dimanche 20 janvier 2013

La carcajada

En la mesa vecina, un grupo habla en una lengua que no entiendo, que ni siquiera distingo. Puede ser eslovaco o esloveno. De pronto, en medio del flujo regular de las palabras estalla una alegre carcajada compartida. Uno de esos sonidos incomprensibles la provocó.

Por más habituado que estés, siempre sorprende.

C

Óleo de Robert Henri

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samedi 19 janvier 2013

El leche derramado de Chico Buarque

En la cama de un hospital público yace un viejo aristócrata brasilero. Todas las acepciones del verbo yacer se avienen a su caso, menos la bíblica. Yace, digo, y sobre todo habla. Cuenta una y otra vez la misma historia, vuelve incansablemente al mismo punto de partida, a saber el abandono que le propinó su mujer.

Si con la edad nos da por repetir ciertas historias no es por demencia senil sino porque esas historias no dejan de repetirse en nosotros hasta el fin de la vida, afirma. Se lo dice a una enfermera, a algún camillero, al visitante ocasional de otro enfermo, al que se ponga al alcance. Pero a ustedes nada de esto les interesa, reclama, y suben el volumen del televisor por encima de mi voz ya trémula.

El remordimiento es memoria viva, decía alguien. En su caso, su memoria más que reconcomerse necesita desenmarañarse, tomar forma, formularse. Así es como cuenta cómo era Rio de Janeiro cuando al Corcovado aún no lo coronaba el Redentor, cuando llegar a la Marambaia costaba mareos y pérdidas. Un Rio semirural que ya tenía un pasado que quiso ser imperial y aún no imaginaba que sería la megapolis que es hoy. Tardó en convertirse en megapolis el espacio de una vida, la de este viejo que habla.

En ese espacio, la aristocracia, el clan del viejo que habla, ha perdido buena parte de sus privilegios, ha visto su leche derramada. Esto no quiere decir que sus entonces criados se hayan saciado con ella. O  sólo en parte. El viejo lo sabe, lo acepta e intenta, aquí y allá, donde cree que aún puede, una postrera rebelión de terratiente, sobre cuyas tierras magníficas de pasado se multiplican hoy las feas barriadas del presente.

En su relato se mezclan los tiempos y la trágica muerte del bisnieto, traficante de drogas, se confunde con el fin también trágico del tatarabuelo senador. Es raro tener recuerdos de asuntos que aún no ocurrieron, reflexiona, en medio de unos destellos de humor (en un diálogo con unos policías hacia el final del libro, el viejo les pregunta: ¿están felices aquí o quieren volver a África?). Su clase y su familia han sufrido afasias varias pero eso está lejos de ser su caso. Si se le ha ido el poder de las manos, le queda un último destello de expresión, este libro.

Que me parece la mejor de las tres novelas que he leído de Buarque (Estorvo, Budapeste). El portugués de su autor combina cultismos y barbarismos con suntuosa fluidez. También su nombre es un acierto. Montano me hace notar que el nombre de algunos fluidos primarios como la leche, la sangre, la miel son masculinos en portugués (y en francés e italiano), lo que crea una inquietud que brasileros y portugueses no notan.

Hubiese pagado por traducirlo. Pero como dice otro amigo, las guapas siempre vienen con el novio.

C

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lundi 14 janvier 2013

El matrimonio del roble con el haya

Cruzo a diario un bosque pequeño. No me atrevo a llamarlo bosquecillo porque, a pesar de su tamaño, me impresiona. Es, más bien, un islote boscoso que quedó atrapado en medio de la ciudad, un remanente del gran bosque que alguna vez lo cubría todo. La gente ha ido abriendo diagonales para ir de un barrio a otro, la municipalidad ha apisonado algunos de esos caminos y, en un cruce, ha instalado incluso un banco y un basurero. Pero casi nunca hay nadie por allí. Algún perro paseando a su amo, y poco más. Antes solía haber grupos de muchachos fumando porros pero, desde que pueden fumarlos en cualquier lugar, ya no se toman la molestia de venir hasta el bosque. Tampoco se ven animales, aparte los pájaros, carpinteros, agateadores o trepatroncos sobre algún acacio o abedul, algún haya o roble, como los de la foto, algún sorbal o pruno.

Nunca es tan luminoso este bosque como en un día de nieve como hoy. Ni siquiera en una tarde de calor en pleno junio, porque entonces la copa de los árboles lo ensombrece y el sotobosque está cubierto de arbustos y de lianas. Ahora, en enero, la luz sobre la nieve lo vuelve transparente y las ramas desnudas alcanzan a tocar el cielo.

MRH

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vendredi 11 janvier 2013

El asesino de Masud trabajaba en el supermercado

La explosión del día y una foto del comandante Masud me recuerdan que conocí a su asesino.

Dahman estudiaba periodismo y trabajaba en el supermercado de la esquina. Me lo topaba a menudo en uno y otro sitio. Si hablamos alguna vez fue sobre el tiempo, los horarios. Era simpático.

Dos días antes del 11 de septiembre de 2001, un equipo de televisión le pide una entrevista a Masud en su puesto de comandancia del norte de Afganistán. Masud, el león de Panshir, el héroe de la guerra contra los soviéticos, exministro de defensa y combatiente en activo contra los talibanes que controlan, por ese entonces, buena parte del territorio afgano, debe viajar ese día a Tayikistán por lo que duda antes de concederles diez minutos a los chicos de la prensa. Estos, periodista y camarógrafo, se presentan como belgas de origen marroquí que trabajan para ANI-TV, Arabic News International.

Que qué piensa de Osama Ben Laden, le pregunta a bocajarro Dahman, para abrir el fuego. Masud estalla en una carcajada. La pregunta es abrupta porque ambos hombres, Masud y Ben Laden, son los líderes de las dos facciones rivales que se disputan Afganistán, Ben Laden de los talibanes, Masud de la Alianza del norte. La pregunta equivale a mentar al diablo en la casa de Dios, o al revés.

Estalla Masud en una carcajada y, haciéndose eco, el camarógrafo activa la bomba que lleva escondida y desata la explosión. Masud resulta herido de muerte y el camarógrafo kamikaze muere instáneamente, así como otros dos testigos. Dahman salva con heridas superficiales e intenta huir, pero lo abaten los guardaespaldas de líder afgano, quien muere poco después en el helicóptero que lo transporta al hospital.

Que el atentado tuviese lugar dos días antes del de las Torres gemelas significa, probablemente, que Al Qaeda quería impedir que Masud liderase en Afganistán la que sería una represión implacable tras el 11-S. Masud había alertado en abril de ese año en el Parlamento europeo, en Estrasburgo, sobre el peligro que representaba la alianza entre Al Qaeda y los talibanes afganos y la complicidad de los servicios secretos pakistaníes. Era el hombre a abatir para Ben Laden, su enemigo jurado.

Dahman presentaba el perfil perfecto para la operación. Árabe europeizado, periodista, francohablante, conocía y manejaba los códigos que le permitieron abrirse paso hasta Masud, munido de un pasaporte belga, de una carta de recomendación de un prohombre islamista y de una cámara y unos equipos robados a la televisión francesa FR3 en Estrasburgo precisamente. La foto, que muestra a Dahman en primer plano y a su cómplice y camarógrafo cubriéndose la cara a su izquierda en el avión que los lleva a Kawja Bahaudinne, el refugio de Masud en el norte afgano, fue captada por un equipo de prensa francés que intentó también entrevistar a Masud, sin conseguirlo.

D

Nada, o todo, predisponía a Dahman para tales faenas. Había nacido en el seno de una familia de clase media en una ciudad de provincias de la costa tunecina, y un recorrido compartido con tantos magrebíes instruidos lo había traído hasta una universidad europea. Se casó, se divorció, no encontró un trabajo a su gusto, comenzó a frecuentar una mezquita extremista, se casó en segundas con una pasionaria islamista y en un sí es no estaba en un campo de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán, donde recibió y cumplió la orden de matar a Masud, el enemigo de Ben Laden.

Dahman, el del supermercado de la esquina.

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mercredi 9 janvier 2013

No problemo

Oigo decir que trabajar consiste en resolver problemas. Que la vida es resolver problemas. Puede ser.

Tiempo atrás se puso de moda el verbo procrastinar, dejar para mañana la búsqueda de soluciones. Rrose Sélavie fue más lejos, por su parte, cuando simplificó radicalmente la problemática afirmando que no hay solución porque no hay problema. O, como dicen los guiris, no problemo. Hoy lo que se lleva es resolver los problemas antes de que se presenten. Por mi parte, confieso que mis problemas favoritos son los que se resuelven solos.

Pero bueno, no venía yo a hablar de artistas sino de gente sensata como Henri Queuille, el padrino político de Mitterrand, quien sostenía que la política no consiste en resolver problemas sino en acallar a aquellos que los plantean. Después de acallar a unos cuantos -fue ministro de la República francesa en veintiuna ocasiones-, todavía se dio el tiempo de mejorar su aserto: No hay problema cuya ausencia de solución no acabe por resolverlo, dejó dicho.

Tanto seso y seny, que son lo mismo según don Corominas, le fueron recompensados póstumamente con la placa recordatoria que cuelga abajo y, en vida, con la asignación de su dulce nombre (Queuille suena como una síntesis de los dos componentes del material genital masculino) a una variedad de rosa. Algo aproblemada se la ve a la Rrose Queuille. Confiemos en que no tardará en resolverse.

Q

Recapitulando: No hay solución porque no hay problemo (aporte de J.A. Montano).

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lundi 7 janvier 2013

Renoir, el padre, el hijo y el espíritu pelirrojo

Visto Renoir, de Gilles Bourdos.

El filme cuenta la últimos días del pintor Renoir en la Costa Azul, desde la muerte de su mujer y la llegada de la que sería su última modelo, Dedée. Su hijo Jean, quien se convertiría más tarde en el célebre cineasta, es herido en el frente de los Vosgos durante la Primera Guerra y vuelve a la casa paterna para recuperarse. Ese triángulo, padre, hijo y modelo, es el ojo de la historia. 

El padre, el hijo y el espíritu colorín, que no santo, de la modelo. El viejo pintor no se interesa más que por la textura de su piel (le velouté de la peau d'une jeune femme), no está disponible para confidencias y a falta de modelo pintará manzanas o limones.

El hijo, tal vez. Además es joven y pronto dará el paso de la imagen fija de la pintura paterna a la imagen animada del arte del futuro, el cine. El viejo reserva sus ya escasas fuerzas para pintar e intenta mantener lejos el horror de la guerra y la inminencia de su propia muerte. El hijo, en cambio, en cuanto se recupera decide retomar el combate, contra la opinión del viejo. Pero el enfrentamiento entre padre e hijo se resuelve en el abrazo del adiós y, para ambos, para el viejo pintor y el joven cineasta, Dedée, la modelo, será la egeria. 

De este triángulo se queda fuera Coco (Claude), el hijo menor, adolescente, y no por falta de ganas de participar. No le falta espíritu ni lucidez al zagal. «Vives en una casa donde cuelgan las más hermosas telas del mundo y tú pegoteas en las paredes de tu cuarto horribles imágenes de la guerra», le reprocha Jean a Claude, quien le devuelve a su hermano con una descripción de su situación que resume la paradoja de la guerra: «Estás en casa porque estás herido. Si estuvieses sano, ya estarías muerto».

Conforta saber que también Claude vivió malos años pero tuvo una buena vida. Experto en la obra paterna, fue resistente durante la ocupación alemana y terminó sus días como ceramista, el primer oficio de su padre.

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samedi 5 janvier 2013

Día de Reyes

Por estos días, en estas regiones, la tradición consiste en comer la galleta del rey, una tarta de hojaldre rellena con mazapán y con una alubia o poroto o, a veces, con una figurilla del pesebre.

El juego consiste en cortar y repartir la tarta según el número de comensales, de manera que el que encuentre la alubia o la figurilla se corone rey e imponga su ley mientras dure la ceremonia. Es una tradición, como decía, y los antiguos se la tomaban en serio, porque durante la epifanía el rey de un día hacía de las suyas, lo que, por lo fundamental, consistía en comer y beber él y su corte, como muestra el cuadro de Jordaens. Mirándolo de cerca en el museo, en Bruselas, pensaba que este rito de la alubia es una suerte de ancestro de la lotería de Navidad, donde el afortunado se convierte también en el centro de la fiesta, la distancia que lo separa de sus deseos se acorta brevemente y los demás están ahí para recordárselo. Una anticipación de la democratización de la monarquía. Como dijo una vez ZP, cualquiera puede ser Presidente de Gobierno pero da la casualidad de que el Presidente soy yo.

Jordaens pintó varias versiones del cuadro. En todas ellas el rey es -como si también fuese una casualidad- su jefe y suegro, y los celebrantes son sus parientes y amigos. De todos ellos, incluido el gaitero, la mirada se me va hacia los niños, los únicos que, desde su falso primer plano, salen de la escena y renuncian a mirar al rey. Esos niños que son los adultos de la fiesta.

J

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jeudi 3 janvier 2013

La flor del avellano

El año comienza el dos de enero. El día primero es un intervalo, como el solsticio, antes de que gane nuevamente la luz, que comienza a aumentar a partir de esta mañana. Ayer, en la autopista, vimos por fin los candelabros de los avellanos, las candelillas, la avanzadilla de la primavera, la primera prueba de que llegará.

Ayer también, mirando a la virgen de la barca en el Sablon de Bruselas, aprendimos una nueva palabra, el ommegang, la procesión, el ir y venir. Comienza así un nuevo ir y venir, otro ommegang en la ya larga cuenta de los años. En el Sablon también, y como el primer miércoles del mes el museo es de los impecunes, pasamos a saludar al viejo Bruegel.

La luz, decía. La luz que está de vuelta y es silencio y, como quiere Jordá, está sobre los húmedos labios de la niña que duerme en esa cuna de madera.

NDS

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mardi 1 janvier 2013

Maneras de comenzar el año

Anoche, después de los fuegos artificiales y bajo la lluvia volvían los muchachos de la fiesta. Acalorados, descamisados. Como si estuviesen entre los trópicos. Pero es que ellos siempre están entre los trópicos, incluso al otro extremo del año.

Para ellos siempre hay una corrida de San Silvestre a punto de comenzar, una celebración, un año nuevo. A pesar de las calles vacías de tan vistas y de los días tan iguales a los de la semana siguiente.

I

Óleo de Laura Lacambra

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lundi 31 décembre 2012

El gol del año

No se resume un año en un momento, pero es la ley del género y hay que dar con uno. Es el ecuador del año, a fines de junio, el solsticio de verano, sin duda el mejor periodo vista la cosa desde el exterior. Es la final de la Eurocopa, España se enfrenta a Italia, que ha hecho un torneo memorable y ha barrido en la semifinal a Alemania. Tras un primer gol español propiamente de tiquitaca, hacia el minuto 40 de la primera parte Casillas saca la pelota con el pie, la recibe por la izquierda el lateral, Jordi Alba, un debutante, se la entrega a Xavi y echa a correr por su línea. Xavi retiene el balón y avanza simultáneamente, esperando el momento exacto en que Alba alcance la línea formada por la defensa italiana para entregárselo. Un instante antes y sería demasiado pronto, uno después y Alba estaría fuera de juego. Ambos han visto la jugada antes de realizarla y también mientras la llevan a cabo la ven. De manera que el pase llega en el momento justo, Alba controla la pelota, levanta la mirada, ve la posición del portero y deposita el balón entre el rival y el palo.

Seguirán otros dos goles a fines del partido, pero el gol de Alba sentencia la victoria con una jugada que une las dos porterías en cinco movimientos, sin intervención del rival. Un gol de un defensor, en el que se combinan a la perfección la velocidad de un jugador muy joven (su explosividad se llama en la jerga del fútbol) y la experiencia de uno ya muy fogueado (su inteligencia de juego).

Alba lo celebra enviando un beso al cielo, él sabrá a quién.

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