricas, gringas o menos gringas se frotan entre ellas con resultado de abundantes equívocos, numerosas risas e incluso alguna arruga en el alma. Marivaudages entre preciosas ridículas y galanes declinantes, o al revés.

Se sabe que Allen produce un filme cada año y que él mismo no los ve tras su estreno, ocupado como está con el siguiente. También, que esta última serie europea ha sido un éxito de público y de crítica.

Este, romano, tras Barcelona, Londres y París, parece el peor de los cuatro filmes. Los costurones que sostienen el entramado de las historias que el cineasta cuenta en paralelo son bastos y, en un par de ellas, los recursos argumentales resultan demasiado gordos. Lo mejor probablemente (mucho más que Begnini haciendo de Allen mediterráneo), sea el propio Allen haciendo de Allen, resistiéndose a la jubilación y a la muerte al precio de darle la tabarra a la concurrencia, perfectamente desenmascarado por su psiquiatra de mujer.

Y, quien lo iba a decir, quien sale mejor parada es la puttana romana, Penélope Cruz en persona. Ya en Volver, de Almodóvar, Cruz componía un personaje directamente sacado de lo mejor del neorrealismo italiano. En To Rome with love da un paso más en su propósito de demostrar que es ella, hoy por hoy, lo más parecido a Sofía Loren de cuanto se mueve por las pantallas. En contraste con las gringuitas sosas o insufribles, Penélope tiene un efecto tónico o, mejor aún, gazpáchico.

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lundi 2 juillet 2012

Los abrazos

El fútbol trae por la tele un poco de todo y sobre todo emociones. La Eurocopa fue una zarabanda para los sentidos y las emociones que desata este juego colectivo. Y el uso que les damos. Decía el otro día que veo los partidos para entender lo que se comenta luego. Y también que el alma humana habla incluso por los pies. Y es verdad que hemos visto el alma de unos cuantos transparentarse.

Ha ganado España otra vez y está muy bien que sea así. Durante mucho tiempo tuvimos que escuchar abundantes tonterías sobre la supuesta incapacidad de los españoles para forzar a través de la victoria el reconocimiento ajeno. Hubiese querido no escucharlas cuando niño pero, cómo tuve que hacerlo y no las he olvidado, hoy día la alegría es doble al ver nuevamente demostrado que no era así, y no sólo para mí (que bien lo sabía) sino también para los otros, para los demás. 

A partir de 2008 ha sido un placer sacarse las ganas de ganar. Y no se trata de ganar por ganar sino de ajustar el valor propio al reconocimiento ajeno. 

Por lo demás, qué alegría ver esos goles, gritarlos con el alma y abrazarme con los míos.

E

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vendredi 29 juin 2012

La autopista

Comenzaba el partido de España, antenoche, y yo estaba en la autopista. Encendí la radio y capté unos comentarios en directo. No era propiamente un relato del encuentro, como los que escuchaba cuando niño y era capaz de imitar, eran observaciones de unos locutores delante de una pantalla y encima de un micrófono. Los pocos conductores que circulaban miraban la carretera como si escucharan otra radio.

La sorpresa de descubrirse en otra onda suele darse en relación a las emociones: cómo puede ser que los otros ignoren mi dolor, se dice el narcisista. Y el hiperempático: cuánta gente sufriendo y yo perdiéndome esos sentimientos. Mi caso no era para tanto, no más que una forma de intensidad emocional de bajo calibre, la ansiedad.

La carretera es un lugar tan banal que puede llegar a resultar exaltante. Un palestino que había vivido toda su vida en un campamento de refugiados rodeado de alambradas, mirando el flujo incesante de los autos desde un puente sobre una autopista en Bélgica decía: esta es la libertad.

H

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dimanche 17 juin 2012

Ahora que Alemania ha vuelto a ponerse de moda

Un día en Tréveris, la ciudad más vieja de Alemania, al borde del río Mosela, la llamada segunda Roma. Ahora que Alemania ha vuelto a ponerse de moda.

Una vuelta ritual por la casa natal de Carlos Marx. Lo que más apreciaba de la casa-museo, la genealogía de los Marx, ha sido descolgada, o descolgado anda mi tío, que no la encuentra. También es cierto que hay mucho visitante oriental. No había ninguno en las calles en la ciudad, y resulta que estaban todos en la Marx Huis, interesados por el joven Marx, por doña Jenny, por el tío Feuerbach y el yerno Lafargue. Qué tristeza la Historia, así con mayúsculas, una lluviosa tarde de sábado, la negra sombra del gulag y del holocausto asomando por la ventana adornada con geranios.

Ateo como soy prefiero la Catedral, tantas veces renacida del polvo de las guerras. No es cuestión de ir por la vida comparando, de modo que tampoco voy a compararla con la Porta Nigra, ni con el Aula Palatina, ahora templo protestante. Ni siquiera con la hamburguesería de la esquina, que adopta un look moselense.

El euro no es otra cosa que el marco alemán con otros colorines, asegura con guasa Enric González. Lo cierto es que los precios son más bajos en Alemania que en los países vecinos (ya digo que no hay que ir comparando), los dorados de las molduras más brillantes y la bandera tricolor, Eurocopa mediante, lleva los colorines más triunfales.

Trier

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vendredi 8 juin 2012

¿Qué clase de novelista soy?

Javier Marías en Bruselas el 7 de junio de 2012 presentando la traducción al neerlandés de Los Enamoramientos (De Verliefden) la noche de apertura del Festival de literaturas.

El lugar es el studio 4 de Flagey, donde tocaba la orquesta en la época de gloria de la radio. Lleno. Presentación trilingüe a cargo de dos apuestas jóvenes y entrevista, en francés, con Christine Defoin.

Quien abre la entrevista por lo consabido, la biografía, la experiencia de la traducción, la influencia de su padre, Julián Marías. En cuanto hace la primera pregunta sobre Los Enamoramientos, la entrevistadora se siente a sus anchas y encadena preguntas remanidas y consideraciones perfumadas al agua de rosas. Marías responde con cortesía contenida en un francés correcto, buscando a veces la palabra justa. Tampoco en eso acierta la entrevistadora, incapaz varias veces de dar con el equivalente francés de algún concepto que Marías rebusca. (No es la semana de las entrevistadoras literarias. Tras la contreperformance de Julia Otero con Mario Vargas Llosa días atrás en la televisión española, Dufoin, entre otros desaciertos, propone clochard como equivalente de gorrillas (aparcacoches) ).

Marías tiene fama de ser algo engreído, pero en Flagey se muestra suelto y hábil para conectar con un público de fieles lectores. Una pregunta desastrosa como ¿Es el amor entrar en el teatro del otro? obtiene del escritor madrileño una estupenda respuesta sobre el sentido de la ficción: Necesitamos la ficción, incluso quienes no leen novelas ni van al cine observan las vidas ajenas, se interesan por los demás. Y nos interrogamos en clave de ficción también sobre la vida de quienes nos son próximos: qué hacen y por qué. Incluso sobre nosotros mismos, porque no sabemos todo sobre nosotros mismos, aunque sí sepamos que también somos lo que no hicimos, lo que no nos atrevimos a hacer.

La impunidad es uno de los asuntos que trata Los Enamoramientos, apoyándose en el paralelo de la historia que cuenta con la nouvelle de Balzac, El Coronel Chabert, según el propio Marías. Es fácil que la gente se deje arrastrar al crimen por contagio, pueblos enteros han desbarrado por esa vía. Pero el hecho de que a la distancia de miles de años y de kilómetros dos personas, sin influirse mutuamente, tengan la misma idea del crimen, es más inquietante. 

Al final aparece también el reino de Redonda, esa isla caribeña poblada por cabras, culebras y fantasmas, de la que Marías se ha convertido en rey. Si lo novelesco me llega y no lo acepto, ¿qué clase de novelista soy?, se pregunta. 

No hay ronda de preguntas del público al final de la entrevista (una pena, llevaba tres, y muy buenas porque no eran mías), pero sí firma de libros. Formamos fila pacientemente muchas señoras de múltiples nacionalidades, algún joven y un añoso caballero (mi tío). Que no le tiende Los Enamoramientos, sino Ven a buscarme.

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samedi 2 juin 2012

Yo soy Napoleón

« Aún está vigente la verdad esencial de la novela decimonónica: para salir del nicho, sólo cabe ser Napoleón », Montano dixit. Verísimo. Y aquí estamos los que no osamos. La figura del loco imperial llena las revistas ilustradas de segunda mano. El loco al uso hoy, en cambio, es un caníbal de ambiente gótico que desprecia la dimensión histórica. Antes se nos iba la olla en grupo y acabábamos en el exilio. Hoy, el loco hace lo justo para salir en el Sun y en Lun.cl porque en seguida lo consigue. A mi tío, sin ir más lejos, cuando niño lo vistieron de Napoleón y lo subieron al escenario para que cantase esto que sigue. Luego anunciaron al siguiente. Como parece que la canción no está en la red, la copio aquí para que el que busque encuentre:

Yo soy Napoleón, Napoleón.
¿Por qué reís, por qué reís?
¿Dudáis acaso de que soy yo Napoleón?
¡Ya admiraréis de mi brazo el empuje atronador!
¿Por qué reís, dudáis, repito,
De que soy yo Napoleón?

N

SD y Émule

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jeudi 31 mai 2012

Un grupo de amigotes

L

Llego a La Belle équipe por las imágenes. Es una historia de otra crisis, la de los años treinta. Un grupo de amigotes sin trabajo ganan un premio de la lotería e instalan un chiringuito al borde del Marne. Una especie de Full Monty, como quien dice. Con música también, Jean Gabin cantando Quand on se promène au bord de l'eau. Cuando el negocio van bien, muere uno de ellos y a partir de ahí las cosas se tuercen. Et in Arcadia ego. Los dos últimos, Juanito y Carlitos, están enamorados de la misma mujer y el asunto acaba en crimen. Los productores le imponen al director que cambie el final por uno más optimista. O al menos no tan triste. El director asiente, pero desde entonces hay pleito entre las partes por los dos finales. Y aún así, la película es un fracaso comercial. A otra escala, sin embargo, el filme funciona en referencia a la suerte del Frente popular, que consigue por entonces ilusionar al personal pero acaba mordiendo el polvo de la guerra.

Ahora que sé todo esto, debería verla.

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dimanche 27 mai 2012

La estación de Gembloux

Enciendo la radio del auto para oír las noticias. Acaba de ocurrir un crimen, esta misma tarde, en las inmediaciones de la estación de Gembloux. Se da la casualidad de que estoy justamente en las inmediaciones de la estación de Gembloux.

En ocasiones, el kilómetro sentimental no respeta las distancias. Días atrás, un sujeto mal encarado intentó agredir a un señor muy parecido a mí en una calle por la que circulo a diario. En plena vía pública.

Vida privada es aquello que no interesa a nadie más que a uno mismo. Y a veces ni siquiera. El problema es que no estoy aún en un nivel tan avanzado de evolución. Y como resulta algo obsceno preocuparse tanto por su propia suerte, intento desde entonces dar vuelta la hoja y pensar en la gente que vive frente a un lugar infame y se deja distraer por señuelos, o al revés.

Mal de muchos, dice mi tía. En casos como ése suelo recordar el privilegio de ser un hombre común que ha conseguido anidar en lo alto de la campana de Gauss y oír su tañido monocorde a intervalos regulares. En ese intersticio he plantado el árbol del que cuelga la hamaca en que me echo la siesta los días de asueto. Cualquier día cometo una imprudencia, lo corto, lo muelo y con la pasta publico un librito.

D

Óleo de Paul Delvaux

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